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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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30 nov. 2009

A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR

Una visión cosmopolita desde Salta
por Armando Caro Figueroa
(publicado en http://armandocarofigueroa.blogspot.com/ Oct 18, 2009)

“Está demostrado históricamente que el mundo, de tiempo en tiempo, necesita de hombres que se resistan a cooperar con la mentira, levantando polvareda, aún a riesgo de experimentar la opresión del mundo” (R. MUSIL “El hombre sin atributos”)

I. INTRODUCCIÓN

“El pensador y el artista tienen una misión intransferible, superior a su voluntad: revelar lealmente aquello que suscitan en él las cosas del mundo en que vive”
(E. Martínez Estrada)

Cuando hace un par de semanas la Fundación COPAIPA me invitó a participar en este ciclo, tenía bastante avanzado lo que podría llamar un reordenamiento de mis ideas sobre Salta y la Argentina en el mundo.

De modo que la invitación me obligó a acelerar las lecturas y el proceso de reflexión que inevitablemente le acompañan. A su vez, las exposiciones de los distinguidos amigos que han pasado por esta tribuna de ideas, contribuyeron a la misma y modesta empresa personal.

Pienso que cuando uno descubre o redescubre el placer de pensar en libertad pierde (no se si para siempre) la posibilidad de pensar en los términos y bajo las condiciones que generalmente imponen las pertenencias corporativas o las lealtades partidarias.

Aquella forma de pensar en libertad no implica, al menos en mi caso, deseñar a quienes participan en la elaboración de documentos partidarios o de políticas públicas. Tampoco conlleva la pretensión de que ese pensar en libertad nos conduce, sin tropiezos e invariablemente, a la verdad.

Aunque tengo por cierto que la libertad intelectual permite rectificaciones, matizaciones o reacomodamientos que suelen ser mal vistos en el terreno de la política partidista, signada por el dogma de la ortodoxia.

Dentro de esta retórica de la linealidad el pensamiento ha de permanecer invariable pese a los golpes de la realidad o a los avances científicos. Se trata de una lógica que ha hecho carrera entre nosotros los argentinos, sin llegar nunca a seducirme.

Hecha esta breve advertencia (que sin duda el desarrollo de mi ponencia no hará sino confirmar) y no sin antes acogerme a los antecedentes de tolerancia que caracteriza a este foro, ensayaré un breve resumen de las ideas que me propongo presentar aquí.

II. UNA DE ENTRE VARIAS MIRADAS POSIBLES

“La mirada cosmopolita pone de manifiesto la realidad nacional
de otra manera; incluye la realidad de la mirada nacional y la reinterpreta” (U. BECK)


No es un secreto para nadie que el abordaje de cualquier faceta o aspecto de la vida social, política o económica puede hacerse desde muchos y variados puntos de observación.

Varios son los condicionamientos que acompañan a este tipo de emprendimientos: Las circunstancias temporales y espaciales, las preferencias ideológicas (ocultas o explícitas), la trayectoria y la experiencia del que se propone aquel abordaje, son algunos de los condicionamientos evidentes.

Mis sucesivos cambios de lugar de residencia me han enseñado la influencia que esta localización ejerce al menos sobre las reflexiones políticas. Así por ejemplo, no siempre es lo mismo pensar Salta desde Salta, que hacerlo desde Buenos Aires o desde Madrid, por ejemplo.

Tampoco es lo mismo mirar la realidad local desde el mas rancio tradicionalismo o desde el así llamado nacionalismo metodológico que aplicar sobre ella una mirada cosmopolita.

Como afirma U. BECK, “Para este mundo que se ha vuelto cosmopolita necesitamos urgentemente una nueva manera de mirar, la mirada cosmopolita, si queremos comprender la realidad social y política en la que vivimos y actuamos”[1].

Una mirada que bien podría despertar, "la fuerza que arramble contra el narcisismo ombliguista de la mirada nacional y con la incomprensión cerril que ha acogotado todo pensamiento y acción, abriendo los ojos de la gente sobre la cosmopolitización real de sus mundos vitales y sus instituciones”.

Aunque terminará resultando ocioso, advierto entonces que mis aportaciones acerca de un nuevo modelo productivo y laboral son el resultado (malo, regular o bueno) de este intento de utilizar la mirada cosmopolita para acercarme a los problemas argentinos y salteños.

Pero mas allá de estas precisiones (si se quiere metodológicas), parece evidente que todo aquel que, a estas alturas, se proponga pensar o actuar teniendo como meta la construcción de un Plan Estratégico para Salta ha de estar muy atento y perfectamente informado acerca de lo que está sucediendo en el mundo y en la región a la que pertenecemos por designios que, como se sabe, son “inescrutables”.

Podemos debatir, y es bueno que así sea, acerca de la pertinencia de la planificación o acerca del concepto mismo de planificación. Pero no podríamos avanzar mucho en ese propósito si ignoráramos lo contemporáneo y la enorme influencia que sobre Salta y los salteños ejercen la evolución mas reciente del mundo tanto como las políticas nacionales y supranacionales.

Por supuesto podríamos quedar prisioneros de visiones anacrónicas e imaginar un Plan Estratégico para la Salta resignada y mendicante (de todos conocida), que acepta el unitarismo que impone la hegemonía de Buenos Aires y cuyos ejes de actuación se reducen a cuestionar la Ley de Coparticipación y a bregar por mas ayudas de la Nación para solventar programas “sociales” que, de paso, asientan mayorías electorales viciadas.

Las líneas que siguen apuntan en una dirección diferente. No sólo porque propone pensar Salta en términos estratégicos teniendo en cuenta lo que pasa a su alrededor, sino porque se atreve a insinuar, desde Salta y sin complejos provincianos, rumbos estratégicos para nuestra república.

III. IMPRESCINDIBLE VIAJE POR NUESTRA HISTORIA

“El pasado es fructífero no cuando alimenta el resentimiento o el triunfalismo, sino cuando nos induce amargamente a buscar nuestra propia transformación” (T. TODOROV)

Para muchos de nosotros, la historia local y nacional no es más que un argumento que se supone contundente a la hora de legitimar banderías y posicionamientos contemporáneos.

Aún a sabiendas de que la historia continúa siendo entre nosotros objeto de querellas y verdadero campo de batallas contemporáneas, no parece posible pensar los asuntos locales y nacionales en términos estratégicos sin apelar a la historia de Salta y de la Argentina[2].

De allí mi forzosa incursión en asuntos históricos, que realizo apoyado en la autoridad de las obras que ustedes encontrarán en la bibliografía.

Si excluimos los muy largos períodos pre-colonial y colonial y la azarosa etapa de la organización nacional, la historia económica de la Argentina (y la de Salta por extensión) permite identificar dos grandes etapas, ambas de ochenta años de duración:

1. El ciclo alberdiano

La primera se inicia en los años 50 del siglo XIX y termina a finales de los años 20 del siglo pasado, siendo Alberdi, a mi modo de ver, el principal de nuestros pensadores estratégicos de ese tiempo fundacional.

En un esfuerzo de simplificación diré que las ideas de Alberdi eran muy claras[3]: La Argentina de 1850 abundaba en recursos naturales y carecía de brazos, de capitales y de instituciones suficientes para encarar un vigoroso desarrollo que cohesionara social y territorialmente a la nación.

Proponía entonces crear las condiciones para “importar” aquello de lo que carecíamos (mano de obra y capitales): Fundar una república moderna representativa y federal; echar las bases de la libertad económica; liquidar los monopolios porteños; y liberalizar la navegación de los ríos interiores.

Logró que sus ideas fueran asumidas por amplios segmentos de nuestra sociedad y que, en líneas generales, se trasladaran a la realidad. Así, en 1853 se sancionó una Constitución de nítida inspiración liberal; entre 1857 y 1930 llegaron 6.300.000 emigrantes de ultramar; y la formación bruta de capital creció en términos que hoy diríamos chinos.

De la mano de las ideas del tucumano Alberdi, la Argentina alcanzó niveles impensados de prosperidad[4].

2. El largo vía crucis desde la posguerra

La segunda de aquellas etapas que propongo como herramienta para facilitar el análisis de nuestros conflictos y fracasos, comprende el tiempo transcurrido entre 1930[5] y 2009; un tiempo durante el cual la Argentina se vio obligada a introducir giros radicales y casi siempre contrapuestos al rumbo del ciclo precedente.

Mas allá de las consabidas formulaciones “adanistas”[6] que presumían tener las claves para fundar un nuevo país, avanzamos y retrocedimos, dando bandazos, en medio de enormes conflictos ideológicos y de intereses, muchos de ellos aún irresueltos.

Mientras que en la etapa anterior (1850/1930) está patente la influencia de ALBERDI, me resulta muy difícil identificar a un pensador cuyas ideas hayan iluminado el inicio y desarrollo de los siguientes ochenta años (1930/2009)[7].

En realidad, el brusco abandono del Proyecto Alberdiano fue -nada mas ni nada menos- que una imposición urgente de la Gran Crisis y de las dos Guerras Mundiales.

En el relato que despliego aquí para llegar a las propuestas para el Bicentenario, el peronismo no es sino una continuidad de las grandes líneas abiertas en los años 30. Lo es al menos en sus principales opciones o preferencias económicas.

El primer peronismo adoptó (y en algunos casos profundizó) las ideas por entonces en boga, no solo en la Argentina[8]: industrialización, estatización de la economía, proteccionismo y promoción del mercado interior.

Puede decirse que, por encima de vaivenes e improvisaciones, el primer peronismo mantuvo lo ejes del modelo y diseñó mecanismos para atenuar las debilidades de su estrategia (términos de intercambio negativos; estrangulamiento de la actividad por carencia de divisas para importar lo necesario; industrialización centrada en el mercado interno; baja productividad).

En realidad, buena parte de la estrategia del primer peronismo se asentaba en la hipótesis -no verificada- de una tercera guerra mundial.

Ninguno de los Gobiernos que se sucedieron tras el Golpe de nuestro comprovinciano el General José Félix Uriburu pudo desarrollar una visión estratégica, y menos elaborar un Programa que concitara la adhesión reflexiva de las mayorías. Agustín P. Justo, Juan D. Perón e incluso Arturo Frondizi y quienes le sucedieron por la vía de las armas o de las urnas, no hicieron otra cosa que interpretar, modular y remendar el no escrito programa de emergencia nacido en 1930.

He dicho antes que el primer peronismo no hizo sino aplicar o adaptar las ideas en boga en el Occidente de la posguerra. Pero debo advertir, inmediatamente después, que la singularidad de la Argentina (peronista y post-peronista) consistió en mantener el rumbo estatizante, autárquico y mercado-internista cuando los principales países lo habían ya abandonado con óptimos resultados[9].

Este Programa tuvo consecuencias negativas para Salta y buena parte del interior argentino. La emigración forzada de cabecitas negras y de talentos, el triunfo del unitarismo de facto (que es político, pero también sindical y económico), la pobreza casi centenaria, son el resultado atroz de aquel Programa no escrito y de su confluencia con los bajos precios de nuestros productos salteños.

Al amparo de la emergencia que azotó al país hacia el final del mandato del Presidente Raúl ALFONSIN, el segundo peronismo (1989/1999) llevó adelante un audaz plan de reformas (liberalización económica, abandono del tercermundismo, sometimiento relativo de los sindicatos tras el objetivo de mayor productividad), que se presentaron como una continuidad de la doctrina identitaria[10].

Este intento reformista de los noventa terminó sucumbiendo a consecuencia de varios factores (endeudamiento, precios internacionales relativos, voracidad de amplios sectores del nuevo capitalismo[11]), así como a la incapacidad de gestionar el régimen por parte de quienes, diciéndose defensores de la convertibilidad, sucedieron en el poder al Presidente Carlos MENEM.

La velocidad que el segundo peronismo imprimió a los cambios, la falta de experiencia (y de expertos) en materia de regulaciones[12] de la nueva economía en marcha, y la resistencia del ala nacional-conservadora del mismo peronismo, contribuyeron al deterioro y posterior derrumbe de su edificio[13].

El tercer peronismo (2002/2009), fundado por el ex Presidente Eduardo DUHALDE y consolidado por sus sucesores, el matrimonio KICHNER, nació rompiendo los pilares de la Constitución económica (régimen monetario, pesificación asimétrica, expolios, ruptura de los contratos) y reinstalando herramientas y consignas del paleo-peronismo: Estatismo, centralismo unitario, devaluaciones competitivas, retórica anticapitalismo y antiimperialista, acechanzas a las libertades fundamentales, alianza entre el capital nacional y los sindicatos oficiales.

Si se excluye la construcción y gestión de los superávits gemelos, las novedades que trajo consigo el tercer peronismo (manipulación de los Derechos Humanos, antimilitarismo, ambientalismo radical y utilización de la exclusión social como base del poder electoral y callejero), carecen de envergadura para garantizar la pervivencia del modelo y, desde luego, para aspirar a ser receptadas dentro de un programa capaz de generar grandes consensos y alcanzar los objetivos que se enuncian en esta presentación.

Aún a riesgo de escandalizar, pienso que incluso las políticas llevadas a cabo por los Presidentes Menem y Kirchner no fueron (ni son) sino intentos (parciales, dictados por urgencias y si acaso irreflexivos) de ajustar aquel modelo treintista a las nuevas condiciones y a los intereses de las coaliciones que los sostuvieron y que, con sus mas y con sus menos, estuvieron lideradas por el poder bonaerense y por los directos beneficiarios de su permanencia.

Cuando ambos “modelos” exhibieron sus debilidades y se aproximaron a situaciones de crisis terminal dificultades del segundo peronismo[14] de sostener la convertibilidad del peso; erosión de los superávit gemelos y de los efectos de la mega devaluación; pobreza e inflación, durante el ciclo del tercer peronismo), los responsables políticos no supieron o no pudieron proponer al país nuevos rumbos.

En esas dos ocasiones, mas allá de las circunstancias que rodearon (y rodean) a los respectivos puntos de crisis, la respuesta consistió en nuevas “vueltas de tuerca” para oxigenar el viejo modelo treintista y reparar las costosas maquinarias (costosas en términos de futuro) que lo mantienen artificialmente vivo.

En cualquier caso, persistir en el relato vulgar, binario y maniqueísta que organiza nuestra historia como una película de vaqueros donde los malos (muy malos y siempre los mismos) triunfan sobre los buenos (cándidos y siempre los mismos), donde las culpas de los fracasos invariablemente se adjudican a otros (si son extranjeros, mejor), donde se demoniza a agricultores, industriales, financistas, obreros o campesinos según opciones ideológicas, seguiremos riñendo sobre el pasado y no encontraremos la claridad necesaria para enfrentar el presente y definir la arquitectura institucional y económica que nos permita ingresar a un futuro mejor.

IV. EL SEGUNDO BICENTENARIO COMO OPORTUNIDAD

“La experiencia histórica demuestra que en los períodos de globalización el crecimiento del PIB per cápita ha sido mas elevado que en los períodos de proteccionismo” (DE LA DEHESA)

Las grandes fechas (centenarios, aniversarios) y los grandes eventos (olimpíadas), suelen ser oportunidad propicia para que las comunidades nacionales “carguen baterías” y se lancen a empresas de envergadura. Lo hizo España con el Quinto Centenario; lo hará Brasil con sus Olimpíadas.

Soy de los que piensan que esta oportunidad está lamentablemente perdida respecto del Bicentenario de la Revolución de Mayo, pero no respecto del Bicentenario de nuestra Independencia.

Pese a la inexorabilidad de las fechas, nos perdimos (una vez mas) en debates insustanciales y 2010 nos encontrará con los mismos problemas, idénticos pesimismos y similares divisiones irreconciliables con las que venimos lidiando desde hace mucho tiempo.

La Argentina necesita construir un “proyecto ilusionante de vida en común” (ORTEGA y GASSET)[15]. Definir sus términos, rodearlo de un amplio consenso y ponerlo en marcha. Para tamaña tarea precisamos los siete años que van desde ahora a 2016.

En el ámbito mundial, las vísperas de nuestros bicentenarios coinciden con un fenómeno inédito en la historia de la humanidad: La persistente y drástica disminución de la pobreza medida en el conjunto de países. Una tendencia global que, sorprendentemente, no se verifica en la Argentina contemporánea en donde, pese a la propaganda que habla de un “modelo inclusivo”, continúan creciendo la pobreza y la indigencia.

Téngase en cuenta que en el mundo el porcentaje de personas que vive con menos de 1 dólar diario cayó del 40% en 1981 al 18% en 2004, estimándose que retrocederá hasta el 12% en el próximo quinquenio[16]. Solamente en China el giro impulsado por DENG-XIAOPING sacó a 400 millones de personas de la miseria.

Lo que equivale a desmentir a los pesimistas de siempre y a decir que los altos índices de pobreza que padece la Argentina (y sobre todo Salta), no son un obstáculo insuperable para construir sociedades más exitosas, justas y felices.

Pienso que, en realidad, las dimensiones cuantitativa y cualitativa de la pobreza argentina actual, son consecuencia del modelo vigente desde 1930. Sobre todo la pobreza que se aglomera en los suburbios del Gran Buenos Aires y en otros asentamientos del interior que, de alguna manera resultan derivaciones de las vertientes industrial y salarial del modelo treintista.

Adviértase que sobre el actual mapa industrial, poblacional y de la pobreza, se asienta el poder unitario y conservador que gobierna la república y a muchas de sus circunscripciones. La fuerza electoral, política y corporativa de la coalición bonaerense expresa aquel mapa.

He hablado de oportunidades inéditas y de nuestra dotación de recursos para hacerlas realidad. Pero es bueno señalar que se trata de oportunidades acotadas e el tiempo y sometidas a los vaivenes de la competencia exterior.

La arquitectura mundial que está naciendo tras la reciente crisis financiera global, lejos de conformar una vuelta a los proteccionismos nacionales, potenciará (y si acaso regulará) la competencia internacional por las inversiones, los recursos y los empleos.

Por eso se equivocan quienes piensan que la Argentina y Salta tienen un tiempo infinito para aprovecharlas. Hemos perdido ya casi dos años, y sería irresponsablemente dramático persistir mas tiempo en confrontaciones o en políticas que van a contramano de lo que conviene al interés general.

Muchos dirigentes políticos ignora, quizá, que los grandes consumidores (China, India, por ejemplo) están construyendo nuevas alternativas de producción en África, en donde compran y alquilan tierras que producirán lo mismo que producen Salta y otras regiones argentinas.

V. EL VALOR DE LAS IDEAS Y DEL REALISMO

“Lo que hoy distingue a las economías no es su disponibilidad de capital y de trabajo, sino de ideas y de energía” (F. ZAKARIA – 2009)


Para avanzar en esta dirección deberíamos remover varios obstáculos: el pesimismo visceral que atenaza a buena parte de los argentinos cuando actúan como parte de la comunidad; la soberbia intelectual y política que nos impide dialogar buscando coincidencias; la preeminencia de los factores de poder corporativo por sobre la misma política y las elaboraciones teóricas vinculadas con el interés general.

Aquella convicción de que la Argentina está condenada (por poderes sinárquicos u otros conspiradores) a vivir estancada, relegada y sufriente, es tan perniciosa como aquel optimismo irracional, muy propio de los años 70, que afirmaba que la historia tenía asignado un destino de grandeza para nuestro país.

Las ideas que ven en el mundo exterior la raíz de nuestros males (y no una fuente de oportunidades), tanto como la vocación de desafiar los grandes consensos que han permitido que el mundo crezca globalmente y globalmente disminuya la pobreza, no hacen sino profundizar las dificultades que queremos superar.

Son, antes que nada, nuestras propias ideas (inspiradoras de políticas y de comportamientos colectivos) las que nos han colocado donde estamos.

Y serán nuevas ideas las que habrán de ayudarnos a reencontrarnos con el mundo y con nuestras mejores tradiciones, para conquistar los grandes objetivos que me atrevería a enunciar de esta forma simplificada:

Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable.

Para reforzar mi afirmación de que las naciones marchan, venciendo dificultades, allí donde las conducen sus ideas, nada mejor que esta cita que nos recuerda que

“En diciembre de 1978, en la reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino, DENG-XIAOPING pronunció un discurso que resultó el más importante de la historia china moderna. Instó al régimen a centrarse en el desarrollo económico y a dejar que los hechos y no la ideología guiaran su camino. No importa si es un gato negro o un gato blanco. Siempre que sepa cazar ratones, será un buen gato[17]”.

Un discurso oportuno y convincente (ayudado, desde luego, por otras circunstancias) contribuyó decisivamente a hacer de China lo que es hoy y a dejar atrás los audaces experimentos de MAO TSE-TUNG que, dicho sea de paso, deslumbraron a muchos setentistas argentinos algunos de los cuales perseveran en su empeño.

Aceptando que no existe aquel determinismo que nos colocaría en el paraíso, es bueno recordar que ALBERDI, conocedor de nuestra cultura, advertía que

“No se consiguen jamás grandes y gigantescos cambios, sino por medios heroicos y apartados de la senda vulgar. La América del Sur se arrastra en vida oscura y miserable porque su política vive de expedientillos y de mezquinas medidas que dan siempre algún resultado, pero no grandes resultados que determinen mudanzas perceptibles a los ojos del mundo y de la posteridad”[18] .

VI. IDEAS (en borrador) PARA EL BICENTENARIO DE 2016

Vaya uno a saber porqué, los argentinos estamos acostumbrados a razonar y actuar en términos antinómicos. Especialmente en el terreno de la política. Peronistas o antiperonistas; civiles o militares; liberación o dependencia; campo o industria; Estado o Mercado; producción o distribución; autarquía o integración; globalización o antiglobalización; Florida o Boedo; liberales o nacionalistas. Y así hasta el infinito.

Así y todo, alcanzar un amplio consenso que defina un conjunto de objetivos realistas y compatibles entre si (como sucede en el ejemplo antes enunciado: Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable), no parece -a estas alturas- una tarea imposible, siempre y cuando seamos capaces de elevar las miras, de abandonar convicciones inútiles y de dialogar constructivamente.

1. La Segunda República Argentina

Aunque el tema excede ampliamente el objeto de esta charla[19], creo conveniente dejar apuntada aquí la necesidad de emprender una amplia reforma política que reemplace el presidencialismo por la forma parlamentaria, cierre los caminos al centralismo unitario, mejore los procesos de selección de representantes, garantice de verdad las libertades fundamentales, haga efectiva la independencia de los jueces, constituya una Administración Pública profesional y transparente[20], y amplíe los espacios de participación ciudadana.

La reforma política es asuntos que, como el Guadiana, aparece y desaparece de nuestra agenda pública. Generalmente, es demandada desde la oposición, aunque sin mayores precisiones. Pero cuando un sector de esta oposición se hace con el Gobierno, abandona su discurso reformista que, a veces, es reemplazado por maquillajes insustanciales.

Es sabido que la democracia es un sistema perfectible, por definición. Y que en los tiempos que corren, incluso las democracias mas rodadas o avanzadas han desarrollado defectos o han revelado limitaciones que motivan serias demandas de revisión por parte de la doctrina científica y de la opinión pública, como las que razona Sheldon WOLIN para el caso de los EEUU[21].

De modo que la necesidad de abordar la reforma de nuestras instituciones no es un asunto exclusivamente local, ni menos una mera bandera opositora.

2. Nuestra Constitución económica

Pese a los excesos episódicos y a los largos abandonos del cauce constitucional que registra nuestra historia, los pilares que la Carta de 1853 y sus reformas establecen en materia económica, no requieren cambios en tanto resultan aún compatibles con varias opciones económicas capaces de adaptar el funcionamiento de la producción argentina a las exigencias del nuevo escenario mundial.

En este sentido, la Argentina presenta una situación parecida a la de España en donde las grandes definiciones de la Constitución de 1978 pueden albergar un amplio abanico de políticas económicas, siempre que ellas resulten compatibles, claro está, con los Tratados de la Unión Europea.

Aunque en aquel país no es dable esperar los bandazos en que solemos incurrir en estas latitudes, tanto la izquierda como la derecha españolas podrían abordar un cambio profundo en el modelo productivo español sin necesidad de reformar la Constitución.

De hecho, el alicaído Gobierno socialista del Presidente ZAPATERO, para enfrentar la crisis económica que en España es más profunda y promete ser más duradera que en otros países, ha propuesto reemplazar el modelo basado en la industria de la construcción y en el turismo “barato” y poco respetuoso del medioambiente, por una economía centrada en los sectores con capacidad para competir en la economía global[22].

El nuevo modelo productivo que proponen los socialistas españoles apuesta por “los sectores basados en la tecnología y en el conocimiento, y alineados con las grandes tendencias globales. Y junto a los sectores “de futuro”, los sectores tradicionales de la economía española “con futuro”; los sectores que, renovados, pueden beneficiarse de las ganancias en productividad y competitividad apoyándose en los programas público de I+D+i”, reforzando su respeto al medio ambiente[23].

No por casualidad, las reformas a la educación figuran en uno de los primeros lugares de la agenda española. Una prioridad que, dicho sea de paso, contrasta con el pobre desempeño y las pobres iniciativas oficiales referidas a la educación en la Argentina y muy especialmente en Salta.

3. Aproximaciones al nuevo modelo productivo (NMP)

Donde sí hay que introducir grandes cambios es en el modelo productivo instaurado, bajo las restricciones a las que hice ya referencia, en 1930, así como en las políticas económicas que desde entonces lo sostuvieron.

3.1 Ejes de nuestra riqueza en el mundo globalizado

Entrando en materia, pienso que superando absurdos prejuicios ideológicos contra el campo, los dueños de la tierra, los campesinos y el mundo rural y dejando atrás viejas quimeras (autoabastecimiento integral, autarquía), deberíamos proponernos convertir a la Argentina en una potencia agropecuaria y agroindustrial. En el gran supermercado de alimentos para el mundo.

Las condiciones básicas están dadas: Los centenares de millones de personas que están saliendo de la pobreza (en India, en China y en otros lugares del mundo) demandan alimentos y están dispuestos y en condiciones de pagar buenos precios; precios desconocidos en la reciente historia económica mundial.

Disponemos de los recursos naturales y humanos, así como de la experiencia y de las vocaciones necesarias para emprender el recorrido. Nos falta, sin embargo, remover enormes obstáculos. Algunos “interiores” (culturales y políticos). Otros “exteriores” como es el caso de las prácticas proteccionistas de los países más poderosos del Norte que subsidian a su agricultura y traban el acceso de nuestra producción, o el dumping social que ejercen algunos países emergentes.

El tradicional y pesado gravamen que, para la economía argentina (y particularmente para la salteña), representan los términos internacionales de intercambio, sin haber desaparecido, está experimentando cambios drásticos que nos benefician.

La minería (que ALBERDI consideraba como parte de la agricultura y cuya importancia para Salta no hace falta recordar aquí) y la generación de energía, así como las industrias y los servicios competitivos, integrarían la columna vertebral del nuevo modelo productivo.

La Argentina (y Salta) dispone, además, de un factor central en la nueva economía: Talentos creativos, optimistas y potentes, capaces de abrir (aquí o en otros sitios) fuentes insospechadas de riqueza cooperando y compitiendo en las condiciones más rigurosas. Precisan, nada más y nada menos, disponer de incentivos adecuados, respirar aires de libertad, y contar con facilidades para acceder a institutos de altos estudios.

La ausencia de verdaderas políticas de promoción de la Investigación, la Innovación y el desarrollo, junto a la decadencia de la educación en todos sus niveles, es una de las lacras mas lacerantes del modelo treintista.

Recordar a las tres grandes empresas argentinas que fueron capaces de aprovechar las ventajas de la globalización (y de globalizarse), puede servir para mostrar un rumbo y convencernos de que, bajo ciertas condiciones, nuestros trabajadores y empresarios son capaces de triunfar en el mundo.

Me refiero a BUNGE & BORN (que supo concentrar a buena parte del comercio mundial de cereales), a TECHINT (líder global en la producción de aceros), y a ARCOR (la empresa de raíz cordobesa que está ya presente en los principales supermercados del mundo).

Un breve paréntesis para traer a colación un dato que me parece relevante. Estas tres empresas globales desarrollaron sofisticados mecanismos para relacionarse con los poderes institucionales y fácticos de la Argentina; incluso, se han dado casos donde estas empresas llegaron a ocupar importantes espacios en nuestra vida política.

Pero, además, han destinado recursos y experiencias para alimentar usinas de ideas y laboratorios de pensamiento, otorgándoles en muchos casos apreciables márgenes de libertad intelectual: El antiguo Instituto Bunge, las actividades que recoge el prestigioso Boletín Informativo Techint, y la Fundación Mediterránea, son algunas de estas colaterales influyentes.

Concluyo el paréntesis señalando que, a mi entender, en Salta las fuerzas de la producción no han logrado consolidar instituciones de este tipo. Se trata de una carencia que las debilita y, de paso, las obliga muchas veces a resignarse a la intrascendencia o a cumplir papeles menores en la periferia del poder de turno.

3.2 Incentivos y cargas en una política económica de Estado[24]

No se me escapa que esta opción económica contradice intereses corporativos, electorales y territoriales así como convicciones arraigadas. Tampoco ignoro que el eventual despliegue del NMP exigirá largos debates acerca de las herramientas, de los tiempos y de los recursos que deben ponerse en juego.

Pero tengo igualmente claro que los incentivos (por ejemplo, el régimen salarial y las protecciones) y las cargas (por ejemplo, las retenciones y los impuesto llamados distorsivos) del modelo treintista solo sirven para perpetuar un estado de cosas que está lejos de satisfacer los anhelos de los argentinos y de los salteños.

Un giro copernicano que nos coloque en la senda de los objetivos estratégicos antes enunciados[25], requiere una sustancial modificación de ambas herramientas y su reemplazo por instrumentos compatibles y eficaces.

Vale decir, requiere de una vigorosa actuación del Estado que deberá obrar guiado por un amplio consenso político y social. Como es evidente, esta afirmación rechaza la presunta infalibilidad y eficacia de la mano invisible.

Cuando apelo aquí al Estado como uno de los motores del cambio, lo hago pensando en un Estado diferente al que todos conocemos; en una Administración eficaz, profesional y a-partidista; en el Estado que pensó ALBERDI al definir el régimen rentístico de la Confederación Argentina:

“Será pobre el gobierno donde sean pobres los gobernados; pero si hay rentas para estos, no podrán faltar para aquel. Todo dependerá del ahorro y del juicio en los gastos del gobierno. Lo que agota y destruye la riqueza privada no es la contribución, pues al contrario esta la defiende y conserva; es el despojo, el pillaje que hace el despotismo, no para sus gastos sino para sus excesos”[26].

Un Estado en condiciones de orientar y apoyar la actividad productiva (dentro y fuera de nuestras fronteras), de reparar sus desequilibrios, y de brindar las seguridades que precisan tanto la ciudadanía como la economía modernas. O sea: Una institución que poco y nada tiene que ver con el aparato deformado y deformante que es hoy nuestro Estado, más cercano al despojo y al pillaje del que nos habla ALBERDI.

3.3 Retenciones e impuestos

La reimplantación de las “retenciones” a las exportaciones, su cuantía y su destino, han generado un verdadero círculo diabólico que, de un lado, ralentiza o frena nuestra producción exportable (principalmente las exportaciones de origen agrícola) y, de otro, financian el núcleo de las políticas centralizantes y clientelares.

Tal decisión gubernamental merece severos reproches desde el punto de vista de la legalidad y del federalismo. Pero, además, se ha convertido en unos de los ejes del enconado conflicto político nacional y local.

Si bien no parecen estar dadas las condiciones para su inmediata abolición, una reestructuración que nos conduzca a lo que aquí vengo llamando nuevo modelo productivo, debería contemplar su reemplazo por el Impuesto a las Ganancias que incorpore un suplemento[27] cuya cuantía tendría que determinarse con la participación de los productores.

El nuevo modelo productivo requiere, en síntesis, de una nueva fiscalidad que reforme el régimen de todos los impuestos vigentes, retoque las Leyes de Coparticipación, y refuerce el federalismo así como la descentralización de los recursos fiscales desde la Provincia hacia los Municipios.

En este contexto, la creación de un Fondo de Cohesión Territorial gestionado por un Consejo Federal con participación de las fuerzas de la producción, debería garantizar el financiamiento de las reformas económicas y, en especial, del Plan Nacional de Infraestructuras Urbanas y Productivas[28].

3.4 Estrategia agropecuaria competitiva

A estas alturas de mi exposición, quizá sea oportuno reiterar que mis reflexiones pertenecen al campo de la política y, por lo tanto, me considero relevado de las exigencias propias de los documentos técnicos o científicos. Vale decir, tienen el valor prospectivo y propositivo que surge de su propio desarrollo argumental.

Apelo a este preámbulo para avanzar, a continuación, algunas ideas acerca de la actividad agropecuaria, que pueden ser de interés (al menos para abrir debates) en Salta.

Más precisamente, para dejar simplemente anotados aquí algunos asuntos a resolver para que nuestra agricultura despliegue todo su potencial, lo hagan sin alterar equilibrios ambientales, y contribuyan a restaurar equilibrios sociales.

Como es sabido, la escala global de la economía permite organizar la producción (también la agrícola y la agroindustrial) en segmentos de diversa localización planetaria. Lo que plantea, de un lado, una abierta lucha por la localización de los empleos y de las inversiones; y, de otro, una lucha por retener los segmentos de más alta rentabilidad de la mano de elevadas inversiones en I+D+I.

Algunos expertos chinos explican gráficamente este fenómeno apoyándose en lo que llaman la “curva sonriente” (estilizada semejando la letra U), que ilustra la curva de desarrollo del producto, desde la concepción hasta la venta[29]. Y señalan que los países más adelantados y poderosos “exportan” partes del proceso de producción a lugares con costos más bajos y retienen los extremos de mas alta rentabilidad (la innovación protegida por patentes, el diseño, las redes comerciales).

En el caso concreto de la agricultura y sus derivados, cabe pensar que más allá de la productividad de nuestros campos y del talento de nuestros empresarios agrícolas, la Argentina tiene ciertas debilidades del lado de los insumos básicos (semillas, fertilizantes), y de las redes mundiales de comercialización.

Debilidades a las que habría que añadir, obviamente, el régimen impositivo y aduanero que ordena el Estado nacional, las carencias de infraestructuras colectivas (patentes en el caso de Salta), y el proteccionismo agrícola Europeo y estadounidense.

Un concierto entre el Estado y los productores, debería ayudar a mejorar la situación de nuestra producción de base.

Un segundo asunto a dejar aquí anotado, tiene que ver con los incentivos (o cargas) públicos que contribuyen a elegir entre los diversos usos posibles del campo (soja, trigo, caña de azúcar, ganadería, etc).

El último punto que quisiera poner de manifiesto, se refiere al desafío de encontrar formas de desarrollar la agricultura y de ampliar la frontera agrícola sin alterar los citados equilibrios medioambientales. Lo que plantea la necesidad de solventar el debate con el conservacionismo radical, de dictar normas eficaces y de lograr códigos de comportamiento responsable.

3.5 Plan Nacional de Infraestructuras Urbanas y Productivas

Para introducir brevemente este punto, diría que el nuevo modelo productivo tiene puntos de contacto con la frustrada operación de trasladar la capital de la república a Viedma, que el entonces Presidente Alfonsín lanzó con singular entusiasmo.

La transformación de actual nuestro sistema productivo (basado en la protección de unas actividades de nula o débil competitividad, en el castigo fiscal de ciertas actividades globalmente competitivas, y en las subvenciones estatales a la ineficiencia, a la pobreza y a las maniobras electorales), abrirá un proceso sostenido de movimientos migratorios y a nuevas demandas sociales y urbanísticas esta vez económicamente sustentables.

La constitución de la Argentina en un supermercado de alimentos para el mundo y de un Estado proveedor de servicios de alta calidad, exigirá enormes inversiones en infraestructuras: Reactivación del transporte ferroviario de cargas; mantenimiento de puertos; ampliación y mejoramiento de la red caminera y consolidación de los corredores bioceánicos; despliegue de las autopistas de la información; potenciación de la red de silos y depósitos; urbanización de localidades rurales y reconversión de asentamientos; programas de I+D+I; nuevas carreras en ingeniería de alimentos; multiplicación de la producción de energía, que dejo enunciadas sin ánimo de ser exhaustivo.

4. Un Estado moderno y del Bienestar (Los servicios públicos y sociales)

La Argentina, aunque a veces la rutina y la resignación nos lo hagan imperceptible, tiene enormes déficits en materia de servicios públicos y sociales.

Las prestaciones básicas de cualquier Estado que se precie de tal (seguridad, justicia, defensa, relaciones exteriores, Administración Pública, poder de policía), se brindan a niveles que rozan la precariedad, tanto por parte de la Nación, de las Provincias y de los Municipios, más allá de los matices e incluso de las carencias presupuestarias.

Otro tanto sucede, penosamente, con los servicios que integran lo que conocemos con el nombre -a todas luces excesivo en nuestro caso- de Estado de Bienestar (salud[30], educación[31], jubilaciones, pensiones, asistencia social[32], riesgos del trabajo, servicios urbanos y medioambientales[33]).

El nuevo modelo productivo deberá, que duda cave, abordar los desafíos que surgen de este enorme déficit no encuestado ni medido. Dicho en otros términos: La construcción de un Estado de Bienestar moderno, con prestaciones suficientes y de alta calidad, es una de las tareas a abordar por los gobiernos y por las organizaciones sociales, haciendo un uso responsable de los recursos públicos y privados que estará en condiciones de generar aquel nuevo modelo productivo.

Si se me permite una afirmación simplista, diría que la enunciación y concreción de estas metas sirven para separar al nuevo modelo que aquí esbozo, de otras versiones reformistas de inspiración individualista o populista.

Con el añadido de que aquella construcción del Estado de Bienestar absorberá gran cantidad de la mano de obra que buscará emigrar de los lugares donde se asienta la pobreza y de los malos empleos.

5. La reforma laboral

El sistema laboral argentino es, de alguna manera, la mayor innovación que el peronismo introdujo dentro del modelo treintista.

Desde el punto de vista político, el monopolio sindical resulta contrario a los valores republicanos y federales y, como lo están demostrando algunos conflictos recientes, contrario también el buen funcionamiento de la producción.

El unitarismo sindical y el centralismo de los convenios colectivos de trabajo son funcionales a la concentración industrial en el área Buenos Aires. Cuando los peronistas primero y los radicales después aprobaron las leyes para imponerlos, causaron graves daños al desarrollo equilibrado del interior del país y consolidaron la macrocefalia argentina.

Desde el punto de vista laboral, el modelo productivo que sobrellevamos desde 1930, fue también el resultado del desempleo rural y de salarios urbanos que incentivaron las migraciones.

Como se sabe, los salarios (directos e indirectos) son el más poderoso incentivo que guía las migraciones. Fueron los salarios argentinos relativamente altos, además de las garantías constitucionales, los que hicieron posibles la llegada de millones de emigrantes de ultramar. Y fueron otra vez los salarios urbanos (mejores que los del campo) los que movilizaron a millones de cabecitas negras hacia el área pampeana.

En realidad, el famoso “Estatuto del Peón”, que en su día sirvió para aliviar las miserias de los trabajadores del campo, no fue más que una pieza de aquel modelo que Salta, junto a todo el norte argentino, padeció y padece[34].

Si, como dicen los nuevos empresarios rurales, las explotaciones agropecuarias son hoy organizaciones modernas que incorporan inversiones, tecnologías y gerencias profesionales, resulta anacrónico un régimen laboral como el del Estatuto del Peón.

En el nuevo modelo productivo (NMP) que vengo esbozando, los trabajadores del campo se incorporarían al ordenamiento laboral ordinario y tendrían derecho a negociar sus salarios en iguales condiciones que los obreros industriales.

Así como las enormes rentas que producirá el Gran Supermercado de Alimentos Argentinos no serán expropiadas por el Estado (como viene sucediendo hasta hoy a través de las retenciones), deberán abrirse a la participación de los nuevos asalariados rurales tanto como a una nueva fiscalidad municipal.

Los buenos salarios retribuirán la productividad, permitirán condiciones de vida digna, e incentivarán el retorno de obreros a los centros de trabajo erigidos en pueblos y ciudades reconstruidos para servir a la nueva economía agroindustrial.

Por supuesto, tales incentivos transformarán nuestros mapas demográfico, electoral y sindical. No tendrán cabida en él ninguno de los gordos que viven del viejo modelo y sus negocios conexos.

Los nuevos trabajadores del campo provendrán de las ciudades. Tanto si tienen experiencia industrial como si viven hacinados, esperando un bolsón o unas chapas que el puntero les acerca a cambio de su voto o de su esperanza.

El NMP reclama reglas laborales (desde luego económicas) que fomenten la productividad, verdadero motor de cualquier economía moderna. Reglas y también una cultura del trabajo y de la gestión que pongan énfasis en la misma productividad.

Ciertas normas y ciertas consignas de raíz peronista caminan en la dirección contraria, a pesar de los intentos que el mismísimo Juan Domingo Perón hizo, por ejemplo en el Congreso Nacional de la Productividad de 1949, para revertirlas.

Desde el punto de vista de las creencias dominantes, uno de los peores legados del actual turno político es el mensaje de que se puede progresar sin necesidad de esfuerzos individuales y colectivos. Otro es aquella propaganda falaz que afirma la más absoluta desvinculación entre los salarios, la productividad y la inflación.

VII. FINAL

Han transcurrido 80 años desde que en 1930 la Argentina sufriera el primer quiebre de las instituciones de la república alberdiana y se viera forzada a reemplazar un modelo económico y de integración en el mundo, para atender al nuevo escenario creado por la Gran Crisis de ese tiempo y por los conflictos armados que asolaron a la humanidad.

Vivimos, durante ese tiempo, momentos de prosperidad, euforia y esperanzas, a los que invariablemente sucedieron etapas de estancamiento, pobreza y pesimismo.

Aunque a veces nos cueste reconocerlo, las marchas y contramarchas de nuestras políticas tuvieron como punto de referencia los acontecimientos internacionales y la evolución de la economía mundial. Nuestros líderes sucesivos actuaron para absorber esos acontecimientos, para que la economía local se acomodara a las crisis externas, para aprovechar oportunidades o protegernos de acechanzas, cuando no para confrontar con ese mundo.

En los últimos 25 años logramos asentar la democracia y darle la deseada continuidad; no obstante hay en este terreno de las instituciones y de los valores, un enorme camino reformista por recorrer.

En este apasionante período, el mundo experimentó cambios sustantivos e irrevocables. La caída de la ilusión comunista y la aparición de nuevos grandes actores, alteraron los equilibrios precarios de la segunda posguerra.

La llamada globalización (o mundialización) de los intercambios y de los riesgos, el ingreso a los mercados de un gran número de consumidores de alimentos, el incipiente auge de las bioenergías, la preocupación por el medioambiente y el importante mejoramiento de los precios de las materias primas e, incluso la reciente crisis financiera mundial, han modificado drásticamente los escenarios donde nos desenvolvemos loa argentinos y, desde luego, los salteños.

Una modificación de la que emergen amenazas (la de quedar definitivamente atrás en el escalafón que mide el bienestar y la prosperidad de las naciones, es una de ellas), pero también una enorme oportunidad para un país como la Argentina.

Es cierto que por momentos, la ansiedad nos acerca al pesimismo paralizante. Los que la experimentan, pensarán que plantear objetivos con miras a 2016 es hablar del largo plazo (momento en el que según KEYNES, “estaremos todos muertos”).
Sin embargo, creo que 2016 nos abre un horizonte para la reflexión y el diálogo que preceden a la acción constructiva.

Mi presentación de esta noche, de cuyas limitaciones soy plenamente consciente, pretende mostrar las raíces y los límites del modelo económico nacido en 1930. Y pretende también esbozar un camino que, aprovechando las oportunidades globales, nos permita erigir una república próspera y cohesionada.

La riqueza real y potencial de Salta, expresada en sus recursos naturales y humanos y en la reciente trayectoria de la economía agrícola, minera y turística privadas, nos brinda lo necesario para inaugurar un ciclo de prosperidad y estabilidad.

Para traducirlo en hechos que nos permitan, además, superar el subdesarrollo y la pobreza, necesitamos que la Argentina sea (o vuelva a ser) una república federal.

Siendo esto muy importante, no alcanza. Precisamos también que Salta adquiera un peso intelectual y una influencia política que nos conviertan en actores relevantes en las mesas donde se decide el futuro de todos.

Muchas gracias.

VIII. BIBLIOGRAFIA

ALBERDI, Juan B.: “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina”, Editorial EL ATENEO, España -1913.

BECK, Ulrich: “Qué es la globalización”, Editorial PAIDOS, España – 1998.

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WOLIN, Sheldon S.: “Democracia SA”, Editorial KATZ, España – 2008.

ZAKARIA, Fareed: “El mundo después de USA”, Editorial ESPASA, España – 2009.

[1] Añade BECK que “El cosmopolitismo sin provincialismo está vacio y el provincialismo sin cosmopolitismo está ciego” y que “La contraposición entre lo nacional y lo transnacional es radicalmente falsa”
[2] DIAZ ALEJADRO duda, con buen criterio, “de que puedan introducirse reformas sociales duraderas mientras se sigan difundiendo nociones incompletas o distorsionadas sobre el pasado. Ideas grotescas acerca de la historia económica de la Argentina han contribuido a suscitar políticas extrañas”.

[3] Dice ALBERDI: “Nuestra revolución abrazó la libertad económica porque ella es manantial de riqueza de las naciones; porque la libertad convenía a las necesidades de la desierta Argentina que debe atraer la población, los capitales y las industrias de las que carece”

[4] “Hacia 1929 la Argentina había llegado a tener reputación mundial como país con un futuro próspero y se suponía que estaba llamada a representar un papel cada día mas importante en los asuntos mundiales” (Carlos DIAZ ALEJANDRO).

[5] “Con la crisis del 30 se inició una época de devaluaciones compensatorias, de barreras comerciales, de creciente aislamiento y de reacciones defensivas que pugnaban por políticas corporativas a favor de intereses sectoriales” (Roberto CORTES CONDE).

[6] Según la Real Academia Española, el adanismo es el hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente. Sobre el punto, Rafael DEL AGUILA “La senda del mal”, Editorial TAURUS, España – 2000.

[7] Algunos autores asignan este papel a Federico Pinedo (abuelo del actual diputado por la ciudad de Buenos Aires del mismo nombre). Otros mencionan a Alejandro Bunge y sus discípulos agrupados en el influyente Instituto que llevó su nombre. En cualquier caso, no resulta atinado atribuir a estos dos pensadores todas las derivaciones que a lo largo de estos 80 años experimentó el modelo nacido en 1930.

[8] “La euforia económica de la inmediata posguerra sobreestimó las capacidades de la economía y postergó proyectos como la producción de acero. A partir de 1949, la escasez de divisas estimuló la idea de que toda industria era necesaria” (BELINI).

[9] Sus pretensiones de girar hacia políticas mas acordes con la realidad local y mundial, se estrellaron contra el híper-nacionalismo (que gustaba de echar pulsos al propio Perón) y contra la simple ineficacia administrativa. Así sucedió con el proceso referido a la producción de acero (SOMISA) y con la idea se sumar al capital extranjero (Ver BELINI). Tal giro resultó, además, condicionado por los temores al impacto negativo que una eventual reconversión económica tendría sobre el empleo, la conflictividad y la adhesión de los trabajadores a la causa peronista.

[10] Para quienes impugnan el carácter “peronista” de las ideas del Presidente MENEM, o han olvidado sus protestas de ortodoxia, resulta oportuno recordar, con NOVARO, que “la clave del éxito de las críticas de MENEM al proteccionismo y al estatitsmo radicó en que fueron percibidas como una puesta en práctica de las enseñanzas de PERON”.

[11] Sectores que pasaron abruptamente del híper-menemismo al híper kirchnerismo.

[12] Estos errores en materia de regulaciones no se verificaron en el sector eléctrico, en donde el gobierno contó con expertos de alto nivel.

[13] El análisis más completo y lúcido de este período es, a mi juicio, el que hace Marcos NOVARO en su libro “Argentina en el fin de siglo”, Editorial Paidós, Buenos aires – 2009.
[14] Dificultades que agravó la vacilante gestión del Gobierno de la Alianza UCR/FREPASO. El Presidente DE LA RUA no pudo convencer a sus aliados del progresismo peronista ni a la UCR de la necesidad de adoptar las medidas que eran consistentes con la convertibilidad o con su suave reformulación.
[15] José ORTEGA y GASSET llamaba a los españoles a luchar menos por la conquista del poder y mas por un proyecto ilusionante de vida en común que pusiera de pié a España.

[16] ZAKARIA, F. página 14. También puede consultarse a Guillermo de la DEHESA “Globalización, desigualdad y pobreza”, Alianza Editorial, Madrid – 2003.
[17] ZAKARIA, F. página 86.

[18] ALBERDI, J. B., página 295.

[19] He abordado este tema en un libro aún inédito: “La decadencia institucional 2001/2009 – Apuntes para la reforma política argentina”. Sobre la implantación de la forma parlamentaria de gobierno en la Argentina, sugiero consultar las ideas que Fernando A. LARÍA expone en su libro “El sistema parlamentario Europeo” (2009).

[20] He tomado la formulación de este punto de los trabajos preliminares que Rodolfo TERRAGNO publica en su Web.

[21] WOLIN, Sheldon “Democracia SA – La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido”, Editorial KATZ, España – 2008.

[22] Dice el Presidente ZAPATERO: “Aspiramos a renovar un modelo económico que ha de ser sostenible en tres dimensiones clave: a) sostenible económicamente a medio y largo plazo: que esté basado en la economía del conocimiento y la innovación, que contribuya a hacer más competitiva nuestra economía, que nos permita enfrentarnos con éxito al fenómeno de la globalización; b) sostenible socialmente: que favorezca el empleo estable, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que nos ayude a encarar con garantías el reto del envejecimiento de nuestra población; y c) sostenible medioambientalmente: bajo en emisiones, para conjurar las amenazas planteadas por el cambio climático y en una permanente tarea de ahorro energético. Para desarrollar este modelo debemos hacer tres cosas: Primera, crear un entorno que estimule una actividad económica de alto valor añadido, de más productividad y dinamismo. Segunda, reconducir la actividad y el volumen exagerado de nuestro sector inmobiliario. Y, tercera, identificar y potenciar sectores con suficiente capacidad de generación de riqueza y de empleo, sectores que se hayan mantenido fuertes incluso durante la crisis” (Discurso de 12 de mayo de 2009 en el Debate sobre el estado de la Nación).

[23] Discurso citado.
[24] Conviene advertir contra el mal uso que mucho, en nuestro país, hacen del término “política de Estado”, presentando como tal a toda decisión política que adopta una mayoría circunstancial sobre un asunto relevante. Se colocan así a contramano del lenguaje político democrático que introdujo el término “política de Estado” para denominar a determinadas decisiones que se adoptan con la libre participación de las minorías (al menos de las mas representativas) que expresan a los distintos segmentos que conforman una sociedad pluralista.

[25] “Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable”.

[26] ALBERDI, Juan B., página 238.

[27] Al estilo de los impuestos especiales a los “superbeneficios” creados en algunos países nórdicos.

[28] Adviértase que esta formulación tiene muy pocos puntos de contacto con una propuesta que, bajo el mismo epígrafe, viene motorizando el señor Gobernador de Salta.

[29] “En el extremo superior izquierdo de la curva se empieza con la idea y el diseño industrial de alto nivel: qué apariencia tendrá el producto y cómo funcionara. Mas abajo en la curva llega el plan de ingeniería detallado. En la base de la U está la fabricación, el ensamblaje y el transporte. Después, ascendiendo por la derecha de la cura, están la distribución, la mercadotecnia, las ventas al por menos, los contratos de servicios y las ventas de piezas y accesorios” (F. ZAKARÏA, página 167)
[30] Mientras que en materia de salud pública es posible constatar ciertos avances relativos, la crisis múltiple que lastra el sistema de las obras sociales sindicales no encuentra solución pese a su agravamiento.

[31] La reciente encuesta oficial sobre calidad educativa (2007) no hace sino confirmar las falacias alrededor de las cuales se mueven (y no desde ahora) el mundo de la educación pública y sus actores principales: gobernantes, sindicatos, docentes, directivos y expertos.

[32] Nuestros rudimentarios servicios sociales no están preparados para hacer frente a nuevos problemas como la drogadicción, la delincuencia juvenil, la violencia familiar, la exclusión social hereditaria, los desarreglos sexuales, la paternidad irresponsable, o los desvíos que conlleva la miseria.

[33] Cualquiera que viva en los pueblos del interior salteño podría dar testimonio de que en estos asuntos reinan la negligencia, el ausentismo municipal y, en muchos casos, la ley de la selva).
[34] A los efectos que aquí interesan (el ordenamiento labora como obstáculo o incentivo a la producción y a las migraciones), la crítica puede trasladarse al vigente Régimen Nacional de Trabajo Agrario (Ley 22.248).

CONTENIDO

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