por Víctor E. Lapegna
"Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición. El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas”. Juan Bautista Alberdi, Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina, 1856
“Debe trabajar el hombre para ganarse su pan / pues la miseria en su afán de castigar de algún modo / golpea en la puerta de todos y entra en la del haragán”. José Hernández, Martín Fierro, 1872
“Siempre en todas partes, han existido los que producen y los que sólo consumen. El régimen justicialista había lanzado una “consigna negra” para los parásitos: “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume”. La organización del Pueblo, el trabajo organizado irá cerrando el cerco alrededor de los que consumen sin producir”. Juan Domingo Perón, La Fuerza es el Derecho de las Bestias, 1956
“La Argentina está muy preparada para consumir y mucho menos para producir. Hay que ir a una revolución hacia la producción. Las clases medias, en las que me incluyo, viven una gran decadencia cultural y educativa. No hay una cultura del esfuerzo”. Gerardo Della Paolera, La Nación, 23/01/2011
Las citas de Alberdi, Hernández, Perón y Della Paolera – quienes, pese a las diferencias temporales y conceptuales que los separan, coinciden en su lúcido interés por los asuntos de la Patria - marcan el carácter dilemático de la relación entre consumo y producción en la Argentina de ayer y hoy.
Para abordar ese dilema conviene tratar de esbozar la respuesta a estas dos preguntas:
·¿Cuánto, qué y quienes producen en la Argentina actual?
·¿Cuánto, qué y quienes consumen en la Argentina actual?
La Situación de la Producción de los Argentinos
El valor actual del Producto Bruto Interno (PBI) en la Argentina llega a unos 8.000 dólares por año y por persona y en el 2010 registró un aumento interanual de casi el 9 por ciento.
Se considera que los factores principales de ese crecimiento fueron los siguientes:
1.Producción agrícola, con una cosecha récord (en especial en soja);
2.Orientación expansiva de la política económica (fiscal, monetaria y de ingresos);
3.Contexto internacional favorable, con Brasil creciendo a tasas sorprendentes y traccionando al sector industrial argentino y China empujando la demanda de commodities en un ambiente de precios altos.
4.Clima de estabilidad financiera que garantiza un escenario sin grandes riesgos de sobresaltos, gracias a la alta oferta privada de dólares y la baja probabilidad de default soberano en el corto plazo.
Los trabajadores – según el concepto justicialista que reconoce una sola clase de hombres, los que trabajan – ocupados en las que son las principales actividades productivas por su incidencia en el valor total del PBI, aún incluyendo todos los eslabones de la cadena insumo/producto que abarcan esas actividades, suman un porcentaje menor del total de personas que integramos la Población Económicamente Activa (PEA) de nuestro país.
Estos someros datos acerca de quienes producen en la Argentina dicen bastante acerca de la cantidad del trabajo argentino y, sobre todo, acerca de su calidad, considerando por un lado su productividad en términos del valor creado por cada trabajador en una unidad de tiempo y por el otro la medida en que la actividad laboral se corresponda con la dignidad debida a toda persona por el sólo hecho de ser tal.
Según los datos del INDEC – con las justificadas dudas que suscita la credibilidad de sus mediciones – el desempleo es del 7,5 por ciento y según estimaciones confiables, el trabajo informal o “en negro” llega a un 36 por ciento de los asalariados.
Si a ese 43,5 por ciento se suman las personas que no forman parte del universo productivo por motivos estructurales (jubilados, menores, estudiantes, enfermos, etc.) y los trabajadores ocupados en empleos de baja productividad (como el empleo doméstico, entre otros), se constata que una gran proporción de los argentinos no “producen lo que consumen”.
La Situación del Consumo de los Argentinos
Una faceta de la dramática dualidad económica y social que divide a los argentinos es que pocos perciben mucho más de lo que pueden gastar en consumo y muchos perciben menos de lo que necesitan para pagar consumos vitales.
Un signo de esa dualidad es la brecha per cápita que separa al 10 por ciento de los hogares más ricos (que obtienen el 29,5 por ciento del ingreso total) frente a la misma porción de hogares pobres (que sólo recibieron el 1,7 por ciento del ingreso total), que fue de 21,45 veces.
Otra señal de dualidad económica y social es el coeficiente de Gini - que mide el grado de desigualdad en la percepción de ingresos y en el cual 0 es el nivel de mayor igualdad y 1 el de mayor desigualdad – que en la Argentina de 2010 llegó al 0,40 para los ingresos per cápita de los hogares, mientras que en los países europeos desarrollados apenas alcanza un 0,25 o 0,30.
En cuanto a la tasa de pobreza, si se la calcula conforme a los verdaderos precios de la Canasta Básica Alimentaria (que duplican a los registrados por el INDEC), asciende al 23 por ciento de la población (9,2 millones de personas).
Aunque según el INDEC el ingreso promedio de los casi 6 millones de trabajadores del sector privado durante el tercer trimestre del 2010 habría sido de 3.939 pesos mensuales, el dato no parece ajustarse a la realidad en el caso del sector privado informal, en el que los salarios crecieron este año un 23 por ciento (según datos oficiales), mientras los precios de los alimentos crecieron un 34 por ciento.
A propósito de ello cabe tener en cuenta que los trabajadores no registrados en el tercer trimestre de 2010 eran un 36 por ciento del total y que los alimentos representan una fracción mayoritaria de la canasta de consumo de los sectores de menores recursos, mayormente concentrados en el sector informal del mercado laboral.
En cuanto al consumo privado, variable que representa casi un 60 por ciento de la demanda global, en el 2010 registró un aumento del 8,3 por ciento, mientras que el consumo público, de mucha menor importancia que el privado, creció casi un 10 por ciento.
Si ese crecimiento del consumo privado se desagrega, se percibe la existencia de una marcada brecha entre las cantidades físicas de bienes vendidos y su valor en pesos deducida la inflación, lo que lleva a suponer que estamos ante un cambio cualitativo y estructural del consumo popular.
Por un lado, el consumo de los sectores de ingresos medios-bajos y bajos se orientó a comprar mayor cantidad de bienes sustitutos más baratos y de mucha menor calidad, a través del conjunto de planes sociales y asignaciones de subsidios al consumo de los más necesitados.
Por el otro, los sectores con mayores ingresos (que incluyen a algunos segmentos obreros como por ejemplo los petroleros, cuyos salarios son de unos 17.000 mensuales, así como a buena parte de los productores rurales) baten records de compras de autos nuevos (incluso los de alta gama), de electrodomésticos y de equipos de televisión, audio e informática, de viajes al exterior y gastos en turismo.
Esas compras dan cuenta del nivel de ingresos que tienen esos sectores medios-altos y altos, pero también de cierta compulsión a consumir para cubrirse de la inflación, en un entorno de inestabilidad.
Un signo de ello es que esas compras, realizadas en buena medida mediante el uso masivo del “dinero plástico” y la demanda de préstamos personales de corto plazo asociados al mismo, contrastan con el hecho que no haya un significativo repunte el crédito hipotecario, pese a que en muchos casos las tasas de interés se sitúan por debajo del índice de inflación real.
Otra señal de comportamientos compulsivos antiinflacionarios, es que los ahorros que los argentinos tienen bajo el colchón, en cajas de seguridad o en el exterior ya suman 140.408 millones de dólares, de acuerdo a las estimaciones de la balanza de pagos difundidas por el INDEC y de ese total, en los primeros nueve meses de 2010, salieron fuera del sistema casi 7.000 millones de dólares.
La mencionada dualidad que registra la cantidad y calidad del consumo entre los diversos sectores en el plano individual, se acentúa en el caso de los que se podrían llamar consumos sociales, como es el caso del acceso a bienes que expresan derechos difusos, como la educación, la seguridad, la salud o el transporte; en los que se registra una muy marcada la disparidad en la cantidad y calidad de este tipo de bienes a los que se tiene acceso, según sean los niveles de ingresos de los sectores sociales.
Un primer ejemplo de lo expuesto lo tomamos de un reciente estudio acerca de “Deserción, desigualdad y calidad educativa”, del doctor Alieto Aldo Guadagni, en el que se aborda la cuestión educativa, clave de la productividad y de la justicia social en este siglo XXI.
Se dice ahí que en la Argentina de hoy “existen cada vez más evidencias que el sistema educacional, no solo el secundario sino también el primario y el inicial, avanza hacia la consolidación de un modelo organizativo de carácter dual”.Agrega que “no existe igualdad de oportunidades, ni entre regiones ni entre niveles socioeconómicos de la población, lo cual agrava aún más el gran problema de una deficiencia generalizada en la calidad educacional argentina”.
Por último, se da cuenta de que, “por cada 100 niños que ingresan a la escuela primaria nada menos que 75 lo hacen en escuelas estatales y apenas 25 en privadas; sin embargo a la hora de graduarse en la universidad 70 de cada 100 graduados provienen de escuelas privadas. Esto es así porque de cada 100 niños que ingresan a la escuela primaría publica llegarán a graduarse apenas 5,6, mientras que en el caso de los niños que ha cursado en escuelas privadas se graduaran nada menos que 38 cada 100”.
En otro plano, aunque la inseguridad afecta por igual a todos los sectores sociales, es obvio que quienes pueden pagar vigiladores privados o instalar gadgets preventivos en sus domicilios y ámbitos de trabajo pueden verse menos amenazados por el delito que aquellos que no pueden solventar ese tipo de consumos.
En materia de salud salta a la vista que existe una marcada diferencia entre los sectores de la población que pueden consumir las prestaciones sanitarias que brindan los servicios privados y las obras sociales de mayor calidad, respecto de quienes sólo pueden consumir los servicios de los efectores públicos de salud.
Por último, son evidentes las diferencias entre quienes se transportan en un automóvil particular, un taxi o un remise y quienes están forzados a consumir los servicios públicos de transporte, en buena parte de los cuales se impone a los consumidores tener que viajar más como animales que como personas.
Matizando lo antedicho y como un indicativo de mejoras sociales registradas en el quinquenio 2004/2009, debe reconocerse que datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) indican que los hogares con carencias, que en el año 2004 eran el 51 por ciento del total, en 2009 habían bajado al 44 por ciento. El mayor avance en este campo se produjo en agua corriente (el déficit bajó de 19 a 10 por el ciento) y el menor en el acceso a la red de gas (de 22 a 19 por ciento), que obliga a pagarlo más caro en garrafas. En cuanto al déficit de conexión a la red cloacal, bajó de 41 a 32 por ciento en el mismo período, pero se mantuvo casi constante en las villas (de 77 a 75 por ciento).
Asignaturas Pendientes en la Producción y el Consumo
La descripción de la situación actual de la producción y el consumo en la Argentina confirma la idea básica que quisimos marcar mediante las cuatro citas con las que se inicia este artículo.
El camino que conduzca a hacer realidad aquel apotegma según el cual “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume” tendría que ser un tema central del debate de ideas en el que debería consistir la campaña política en vistas a los comicios de octubre próximo, en los que hemos de elegir un nuevo presidente.
En esa perspectiva es alentador el compromiso asumido por Eduardo Duhalde en una carta dirigida a los argentinos que se distribuyó en el acto de proclamación de su candidatura presidencial, que plantea lo siguiente.
“Sabemos y podemos construir una nueva matriz industrial que amplíe y sustente el camino abierto por las cadenas agroalimentaria, automotriz y siderúrgica, fuentes principales de nuestro potente crecimiento económico, al que hemos de armonizar con la calidad ambiental y la integración y justicia social, generando pleno empleo con trabajos estables, creadores de valor y por ello bien pagos, conducente a que cada argentino produzca el doble de lo que consume”.
En este punto tendemos a coincidir con las ideas de Rajiv Bantra, economista indio residente en Estados Unidos, en cuanto plantea que el estímulo de la demanda debe basarse más en la capacidad de compra de los salarios que en el endeudamiento de los consumidores, para evitar recaer en crisis como la que estalló en septiembre de 2008.
Por último, con esta nota quisimos hacer un aporte a ese debate aún pendiente y con el mismo espíritu terminamos reproduciendo dos párrafos de un reportaje a Gustavo Grobocopatel que publicó el diario Perfil, que nos resultan ilustrativos acerca de nuestras asignaturas pendientes en cuanto a la relación entre producción y consumo.
“Hoy día no es “exportar más valor agregado”, como se dice vulgarmente, sino “exportar productos que incluyan a más gente en la cadena”. Creo que estos son los términos más apropiados para definir este tema. ¿Por qué? Porque es necesario generar puestos de trabajo y mano de obra calificada aquí en Argentina. Debemos dar más trabajo a la gente. Fundamentalmente, en el interior. Si no logramos transformar este proceso en estos próximos años en algo de este tipo, que revierta el sentido de las migraciones y permita desarrollar el interior, esta oportunidad que tenemos ahora habrá pasado de largo. Que la soja valga mucho y que tengamos éxito puede ser pasajero si no nos capitalizamos en generar este desarrollo en el interior”
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24 ene 2011
13 dic 2010
UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
ORDEN, DEMOGRAFÍA Y VIVIENDA SON LOS TEMAS SUBYACENTES EN LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Víctor E. Lapegna
La batalla de Villa Soldati y sus dramáticas consecuencias de muertos y heridos, además de intensificar el debate social y político acerca del orden y de la seguridad, instaló en la agenda pública dos temas que no figuraban en ella: la cuestión demográfica y la política habitacional.
El Orden y la Vida
En el cuerpo humano, sin orden no hay vida. Si las células, los órganos y los sistemas que integran nuestro cuerpo no hicieran lo que les es debido conforme al orden propio de su funcionamiento normal, no sería posible la vida y vendría la muerte.
También en el cuerpo social, sin orden no hay vida y es posible que se instale la muerte. Cuando una o muchas personas vulneran el orden dado por normas – desde la Constitución hasta las ordenanzas municipales – que expresan la voluntad mayoritaria del pueblo soberano, el deber ineludible del Estado para defender la vida, la libertad y la justicia es restablecer el orden alterado, si es preciso usando la fuerza que, en una república democrática, es monopolio estatal.
Si se asume que el orden es condición necesaria de la vida en el plano social como lo es en el plano biológico, no sólo no hay contradicción entre orden y justicia o entre orden y libertad, sino que no puede haber justicia y libertad sin orden, ya que no puede haber justicia y libertad sin vida.
Por eso la sabiduría de Juan Domingo Perón le llevaba a afirmar que ser esclavo de la ley es el modo de ser libre en una comunidad organizada y a fijar los límites a los que debe ceñirse el comportamiento social y político afirmando: “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.
De lo antedicho se desprende que mantener el orden democrático establecido en las normas dictadas por los representantes del pueblo soberano, no es un comportamiento de derecha ni de izquierda, sino que es defender el básico derecho humano a la vida, que no se puede ejercer en plenitud sino en el marco de ese orden democrático.
De lo antedicho se desprende que el Estado no puede consentir la ocupación ilegal de espacios públicos – en este caso el llamado Parque Indoaméricano de Villa Soldati – por justificados que sean los reclamos de quienes realizan ese acto de alteración del orden democrático y debe proceder a desocupar el predio y restaurar el orden, recurriendo para ello a los medios a su alcance, según lo que establecen las normas y lo que aconseje la prudencia.
Cuando quienes tienen la responsabilidad de dirigir al Estado no son capaces de mantener el orden democrático, que es lo que sucedió en Villa Soldati, sea esa incapacidad debida a que carecen de los medios materiales para hacerlo – como fue el caso del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – o a que carecen de la voluntad política de hacerlo – como fue el caso del gobierno nacional – se pone en tela de juicio la legitimidad de ejercicio de esos gobernantes, ya que muestran incapacidad para cumplir con lo que es su misión más básica y esencial.
La Cabeza de Goliath
La Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 200 km2, equivalente al 0,007% del territorio continental argentino y en ese espacio habitamos unos 2,9 millones de personas, que representamos casi el 7% del la población total de nuestro país.
Los cordones del suburbano bonaerense ocupan unos 3.600 km2, alrededor de un 0,13% de la superficie de la Argentina (sin contar nuestro territorio antártico) y ahí viven unas 9,3 millones de personas, que representan el 22% del total de habitantes del país.
Dado que ambos espacios configuran una trama urbana única y continua, resulta que aproximadamente el 30% de la población argentina está hacinada en apenas el 0,137 % del total de nuestro territorio en condiciones de habitabilidad normal.
Esta anómala realidad – denunciada ya en la década de 1940 por Ezequiel Martinez Estrada al designar tal monstruosidad demográfica como “la cabeza de Goliath” – se agrava por el cuadro similar que se verifica en el Gran Rosario, el Gran Córdoba y el Gran Mendoza.
Acentúa esa deformación demográfica el hecho que el crecimiento “chino” de nuestro Producto Bruto Interno en los últimos años, en gran medida, es resultado de la producción agrícola que procede de ese vasto interior de nuestro territorio, escasamente poblado.
Parece evidente que existe una relación entre el aumento de los niveles de pobreza e indigencia que se vienen registrando en la Argentina en las últimas décadas, que hoy alcanzan a alrededor del 30% de nuestra población total, con la distorsión de la que dan cuenta los datos reseñados.
Es obvio que la demanda de bienes y servicios por parte de una población así concentrada que no genera una oferta de valor equivalente, es generadora de pobreza y que la pugna por la apropiación y uso de un suelo urbano escaso en relación a quienes pretenden ocuparlo, es fuente de tensiones y conflictos que llevan a episodios como los de Villa Soldati.
Aunque, como se mencionó antes, esa deformación en la relación entre población y territorio viene de lejos, la cuestión no ingresó en la agenda pública de debates y son escasas, esporádicas, aisladas y carentes de difusión las propuestas tendientes a elaborar un diagnóstico y tratamiento del problema.
La ausencia de iniciativas que aborden este crítico problema estructural de la Argentina – cuyo territorio es el octavo del mundo - en las instituciones del poder político, en el espacio mediático o en los círculos académicos. es expresivo de una miopía que, tal vez, la batalla de Villa Soldati pueda contribuir a que se atenúe.
En otros países del mundo el debate acerca de la cuestión demográfica está directamente vinculado al hecho que la globalización derribó o al menos debilitó las restricciones a la circulación de las personas que establecían los límites y fronteras.
De ahí que en esos países la cuestión que es motivo de discusiones que están en el centro de los asuntos públicas se relacione a las corrientes migratorias. En Estados Unidos el núcleo del debate gira en torno de los inmigrantes procedentes de México y de los países centroamericanos. En Europa de los que proceden del norte de África, el Este europeo y Medio Oriente.
En nuestro caso, aunque pueda ser plausible proceder a un análisis de la legislación y las políticas a seguir respecto del ingreso a nuestro territorio de inmigrantes procedentes de Bolivia, Paraguay, Perú, Uruguay y otros países latinoamericanos; no creemos que sea ese el núcleo del problema demográfico que describimos dado que, como se señaló, era ya grave y perceptible hace más de 60 años y por entonces no había corrientes migratorias hacia aquí desde otras naciones de la región.
La respuesta estructural al problema reside en formular y poner en marcha un programa concreto que permita el desarrollo de todas las provincias y regiones del país que permanecen en el atraso, sin aprovechar las potencialidades y ventajas comparativas disponibles en su territorio para retener a sus pobladores, en general escasos y atraer a quienes se hacinan hoy, sin posibilidades ni esperanza, en los grandes centros urbanos.
Se trata de elaborar y poner en marcha en todo el territorio nacional una nueva matriz industrial, capaz de armonizar el crecimiento económico con la calidad ambiental y la integración y justicia social, generando pleno empleo con trabajos estables, creadores de valor y por ello bien pagos, a los que puedan acceder los desempleados y marginados que se hacinan hoy en las villas miseria de las megalópolis y lograr así que “cada argentino produzca el doble de lo que consume”.
La prueba concreta de que esto es posible la brinda la provincia de San Luis que, merced a años de buen gobierno, retiene a sus habitantes e incluso atrae a los de otras provincias, dando un ejemplo que demuestra que es posible alcanzar un equilibrio entre territorio y población que hoy no existe, aunque es una condición necesaria para consolidar un desarrollo sustentable e integral de todas las personas y de toda la persona.
Un modo de lograr ese objetivo es concretar acciones que unan las consignas de Juan Bautista Alberdi (“gobernar es poblar”) y Juan Domingo Perón (“gobernar es crear trabajo”).
“…debe el gaucho tener casa…” [1]
El Parque Indoamericano de Villa Soldati fue ocupado por cientos de familias pobres que pretendieron justificar esa medida ilegal e indebida con el legítimo reclamo de acceder a una vivienda en un pedazo de suelo urbano donde tener una vida digna.
Sin mengua de la crítica que el acto en sí merece, del uso inescrupuloso que algunos hayan podido hacer de la desesperación de pobres y marginados para buscar réditos politiqueros o conquistar espacios de poder en beneficio del narcotráfico y el delito organizado e incluso de la posibilidad real de dar respuesta a la demanda; el reclamo es legal ya que la Constitución Nacional, en el último párrafo del artículo 14 bis, dispone que “la ley establecerá (…) el acceso a una vivienda digna”.
Es cierto que, pese ha que han transcurrido más de 50 años desde la inclusión de esta norma constitucional, no existe aún una ley que establezca de que modo todos los ciudadanos pueden tener acceso a una vivienda digna. Pero esa mora en poner en acto esta como otras disposiciones constitucionales, no invalida su vigencia o la legitimidad de la exigencia ciudadana para que se cumpla con ella.
Por lo demás, los cientos de familias que ocuparon el Parque Indoamericano de forma ilegal e indebida – vale repetirlo – son apenas una minúscula parte de unos 3 millones de hogares que componen el déficit habitacional argentino, magnitud que se mantiene inalterada desde hace 20 años, lo que prueba el fracaso de las políticas de vivienda de los gobiernos que se sucedieron, al menos, en las últimas dos décadas.
Vale tener en cuenta que la vivienda representa mucho más que las cuatro paredes y el techo que guardan de la intemperie y que la posibilidad efectiva de ser propietario y habitar una buena casa es una de las condiciones necesarias para llegar a ser persona, conforme a la dignidad de vida propia de la condición humana.
Si se acepta lo antedicho, hace 20 años que quienes integran un tercio de los hogares argentinos carecen de una vivienda que les permita llegar a ser personas plenas y a tener una vida digna.
Por lo demás, no es casual que el porcentaje de quienes habitan viviendas deficitarias sea equivalente al de los hogares argentinos en situación de pobreza ya que una de las causas del persistente déficit habitacional es, precisamente, el aumento de la pobreza. Así surge del hecho que, cuando en la década de 1970 se creó el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), la población pobre era un 6 por ciento del total y hoy creció al 30 por ciento.Para una mejor precisión en el diagnóstico del problema y la búsqueda de soluciones conviene tener en cuenta que la condición deficitaria de esas 3 millones de viviendas no es uniforme ya que incluye:
unas 500.000 viviendas irrecuperables,
unas 900.000 viviendas en situaciones deficitarias superables mediante diversas soluciones habitacionales (regularización del dominio, infraestructura básica, ampliaciones para resolver hacinamientos, refacciones, créditos blandos para cambiar de vivienda, vivienda progresiva para parejas jóvenes, etc.) y
1.600.000 viviendas deficitarias recuperables, cuyos habitantes no tienen capacidad financiera para concretar su mejoramiento.
Esa diversidad estructural del déficit habitacional no es contemplada por las políticas públicas de vivienda que aplican la mayor parte de los recursos a construir viviendas nuevas, que demandan una inversión inicial por unidad de unos 30.000 dólares (sin incluir los costos de terreno e infraestructura), a lo que se agrega que el nivel de recupero de la inversión es insuficiente y que se tienden a registrar mayores costos por la desvalorización del dinero invertido, los sobreprecios y la inflación.
Eso se desprende de auditorias del año 2008 según las cuales, del total de 5.725 millones de pesos que el sector público (sumando el FONAVI y Programas Federales) aplicó a la vivienda, un 52 por ciento fue para construir nuevas viviendas; un 18 por ciento para las llamadas soluciones habitacionales; un 17,6 por ciento a gastos operativos, amortización de créditos, etc. y un 11,4 por ciento a obras de infraestructura y equipamiento.
Asignar más del 50% de la inversión a construir viviendas nuevas para atender al 17% de la demanda (viviendas deficitarias irrecuperables) y menos del 20% a soluciones habitacionales y financiamiento para más del 80% por ciento de la demanda (viviendas con déficit superable o recuperables), es algo peor que un manejo torpe de los recursos presupuestarios.
Es privilegiar a la oferta (las empresas constructoras de nuevas viviendas y la cadena que componen), que paga retornos a los funcionarios públicos con capacidad de decisión y no a la demanda, que son las familias y personas que expresan el déficit habitacional argentino.
Esto tampoco es una novedad ya que el FONAVI, en toda su historia, produjo un promedio anual de menos de 40.000 nuevas viviendas, cifra muy inferior a las 72.000 viviendas que suma el aumento anual de la demanda de hogares nuevos que no pueden acceder por sí a la casa propia, lo que también explica la persistencia del déficit habitacional.
La necesidad insatisfecha del acceso a una vivienda propia y digna abarca a muchos y diferentes sectores sociales en todo el territorio nacional en un amplio espectro que incluye, por ejemplo, a parejas jóvenes de clase media que pagan un alto alquiler por un departamento, pero no consiguen acceder a un crédito hipotecario que les permita comprarlo. Otro ejemplo son familias numerosas y muy humildes, que reciben un subsidio del Estado por no tener empleo y deben pagar 600 pesos o más por una casilla en una villa miseria.
De ahí que las respuestas para ir reduciendo el persistente déficit habitacional argentino deben abordar esa diversidad de situaciones e integrar las miradas sobre ese fenómeno de los actores de la política, la sociedad civil, la empresa y los representantes de todas las Provincias, que formulen política nacionales estratégicas que se apliquen de forma continuada, al menos, durante una o dos décadas.
En cuanto a las villas miserias que representan la expresión más grave de la crisis de vivienda en la Ciudad de Buenos Aires, creemos que un objetivo central debe ser lograr la integración de los espacios y las personas que forman hoy las villas con la trama general de la Ciudad, quebrando la desintegración cultural mediante un cambio en la mirada, en general cargada de prejuicios, con la que los de “afuera” solemos ver a los de “adentro” de la villa. Dada la dimensión, complejidad e importancia de la problemática habitacional argentina, avanzar hacia su solución requiere también ampliar el volumen, accesibilidad, plazos y costos del crédito hipotecario, que en nuestro sistema financiero aún es escaso.
Por caso, establecer una línea de subsidios efectivos y sustentables de las tasas de interés que cobren las entidades financieras por el otorgamiento de créditos hipotecarios a largo plazo, que deben ser subsidios parciales, aplicados cuando y donde sean útiles y necesarios para promover y multiplicar recursos financieros, de mano de obra u otros y que deben ser explícitos, transparentes y destinados a financiar a la demanda y no la oferta.Por último pero no por eso menos importante, deben diseñarse y poner en marcha líneas y procedimientos de microcréditos, destinados a financiar soluciones habitacionales y otros procedimientos de mejora de las viviendas par los sectores menos pudientes.En suma y en síntesis, se trata de realizar ese programa que el genio poético de José Hernández resumió en estos versos de su Martín Fierro:
“Es el pobre en su orfandá
De la fortuna el desecho
Porque naides toma a pecho
El defender a su raza:
Debe el gaucho tener casa,
Escuela, iglesia y derechos”.
Buenos Aires, 12 de diciembre de 2001
Día de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América
[1] Sobre el tema de este subtítulo ver exposición del Lic. Zenón Biagosch, Director de la Escuela de Negocios de la UCA, en el Congreso de Vivienda y Desarrollo Humano de la Universidad Católica Argentina (octubre 2010)
por Víctor E. Lapegna
La batalla de Villa Soldati y sus dramáticas consecuencias de muertos y heridos, además de intensificar el debate social y político acerca del orden y de la seguridad, instaló en la agenda pública dos temas que no figuraban en ella: la cuestión demográfica y la política habitacional.
El Orden y la Vida
En el cuerpo humano, sin orden no hay vida. Si las células, los órganos y los sistemas que integran nuestro cuerpo no hicieran lo que les es debido conforme al orden propio de su funcionamiento normal, no sería posible la vida y vendría la muerte.
También en el cuerpo social, sin orden no hay vida y es posible que se instale la muerte. Cuando una o muchas personas vulneran el orden dado por normas – desde la Constitución hasta las ordenanzas municipales – que expresan la voluntad mayoritaria del pueblo soberano, el deber ineludible del Estado para defender la vida, la libertad y la justicia es restablecer el orden alterado, si es preciso usando la fuerza que, en una república democrática, es monopolio estatal.
Si se asume que el orden es condición necesaria de la vida en el plano social como lo es en el plano biológico, no sólo no hay contradicción entre orden y justicia o entre orden y libertad, sino que no puede haber justicia y libertad sin orden, ya que no puede haber justicia y libertad sin vida.
Por eso la sabiduría de Juan Domingo Perón le llevaba a afirmar que ser esclavo de la ley es el modo de ser libre en una comunidad organizada y a fijar los límites a los que debe ceñirse el comportamiento social y político afirmando: “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.
De lo antedicho se desprende que mantener el orden democrático establecido en las normas dictadas por los representantes del pueblo soberano, no es un comportamiento de derecha ni de izquierda, sino que es defender el básico derecho humano a la vida, que no se puede ejercer en plenitud sino en el marco de ese orden democrático.
De lo antedicho se desprende que el Estado no puede consentir la ocupación ilegal de espacios públicos – en este caso el llamado Parque Indoaméricano de Villa Soldati – por justificados que sean los reclamos de quienes realizan ese acto de alteración del orden democrático y debe proceder a desocupar el predio y restaurar el orden, recurriendo para ello a los medios a su alcance, según lo que establecen las normas y lo que aconseje la prudencia.
Cuando quienes tienen la responsabilidad de dirigir al Estado no son capaces de mantener el orden democrático, que es lo que sucedió en Villa Soldati, sea esa incapacidad debida a que carecen de los medios materiales para hacerlo – como fue el caso del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – o a que carecen de la voluntad política de hacerlo – como fue el caso del gobierno nacional – se pone en tela de juicio la legitimidad de ejercicio de esos gobernantes, ya que muestran incapacidad para cumplir con lo que es su misión más básica y esencial.
La Cabeza de Goliath
La Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 200 km2, equivalente al 0,007% del territorio continental argentino y en ese espacio habitamos unos 2,9 millones de personas, que representamos casi el 7% del la población total de nuestro país.
Los cordones del suburbano bonaerense ocupan unos 3.600 km2, alrededor de un 0,13% de la superficie de la Argentina (sin contar nuestro territorio antártico) y ahí viven unas 9,3 millones de personas, que representan el 22% del total de habitantes del país.
Dado que ambos espacios configuran una trama urbana única y continua, resulta que aproximadamente el 30% de la población argentina está hacinada en apenas el 0,137 % del total de nuestro territorio en condiciones de habitabilidad normal.
Esta anómala realidad – denunciada ya en la década de 1940 por Ezequiel Martinez Estrada al designar tal monstruosidad demográfica como “la cabeza de Goliath” – se agrava por el cuadro similar que se verifica en el Gran Rosario, el Gran Córdoba y el Gran Mendoza.
Acentúa esa deformación demográfica el hecho que el crecimiento “chino” de nuestro Producto Bruto Interno en los últimos años, en gran medida, es resultado de la producción agrícola que procede de ese vasto interior de nuestro territorio, escasamente poblado.
Parece evidente que existe una relación entre el aumento de los niveles de pobreza e indigencia que se vienen registrando en la Argentina en las últimas décadas, que hoy alcanzan a alrededor del 30% de nuestra población total, con la distorsión de la que dan cuenta los datos reseñados.
Es obvio que la demanda de bienes y servicios por parte de una población así concentrada que no genera una oferta de valor equivalente, es generadora de pobreza y que la pugna por la apropiación y uso de un suelo urbano escaso en relación a quienes pretenden ocuparlo, es fuente de tensiones y conflictos que llevan a episodios como los de Villa Soldati.
Aunque, como se mencionó antes, esa deformación en la relación entre población y territorio viene de lejos, la cuestión no ingresó en la agenda pública de debates y son escasas, esporádicas, aisladas y carentes de difusión las propuestas tendientes a elaborar un diagnóstico y tratamiento del problema.
La ausencia de iniciativas que aborden este crítico problema estructural de la Argentina – cuyo territorio es el octavo del mundo - en las instituciones del poder político, en el espacio mediático o en los círculos académicos. es expresivo de una miopía que, tal vez, la batalla de Villa Soldati pueda contribuir a que se atenúe.
En otros países del mundo el debate acerca de la cuestión demográfica está directamente vinculado al hecho que la globalización derribó o al menos debilitó las restricciones a la circulación de las personas que establecían los límites y fronteras.
De ahí que en esos países la cuestión que es motivo de discusiones que están en el centro de los asuntos públicas se relacione a las corrientes migratorias. En Estados Unidos el núcleo del debate gira en torno de los inmigrantes procedentes de México y de los países centroamericanos. En Europa de los que proceden del norte de África, el Este europeo y Medio Oriente.
En nuestro caso, aunque pueda ser plausible proceder a un análisis de la legislación y las políticas a seguir respecto del ingreso a nuestro territorio de inmigrantes procedentes de Bolivia, Paraguay, Perú, Uruguay y otros países latinoamericanos; no creemos que sea ese el núcleo del problema demográfico que describimos dado que, como se señaló, era ya grave y perceptible hace más de 60 años y por entonces no había corrientes migratorias hacia aquí desde otras naciones de la región.
La respuesta estructural al problema reside en formular y poner en marcha un programa concreto que permita el desarrollo de todas las provincias y regiones del país que permanecen en el atraso, sin aprovechar las potencialidades y ventajas comparativas disponibles en su territorio para retener a sus pobladores, en general escasos y atraer a quienes se hacinan hoy, sin posibilidades ni esperanza, en los grandes centros urbanos.
Se trata de elaborar y poner en marcha en todo el territorio nacional una nueva matriz industrial, capaz de armonizar el crecimiento económico con la calidad ambiental y la integración y justicia social, generando pleno empleo con trabajos estables, creadores de valor y por ello bien pagos, a los que puedan acceder los desempleados y marginados que se hacinan hoy en las villas miseria de las megalópolis y lograr así que “cada argentino produzca el doble de lo que consume”.
La prueba concreta de que esto es posible la brinda la provincia de San Luis que, merced a años de buen gobierno, retiene a sus habitantes e incluso atrae a los de otras provincias, dando un ejemplo que demuestra que es posible alcanzar un equilibrio entre territorio y población que hoy no existe, aunque es una condición necesaria para consolidar un desarrollo sustentable e integral de todas las personas y de toda la persona.
Un modo de lograr ese objetivo es concretar acciones que unan las consignas de Juan Bautista Alberdi (“gobernar es poblar”) y Juan Domingo Perón (“gobernar es crear trabajo”).
“…debe el gaucho tener casa…” [1]
El Parque Indoamericano de Villa Soldati fue ocupado por cientos de familias pobres que pretendieron justificar esa medida ilegal e indebida con el legítimo reclamo de acceder a una vivienda en un pedazo de suelo urbano donde tener una vida digna.
Sin mengua de la crítica que el acto en sí merece, del uso inescrupuloso que algunos hayan podido hacer de la desesperación de pobres y marginados para buscar réditos politiqueros o conquistar espacios de poder en beneficio del narcotráfico y el delito organizado e incluso de la posibilidad real de dar respuesta a la demanda; el reclamo es legal ya que la Constitución Nacional, en el último párrafo del artículo 14 bis, dispone que “la ley establecerá (…) el acceso a una vivienda digna”.
Es cierto que, pese ha que han transcurrido más de 50 años desde la inclusión de esta norma constitucional, no existe aún una ley que establezca de que modo todos los ciudadanos pueden tener acceso a una vivienda digna. Pero esa mora en poner en acto esta como otras disposiciones constitucionales, no invalida su vigencia o la legitimidad de la exigencia ciudadana para que se cumpla con ella.
Por lo demás, los cientos de familias que ocuparon el Parque Indoamericano de forma ilegal e indebida – vale repetirlo – son apenas una minúscula parte de unos 3 millones de hogares que componen el déficit habitacional argentino, magnitud que se mantiene inalterada desde hace 20 años, lo que prueba el fracaso de las políticas de vivienda de los gobiernos que se sucedieron, al menos, en las últimas dos décadas.
Vale tener en cuenta que la vivienda representa mucho más que las cuatro paredes y el techo que guardan de la intemperie y que la posibilidad efectiva de ser propietario y habitar una buena casa es una de las condiciones necesarias para llegar a ser persona, conforme a la dignidad de vida propia de la condición humana.
Si se acepta lo antedicho, hace 20 años que quienes integran un tercio de los hogares argentinos carecen de una vivienda que les permita llegar a ser personas plenas y a tener una vida digna.
Por lo demás, no es casual que el porcentaje de quienes habitan viviendas deficitarias sea equivalente al de los hogares argentinos en situación de pobreza ya que una de las causas del persistente déficit habitacional es, precisamente, el aumento de la pobreza. Así surge del hecho que, cuando en la década de 1970 se creó el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), la población pobre era un 6 por ciento del total y hoy creció al 30 por ciento.Para una mejor precisión en el diagnóstico del problema y la búsqueda de soluciones conviene tener en cuenta que la condición deficitaria de esas 3 millones de viviendas no es uniforme ya que incluye:
unas 500.000 viviendas irrecuperables,
unas 900.000 viviendas en situaciones deficitarias superables mediante diversas soluciones habitacionales (regularización del dominio, infraestructura básica, ampliaciones para resolver hacinamientos, refacciones, créditos blandos para cambiar de vivienda, vivienda progresiva para parejas jóvenes, etc.) y
1.600.000 viviendas deficitarias recuperables, cuyos habitantes no tienen capacidad financiera para concretar su mejoramiento.
Esa diversidad estructural del déficit habitacional no es contemplada por las políticas públicas de vivienda que aplican la mayor parte de los recursos a construir viviendas nuevas, que demandan una inversión inicial por unidad de unos 30.000 dólares (sin incluir los costos de terreno e infraestructura), a lo que se agrega que el nivel de recupero de la inversión es insuficiente y que se tienden a registrar mayores costos por la desvalorización del dinero invertido, los sobreprecios y la inflación.
Eso se desprende de auditorias del año 2008 según las cuales, del total de 5.725 millones de pesos que el sector público (sumando el FONAVI y Programas Federales) aplicó a la vivienda, un 52 por ciento fue para construir nuevas viviendas; un 18 por ciento para las llamadas soluciones habitacionales; un 17,6 por ciento a gastos operativos, amortización de créditos, etc. y un 11,4 por ciento a obras de infraestructura y equipamiento.
Asignar más del 50% de la inversión a construir viviendas nuevas para atender al 17% de la demanda (viviendas deficitarias irrecuperables) y menos del 20% a soluciones habitacionales y financiamiento para más del 80% por ciento de la demanda (viviendas con déficit superable o recuperables), es algo peor que un manejo torpe de los recursos presupuestarios.
Es privilegiar a la oferta (las empresas constructoras de nuevas viviendas y la cadena que componen), que paga retornos a los funcionarios públicos con capacidad de decisión y no a la demanda, que son las familias y personas que expresan el déficit habitacional argentino.
Esto tampoco es una novedad ya que el FONAVI, en toda su historia, produjo un promedio anual de menos de 40.000 nuevas viviendas, cifra muy inferior a las 72.000 viviendas que suma el aumento anual de la demanda de hogares nuevos que no pueden acceder por sí a la casa propia, lo que también explica la persistencia del déficit habitacional.
La necesidad insatisfecha del acceso a una vivienda propia y digna abarca a muchos y diferentes sectores sociales en todo el territorio nacional en un amplio espectro que incluye, por ejemplo, a parejas jóvenes de clase media que pagan un alto alquiler por un departamento, pero no consiguen acceder a un crédito hipotecario que les permita comprarlo. Otro ejemplo son familias numerosas y muy humildes, que reciben un subsidio del Estado por no tener empleo y deben pagar 600 pesos o más por una casilla en una villa miseria.
De ahí que las respuestas para ir reduciendo el persistente déficit habitacional argentino deben abordar esa diversidad de situaciones e integrar las miradas sobre ese fenómeno de los actores de la política, la sociedad civil, la empresa y los representantes de todas las Provincias, que formulen política nacionales estratégicas que se apliquen de forma continuada, al menos, durante una o dos décadas.
En cuanto a las villas miserias que representan la expresión más grave de la crisis de vivienda en la Ciudad de Buenos Aires, creemos que un objetivo central debe ser lograr la integración de los espacios y las personas que forman hoy las villas con la trama general de la Ciudad, quebrando la desintegración cultural mediante un cambio en la mirada, en general cargada de prejuicios, con la que los de “afuera” solemos ver a los de “adentro” de la villa. Dada la dimensión, complejidad e importancia de la problemática habitacional argentina, avanzar hacia su solución requiere también ampliar el volumen, accesibilidad, plazos y costos del crédito hipotecario, que en nuestro sistema financiero aún es escaso.
Por caso, establecer una línea de subsidios efectivos y sustentables de las tasas de interés que cobren las entidades financieras por el otorgamiento de créditos hipotecarios a largo plazo, que deben ser subsidios parciales, aplicados cuando y donde sean útiles y necesarios para promover y multiplicar recursos financieros, de mano de obra u otros y que deben ser explícitos, transparentes y destinados a financiar a la demanda y no la oferta.Por último pero no por eso menos importante, deben diseñarse y poner en marcha líneas y procedimientos de microcréditos, destinados a financiar soluciones habitacionales y otros procedimientos de mejora de las viviendas par los sectores menos pudientes.En suma y en síntesis, se trata de realizar ese programa que el genio poético de José Hernández resumió en estos versos de su Martín Fierro:
“Es el pobre en su orfandá
De la fortuna el desecho
Porque naides toma a pecho
El defender a su raza:
Debe el gaucho tener casa,
Escuela, iglesia y derechos”.
Buenos Aires, 12 de diciembre de 2001
Día de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América
[1] Sobre el tema de este subtítulo ver exposición del Lic. Zenón Biagosch, Director de la Escuela de Negocios de la UCA, en el Congreso de Vivienda y Desarrollo Humano de la Universidad Católica Argentina (octubre 2010)
18 mar 2010
PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna
Los Peronistas Porteños nos Autoconvocamos a Debatir Ideas
PARA QUE LA ARGENTINA ENTRE AL SIGLO XXI Y
BUENOS AIRES VUELVA A SER LA REINA DEL PLATA
Buenos Aires, marzo de 2010
Asistimos al paulatino, acelerado e inevitable colapso del sistema de poder ejercido desde el 2003 por el Partido del Estado Unitario que, asociado con el “capitalismo de amigos”, en su propio provecho controlan los Kirchner.
Las causas esenciales de ese colapso fueron las tres sucesivas derrotas que la voluntad y la acción de la mayoría del pueblo argentino infligieron a aquel sistema de dominación.
°La primera fue la gesta popular del 2008, iniciada por el rechazo a la resolución 125 y que derivó en la movilización federal de la Argentina interior.
°La segunda, cuando el pasado 28 de junio el kirchnerismo en general y Néstor Kirchner en persona perdieron unas elecciones legislativas que probaron que la mayoría del pueblo ya no acepta su sistema de poder.
°La tercera derrota, en el plano institucional, se produjo cuando las fuerzas de oposición asumieron la nueva correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados y en el Senado y se extendió al Poder Judicial, en fallos que frenaron atropellos del Poder Ejecutivo y hasta en un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia.
El ocaso del sistema de poder kirchnerista es un dato positivo de la realidad en tanto se la considere desde la perspectiva de la defensa de los intereses permanentes de la Nación y del pueblo argentinos, ya que cambiar ese sistema es una condición necesaria para que un gobierno nacional aplique un programa que sirva a esos intereses permanentes. Pero no es menos cierto que no es esa una condición suficiente para lograr ese objetivo.
Existe el riesgo de que quienes nos oponemos a la política del poder K, en especial los peronistas, terminemos por obtener una victoria pírrica si la imagen positiva de los opositores en la opinión pública sólo crece merced al extendido deterioro social que hoy cosechan Néstor y Cristina Kirchner, dado que ese desgaste de la imagen del matrimonio presidencial puede arrastrar, al menos en parte, al peronismo.
De ahí que sea cada vez más urgente y necesario que la saludable diferenciación respecto del kirchnerismo que vienen asumiendo en forma expresa cada vez más dirigentes y cuadros del peronismo - algunos de los cuales fueron candidatos y ganaron en las elecciones del pasado 28 de junio - se consolide con la elaboración y presentación pública de propuestas programáticas que sean alternativas reales a las políticas oficiales.
Para hacernos cargo de esa tarea, contamos con la ventaja del legado que es el pensamiento del general Juan Domingo Perón que, merced a sus notables cualidades anticipatorias, mantiene plena su vigencia y aplicabilidad y sigue siendo una herramienta eficaz a partir de la cual los justicialistas podemos y debemos aportar respuestas concretas para afrontar ese desafío.
Pero también debemos asumir que el rico debate interno que abrió la llamada renovación en los primeros años de la restauración de la democracia, y que tuvo su más alta expresión en las elecciones internas de 1988, quedó trunco y de entonces a hoy la militancia peronista en general y en particular sus cuadros técnicos, profesionales e intelectuales no pudimos ni supimos darle continuidad a la estimulante lucha por la idea, un factor esencial para que el Justicialismo pase de la etapa gregaria a la etapa orgánica.
Hoy los peronistas en general, y los de la ciudad de Buenos Aires en particular, queremos superar esa signatura pendiente y construir espacios abiertos a la reflexión y debate acerca de nuestra identidad en este tiempo.
En esos espacios también nos proponemos elaborar propuestas programáticas que, entre otros temas importantes y urgentes, lleven a que la Argentina y los argentinos, tan pronto como sea posible y atendiendo a nuestros intereses nacionales y populares permanentes, nos instalemos en la nueva etapa de la evolución histórica del siglo XXI, signada por el despliegue de la globalización de la economía y la aparición de la sociedad del conocimiento. Desde esa tarea, vamos a colaborar activamente también con todos los compañeros que ejercen representaciones institucionales en los distintos cuerpos legislativos, tanto en el orden nacional como en el de la ciudad de Buenos Aires.
Para avanzar hacia un acuerdo patriótico que una la voluntad de la gran mayoría de los argentinos en objetivos estratégicos que nos permitan construir un destino común en lo universal, antes es necesario que los justicialistas, como enseñaba Perón, “esclarezcamos nuestras discrepancias y para hacerlo no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas primero, para construir el diálogo social después”.
Queremos que ese debate sea un aporte para reconstruir una organización partidaria del Justicialismo cargada de legalidad y legitimidad, con dirigentes dotados de autoridad y no sólo de poder y que posibilite una participación efectiva y protagónica en las decisiones de todos sus afiliados
Aunque sabemos que las ideas se encarnan en personas que las impulsan, no vamos a dejarnos encerrar en “internismos” que nos dividan por la posición que cada uno tenga respecto de quien debe ser el mejor candidato que el Justicialismo presente en las próximas elecciones presidenciales, ya que esas diferencias, como en 1988, deben dirimirse en elecciones internas ampliamente democráticas.
La Argentina, que hoy navega a la deriva, requiere que la política vuelva a ser capaz de definir con claridad un rumbo estratégico, una visión de mediano y largo plazo que guíe su destino por varias generaciones y el pensamiento justicialista, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, adecuado a la evolución de los tiempos, nos permite definir los contenidos concretos que debe adoptar, en las nuevas condiciones del siglo XXI, el objetivo de edificar una Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
ENCUENTRO DE PROFESIONALES Y TECNICOS DEL PERONISMO PORTEÑO
Para la recuperación de nuestra identidad doctrinaria y
la elaboración de una propuesta programática.
Fecha: miércoles 14 de abril de 2010.
Lugar: salón del hotel Castelar.
Programa:
18:00 horas. Acreditación de los invitados. Se habilitarán tres o cuatro mesas para que los compañeros reciban una carpeta con el documento marco y una ficha con datos personales y comisión en la que desean participar, la que será entregada a las secretarias terminado el acto.
18:30 horas. Inicio del encuentro: Bienvenida. Sentido y encuadre de la convocatoria en la situación política general y del peronismo en particular; rol de los cuadros político-técnicos en este contexto.
19:00 horas. La mesa coordinadora propone abrir un intercambio de opiniones entre los participantes para enriquecer y mejorar esta iniciativa.
20:00 horas. La mesa coordinadora propone la creación de ocho comisiones, a saber:
1.- Economía, finanzas, producción, desarrollo e infraestructura.
2.- Pobreza, marginalidad y exclusión.
3.- Reconstrucción de las instituciones republicanas. Derechos y garantías. Libertad de Expresión.
4.- Seguridad y Defensa.
5.- Reinserción de Argentina en el mundo.
6.- La Argentina y la sociedad del conocimiento.
7.- Salud Pública, medio ambiente, desarrollo territorial y población.
8.- La Ciudad: propuesta programática para que vuelva a ser la Reina del Plata
Las mismas podrán tener todas las subcomisiones necesarias para abarcar toda la problemática contenida en cada título.
Habrá un coordinador provisorio de cada área, para lo que se proponen hasta tanto se comience la actividad, los siguientes compañeros:
Coordinador General: Pascual Albanese – Coordinador Ejecutivo: Carlos Valenzuela
Comisión N* 1: Víctor Lapegna; Comisión N* 2: Marita Domínguez, Susana Belot; Comisión N* 3: Salvador Laganá, Ramón Gauna; Comisión N* 4: Santiago Díaz Ortiz, Juan Carlos Melián, Jorge Devia; Comisión N* 5: Jorge Raventos, Luís Calviño; Comisión N* 6: Carlos Valenzuela, Claudio Chávez; Comisión N* 7: Dora Saráchaga, Rita Calogero; Comisión N* 8: Ana Kessler.
Se establecerá un día de reunión de todos los coordinadores provisorios para determinar día, hora y lugar de reunión cada una de las comisiones, lo que será comunicado por los coordinadores a cada uno de sus integrantes.
Cada comisión deberá elaborar un diagnóstico de su temática y una propuesta que deberá estar finalizada para el mes de setiembre de 2010.
Se preverá, para el caso de que sea necesario, reuniones conjuntas de aquellas comisiones que por su temática deban coordinarse e interactuar entre si.
Entre setiembre y octubre se procederá a unificar todo lo elaborado por cada comisión y compatibilizado en un documento final que pretendemos sea presentado y dado a conocer públicamente el 17 de octubre, como el aporte que hace el peronismo porteño de cara a las elecciones del 2011 y en función de la gestión de un futuro gobierno peronista.
Los Peronistas Porteños nos Autoconvocamos a Debatir Ideas
PARA QUE LA ARGENTINA ENTRE AL SIGLO XXI Y
BUENOS AIRES VUELVA A SER LA REINA DEL PLATA
Buenos Aires, marzo de 2010
Asistimos al paulatino, acelerado e inevitable colapso del sistema de poder ejercido desde el 2003 por el Partido del Estado Unitario que, asociado con el “capitalismo de amigos”, en su propio provecho controlan los Kirchner.
Las causas esenciales de ese colapso fueron las tres sucesivas derrotas que la voluntad y la acción de la mayoría del pueblo argentino infligieron a aquel sistema de dominación.
°La primera fue la gesta popular del 2008, iniciada por el rechazo a la resolución 125 y que derivó en la movilización federal de la Argentina interior.
°La segunda, cuando el pasado 28 de junio el kirchnerismo en general y Néstor Kirchner en persona perdieron unas elecciones legislativas que probaron que la mayoría del pueblo ya no acepta su sistema de poder.
°La tercera derrota, en el plano institucional, se produjo cuando las fuerzas de oposición asumieron la nueva correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados y en el Senado y se extendió al Poder Judicial, en fallos que frenaron atropellos del Poder Ejecutivo y hasta en un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia.
El ocaso del sistema de poder kirchnerista es un dato positivo de la realidad en tanto se la considere desde la perspectiva de la defensa de los intereses permanentes de la Nación y del pueblo argentinos, ya que cambiar ese sistema es una condición necesaria para que un gobierno nacional aplique un programa que sirva a esos intereses permanentes. Pero no es menos cierto que no es esa una condición suficiente para lograr ese objetivo.
Existe el riesgo de que quienes nos oponemos a la política del poder K, en especial los peronistas, terminemos por obtener una victoria pírrica si la imagen positiva de los opositores en la opinión pública sólo crece merced al extendido deterioro social que hoy cosechan Néstor y Cristina Kirchner, dado que ese desgaste de la imagen del matrimonio presidencial puede arrastrar, al menos en parte, al peronismo.
De ahí que sea cada vez más urgente y necesario que la saludable diferenciación respecto del kirchnerismo que vienen asumiendo en forma expresa cada vez más dirigentes y cuadros del peronismo - algunos de los cuales fueron candidatos y ganaron en las elecciones del pasado 28 de junio - se consolide con la elaboración y presentación pública de propuestas programáticas que sean alternativas reales a las políticas oficiales.
Para hacernos cargo de esa tarea, contamos con la ventaja del legado que es el pensamiento del general Juan Domingo Perón que, merced a sus notables cualidades anticipatorias, mantiene plena su vigencia y aplicabilidad y sigue siendo una herramienta eficaz a partir de la cual los justicialistas podemos y debemos aportar respuestas concretas para afrontar ese desafío.
Pero también debemos asumir que el rico debate interno que abrió la llamada renovación en los primeros años de la restauración de la democracia, y que tuvo su más alta expresión en las elecciones internas de 1988, quedó trunco y de entonces a hoy la militancia peronista en general y en particular sus cuadros técnicos, profesionales e intelectuales no pudimos ni supimos darle continuidad a la estimulante lucha por la idea, un factor esencial para que el Justicialismo pase de la etapa gregaria a la etapa orgánica.
Hoy los peronistas en general, y los de la ciudad de Buenos Aires en particular, queremos superar esa signatura pendiente y construir espacios abiertos a la reflexión y debate acerca de nuestra identidad en este tiempo.
En esos espacios también nos proponemos elaborar propuestas programáticas que, entre otros temas importantes y urgentes, lleven a que la Argentina y los argentinos, tan pronto como sea posible y atendiendo a nuestros intereses nacionales y populares permanentes, nos instalemos en la nueva etapa de la evolución histórica del siglo XXI, signada por el despliegue de la globalización de la economía y la aparición de la sociedad del conocimiento. Desde esa tarea, vamos a colaborar activamente también con todos los compañeros que ejercen representaciones institucionales en los distintos cuerpos legislativos, tanto en el orden nacional como en el de la ciudad de Buenos Aires.
Para avanzar hacia un acuerdo patriótico que una la voluntad de la gran mayoría de los argentinos en objetivos estratégicos que nos permitan construir un destino común en lo universal, antes es necesario que los justicialistas, como enseñaba Perón, “esclarezcamos nuestras discrepancias y para hacerlo no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas primero, para construir el diálogo social después”.
Queremos que ese debate sea un aporte para reconstruir una organización partidaria del Justicialismo cargada de legalidad y legitimidad, con dirigentes dotados de autoridad y no sólo de poder y que posibilite una participación efectiva y protagónica en las decisiones de todos sus afiliados
Aunque sabemos que las ideas se encarnan en personas que las impulsan, no vamos a dejarnos encerrar en “internismos” que nos dividan por la posición que cada uno tenga respecto de quien debe ser el mejor candidato que el Justicialismo presente en las próximas elecciones presidenciales, ya que esas diferencias, como en 1988, deben dirimirse en elecciones internas ampliamente democráticas.
La Argentina, que hoy navega a la deriva, requiere que la política vuelva a ser capaz de definir con claridad un rumbo estratégico, una visión de mediano y largo plazo que guíe su destino por varias generaciones y el pensamiento justicialista, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, adecuado a la evolución de los tiempos, nos permite definir los contenidos concretos que debe adoptar, en las nuevas condiciones del siglo XXI, el objetivo de edificar una Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
ENCUENTRO DE PROFESIONALES Y TECNICOS DEL PERONISMO PORTEÑO
Para la recuperación de nuestra identidad doctrinaria y
la elaboración de una propuesta programática.
Fecha: miércoles 14 de abril de 2010.
Lugar: salón del hotel Castelar.
Programa:
18:00 horas. Acreditación de los invitados. Se habilitarán tres o cuatro mesas para que los compañeros reciban una carpeta con el documento marco y una ficha con datos personales y comisión en la que desean participar, la que será entregada a las secretarias terminado el acto.
18:30 horas. Inicio del encuentro: Bienvenida. Sentido y encuadre de la convocatoria en la situación política general y del peronismo en particular; rol de los cuadros político-técnicos en este contexto.
19:00 horas. La mesa coordinadora propone abrir un intercambio de opiniones entre los participantes para enriquecer y mejorar esta iniciativa.
20:00 horas. La mesa coordinadora propone la creación de ocho comisiones, a saber:
1.- Economía, finanzas, producción, desarrollo e infraestructura.
2.- Pobreza, marginalidad y exclusión.
3.- Reconstrucción de las instituciones republicanas. Derechos y garantías. Libertad de Expresión.
4.- Seguridad y Defensa.
5.- Reinserción de Argentina en el mundo.
6.- La Argentina y la sociedad del conocimiento.
7.- Salud Pública, medio ambiente, desarrollo territorial y población.
8.- La Ciudad: propuesta programática para que vuelva a ser la Reina del Plata
Las mismas podrán tener todas las subcomisiones necesarias para abarcar toda la problemática contenida en cada título.
Habrá un coordinador provisorio de cada área, para lo que se proponen hasta tanto se comience la actividad, los siguientes compañeros:
Coordinador General: Pascual Albanese – Coordinador Ejecutivo: Carlos Valenzuela
Comisión N* 1: Víctor Lapegna; Comisión N* 2: Marita Domínguez, Susana Belot; Comisión N* 3: Salvador Laganá, Ramón Gauna; Comisión N* 4: Santiago Díaz Ortiz, Juan Carlos Melián, Jorge Devia; Comisión N* 5: Jorge Raventos, Luís Calviño; Comisión N* 6: Carlos Valenzuela, Claudio Chávez; Comisión N* 7: Dora Saráchaga, Rita Calogero; Comisión N* 8: Ana Kessler.
Se establecerá un día de reunión de todos los coordinadores provisorios para determinar día, hora y lugar de reunión cada una de las comisiones, lo que será comunicado por los coordinadores a cada uno de sus integrantes.
Cada comisión deberá elaborar un diagnóstico de su temática y una propuesta que deberá estar finalizada para el mes de setiembre de 2010.
Se preverá, para el caso de que sea necesario, reuniones conjuntas de aquellas comisiones que por su temática deban coordinarse e interactuar entre si.
Entre setiembre y octubre se procederá a unificar todo lo elaborado por cada comisión y compatibilizado en un documento final que pretendemos sea presentado y dado a conocer públicamente el 17 de octubre, como el aporte que hace el peronismo porteño de cara a las elecciones del 2011 y en función de la gestión de un futuro gobierno peronista.
30 nov 2009
LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna
(publicado en el Foro Partido Justicialista Sept 15, 2009)
Tres hechos concretados en la primera semana de agosto por la Iglesia Católica instalaron la cuestión de la pobreza en la agenda pública nacional con una intensidad que no tenía antes en los medios de comunicación o en los discursos de políticos oficialistas y opositores.
El primer hecho se produjo el martes 4 de agosto, con la presentación pública del Barómetro del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). El jueves 6 se difundió un telegrama de Benedicto XVI en respaldo a la colecta Más por Menos, en el que el Papa denunciaba el escándalo de la pobreza en nuestro país. La tercera referencia eclesial al drama de la pobreza estuvo en la homilía pronunciada por el cardenal Jorge Bergoglio el viernes 7, en la misa dada en el santuario de San Cayetano.
La cuestión, además de la importancia que tiene en sí misma, abre un debate acerca de la realidad general de la Argentina al que queremos hacer un aporte antes que, como es posible y hasta probable, el vértigo informativo y la intencionalidad de algunos actores hagan que el tema deje de recibir la atención que suscita hoy.
¿Cuál es el Escándalo de la Pobreza en la Argentina?
Asumiendo que la cantidad de personas pobres e indigentes que hay hoy en la Argentina es de por sí un escándalo, vale preguntarse en que consiste ese escándalo.
Una respuesta extendida en la sociedad, en el gobierno, en la oposición e incluso ad intra la propia Iglesia católica es que el escándalo consiste en que, siendo el nuestro un país rico, haya semejante cantidad de pobres (Vgr.: “¿Cómo es posible que haya tantos indigentes en un país que da de comer a 300 millones de personas?”).
Esa es la tesis de la presidente de la Nación en cuanto dijo que "(…) en Argentina hay pobres, pero el problema no es la pobreza, el problema es la inequidad social y la distribución del ingreso", a lo que agregó que "no es casualidad ver que en Canadá, Suecia, Noruega, la brecha entre ricos y pobres es más chica. Y ahí está la verdadera raíz y la verdadera fábrica de pobres, en la inequidad social".
Si esta explicación diera cuenta de toda la realidad y el drama de la pobreza en la Argentina sólo fuese resultado de una distribución injusta de riquezas ya existentes, sería posible terminar con esa inaceptable situación de indignidad con medidas que repartieran mejor las riquezas que ya hay, tales como el otorgamiento del ingreso universal por niño, el remozado programa “Manos a la Obra” que relanzó la presidente u otras medidas distributivas similares.
Otra mirada posible es considerar que el escándalo consiste en que la Argentina, que tiene amplias condiciones para ser un país rico, se convirtió en un país pobre y el aumento a grados inaceptables de la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia es consecuencia de ese empobrecimiento general del país, cuya riqueza disponible es cada vez menor, además de distribuirse de un modo cada vez más injusto.
Si lo antedicho fuese cierto, sin mengua de la necesidad de adoptar medidas de coyuntura que alivien los efectos inmediatos más graves de esta cuestión social (como el ingreso universal por niño o el plan relanzado por la presidente), el camino que lleva a poner fin en forma efectiva con el escándalo de la pobreza estructural pasa por restaurar un círculo virtuoso de creación sustentable de riqueza por medios que, por sí mismos, contribuyan a una mayor y mejor justicia social.
En otros términos, se trataría de establecer una matriz productiva que lleve a aumentar el valor del capital físico, del capital financiero y sobre todo del capital humano mediante una mayor productividad del trabajo de todos, en la que el apotegma que proponía que “cada argentino produzca algo más que lo que consume” sea un deber que todos podamos cumplir.
El Empobrecimiento de la Argentina
Decir que la Argentina se empobreció parece contradictorio con el hecho cierto de que el Producto Bruto Interno (PBI) argentino viene creciendo a altas tasas en forma constante desde el 2002, pero la contradicción se resuelve al analizar los tres pilares principales en los que se apoyó el crecimiento económico alcanzado en el último sexenio.
a) En estos años la Argentina percibió cuantiosos ingresos por la venta al mundo de nuestros principales bienes transables (exportables) entre los que destacan la soja y sus derivados, cuya producción y productividad crecieron mucho merced a las condiciones naturales de nuestro territorio, las inversiones y la alta eficiencia de los productores argentinos, la masiva utilización de semillas de soja transgénica y glifosato, la siembra directa, buenas técnicas de producción y comercio y el tipo de cambio favorable a las exportaciones que estableció la devaluación, en un período en el que la gran demanda de los mercados del Asia Pacífico (en especial de China) hizo que los precios de esos bienes tuvieran niveles extraordinariamente altos.
b) Un segundo pilar fue el uso pleno de la capacidad productiva instalada ociosa - que se había expandido y actualizado con inversiones concretadas en la década de 1990 y no llegaba a ser aprovechada en plenitud desde la crisis del 2001 – lo que no se requirió de inversiones significativas en mejoras de maquinarias y equipos para aumentar la productividad y la competitividad y así atender el aumento de la demanda agregada derivada de los ingresos de exportaciones de commodities agropecuarias y también energéticas y mineras.
c) Una tercera fuente del crecimiento del PBI fue la construcción de viviendas y la realización de obras públicas, en gran medida de baja eficiencia, que no superaron las deficiencias de infraestructura que tiene nuestro país.
En términos de incremento de cantidad, calidad y valor de los núcleos estructurales del capital físico (agua corriente, cloacas, rutas y caminos, producción y distribución energética, sistemas de transportes y comunicaciones, equipamiento de máquinas y herramientas, etc.) de nuestra economía, el efecto de esos pilares del crecimiento argentino en el último sexenio fue muy inferior a las tasas de aumento del PBI en el período.
En parte eso fue así por la naturaleza extractiva de la matriz principal de creación de riqueza que fue la producción de granos (en especial de soja), una de cuyas características es que sus altos niveles de productividad, competitividad y eficiencia fueron logrados merced a grandes saltos tecnológicos (semillas transgénicas, siembra directa, etc.) que se habían concretado antes del último sexenio, con lo que el aumento del capital físico derivado de esa actividad extractiva estuvo concentrado, casi exclusivamente, en la renovación del parque de maquinaria agrícola.
En cuanto al aprovechamiento de la capacidad instalada ociosa, por definición no supuso un incremento del capital físico ya que consistió en el uso pleno de un capital físico preexistente.
Finalmente, la construcción de viviendas no supuso un enriquecimiento significativo del capital físico y las obras públicas concretadas, por su ineficiencia y foacalización, apenas si movieron el amperímetro en este plano.
En cuanto al capital financiero, vale recordar que sus fuentes pueden ser el ahorro interno y la inversión externa. Aunque la economía argentina tiene una alta capacidad de acumulación de ahorro interno, hace ya décadas que cientos de miles de millones de dólares de ahorros argentinos están invertidos fuera de nuestro país y esa tendencia se acentuó en los últimos años. Puede decirse, en consecuencia, que la acumulación de capital financiero en la Argentina a partir del ahorro interno fue casi por completo virtual, dado que esos recursos no permanecen en nuestra economía ni se destinan a incrementar la producción de bienes y servicios. En cuanto a la inversión externa directa, que fue muy alta en la década de 1990, a partir del 2001 se mantuvo en niveles pobrísimos. Por tanto, a pesar del aumento del PBI, la Argentina se empobreció en su capital financiero en tanto soporte de la economía real, según lo muestra la evolución del crédito destinado a solventar la producción, medido en términos de porcentaje del PBI.
Tal vez la faceta más grave del proceso es el empobrecimiento que registró en los últimos años nuestro capital humano, considerando el deterioro en cantidad y calidad que registró la organización de la comunidad nacional, sea en lo que hace a la organización del Estado y el gobierno, de las empresas, de los sindicatos de trabajadores, de las representaciones territoriales o de los usuarios y consumidores, para mencionar las principales formas organizativas de ese capital humano.
Ese deterioro de la calidad y cantidad de las organizaciones que expresan el valor del capital humano argentino es especialmente grave en la actual etapa de la evolución, signada por el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento y de la sociedad de las naciones a la globalización.
Sucede que en esta fase de la historia en la que ingresó todo el mundo, como lo señaló Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus, el factor productivo decisivo pasó a ser la capacidad de conocimiento y de resultas de ello el nivel de productividad del trabajo humano (la capacidad de producción de cada unidad de trabajo en una unidad de tiempo) es cada vez más el elemento decisivo en la creación de riqueza sustentable.
Un ejemplo ilustrativo de esa nueva realidad lo brinda el amigable clima de trabajo y los niveles salariales que existen en empresas como Microsoft, entorno que podría atribuirse a la bondad del carácter de Bill Gates para tratar a sus empleados, pero parece más plausible suponer que de ese modo la empresa informática busca estimular el espíritu de creatividad e innovación de quienes trabajan en ella, dado que la calidad que despliegue su capital humano es la principal condición necesaria para que siga siendo la corporación más grande del mundo.
A propósito de ello, el hecho que General Motors esté hoy casi en situación de quiebra habiendo sido por muchos años la más grande empresa del mundo y que Microsoft haya pasado a ocupar ese sitial, da la razón a Juan Pablo II en tanto muestra de la creciente importancia del capital humano sobre el capital físico e incluso el capital financiero, como factor productivo decisivo.
Resulta así que la caída en la calidad y cantidad de la organización comunitaria en todos los ámbitos de la sociedad argentina registrada en los últimos años, da cuenta del proceso de empobrecimiento que se registró en el valor de nuestro capital humano.
Como hemos visto, los aumentos del PBI en el último sexenio no evitaron un empobrecimiento del capital físico, el capital financiero y el capital humano de la Argentina y es por eso que, usando una expresión tópica pero que tiene la virtud de la brevedad para describir la situación, podría decirse que en los últimos años la economía argentina tuvo mucho crecimiento, pero poco desarrollo.
En otros términos, el crecimiento de la economía argentina en los últimos años fue más similar al de los países productores y exportadores de petróleo (vgr. Nigeria, Irak, Venezuela o Arabia Saudita, por sólo mencionar algunos casos) que al de las economías del Asia – Pacífico, de Irlanda o de Nueva Zelanda.
Los efectos sociales de ese modelo de fuerte crecimiento y débil desarrollo fueron mayor pobreza e inequidad social debido, entre otras razones, a que en lo esencial la creación de riqueza no estuvo determinada por el aumento de la productividad del trabajo humano, usado en plenitud.
De ahí que, si se consideran las posibilidades reales que tiene en nuestro país en términos de acumulación de capital físico, financiero y humano; el empobrecimiento que se dio en los tres ámbitos es un verdadero escándalo que explica, aunque de ningún modo justifica, la magnitud a la que llegó la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia.
Los Números de la Pobreza
Debería ser obvio que, contra lo que parece creer la señora presidente de la Nación, tener cierto grado de precisión en cuanto a la cantidad de personas que en la Argentina de hoy están situadas en la pobreza y la indigencia no es un mero ejercicio académico de la estadística y no debe ser un perverso mecanismo por el que el padecimiento de personas reales, con nombre, apellido, historia y rostro se torne en la acumulación de números fríos.
Sucede que contar con datos cuantitativos ciertos acerca de la pobreza es indispensable para definir políticas, programas y acciones reales y eficaces de abordaje del problema.
Dado que los indicadores elaborados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) han dejado de ser creíbles para todos los que no sean directivos de ese organismo o altos funcionarios del actual gobierno nacional, se impone apelar a otras fuentes para aproximarse a un conocimiento adecuado de la magnitud que tiene el problema social tratado.
Para ello acudimos a una investigación del Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) que dirige el economista y diputado nacional Claudio Lozano (a quien nadie podría considerar conservador), un trabajo realizado por la consultora Equis que lidera el sociólogo Artemio López (de confesas simpatías hacia el actual gobierno) y a la reciente edición del Barómetro de la Deuda Social que elabora la Universidad Católica Argentina (UCA).
La investigación del Instituto de Estudios y Formación de la CTA dirigida por Lozano ponderó un conjunto de indicadores económicos y sociales para establecer una comparación entre la situación social argentina en el año 2008 respecto de la que existía diez años antes, en 1998 y las conclusiones principales que arroja el trabajo son las siguientes, siempre en referencia a la década 1998 / 2008.
° El Producto Bruto Interno (PBI) medido a precios constantes de 1993 creció un 32,9% y la tasa de empleo aumentó un 13,9%.
° El ingreso medio real de trabajadores ocupados (ingreso nominal corregido por la evolución del Índice de Precios al Consumidor) disminuyó un 24%, lo que representa una brutal caída en la calidad de vida de las familiar trabajadoras ya que en la década se redujo casi en una cuarta parte la capacidad de compra del salario.
° La brecha en el nivel de ingresos entre el primero y el décimo decil (los que ganan más y los que ganan menos) de la población aumentó un 26%, lo que significa que en esta década se acentuó fuertemente la desigualdad en la distribución del ingreso.
° La participación del salario en el PBI se redujo un 11,7%, un dato que acentúa y confirma la injusticia social, habida cuenta que en la concepción peronista los salarios deben estar cerca del 50 por ciento del PBI y hoy no llegan al 30 por ciento.
° La tasa de pobreza creció un 19,7%, lo que indica que casi una quinta parte de la población cayó en la pobreza en la última década, esto es que más de 2,78 millones de compatriotas vieron reducidos sus ingresos por debajo del nivel de pobreza.
°La tasa de indigencia se incrementó un 114%, dato brutal en su magnitud y en su significado ya que, vale recordarlo, las personas indigentes son aquellas cuyo ingreso no les permite comprar la canasta básica de alimentos y la mayor parte de esos 4.839.584 compatriotas están sumidos en condiciones de vida degradantes, despojados de los básicos niveles de dignidad que son propios de la condición humana.
Por su parte, según la consultora Equis de Artemio López, por la inequitativa distribución del ingreso y la fragmentación e informalidad del mercado de trabajo, el 30,8% de la población es pobre por vivir en hogares donde los ingresos no alcanzan para comprar la canasta básica de bienes y servicios y de ese total, el 10,4% de la población - 4,1 millones de personas - son indigentes que ni siquiera pueden costear la compra de una canasta básica de alimentos.
Las cifras duplican última medición del INDEC que para la segunda mitad de 2008, registró un 15,3% de pobres de los cuales el 4,4% sería indigente.
Uno de los factores que explican estas diferencias es que, con la misma canasta de consumo, para el INDEC la línea de pobreza de una familia tipo (matrimonio y 2 hijos) ronda los $ 1.000, mientras que para Equis es de $ 1.500, lo que se debe a la distinta valuación de los precios.
El informe de Equis destaca que en el segundo cordón del conurbano bonaerense, que comprende 13 partidos del GBA (entre otros, Berazategui, Florencio Varela, Ezeiza, Merlo, José C. Paz y Malvinas Argentinas) la pobreza trepa al 45,1%, y la indigencia al 18%. Al mismo tiempo como los hogares pobres e indigentes tienen más chicos, entre los menores de 15 años la pobreza en esos distritos salta al 54,7%.
A partir de aquí transcribimos párrafos de un artículo publicado por Artemio López, en la que el director de la consultora Equis brinda su explicación sobre las causas del aumento de la pobreza.
“Al responder a la pregunta de por qué hay pobres en nuestro país, tras la aceleración de precios observada desde el primer trimestre de 2007, en especial su impacto en el rubro de alimentos y bebidas, especialistas ligados al discurso económico neoliberal y otros supuestamente heterodoxos, advierten sobre la fábrica de pobres que resulta la inflación actual. Pero ésta es apenas una menos que media verdad, o sea una gran farsa”.
“Aún aceptando que la pobreza pasó del 27% en el segundo semestre de 2006, cuando el INDEC era confiable, al 30% en el primer semestre de 2009, según distintas consultoras privadas, la sentencia correcta debiera ser: sólo el 10% de la pobreza actual en Argentina es producto de “la inflación”, en particular de alimentos, acontecida a partir de 2007”.
“Contrario sensu, el 90% de la pobreza obedece a causas no inflacionarias, relacionadas con la estructura distributiva y el mercado de trabajo que aún tras un lustro de crecimiento del PBI a tasas chinas, mantiene 40 puntos de informalidad – 45% considerando a los cuenta propia precarios– con salarios informales promedio de $ 800 y aún salarios formales privados de subsistencia extrema”.
“A tal punto es la carencia en el sector privado que, según la información oficial, para el 20% del universo formal privado, 1,2 millón de trabajadores, los salarios apenas superan los $ 1.500 mensuales, esto es, el equivalente al valor de la línea de pobreza para un hogar tipo metropolitano. En el mercado de trabajo formal privado el 20% de la cúpula se apropia del 50% de la masa salarial y el 20% de la base apenas el 10%. Analizando ingresos por hogar, el 20% de la cima de los perceptores de ingresos recibe el 52% del total, mientras el 20% de la base apenas del 4%”.
“Estas son las causas centrales de la pobreza nacional: un sistema de distribución del ingreso de inequidad creciente y la estructura del mercado de trabajo que reintroduce asimetrías vía empleo informal o concentración en la cúpula de los trabajadores formales privados de la mitad de la masa salarial”.
Finalmente, el Barómetro de la Deuda Social de la UCA en su última edición presenta un diagnóstico diferenciado, tanto del que elaboró el Instituto de la CTA que dirige Lozano cuanto el de la consultora Equis de Artemio López.
Una cualidad que destaca a este informe es que mide la situación social con una mirada más amplia que la evolución del monto de los ingresos que perciben las personas y los hogares ya que, como se puntualiza en el mismo informe, “reducir las privaciones a las condiciones económicas obstaculiza un conocimiento más integral del desarrollo humano y, en consecuencia, un reconocimiento más amplio de los derechos exigidos”.
Así es que el Barómetro estudia lo que denomina el “Espacio de las condiciones materiales de vida” que abarca “hábitat, salud y subsistencia”, “acceso a recursos públicos” y “trabajo y autonomía económica” y lo que llama “Espacio de las condiciones de integración social”, que incluye “capacidades psicológicas”, “tiempo libre y vida social” y “confianza política”.
Aunque el detallado informe resulta muy ilustrativo acerca de las condiciones de ¿vida? que deben soportar los sectores sociales más humildes en la Argentina de hoy, en homenaje a la brevedad remitimos a quienes estén interesados a conocer el informe con más detalle a consultar la página web de la UCA.
Sí diremos que el Boletín del Barómetro que analiza la situación social en la coyuntura da cuenta de que en año 2008 los hogares a lo que no les alcanzaba el dinero que reunían para afrontar los gastos del hogar llegaban al 37% del total y en el 2009 aumentaron al 44% lo que significa un severo agravamiento del nivel de pobreza.
Más allá de las divergencias entre las cifras y las consideraciones de las tres fuentes aquí reproducidas, todas ellas son contestes en marcar que la cantidad de pobres e indigentes en la Argentina de hoy es superior al que reconocen las estadísticas oficiales y constituyen un desafío prioritario que reclama respuestas inmediatas para atender la emergencia y simultáneas líneas de acción estratégica que hagan de la Argentina un país rico con justicia social, para así atacar la pobreza estructural.
Con una imagen brutal pero gráfica, podría decirse que, dada la magnitud que alcanzó la pobreza, la Argentina de hoy se parece a una persona enferma de cáncer a la que se le deben proporcionar en forma inmediata los analgésicos que alivien sus dolores, pero también se debe comenzar un tratamiento que busque curar la enfermedad que causa esos dolores.
Como ir Aliviando los Dolores de la Pobreza
Entre las medidas de emergencia que pueden adoptarse para lograr un alivio coyuntural de la gravedad de la pobreza e indigencia podemos mencionar las siguiente:
°Asignación universal por niño.
°Reducción del IVA a los productos de la canasta alimentaria básica.
°Resolver que la mayor parte de los fondos públicos consolidados destinados a fines sociales (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.), hasta ahora se asignados a los oferentes de tales servicios (empresas constructoras, prestadores de servicios educativos y de salud, laboratorios medicinales, proveedores de alimentos, etc.) se distribuyan en forma directa entre las familias en situación de pobreza e indigencia, que son la demanda prioritaria, estableciendo procedimientos que hagan que tales fondos se apliquen a los fines destinados (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.) y no a otros. De ese modo se dará poder de decisión a las familias para el uso de esos recursos que en derecho les pertenecen y se terminará con la corrupción y los vicios clientelistas que se registran hoy.
Cómo Restaurar la Riqueza con Justicia Social
Una de las respuestas para terminar con la reproducción estructural de una pobreza y miseria crecientes, es diseñar y poner en marcha una revolución demográfica que termine con la monstruosa macroencefalia que llevó a que más del 30% de la población argentina resida en una superficie que es apenas el 3 % de los casi 3 millones de km2 que tiene nuestro territorio.
Dos frases programáticas del general Perón: “Cada argentino debe producir, al menos, lo que consume” y “La tierra debe ser para el que la trabaja” y un anhelo de Evita que compartimos (“Queremos hacer de la Argentina una nación de propietarios y no de proletarios”) podrían ser el marco de esa revolución demográfica.
La propuesta es crear nuevos centros poblacionales a partir de la entrega en propiedad parcelas de tierra en el interior del país, sobre todo a las familias pobres e indigentes que residen en el conurbano bonaerense y en los cordones periurbanos de Rosario, Córdoba, Mendoza, San Miguel de Tucumán, etc.
Esas parcelas deberán tener una adecuada superficie para la producción mixta de frutas, hortalizas, verduras y cría de animales, con espacios amplios de propiedad común, en parte destinadas a instalaciones para el procesamiento e industrialización de los bienes producidos y la elaboración de comidas que, debidamente conservadas, puedan ser vendidas en los mercados internos y externos y en parte destinados a diversos servicios comunitarios (escuela, iglesia, centro de reuniones, centro de deportes, etc.).
Para hacer posible esta epopeya es preciso que cada uno de esos centros productivos urbano – rurales tengan los servicios y recursos que hacen a la calidad de vida propios de este tiempo que, además del gas, la electricidad y otros insumos similares, implica contar con redes de información y comunicaciones, establecimientos educativos, centros de salud y vías de transporte que permitan que los productos accedan a los centros de consumo.
Otra de las vías para mejorar la calidad de vida popular y en especial de las personas pobres e indigentes es que el Estado en todos sus niveles – nacional, provincial y municipal – cumpla su misión esencial de asegurar a la comunidad el acceso a servicios adecuados de seguridad, salud, educación, administración de justicia, transporte, comunicaciones, vivienda, calidad ambiental, defensa nacional, economía y relaciones con el mundo, por mencionar los principales, cuya calidad en la Argentina, desde hace mucho tiempo y en términos generales, es una porquería.
En el caso de los servicios de administración de justicia, una necesidad y una carencia dramática para los sectores más humildes de nuestra comunidad, para mejorar su calidad y transparencia proponemos democratizar la estructura oligárquica y corporativa del Poder Judicial a través de la generalización del sistema de juicio por jurados establecido en la Constitución de 1853 por la sabia visión de Juan Bautista Alberdi y la designación de jueces, fiscales y otros integrantes de la magistratura mediante el voto popular directo.
Para lograr una mejor calidad en los servicios de seguridad, a la iniciativa anterior agregamos la propuesta de descentralizar los cuerpos policiales a escala municipal con la obligatoriedad para su personal de residir en el ámbito territorial de revista y la elección por voto popular directo de los jefes de cada unidad, complementando esos servicios con estructuras policiales centralizadas de alta profesionalidad para la prevención, control y represión de delitos complejos y del crimen organizado.
Para ampliar la representatividad de nuestro sistema democrático se deben reglamentar y poner en práctica institutos de democracia semidirecta consagrados en la reforma constitucional de 1994, ampliar los canales de representación y participación efectiva de las organizaciones libres del pueblo en los sistemas públicos de toma de decisiones y avanzar hacia nuevas organizaciones libres del pueblo, por ejemplo asociaciones de consumidores y de usuarios de servicios públicos.
Por último, pero no por eso menos importante, debe ser puesto en acción el principio de subsidiariedad en el que se basa el régimen federal, transfiriendo misiones y recursos que hoy maneja la Nación a las Provincias y a los Municipios y concretando una reforma impositiva que haga efectivo el federalismo fiscal.
A nuestro juicio, la dialéctica de confrontación entre Estado y mercado es tan negativa y falaz como la que sólo pone el centro en el colectivo o en el individuo.
En tanto justicialistas, el centro superados de esos antagonismo falaces lo situamos en el pueblo y la alternativa en avanzar hacia la comunidad organizada, buscando encauzar y movilizar las energías vivas y responsables de los sujetos reales que son las personas, las familias, las empresas, los sindicatos, las organizaciones libres del pueblo, promoviendo su activa y creciente participación en el sistema de toma de decisiones para pasar de la actual democracia formal hacia una democracia social, orgánica y directa.
(publicado en el Foro Partido Justicialista Sept 15, 2009)
Tres hechos concretados en la primera semana de agosto por la Iglesia Católica instalaron la cuestión de la pobreza en la agenda pública nacional con una intensidad que no tenía antes en los medios de comunicación o en los discursos de políticos oficialistas y opositores.
El primer hecho se produjo el martes 4 de agosto, con la presentación pública del Barómetro del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). El jueves 6 se difundió un telegrama de Benedicto XVI en respaldo a la colecta Más por Menos, en el que el Papa denunciaba el escándalo de la pobreza en nuestro país. La tercera referencia eclesial al drama de la pobreza estuvo en la homilía pronunciada por el cardenal Jorge Bergoglio el viernes 7, en la misa dada en el santuario de San Cayetano.
La cuestión, además de la importancia que tiene en sí misma, abre un debate acerca de la realidad general de la Argentina al que queremos hacer un aporte antes que, como es posible y hasta probable, el vértigo informativo y la intencionalidad de algunos actores hagan que el tema deje de recibir la atención que suscita hoy.
¿Cuál es el Escándalo de la Pobreza en la Argentina?
Asumiendo que la cantidad de personas pobres e indigentes que hay hoy en la Argentina es de por sí un escándalo, vale preguntarse en que consiste ese escándalo.
Una respuesta extendida en la sociedad, en el gobierno, en la oposición e incluso ad intra la propia Iglesia católica es que el escándalo consiste en que, siendo el nuestro un país rico, haya semejante cantidad de pobres (Vgr.: “¿Cómo es posible que haya tantos indigentes en un país que da de comer a 300 millones de personas?”).
Esa es la tesis de la presidente de la Nación en cuanto dijo que "(…) en Argentina hay pobres, pero el problema no es la pobreza, el problema es la inequidad social y la distribución del ingreso", a lo que agregó que "no es casualidad ver que en Canadá, Suecia, Noruega, la brecha entre ricos y pobres es más chica. Y ahí está la verdadera raíz y la verdadera fábrica de pobres, en la inequidad social".
Si esta explicación diera cuenta de toda la realidad y el drama de la pobreza en la Argentina sólo fuese resultado de una distribución injusta de riquezas ya existentes, sería posible terminar con esa inaceptable situación de indignidad con medidas que repartieran mejor las riquezas que ya hay, tales como el otorgamiento del ingreso universal por niño, el remozado programa “Manos a la Obra” que relanzó la presidente u otras medidas distributivas similares.
Otra mirada posible es considerar que el escándalo consiste en que la Argentina, que tiene amplias condiciones para ser un país rico, se convirtió en un país pobre y el aumento a grados inaceptables de la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia es consecuencia de ese empobrecimiento general del país, cuya riqueza disponible es cada vez menor, además de distribuirse de un modo cada vez más injusto.
Si lo antedicho fuese cierto, sin mengua de la necesidad de adoptar medidas de coyuntura que alivien los efectos inmediatos más graves de esta cuestión social (como el ingreso universal por niño o el plan relanzado por la presidente), el camino que lleva a poner fin en forma efectiva con el escándalo de la pobreza estructural pasa por restaurar un círculo virtuoso de creación sustentable de riqueza por medios que, por sí mismos, contribuyan a una mayor y mejor justicia social.
En otros términos, se trataría de establecer una matriz productiva que lleve a aumentar el valor del capital físico, del capital financiero y sobre todo del capital humano mediante una mayor productividad del trabajo de todos, en la que el apotegma que proponía que “cada argentino produzca algo más que lo que consume” sea un deber que todos podamos cumplir.
El Empobrecimiento de la Argentina
Decir que la Argentina se empobreció parece contradictorio con el hecho cierto de que el Producto Bruto Interno (PBI) argentino viene creciendo a altas tasas en forma constante desde el 2002, pero la contradicción se resuelve al analizar los tres pilares principales en los que se apoyó el crecimiento económico alcanzado en el último sexenio.
a) En estos años la Argentina percibió cuantiosos ingresos por la venta al mundo de nuestros principales bienes transables (exportables) entre los que destacan la soja y sus derivados, cuya producción y productividad crecieron mucho merced a las condiciones naturales de nuestro territorio, las inversiones y la alta eficiencia de los productores argentinos, la masiva utilización de semillas de soja transgénica y glifosato, la siembra directa, buenas técnicas de producción y comercio y el tipo de cambio favorable a las exportaciones que estableció la devaluación, en un período en el que la gran demanda de los mercados del Asia Pacífico (en especial de China) hizo que los precios de esos bienes tuvieran niveles extraordinariamente altos.
b) Un segundo pilar fue el uso pleno de la capacidad productiva instalada ociosa - que se había expandido y actualizado con inversiones concretadas en la década de 1990 y no llegaba a ser aprovechada en plenitud desde la crisis del 2001 – lo que no se requirió de inversiones significativas en mejoras de maquinarias y equipos para aumentar la productividad y la competitividad y así atender el aumento de la demanda agregada derivada de los ingresos de exportaciones de commodities agropecuarias y también energéticas y mineras.
c) Una tercera fuente del crecimiento del PBI fue la construcción de viviendas y la realización de obras públicas, en gran medida de baja eficiencia, que no superaron las deficiencias de infraestructura que tiene nuestro país.
En términos de incremento de cantidad, calidad y valor de los núcleos estructurales del capital físico (agua corriente, cloacas, rutas y caminos, producción y distribución energética, sistemas de transportes y comunicaciones, equipamiento de máquinas y herramientas, etc.) de nuestra economía, el efecto de esos pilares del crecimiento argentino en el último sexenio fue muy inferior a las tasas de aumento del PBI en el período.
En parte eso fue así por la naturaleza extractiva de la matriz principal de creación de riqueza que fue la producción de granos (en especial de soja), una de cuyas características es que sus altos niveles de productividad, competitividad y eficiencia fueron logrados merced a grandes saltos tecnológicos (semillas transgénicas, siembra directa, etc.) que se habían concretado antes del último sexenio, con lo que el aumento del capital físico derivado de esa actividad extractiva estuvo concentrado, casi exclusivamente, en la renovación del parque de maquinaria agrícola.
En cuanto al aprovechamiento de la capacidad instalada ociosa, por definición no supuso un incremento del capital físico ya que consistió en el uso pleno de un capital físico preexistente.
Finalmente, la construcción de viviendas no supuso un enriquecimiento significativo del capital físico y las obras públicas concretadas, por su ineficiencia y foacalización, apenas si movieron el amperímetro en este plano.
En cuanto al capital financiero, vale recordar que sus fuentes pueden ser el ahorro interno y la inversión externa. Aunque la economía argentina tiene una alta capacidad de acumulación de ahorro interno, hace ya décadas que cientos de miles de millones de dólares de ahorros argentinos están invertidos fuera de nuestro país y esa tendencia se acentuó en los últimos años. Puede decirse, en consecuencia, que la acumulación de capital financiero en la Argentina a partir del ahorro interno fue casi por completo virtual, dado que esos recursos no permanecen en nuestra economía ni se destinan a incrementar la producción de bienes y servicios. En cuanto a la inversión externa directa, que fue muy alta en la década de 1990, a partir del 2001 se mantuvo en niveles pobrísimos. Por tanto, a pesar del aumento del PBI, la Argentina se empobreció en su capital financiero en tanto soporte de la economía real, según lo muestra la evolución del crédito destinado a solventar la producción, medido en términos de porcentaje del PBI.
Tal vez la faceta más grave del proceso es el empobrecimiento que registró en los últimos años nuestro capital humano, considerando el deterioro en cantidad y calidad que registró la organización de la comunidad nacional, sea en lo que hace a la organización del Estado y el gobierno, de las empresas, de los sindicatos de trabajadores, de las representaciones territoriales o de los usuarios y consumidores, para mencionar las principales formas organizativas de ese capital humano.
Ese deterioro de la calidad y cantidad de las organizaciones que expresan el valor del capital humano argentino es especialmente grave en la actual etapa de la evolución, signada por el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento y de la sociedad de las naciones a la globalización.
Sucede que en esta fase de la historia en la que ingresó todo el mundo, como lo señaló Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus, el factor productivo decisivo pasó a ser la capacidad de conocimiento y de resultas de ello el nivel de productividad del trabajo humano (la capacidad de producción de cada unidad de trabajo en una unidad de tiempo) es cada vez más el elemento decisivo en la creación de riqueza sustentable.
Un ejemplo ilustrativo de esa nueva realidad lo brinda el amigable clima de trabajo y los niveles salariales que existen en empresas como Microsoft, entorno que podría atribuirse a la bondad del carácter de Bill Gates para tratar a sus empleados, pero parece más plausible suponer que de ese modo la empresa informática busca estimular el espíritu de creatividad e innovación de quienes trabajan en ella, dado que la calidad que despliegue su capital humano es la principal condición necesaria para que siga siendo la corporación más grande del mundo.
A propósito de ello, el hecho que General Motors esté hoy casi en situación de quiebra habiendo sido por muchos años la más grande empresa del mundo y que Microsoft haya pasado a ocupar ese sitial, da la razón a Juan Pablo II en tanto muestra de la creciente importancia del capital humano sobre el capital físico e incluso el capital financiero, como factor productivo decisivo.
Resulta así que la caída en la calidad y cantidad de la organización comunitaria en todos los ámbitos de la sociedad argentina registrada en los últimos años, da cuenta del proceso de empobrecimiento que se registró en el valor de nuestro capital humano.
Como hemos visto, los aumentos del PBI en el último sexenio no evitaron un empobrecimiento del capital físico, el capital financiero y el capital humano de la Argentina y es por eso que, usando una expresión tópica pero que tiene la virtud de la brevedad para describir la situación, podría decirse que en los últimos años la economía argentina tuvo mucho crecimiento, pero poco desarrollo.
En otros términos, el crecimiento de la economía argentina en los últimos años fue más similar al de los países productores y exportadores de petróleo (vgr. Nigeria, Irak, Venezuela o Arabia Saudita, por sólo mencionar algunos casos) que al de las economías del Asia – Pacífico, de Irlanda o de Nueva Zelanda.
Los efectos sociales de ese modelo de fuerte crecimiento y débil desarrollo fueron mayor pobreza e inequidad social debido, entre otras razones, a que en lo esencial la creación de riqueza no estuvo determinada por el aumento de la productividad del trabajo humano, usado en plenitud.
De ahí que, si se consideran las posibilidades reales que tiene en nuestro país en términos de acumulación de capital físico, financiero y humano; el empobrecimiento que se dio en los tres ámbitos es un verdadero escándalo que explica, aunque de ningún modo justifica, la magnitud a la que llegó la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia.
Los Números de la Pobreza
Debería ser obvio que, contra lo que parece creer la señora presidente de la Nación, tener cierto grado de precisión en cuanto a la cantidad de personas que en la Argentina de hoy están situadas en la pobreza y la indigencia no es un mero ejercicio académico de la estadística y no debe ser un perverso mecanismo por el que el padecimiento de personas reales, con nombre, apellido, historia y rostro se torne en la acumulación de números fríos.
Sucede que contar con datos cuantitativos ciertos acerca de la pobreza es indispensable para definir políticas, programas y acciones reales y eficaces de abordaje del problema.
Dado que los indicadores elaborados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) han dejado de ser creíbles para todos los que no sean directivos de ese organismo o altos funcionarios del actual gobierno nacional, se impone apelar a otras fuentes para aproximarse a un conocimiento adecuado de la magnitud que tiene el problema social tratado.
Para ello acudimos a una investigación del Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) que dirige el economista y diputado nacional Claudio Lozano (a quien nadie podría considerar conservador), un trabajo realizado por la consultora Equis que lidera el sociólogo Artemio López (de confesas simpatías hacia el actual gobierno) y a la reciente edición del Barómetro de la Deuda Social que elabora la Universidad Católica Argentina (UCA).
La investigación del Instituto de Estudios y Formación de la CTA dirigida por Lozano ponderó un conjunto de indicadores económicos y sociales para establecer una comparación entre la situación social argentina en el año 2008 respecto de la que existía diez años antes, en 1998 y las conclusiones principales que arroja el trabajo son las siguientes, siempre en referencia a la década 1998 / 2008.
° El Producto Bruto Interno (PBI) medido a precios constantes de 1993 creció un 32,9% y la tasa de empleo aumentó un 13,9%.
° El ingreso medio real de trabajadores ocupados (ingreso nominal corregido por la evolución del Índice de Precios al Consumidor) disminuyó un 24%, lo que representa una brutal caída en la calidad de vida de las familiar trabajadoras ya que en la década se redujo casi en una cuarta parte la capacidad de compra del salario.
° La brecha en el nivel de ingresos entre el primero y el décimo decil (los que ganan más y los que ganan menos) de la población aumentó un 26%, lo que significa que en esta década se acentuó fuertemente la desigualdad en la distribución del ingreso.
° La participación del salario en el PBI se redujo un 11,7%, un dato que acentúa y confirma la injusticia social, habida cuenta que en la concepción peronista los salarios deben estar cerca del 50 por ciento del PBI y hoy no llegan al 30 por ciento.
° La tasa de pobreza creció un 19,7%, lo que indica que casi una quinta parte de la población cayó en la pobreza en la última década, esto es que más de 2,78 millones de compatriotas vieron reducidos sus ingresos por debajo del nivel de pobreza.
°La tasa de indigencia se incrementó un 114%, dato brutal en su magnitud y en su significado ya que, vale recordarlo, las personas indigentes son aquellas cuyo ingreso no les permite comprar la canasta básica de alimentos y la mayor parte de esos 4.839.584 compatriotas están sumidos en condiciones de vida degradantes, despojados de los básicos niveles de dignidad que son propios de la condición humana.
Por su parte, según la consultora Equis de Artemio López, por la inequitativa distribución del ingreso y la fragmentación e informalidad del mercado de trabajo, el 30,8% de la población es pobre por vivir en hogares donde los ingresos no alcanzan para comprar la canasta básica de bienes y servicios y de ese total, el 10,4% de la población - 4,1 millones de personas - son indigentes que ni siquiera pueden costear la compra de una canasta básica de alimentos.
Las cifras duplican última medición del INDEC que para la segunda mitad de 2008, registró un 15,3% de pobres de los cuales el 4,4% sería indigente.
Uno de los factores que explican estas diferencias es que, con la misma canasta de consumo, para el INDEC la línea de pobreza de una familia tipo (matrimonio y 2 hijos) ronda los $ 1.000, mientras que para Equis es de $ 1.500, lo que se debe a la distinta valuación de los precios.
El informe de Equis destaca que en el segundo cordón del conurbano bonaerense, que comprende 13 partidos del GBA (entre otros, Berazategui, Florencio Varela, Ezeiza, Merlo, José C. Paz y Malvinas Argentinas) la pobreza trepa al 45,1%, y la indigencia al 18%. Al mismo tiempo como los hogares pobres e indigentes tienen más chicos, entre los menores de 15 años la pobreza en esos distritos salta al 54,7%.
A partir de aquí transcribimos párrafos de un artículo publicado por Artemio López, en la que el director de la consultora Equis brinda su explicación sobre las causas del aumento de la pobreza.
“Al responder a la pregunta de por qué hay pobres en nuestro país, tras la aceleración de precios observada desde el primer trimestre de 2007, en especial su impacto en el rubro de alimentos y bebidas, especialistas ligados al discurso económico neoliberal y otros supuestamente heterodoxos, advierten sobre la fábrica de pobres que resulta la inflación actual. Pero ésta es apenas una menos que media verdad, o sea una gran farsa”.
“Aún aceptando que la pobreza pasó del 27% en el segundo semestre de 2006, cuando el INDEC era confiable, al 30% en el primer semestre de 2009, según distintas consultoras privadas, la sentencia correcta debiera ser: sólo el 10% de la pobreza actual en Argentina es producto de “la inflación”, en particular de alimentos, acontecida a partir de 2007”.
“Contrario sensu, el 90% de la pobreza obedece a causas no inflacionarias, relacionadas con la estructura distributiva y el mercado de trabajo que aún tras un lustro de crecimiento del PBI a tasas chinas, mantiene 40 puntos de informalidad – 45% considerando a los cuenta propia precarios– con salarios informales promedio de $ 800 y aún salarios formales privados de subsistencia extrema”.
“A tal punto es la carencia en el sector privado que, según la información oficial, para el 20% del universo formal privado, 1,2 millón de trabajadores, los salarios apenas superan los $ 1.500 mensuales, esto es, el equivalente al valor de la línea de pobreza para un hogar tipo metropolitano. En el mercado de trabajo formal privado el 20% de la cúpula se apropia del 50% de la masa salarial y el 20% de la base apenas el 10%. Analizando ingresos por hogar, el 20% de la cima de los perceptores de ingresos recibe el 52% del total, mientras el 20% de la base apenas del 4%”.
“Estas son las causas centrales de la pobreza nacional: un sistema de distribución del ingreso de inequidad creciente y la estructura del mercado de trabajo que reintroduce asimetrías vía empleo informal o concentración en la cúpula de los trabajadores formales privados de la mitad de la masa salarial”.
Finalmente, el Barómetro de la Deuda Social de la UCA en su última edición presenta un diagnóstico diferenciado, tanto del que elaboró el Instituto de la CTA que dirige Lozano cuanto el de la consultora Equis de Artemio López.
Una cualidad que destaca a este informe es que mide la situación social con una mirada más amplia que la evolución del monto de los ingresos que perciben las personas y los hogares ya que, como se puntualiza en el mismo informe, “reducir las privaciones a las condiciones económicas obstaculiza un conocimiento más integral del desarrollo humano y, en consecuencia, un reconocimiento más amplio de los derechos exigidos”.
Así es que el Barómetro estudia lo que denomina el “Espacio de las condiciones materiales de vida” que abarca “hábitat, salud y subsistencia”, “acceso a recursos públicos” y “trabajo y autonomía económica” y lo que llama “Espacio de las condiciones de integración social”, que incluye “capacidades psicológicas”, “tiempo libre y vida social” y “confianza política”.
Aunque el detallado informe resulta muy ilustrativo acerca de las condiciones de ¿vida? que deben soportar los sectores sociales más humildes en la Argentina de hoy, en homenaje a la brevedad remitimos a quienes estén interesados a conocer el informe con más detalle a consultar la página web de la UCA.
Sí diremos que el Boletín del Barómetro que analiza la situación social en la coyuntura da cuenta de que en año 2008 los hogares a lo que no les alcanzaba el dinero que reunían para afrontar los gastos del hogar llegaban al 37% del total y en el 2009 aumentaron al 44% lo que significa un severo agravamiento del nivel de pobreza.
Más allá de las divergencias entre las cifras y las consideraciones de las tres fuentes aquí reproducidas, todas ellas son contestes en marcar que la cantidad de pobres e indigentes en la Argentina de hoy es superior al que reconocen las estadísticas oficiales y constituyen un desafío prioritario que reclama respuestas inmediatas para atender la emergencia y simultáneas líneas de acción estratégica que hagan de la Argentina un país rico con justicia social, para así atacar la pobreza estructural.
Con una imagen brutal pero gráfica, podría decirse que, dada la magnitud que alcanzó la pobreza, la Argentina de hoy se parece a una persona enferma de cáncer a la que se le deben proporcionar en forma inmediata los analgésicos que alivien sus dolores, pero también se debe comenzar un tratamiento que busque curar la enfermedad que causa esos dolores.
Como ir Aliviando los Dolores de la Pobreza
Entre las medidas de emergencia que pueden adoptarse para lograr un alivio coyuntural de la gravedad de la pobreza e indigencia podemos mencionar las siguiente:
°Asignación universal por niño.
°Reducción del IVA a los productos de la canasta alimentaria básica.
°Resolver que la mayor parte de los fondos públicos consolidados destinados a fines sociales (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.), hasta ahora se asignados a los oferentes de tales servicios (empresas constructoras, prestadores de servicios educativos y de salud, laboratorios medicinales, proveedores de alimentos, etc.) se distribuyan en forma directa entre las familias en situación de pobreza e indigencia, que son la demanda prioritaria, estableciendo procedimientos que hagan que tales fondos se apliquen a los fines destinados (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.) y no a otros. De ese modo se dará poder de decisión a las familias para el uso de esos recursos que en derecho les pertenecen y se terminará con la corrupción y los vicios clientelistas que se registran hoy.
Cómo Restaurar la Riqueza con Justicia Social
Una de las respuestas para terminar con la reproducción estructural de una pobreza y miseria crecientes, es diseñar y poner en marcha una revolución demográfica que termine con la monstruosa macroencefalia que llevó a que más del 30% de la población argentina resida en una superficie que es apenas el 3 % de los casi 3 millones de km2 que tiene nuestro territorio.
Dos frases programáticas del general Perón: “Cada argentino debe producir, al menos, lo que consume” y “La tierra debe ser para el que la trabaja” y un anhelo de Evita que compartimos (“Queremos hacer de la Argentina una nación de propietarios y no de proletarios”) podrían ser el marco de esa revolución demográfica.
La propuesta es crear nuevos centros poblacionales a partir de la entrega en propiedad parcelas de tierra en el interior del país, sobre todo a las familias pobres e indigentes que residen en el conurbano bonaerense y en los cordones periurbanos de Rosario, Córdoba, Mendoza, San Miguel de Tucumán, etc.
Esas parcelas deberán tener una adecuada superficie para la producción mixta de frutas, hortalizas, verduras y cría de animales, con espacios amplios de propiedad común, en parte destinadas a instalaciones para el procesamiento e industrialización de los bienes producidos y la elaboración de comidas que, debidamente conservadas, puedan ser vendidas en los mercados internos y externos y en parte destinados a diversos servicios comunitarios (escuela, iglesia, centro de reuniones, centro de deportes, etc.).
Para hacer posible esta epopeya es preciso que cada uno de esos centros productivos urbano – rurales tengan los servicios y recursos que hacen a la calidad de vida propios de este tiempo que, además del gas, la electricidad y otros insumos similares, implica contar con redes de información y comunicaciones, establecimientos educativos, centros de salud y vías de transporte que permitan que los productos accedan a los centros de consumo.
Otra de las vías para mejorar la calidad de vida popular y en especial de las personas pobres e indigentes es que el Estado en todos sus niveles – nacional, provincial y municipal – cumpla su misión esencial de asegurar a la comunidad el acceso a servicios adecuados de seguridad, salud, educación, administración de justicia, transporte, comunicaciones, vivienda, calidad ambiental, defensa nacional, economía y relaciones con el mundo, por mencionar los principales, cuya calidad en la Argentina, desde hace mucho tiempo y en términos generales, es una porquería.
En el caso de los servicios de administración de justicia, una necesidad y una carencia dramática para los sectores más humildes de nuestra comunidad, para mejorar su calidad y transparencia proponemos democratizar la estructura oligárquica y corporativa del Poder Judicial a través de la generalización del sistema de juicio por jurados establecido en la Constitución de 1853 por la sabia visión de Juan Bautista Alberdi y la designación de jueces, fiscales y otros integrantes de la magistratura mediante el voto popular directo.
Para lograr una mejor calidad en los servicios de seguridad, a la iniciativa anterior agregamos la propuesta de descentralizar los cuerpos policiales a escala municipal con la obligatoriedad para su personal de residir en el ámbito territorial de revista y la elección por voto popular directo de los jefes de cada unidad, complementando esos servicios con estructuras policiales centralizadas de alta profesionalidad para la prevención, control y represión de delitos complejos y del crimen organizado.
Para ampliar la representatividad de nuestro sistema democrático se deben reglamentar y poner en práctica institutos de democracia semidirecta consagrados en la reforma constitucional de 1994, ampliar los canales de representación y participación efectiva de las organizaciones libres del pueblo en los sistemas públicos de toma de decisiones y avanzar hacia nuevas organizaciones libres del pueblo, por ejemplo asociaciones de consumidores y de usuarios de servicios públicos.
Por último, pero no por eso menos importante, debe ser puesto en acción el principio de subsidiariedad en el que se basa el régimen federal, transfiriendo misiones y recursos que hoy maneja la Nación a las Provincias y a los Municipios y concretando una reforma impositiva que haga efectivo el federalismo fiscal.
A nuestro juicio, la dialéctica de confrontación entre Estado y mercado es tan negativa y falaz como la que sólo pone el centro en el colectivo o en el individuo.
En tanto justicialistas, el centro superados de esos antagonismo falaces lo situamos en el pueblo y la alternativa en avanzar hacia la comunidad organizada, buscando encauzar y movilizar las energías vivas y responsables de los sujetos reales que son las personas, las familias, las empresas, los sindicatos, las organizaciones libres del pueblo, promoviendo su activa y creciente participación en el sistema de toma de decisiones para pasar de la actual democracia formal hacia una democracia social, orgánica y directa.
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Política Social,
Víctor Eduardo Lapegna
UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna
(publicado en el Foro Partido Justicialista Nov 11, 2009)
La reforma electoral propuesta por el gobierno - además de las críticas que recibió por la eventual exclusión de partidos menores, la obligatoriedad del voto de ciudadanos no afiliados en elecciones internas partidarias, las restricciones al uso de fondos privados en la campaña electoral y el escaso período de veda a la publicidad de actos de gobierno que puede facilitar la propaganda electoral del oficialismo – queda renga en tanto no modifica la disfuncionalidad y el manejo oligárquico que rige hoy en los partidos políticos.
Una omisión grave dado que el régimen democrático no se consolidará en la Argentina sin partidos políticos de existencia funcional y efectiva, que cuenten con un grado de adhesión y participación popular libre, voluntaria y activa; en los que exista un clima de libertad y estímulo para el debate de ideas diferentes y que definan sus políticas y programas y elijan sus dirigentes y candidatos por el voto directo de, al menos, sus afiliados, en elecciones periódicas, limpias y transparentes.
La vigencia de unos partidos que funcionen con esas cualidades es una condición necesaria, aunque no suficiente, para establecer una democracia política efectiva y sustentable que, conforme los postulados del Justicialismo, además sea social, orgánica y directa.
El PJ y la Etapa Orgánica del Peronismo
No es menos cierto que los peronistas estamos en deuda con Juan Domingo Perón y con nuestro pueblo y nuestra patria por no haber podido, no haber sabido o no haber querido (valga aquí el uso de esas tres alternativas que solía incluir en sus discursos Raúl Alfonsín) hacer lo necesario para que nuestro Movimiento pasara de la etapa gregaria a la etapa orgánica, un tránsito por el que nuestro General bregó hasta el fin de sus días en este mundo.
Cumplir esa tarea pendiente requiere de los peronistas que seamos capaces de asumir que, en la realidad actual, democratizar y organizar debidamente al Partido Justicialista (PJ) equivale a organizar al Movimiento, entendiendo que el PJ puede y debe ser mucho más que un mero instrumento para librar batallas electorales.
El PJ puede y debe ser también el núcleo desde el cual avanzar en la construcción de la comunidad organizada, que promueva y participe en las diversas organizaciones libres del pueblo, para fortalecer y mejorar el funcionamiento de las ya existentes o para crear nuevas como, por caso, las que representen a consumidores y usuarios de servicios públicos.
El PJ puede y debe ser una escuela de capacitación permanente de dirigentes, militantes y activistas, ayudándoles a pensar y actuar, con niveles adecuados de idoneidad y una conciente identidad doctrinaria, en diversos ámbitos políticos, sociales, culturales y gubernamentales.
Finalmente, donde y cuando el Justicialismo ejerza el gobierno, el PJ puede y debe difundir y defender las políticas y programas de ese gobierno si correspondiere, actuar siempre como portador de las demandas populares al gobierno y ejercer una tarea control y vigilancia política de la gestión de los mandatarios y si ese fuera el caso, proponer eventuales modificaciones, en la inteligencia de que, como decía Mao Ze Dong, “la única desviación peligrosa es la que no se corrige”.
Rango Constitucional de los Partidos Políticos
Los convencionales de 1994 procuraron fortalecer nuestro sistema democrático incluyendo el artículo 38 en el texto constitucional, según el cual: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio”.
Lo que sucede en este plano hoy y entre nosotros, reitera la contradicción habitual en la historia política argentina entre los hechos de la realidad política que suelen no estar contemplados o incluso contradecir las normas constitucionales y también que muchas disposiciones constitucionales expresas no se apliquen en el orden político real.
Es un hecho que ni el PJ ni ningún otro de los partidos políticos argentinos cumple lo que establece el artículo 38 de la Constitución Nacional ni tiene las cualidades que hacen al buen funcionamiento partidario antes expuestas y eso redunda en una debilidad del sistema partidario que no es ajena a la escasa legitimidad y autoridad que la opinión pública le reconoce a un sistema institucional de gobierno de muy pobre calidad.
Una de las consecuencias del deterioro del sistema institucional al que le corresponde ejercer el poder político según el orden constitucional y legal vigente, es el peso desmedido e indebido que pasaron a tener en la toma de decisiones ciertos poderes fácticos y extra-constitucionales tales como los medios de comunicación, la corporaciones económicas, las corporaciones sociales, etc., cuyo derecho a participar del gobierno debería estar regulado en normas legales expresas, equilibradas y consensuadas.
Nuestra Propuesta de Reorganización de los Partidos Políticos
Para lograr el renacimiento de los partidos bastaría con reunir la voluntad política suficiente para establecer una legislación que ponga en marcha las siguientes iniciativas, supervisadas por los magistrados de la Justicia Electoral y no por el PEN o los gobiernos Provinciales:
1. Disponer la caducidad de las afiliaciones actuales y convocar a una nueva afiliación a todos los partidos políticos.
2. Elaborar nuevos padrones partidarios, acordes al resultado de la nueva afiliación.
3. Elegir autoridades y representaciones partidarias (congresales) en todos los niveles (nacional, provincial y local) mediante el voto directo de los afiliados en elecciones periódicas efectuadas con los nuevos padrones, supervisadas por la Justicia Electoral y que incluyan la representación de las minorías en los cuerpos orgánicos partidarios.
4. Exigir que quienes presenten su candidatura para ocupar cargos directivos partidarios en esas elecciones internas expongan sus propuestas programáticas y de orientación política para el partido en el nivel local, provincial o nacional, según sea el cargo que aspiren ocupar.
También se requiere supervisar, a través de la Justicia Electoral, la calidad y la misma existencia de programas de capacitación de dirigentes y cuadros de los partidos políticos, velar por su efectivo cumplimiento y garantizar su sostenimiento económico por parte del Estado.
Aceptamos que existe la posibilidad de que el proceso de reorganización de los partidos propuesto despierte un bajo nivel de interés en la sociedad, habida cuenta del elevado rechazo a “la política” y a “los políticos” que suelen reflejar las encuestas de opinión pública.
Si, por caso, el número de personas que se vuelvan a afiliar en los partidos políticos fuera muy inferior al que hoy registran los padrones partidarios (comenzando por el Justicialista, que es el nuestro), ello serviría para sincerar el verdadero grado de voluntad popular de participación política, reflejado en el número de afiliaciones y en el grado de decisión de intervenir con el voto en la elección de la línea, los programas y las autoridades partidarias.
Por encima del resultado cuantitativo, uno de los resultados cualitativos de ese proceso sería que los dirigentes partidarios surgidos de él estarían dotados de una legitimidad, fortaleza y reconocimiento por parte de la opinión pública que hoy no tienen, incluso para el ejercicio de cargos de gobierno, sean o no electivos.
Por lo demás, el reordenamiento propuesto de los partidos políticos daría bases más sólidas para alcanzar un amplio consenso político y social que se exprese un Proyecto Nacional compartido, en base a la armonización de las plataformas y propuestas votadas en las internas partidarias. A propósito de ello, aquellos que hoy aluden al Paco de la Moncloa de España dándole la condición de modelo de referencia para los argentinos, bien harían en tener en cuenta que ese Pacto fue elaborado y suscripto, además de por diversas organizaciones sociales, por partidos políticos de existencia real, de los que nuestro país hoy carece.
Para terminar queremos reproducir un párrafo que escribió Jorge Bolívar en “Estrategia y Juegos de Dominación” – su excelente obra en dos tomos donde despliega una inspiradora y erudita “crítica del saber político moderno”, formulada desde la lúcida y abierta identidad peronista que asume – donde advierte que: “el problema de la efectividad de un estratega, sea revolucionario, reformista o reaccionario, se basa finalmente en su popularidad, sobre todo si quiere construir o desenvolverse en un estado democrático”.
No tenemos la injustificable pretensión de ser estrategas revolucionarios, reformistas o reaccionarios; pero sí aspiramos a que nuestra “modesta proposición” (por usar el mismo título que el irlandés Jonhatan Swift, autor de “Los Viajes de Gulliver”, le diera a un librito suyo publicado en los albores de la Revolución Industrial en irónica y conmovedora defensa de la vida de los niños pobres de entonces, de notable actualidad) alcance la popularidad suficiente para que se produzca la reorganización democrática de los partidos políticos en general y en especial de nuestro Partido Justicialista, que está hoy pendiente.
(publicado en el Foro Partido Justicialista Nov 11, 2009)
La reforma electoral propuesta por el gobierno - además de las críticas que recibió por la eventual exclusión de partidos menores, la obligatoriedad del voto de ciudadanos no afiliados en elecciones internas partidarias, las restricciones al uso de fondos privados en la campaña electoral y el escaso período de veda a la publicidad de actos de gobierno que puede facilitar la propaganda electoral del oficialismo – queda renga en tanto no modifica la disfuncionalidad y el manejo oligárquico que rige hoy en los partidos políticos.
Una omisión grave dado que el régimen democrático no se consolidará en la Argentina sin partidos políticos de existencia funcional y efectiva, que cuenten con un grado de adhesión y participación popular libre, voluntaria y activa; en los que exista un clima de libertad y estímulo para el debate de ideas diferentes y que definan sus políticas y programas y elijan sus dirigentes y candidatos por el voto directo de, al menos, sus afiliados, en elecciones periódicas, limpias y transparentes.
La vigencia de unos partidos que funcionen con esas cualidades es una condición necesaria, aunque no suficiente, para establecer una democracia política efectiva y sustentable que, conforme los postulados del Justicialismo, además sea social, orgánica y directa.
El PJ y la Etapa Orgánica del Peronismo
No es menos cierto que los peronistas estamos en deuda con Juan Domingo Perón y con nuestro pueblo y nuestra patria por no haber podido, no haber sabido o no haber querido (valga aquí el uso de esas tres alternativas que solía incluir en sus discursos Raúl Alfonsín) hacer lo necesario para que nuestro Movimiento pasara de la etapa gregaria a la etapa orgánica, un tránsito por el que nuestro General bregó hasta el fin de sus días en este mundo.
Cumplir esa tarea pendiente requiere de los peronistas que seamos capaces de asumir que, en la realidad actual, democratizar y organizar debidamente al Partido Justicialista (PJ) equivale a organizar al Movimiento, entendiendo que el PJ puede y debe ser mucho más que un mero instrumento para librar batallas electorales.
El PJ puede y debe ser también el núcleo desde el cual avanzar en la construcción de la comunidad organizada, que promueva y participe en las diversas organizaciones libres del pueblo, para fortalecer y mejorar el funcionamiento de las ya existentes o para crear nuevas como, por caso, las que representen a consumidores y usuarios de servicios públicos.
El PJ puede y debe ser una escuela de capacitación permanente de dirigentes, militantes y activistas, ayudándoles a pensar y actuar, con niveles adecuados de idoneidad y una conciente identidad doctrinaria, en diversos ámbitos políticos, sociales, culturales y gubernamentales.
Finalmente, donde y cuando el Justicialismo ejerza el gobierno, el PJ puede y debe difundir y defender las políticas y programas de ese gobierno si correspondiere, actuar siempre como portador de las demandas populares al gobierno y ejercer una tarea control y vigilancia política de la gestión de los mandatarios y si ese fuera el caso, proponer eventuales modificaciones, en la inteligencia de que, como decía Mao Ze Dong, “la única desviación peligrosa es la que no se corrige”.
Rango Constitucional de los Partidos Políticos
Los convencionales de 1994 procuraron fortalecer nuestro sistema democrático incluyendo el artículo 38 en el texto constitucional, según el cual: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio”.
Lo que sucede en este plano hoy y entre nosotros, reitera la contradicción habitual en la historia política argentina entre los hechos de la realidad política que suelen no estar contemplados o incluso contradecir las normas constitucionales y también que muchas disposiciones constitucionales expresas no se apliquen en el orden político real.
Es un hecho que ni el PJ ni ningún otro de los partidos políticos argentinos cumple lo que establece el artículo 38 de la Constitución Nacional ni tiene las cualidades que hacen al buen funcionamiento partidario antes expuestas y eso redunda en una debilidad del sistema partidario que no es ajena a la escasa legitimidad y autoridad que la opinión pública le reconoce a un sistema institucional de gobierno de muy pobre calidad.
Una de las consecuencias del deterioro del sistema institucional al que le corresponde ejercer el poder político según el orden constitucional y legal vigente, es el peso desmedido e indebido que pasaron a tener en la toma de decisiones ciertos poderes fácticos y extra-constitucionales tales como los medios de comunicación, la corporaciones económicas, las corporaciones sociales, etc., cuyo derecho a participar del gobierno debería estar regulado en normas legales expresas, equilibradas y consensuadas.
Nuestra Propuesta de Reorganización de los Partidos Políticos
Para lograr el renacimiento de los partidos bastaría con reunir la voluntad política suficiente para establecer una legislación que ponga en marcha las siguientes iniciativas, supervisadas por los magistrados de la Justicia Electoral y no por el PEN o los gobiernos Provinciales:
1. Disponer la caducidad de las afiliaciones actuales y convocar a una nueva afiliación a todos los partidos políticos.
2. Elaborar nuevos padrones partidarios, acordes al resultado de la nueva afiliación.
3. Elegir autoridades y representaciones partidarias (congresales) en todos los niveles (nacional, provincial y local) mediante el voto directo de los afiliados en elecciones periódicas efectuadas con los nuevos padrones, supervisadas por la Justicia Electoral y que incluyan la representación de las minorías en los cuerpos orgánicos partidarios.
4. Exigir que quienes presenten su candidatura para ocupar cargos directivos partidarios en esas elecciones internas expongan sus propuestas programáticas y de orientación política para el partido en el nivel local, provincial o nacional, según sea el cargo que aspiren ocupar.
También se requiere supervisar, a través de la Justicia Electoral, la calidad y la misma existencia de programas de capacitación de dirigentes y cuadros de los partidos políticos, velar por su efectivo cumplimiento y garantizar su sostenimiento económico por parte del Estado.
Aceptamos que existe la posibilidad de que el proceso de reorganización de los partidos propuesto despierte un bajo nivel de interés en la sociedad, habida cuenta del elevado rechazo a “la política” y a “los políticos” que suelen reflejar las encuestas de opinión pública.
Si, por caso, el número de personas que se vuelvan a afiliar en los partidos políticos fuera muy inferior al que hoy registran los padrones partidarios (comenzando por el Justicialista, que es el nuestro), ello serviría para sincerar el verdadero grado de voluntad popular de participación política, reflejado en el número de afiliaciones y en el grado de decisión de intervenir con el voto en la elección de la línea, los programas y las autoridades partidarias.
Por encima del resultado cuantitativo, uno de los resultados cualitativos de ese proceso sería que los dirigentes partidarios surgidos de él estarían dotados de una legitimidad, fortaleza y reconocimiento por parte de la opinión pública que hoy no tienen, incluso para el ejercicio de cargos de gobierno, sean o no electivos.
Por lo demás, el reordenamiento propuesto de los partidos políticos daría bases más sólidas para alcanzar un amplio consenso político y social que se exprese un Proyecto Nacional compartido, en base a la armonización de las plataformas y propuestas votadas en las internas partidarias. A propósito de ello, aquellos que hoy aluden al Paco de la Moncloa de España dándole la condición de modelo de referencia para los argentinos, bien harían en tener en cuenta que ese Pacto fue elaborado y suscripto, además de por diversas organizaciones sociales, por partidos políticos de existencia real, de los que nuestro país hoy carece.
Para terminar queremos reproducir un párrafo que escribió Jorge Bolívar en “Estrategia y Juegos de Dominación” – su excelente obra en dos tomos donde despliega una inspiradora y erudita “crítica del saber político moderno”, formulada desde la lúcida y abierta identidad peronista que asume – donde advierte que: “el problema de la efectividad de un estratega, sea revolucionario, reformista o reaccionario, se basa finalmente en su popularidad, sobre todo si quiere construir o desenvolverse en un estado democrático”.
No tenemos la injustificable pretensión de ser estrategas revolucionarios, reformistas o reaccionarios; pero sí aspiramos a que nuestra “modesta proposición” (por usar el mismo título que el irlandés Jonhatan Swift, autor de “Los Viajes de Gulliver”, le diera a un librito suyo publicado en los albores de la Revolución Industrial en irónica y conmovedora defensa de la vida de los niños pobres de entonces, de notable actualidad) alcance la popularidad suficiente para que se produzca la reorganización democrática de los partidos políticos en general y en especial de nuestro Partido Justicialista, que está hoy pendiente.
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CONTENIDO
PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
(click en la etiqueta para panoramas anteriores)
ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro
PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna
2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro
UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna
LA MALA VIDA
por Claudio Chaves
LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro
A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro
LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos
LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro
RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica
EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro
KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese
EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro
ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo
EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro
EL DESFILADERO
por Diana Ferraro
HUMOR
por Enrique Breccia
ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González
EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro
LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves
DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro
LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves
ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González
PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna
LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro
FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves
ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro
CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro
EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves
LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro
QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves
EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro
LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC
DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo
RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica
LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados
LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro
10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica
EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro
EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem
LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro
EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos
DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS
LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro
EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos
CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo
UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna
LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo
A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa
LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna
ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos
PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro
por Jorge Raventos
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ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro
PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna
2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro
UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna
LA MALA VIDA
por Claudio Chaves
LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro
A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro
LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos
LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro
RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica
EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro
KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese
EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro
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por Domingo Cavallo
EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro
EL DESFILADERO
por Diana Ferraro
HUMOR
por Enrique Breccia
ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González
EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro
LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves
DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro
LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves
ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González
PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna
LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro
FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves
ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro
CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro
EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves
LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro
QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves
EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro
LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC
DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo
RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica
LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados
LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro
10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica
EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro
EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem
LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro
EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos
DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS
LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro
EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos
CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo
UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna
LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo
A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa
LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna
ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos
PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro
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