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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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30 nov. 2009

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE

por Diana Ferraro

Durante dos años discutimos en un foro online el devenir del Partido Justicialista, tironeado por sus variables izquierdistas, ortodoxas y liberales. Hay un muy nítido conjunto de dirigentes, intelectuales, cuadros y militantes que se sienten identificados con un peronismo liberal, casi tantos como aquellos que ya no pueden imaginarse dentro de un liberalismo que no sea, además, peronista.

La figura política de un peronismo liberal o de un liberalismo peronista inquieta. La experiencia inconclusa y abortada de los años 90 parece haber quedado a la espera de una respuesta teórica, por una parte, y de la conformación de una línea política lo suficientemente fuerte y bien definida como para hacer rever a los argentinos votantes algunos viejos prejuicios.

No se nos ocurre que la Argentina tenga un destino posible que no sea peronista y liberal a la vez. Hasta su propia historia de desencuentros parece llevar hacia ese único desenlace feliz. No serán ni la izquierda populista, ni el montonerismo, ni siquiera el radicalismo aggiornado, los capaces de dar en el clavo histórico adecuado: esa vieja disputa por cómo se conforma una elite.

Publicaremos todos los materiales que contribuyan a enriquecer este punto de vista. Se ruega dirigirlos a: peronismolibre@gmail.com

¡Gracias a todos!

Nota: La foto de Peronismo Libre muestra una imagen de Tierra del Fuego, con la tierra, el agua, el aire y el fuego del nombre. Más allá de la Patagonia, la Argentina continúa y termina, para volver a empezar.

EL EJE BUENOS AIRES-WASHINGTON

por Diana Ferraro
(publicado en http://dianaferraro.blogspot.com/ Ago 13, 2009)


En estos días, el locuaz comandante venezolano que preside los destinos de su país y que ha tomado para sí la tarea de crear una isla sudamericana en el continente americano, declaró que el eje Caracas-Buenos Aires resulta esencial para el éxito de su proyecto. El Comandante Chávez tiene muchísima razón: si la Argentina no se prestase a obedecerle y a comprometerse junto a los presidentes de los otros países americanos que acompañan al comandante, su proyecto sería imposible de concretar, aún contando con el permisivo Brasil, siempre atento a lo que, a la larga, no puede sino favorecerlo entregándole el total del continente como una fruta madura. Por eso, la posición argentina es determinante y exige una completa revisión de la política continental, que alerte además a la población acerca de cuál es el mejor interés argentino.

Lejos están los años 90, durante los cuales se estableció una duradera alianza entre los Estados Unidos y la Argentina, que permitió a ésta emerger nuevamente como el país líder de las reformas modernistas y globalizadoras y retomar el rol que en los años 40 y 50 la habían puesto en la avanzada de las reformas sociales, con la creación de una amplísima y extendida, saludable y educada clase media, en un volumen y nivel sólo comparable a la de los Estados Unidos y Canadá. La alianza entre los dos países dominadores de los extremos continentales se quebró en 2001, por motivos geopolíticos (el desplazamiento de la atención estadounidense al terrorismo y a Medio Oriente post atentados del 11 de septiembre) y financieros (la renuencia de determinados factores de poder en la Argentina a completar la necesaria reforma federal y fiscal- tema aún pendiente y agravado post sucesos fin 2001). Desde entonces y hasta la actualidad bajo el gobierno de ambos Kirchner, se ha alimentado el prejuicio de que los males de la Argentina tienen su raíz en los mismos años que le permitieron la prosperidad y un esplendor continental, que ahora se juzgan como falsos o se niegan como inexistentes, y, sobre todo, en la imitación especular de los Estados Unidos, tanto en su sistema económico como en sus posiciones de política internacional. En verdad, la imitación sólo ha resultado nociva en tanto no fue completada y es ese proceso trunco el motivo real de la actual inviabilidad argentina. Un reconocimiento de esta realidad separara de modo automático las dos problemáticas que se suele unir interesadamente para acentuar el supuesto rol maléfico de los Estados Unidos y permite así discutir por separado la política exterior de la Argentina.

Como parte del dispositivo colonial informal del imperio británico durante el siglo diecinueve y comienzos del siglo veinte, la Argentina conoció los beneficios de formar parte de un dispositivo global. Su increíble enriquecimiento y despliegue como potencia productora de alimentos sentó las bases de un posicionamiento e influencia a nivel planetario. Esa misma tradición sirve hoy en lo que hace al lugar de la Argentina en la nueva economía planetaria y su rol de productora de soja para China y otras potencias asiáticas, constituye el mejor ejemplo. En el continente americano, su rol posterior fue muy diferente: además de conductora y ejemplo político de las reformas, la Argentina acumuló una vasta experiencia como exportadora de bienes culturales a toda Hispanoamérica, atendiendo así un mercado que los Estados Unidos recién en los últimos años están comenzando a descubrir, tras las huellas de México, su socio en el NAFTA. Triunfadora sobre un Brasil lusoparlante, la Argentina tiene aún, en este tipo de industrias y en su influencia cultural hispánica, la llave de liderazgo continental, esa que con mucha picardía hoy usa el Comandante Chávez, a instancia del otro maestro de la manipulación continental por las vías oscuras, Fidel Castro. Esta es la llave que la Argentina debe recuperar, este es el rol que histórica y geopolíticamente le toca jugar y el socio adecuado para hacerse de la llave y cumplir el rol, no es otro que los Estados Unidos. No es Brasil, no es Venezuela, ni es, mucho menos, Cuba. Es difícil para la Argentina volver a su posición correcta internacional cuando la mayoría de la prejuiciosa y políticamente inculta población dice detestar a quien mejor nos puede ayudar y se deshace en loas a quienes conviene que renunciemos a ocupar nuestro lugar. De la fatal ignorancia de los Kirchner, mejor no hablar: su pobrísima visión del mundo ha hundido a la Argentina en lo económico y, en estos días de crisis continental, amenaza con hundirla también en el barro de una guerra impropia.

Es lamentable que no se discutan las alianzas militares de forma abierta, ya que esto es lo que está por debajo de las famosas bases -o no bases- norteamericanas en Colombia y quiénes están o van a estar juntos y a favor de qué, ya no en América del Sur sino en el total del continente. Colombia es la próxima pieza del dispositivo continental quebrado con el fracaso del ALCA (en Argentina, Mar del Plata 2005, con Kirchner en contra de Bush y a favor de Chávez). Ya está desde hace mucho tiempo en funciones el NAFTA, desde hace muy poco está en su sitio el CAFTA y ahora es el inevitable turno de América de Sur: ¿un SAFTA que se inicia “de prepo” en Colombia? Se usa un lenguaje militar para subrayar lo que dejó de ser un lenguaje comercial y político a partir de la beligerancia de Chávez y de sus compromisos militares con Irán y Rusia que comprometen a todo el continente, y ¡sí! ¡a la Argentina también!

Para la Argentina, el reestablecimiento de un informal eje Buenos Aires- Washington por parte de la oposición peronista-liberal, que subraye la oposición al eje de los Kirchner , Caracas-Buenos Aires, no hará sino tender la red de salvación necesaria que impida que la Argentina se estrelle al caer con unos Kirchner que irán en picada hasta el último subsuelo. También ayudará a los Estados Unidos, siempre ligeramente fuera de registro con la sensibilidad latinoamericana. Finalmente, el nuevo eje dará a los argentinos la posibilidad de enrolarse civilmente en la defensa de la más sensata de las posiciones y de reflexionar sobre algunos prejuicios que, en tiempos de guerra, sólo funcionan como ataques a la propia integridad.

LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA

por Víctor E. Lapegna
(publicado en el Foro Partido Justicialista Sept 15, 2009)

Tres hechos concretados en la primera semana de agosto por la Iglesia Católica instalaron la cuestión de la pobreza en la agenda pública nacional con una intensidad que no tenía antes en los medios de comunicación o en los discursos de políticos oficialistas y opositores.

El primer hecho se produjo el martes 4 de agosto, con la presentación pública del Barómetro del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). El jueves 6 se difundió un telegrama de Benedicto XVI en respaldo a la colecta Más por Menos, en el que el Papa denunciaba el escándalo de la pobreza en nuestro país. La tercera referencia eclesial al drama de la pobreza estuvo en la homilía pronunciada por el cardenal Jorge Bergoglio el viernes 7, en la misa dada en el santuario de San Cayetano.

La cuestión, además de la importancia que tiene en sí misma, abre un debate acerca de la realidad general de la Argentina al que queremos hacer un aporte antes que, como es posible y hasta probable, el vértigo informativo y la intencionalidad de algunos actores hagan que el tema deje de recibir la atención que suscita hoy.

¿Cuál es el Escándalo de la Pobreza en la Argentina?

Asumiendo que la cantidad de personas pobres e indigentes que hay hoy en la Argentina es de por sí un escándalo, vale preguntarse en que consiste ese escándalo.

Una respuesta extendida en la sociedad, en el gobierno, en la oposición e incluso ad intra la propia Iglesia católica es que el escándalo consiste en que, siendo el nuestro un país rico, haya semejante cantidad de pobres (Vgr.: “¿Cómo es posible que haya tantos indigentes en un país que da de comer a 300 millones de personas?”).

Esa es la tesis de la presidente de la Nación en cuanto dijo que "(…) en Argentina hay pobres, pero el problema no es la pobreza, el problema es la inequidad social y la distribución del ingreso", a lo que agregó que "no es casualidad ver que en Canadá, Suecia, Noruega, la brecha entre ricos y pobres es más chica. Y ahí está la verdadera raíz y la verdadera fábrica de pobres, en la inequidad social".

Si esta explicación diera cuenta de toda la realidad y el drama de la pobreza en la Argentina sólo fuese resultado de una distribución injusta de riquezas ya existentes, sería posible terminar con esa inaceptable situación de indignidad con medidas que repartieran mejor las riquezas que ya hay, tales como el otorgamiento del ingreso universal por niño, el remozado programa “Manos a la Obra” que relanzó la presidente u otras medidas distributivas similares.

Otra mirada posible es considerar que el escándalo consiste en que la Argentina, que tiene amplias condiciones para ser un país rico, se convirtió en un país pobre y el aumento a grados inaceptables de la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia es consecuencia de ese empobrecimiento general del país, cuya riqueza disponible es cada vez menor, además de distribuirse de un modo cada vez más injusto.

Si lo antedicho fuese cierto, sin mengua de la necesidad de adoptar medidas de coyuntura que alivien los efectos inmediatos más graves de esta cuestión social (como el ingreso universal por niño o el plan relanzado por la presidente), el camino que lleva a poner fin en forma efectiva con el escándalo de la pobreza estructural pasa por restaurar un círculo virtuoso de creación sustentable de riqueza por medios que, por sí mismos, contribuyan a una mayor y mejor justicia social.

En otros términos, se trataría de establecer una matriz productiva que lleve a aumentar el valor del capital físico, del capital financiero y sobre todo del capital humano mediante una mayor productividad del trabajo de todos, en la que el apotegma que proponía que “cada argentino produzca algo más que lo que consume” sea un deber que todos podamos cumplir.

El Empobrecimiento de la Argentina

Decir que la Argentina se empobreció parece contradictorio con el hecho cierto de que el Producto Bruto Interno (PBI) argentino viene creciendo a altas tasas en forma constante desde el 2002, pero la contradicción se resuelve al analizar los tres pilares principales en los que se apoyó el crecimiento económico alcanzado en el último sexenio.

a) En estos años la Argentina percibió cuantiosos ingresos por la venta al mundo de nuestros principales bienes transables (exportables) entre los que destacan la soja y sus derivados, cuya producción y productividad crecieron mucho merced a las condiciones naturales de nuestro territorio, las inversiones y la alta eficiencia de los productores argentinos, la masiva utilización de semillas de soja transgénica y glifosato, la siembra directa, buenas técnicas de producción y comercio y el tipo de cambio favorable a las exportaciones que estableció la devaluación, en un período en el que la gran demanda de los mercados del Asia Pacífico (en especial de China) hizo que los precios de esos bienes tuvieran niveles extraordinariamente altos.

b) Un segundo pilar fue el uso pleno de la capacidad productiva instalada ociosa - que se había expandido y actualizado con inversiones concretadas en la década de 1990 y no llegaba a ser aprovechada en plenitud desde la crisis del 2001 – lo que no se requirió de inversiones significativas en mejoras de maquinarias y equipos para aumentar la productividad y la competitividad y así atender el aumento de la demanda agregada derivada de los ingresos de exportaciones de commodities agropecuarias y también energéticas y mineras.

c) Una tercera fuente del crecimiento del PBI fue la construcción de viviendas y la realización de obras públicas, en gran medida de baja eficiencia, que no superaron las deficiencias de infraestructura que tiene nuestro país.

En términos de incremento de cantidad, calidad y valor de los núcleos estructurales del capital físico (agua corriente, cloacas, rutas y caminos, producción y distribución energética, sistemas de transportes y comunicaciones, equipamiento de máquinas y herramientas, etc.) de nuestra economía, el efecto de esos pilares del crecimiento argentino en el último sexenio fue muy inferior a las tasas de aumento del PBI en el período.

En parte eso fue así por la naturaleza extractiva de la matriz principal de creación de riqueza que fue la producción de granos (en especial de soja), una de cuyas características es que sus altos niveles de productividad, competitividad y eficiencia fueron logrados merced a grandes saltos tecnológicos (semillas transgénicas, siembra directa, etc.) que se habían concretado antes del último sexenio, con lo que el aumento del capital físico derivado de esa actividad extractiva estuvo concentrado, casi exclusivamente, en la renovación del parque de maquinaria agrícola.

En cuanto al aprovechamiento de la capacidad instalada ociosa, por definición no supuso un incremento del capital físico ya que consistió en el uso pleno de un capital físico preexistente.

Finalmente, la construcción de viviendas no supuso un enriquecimiento significativo del capital físico y las obras públicas concretadas, por su ineficiencia y foacalización, apenas si movieron el amperímetro en este plano.

En cuanto al capital financiero, vale recordar que sus fuentes pueden ser el ahorro interno y la inversión externa. Aunque la economía argentina tiene una alta capacidad de acumulación de ahorro interno, hace ya décadas que cientos de miles de millones de dólares de ahorros argentinos están invertidos fuera de nuestro país y esa tendencia se acentuó en los últimos años. Puede decirse, en consecuencia, que la acumulación de capital financiero en la Argentina a partir del ahorro interno fue casi por completo virtual, dado que esos recursos no permanecen en nuestra economía ni se destinan a incrementar la producción de bienes y servicios. En cuanto a la inversión externa directa, que fue muy alta en la década de 1990, a partir del 2001 se mantuvo en niveles pobrísimos. Por tanto, a pesar del aumento del PBI, la Argentina se empobreció en su capital financiero en tanto soporte de la economía real, según lo muestra la evolución del crédito destinado a solventar la producción, medido en términos de porcentaje del PBI.

Tal vez la faceta más grave del proceso es el empobrecimiento que registró en los últimos años nuestro capital humano, considerando el deterioro en cantidad y calidad que registró la organización de la comunidad nacional, sea en lo que hace a la organización del Estado y el gobierno, de las empresas, de los sindicatos de trabajadores, de las representaciones territoriales o de los usuarios y consumidores, para mencionar las principales formas organizativas de ese capital humano.

Ese deterioro de la calidad y cantidad de las organizaciones que expresan el valor del capital humano argentino es especialmente grave en la actual etapa de la evolución, signada por el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento y de la sociedad de las naciones a la globalización.

Sucede que en esta fase de la historia en la que ingresó todo el mundo, como lo señaló Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus, el factor productivo decisivo pasó a ser la capacidad de conocimiento y de resultas de ello el nivel de productividad del trabajo humano (la capacidad de producción de cada unidad de trabajo en una unidad de tiempo) es cada vez más el elemento decisivo en la creación de riqueza sustentable.

Un ejemplo ilustrativo de esa nueva realidad lo brinda el amigable clima de trabajo y los niveles salariales que existen en empresas como Microsoft, entorno que podría atribuirse a la bondad del carácter de Bill Gates para tratar a sus empleados, pero parece más plausible suponer que de ese modo la empresa informática busca estimular el espíritu de creatividad e innovación de quienes trabajan en ella, dado que la calidad que despliegue su capital humano es la principal condición necesaria para que siga siendo la corporación más grande del mundo.

A propósito de ello, el hecho que General Motors esté hoy casi en situación de quiebra habiendo sido por muchos años la más grande empresa del mundo y que Microsoft haya pasado a ocupar ese sitial, da la razón a Juan Pablo II en tanto muestra de la creciente importancia del capital humano sobre el capital físico e incluso el capital financiero, como factor productivo decisivo.


Resulta así que la caída en la calidad y cantidad de la organización comunitaria en todos los ámbitos de la sociedad argentina registrada en los últimos años, da cuenta del proceso de empobrecimiento que se registró en el valor de nuestro capital humano.

Como hemos visto, los aumentos del PBI en el último sexenio no evitaron un empobrecimiento del capital físico, el capital financiero y el capital humano de la Argentina y es por eso que, usando una expresión tópica pero que tiene la virtud de la brevedad para describir la situación, podría decirse que en los últimos años la economía argentina tuvo mucho crecimiento, pero poco desarrollo.

En otros términos, el crecimiento de la economía argentina en los últimos años fue más similar al de los países productores y exportadores de petróleo (vgr. Nigeria, Irak, Venezuela o Arabia Saudita, por sólo mencionar algunos casos) que al de las economías del Asia – Pacífico, de Irlanda o de Nueva Zelanda.

Los efectos sociales de ese modelo de fuerte crecimiento y débil desarrollo fueron mayor pobreza e inequidad social debido, entre otras razones, a que en lo esencial la creación de riqueza no estuvo determinada por el aumento de la productividad del trabajo humano, usado en plenitud.

De ahí que, si se consideran las posibilidades reales que tiene en nuestro país en términos de acumulación de capital físico, financiero y humano; el empobrecimiento que se dio en los tres ámbitos es un verdadero escándalo que explica, aunque de ningún modo justifica, la magnitud a la que llegó la cantidad de personas situadas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia.

Los Números de la Pobreza

Debería ser obvio que, contra lo que parece creer la señora presidente de la Nación, tener cierto grado de precisión en cuanto a la cantidad de personas que en la Argentina de hoy están situadas en la pobreza y la indigencia no es un mero ejercicio académico de la estadística y no debe ser un perverso mecanismo por el que el padecimiento de personas reales, con nombre, apellido, historia y rostro se torne en la acumulación de números fríos.

Sucede que contar con datos cuantitativos ciertos acerca de la pobreza es indispensable para definir políticas, programas y acciones reales y eficaces de abordaje del problema.

Dado que los indicadores elaborados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) han dejado de ser creíbles para todos los que no sean directivos de ese organismo o altos funcionarios del actual gobierno nacional, se impone apelar a otras fuentes para aproximarse a un conocimiento adecuado de la magnitud que tiene el problema social tratado.

Para ello acudimos a una investigación del Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) que dirige el economista y diputado nacional Claudio Lozano (a quien nadie podría considerar conservador), un trabajo realizado por la consultora Equis que lidera el sociólogo Artemio López (de confesas simpatías hacia el actual gobierno) y a la reciente edición del Barómetro de la Deuda Social que elabora la Universidad Católica Argentina (UCA).

La investigación del Instituto de Estudios y Formación de la CTA dirigida por Lozano ponderó un conjunto de indicadores económicos y sociales para establecer una comparación entre la situación social argentina en el año 2008 respecto de la que existía diez años antes, en 1998 y las conclusiones principales que arroja el trabajo son las siguientes, siempre en referencia a la década 1998 / 2008.

° El Producto Bruto Interno (PBI) medido a precios constantes de 1993 creció un 32,9% y la tasa de empleo aumentó un 13,9%.

° El ingreso medio real de trabajadores ocupados (ingreso nominal corregido por la evolución del Índice de Precios al Consumidor) disminuyó un 24%, lo que representa una brutal caída en la calidad de vida de las familiar trabajadoras ya que en la década se redujo casi en una cuarta parte la capacidad de compra del salario.


° La brecha en el nivel de ingresos entre el primero y el décimo decil (los que ganan más y los que ganan menos) de la población aumentó un 26%, lo que significa que en esta década se acentuó fuertemente la desigualdad en la distribución del ingreso.

° La participación del salario en el PBI se redujo un 11,7%, un dato que acentúa y confirma la injusticia social, habida cuenta que en la concepción peronista los salarios deben estar cerca del 50 por ciento del PBI y hoy no llegan al 30 por ciento.

° La tasa de pobreza creció un 19,7%, lo que indica que casi una quinta parte de la población cayó en la pobreza en la última década, esto es que más de 2,78 millones de compatriotas vieron reducidos sus ingresos por debajo del nivel de pobreza.

°La tasa de indigencia se incrementó un 114%, dato brutal en su magnitud y en su significado ya que, vale recordarlo, las personas indigentes son aquellas cuyo ingreso no les permite comprar la canasta básica de alimentos y la mayor parte de esos 4.839.584 compatriotas están sumidos en condiciones de vida degradantes, despojados de los básicos niveles de dignidad que son propios de la condición humana.


Por su parte, según la consultora Equis de Artemio López, por la inequitativa distribución del ingreso y la fragmentación e informalidad del mercado de trabajo, el 30,8% de la población es pobre por vivir en hogares donde los ingresos no alcanzan para comprar la canasta básica de bienes y servicios y de ese total, el 10,4% de la población - 4,1 millones de personas - son indigentes que ni siquiera pueden costear la compra de una canasta básica de alimentos.

Las cifras duplican última medición del INDEC que para la segunda mitad de 2008, registró un 15,3% de pobres de los cuales el 4,4% sería indigente.

Uno de los factores que explican estas diferencias es que, con la misma canasta de consumo, para el INDEC la línea de pobreza de una familia tipo (matrimonio y 2 hijos) ronda los $ 1.000, mientras que para Equis es de $ 1.500, lo que se debe a la distinta valuación de los precios.

El informe de Equis destaca que en el segundo cordón del conurbano bonaerense, que comprende 13 partidos del GBA (entre otros, Berazategui, Florencio Varela, Ezeiza, Merlo, José C. Paz y Malvinas Argentinas) la pobreza trepa al 45,1%, y la indigencia al 18%. Al mismo tiempo como los hogares pobres e indigentes tienen más chicos, entre los menores de 15 años la pobreza en esos distritos salta al 54,7%.

A partir de aquí transcribimos párrafos de un artículo publicado por Artemio López, en la que el director de la consultora Equis brinda su explicación sobre las causas del aumento de la pobreza.


“Al responder a la pregunta de por qué hay pobres en nuestro país, tras la aceleración de precios observada desde el primer trimestre de 2007, en especial su impacto en el rubro de alimentos y bebidas, especialistas ligados al discurso económico neoliberal y otros supuestamente heterodoxos, advierten sobre la fábrica de pobres que resulta la inflación actual. Pero ésta es apenas una menos que media verdad, o sea una gran farsa”.


“Aún aceptando que la pobreza pasó del 27% en el segundo semestre de 2006, cuando el INDEC era confiable, al 30% en el primer semestre de 2009, según distintas consultoras privadas, la sentencia correcta debiera ser: sólo el 10% de la pobreza actual en Argentina es producto de “la inflación”, en particular de alimentos, acontecida a partir de 2007”.


“Contrario sensu, el 90% de la pobreza obedece a causas no inflacionarias, relacionadas con la estructura distributiva y el mercado de trabajo que aún tras un lustro de crecimiento del PBI a tasas chinas, mantiene 40 puntos de informalidad – 45% considerando a los cuenta propia precarios– con salarios informales promedio de $ 800 y aún salarios formales privados de subsistencia extrema”.


“A tal punto es la carencia en el sector privado que, según la información oficial, para el 20% del universo formal privado, 1,2 millón de trabajadores, los salarios apenas superan los $ 1.500 mensuales, esto es, el equivalente al valor de la línea de pobreza para un hogar tipo metropolitano. En el mercado de trabajo formal privado el 20% de la cúpula se apropia del 50% de la masa salarial y el 20% de la base apenas el 10%. Analizando ingresos por hogar, el 20% de la cima de los perceptores de ingresos recibe el 52% del total, mientras el 20% de la base apenas del 4%”.


“Estas son las causas centrales de la pobreza nacional: un sistema de distribución del ingreso de inequidad creciente y la estructura del mercado de trabajo que reintroduce asimetrías vía empleo informal o concentración en la cúpula de los trabajadores formales privados de la mitad de la masa salarial”.
Finalmente, el Barómetro de la Deuda Social de la UCA en su última edición presenta un diagnóstico diferenciado, tanto del que elaboró el Instituto de la CTA que dirige Lozano cuanto el de la consultora Equis de Artemio López.


Una cualidad que destaca a este informe es que mide la situación social con una mirada más amplia que la evolución del monto de los ingresos que perciben las personas y los hogares ya que, como se puntualiza en el mismo informe, “reducir las privaciones a las condiciones económicas obstaculiza un conocimiento más integral del desarrollo humano y, en consecuencia, un reconocimiento más amplio de los derechos exigidos”.

Así es que el Barómetro estudia lo que denomina el “Espacio de las condiciones materiales de vida” que abarca “hábitat, salud y subsistencia”, “acceso a recursos públicos” y “trabajo y autonomía económica” y lo que llama “Espacio de las condiciones de integración social”, que incluye “capacidades psicológicas”, “tiempo libre y vida social” y “confianza política”.

Aunque el detallado informe resulta muy ilustrativo acerca de las condiciones de ¿vida? que deben soportar los sectores sociales más humildes en la Argentina de hoy, en homenaje a la brevedad remitimos a quienes estén interesados a conocer el informe con más detalle a consultar la página web de la UCA.

Sí diremos que el Boletín del Barómetro que analiza la situación social en la coyuntura da cuenta de que en año 2008 los hogares a lo que no les alcanzaba el dinero que reunían para afrontar los gastos del hogar llegaban al 37% del total y en el 2009 aumentaron al 44% lo que significa un severo agravamiento del nivel de pobreza.

Más allá de las divergencias entre las cifras y las consideraciones de las tres fuentes aquí reproducidas, todas ellas son contestes en marcar que la cantidad de pobres e indigentes en la Argentina de hoy es superior al que reconocen las estadísticas oficiales y constituyen un desafío prioritario que reclama respuestas inmediatas para atender la emergencia y simultáneas líneas de acción estratégica que hagan de la Argentina un país rico con justicia social, para así atacar la pobreza estructural.

Con una imagen brutal pero gráfica, podría decirse que, dada la magnitud que alcanzó la pobreza, la Argentina de hoy se parece a una persona enferma de cáncer a la que se le deben proporcionar en forma inmediata los analgésicos que alivien sus dolores, pero también se debe comenzar un tratamiento que busque curar la enfermedad que causa esos dolores.

Como ir Aliviando los Dolores de la Pobreza


Entre las medidas de emergencia que pueden adoptarse para lograr un alivio coyuntural de la gravedad de la pobreza e indigencia podemos mencionar las siguiente:

°Asignación universal por niño.

°Reducción del IVA a los productos de la canasta alimentaria básica.

°Resolver que la mayor parte de los fondos públicos consolidados destinados a fines sociales (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.), hasta ahora se asignados a los oferentes de tales servicios (empresas constructoras, prestadores de servicios educativos y de salud, laboratorios medicinales, proveedores de alimentos, etc.) se distribuyan en forma directa entre las familias en situación de pobreza e indigencia, que son la demanda prioritaria, estableciendo procedimientos que hagan que tales fondos se apliquen a los fines destinados (vivienda, educación, salud, medicamentos, programas alimentarios, etc.) y no a otros. De ese modo se dará poder de decisión a las familias para el uso de esos recursos que en derecho les pertenecen y se terminará con la corrupción y los vicios clientelistas que se registran hoy.

Cómo Restaurar la Riqueza con Justicia Social


Una de las respuestas para terminar con la reproducción estructural de una pobreza y miseria crecientes, es diseñar y poner en marcha una revolución demográfica que termine con la monstruosa macroencefalia que llevó a que más del 30% de la población argentina resida en una superficie que es apenas el 3 % de los casi 3 millones de km2 que tiene nuestro territorio.


Dos frases programáticas del general Perón: “Cada argentino debe producir, al menos, lo que consume” y “La tierra debe ser para el que la trabaja” y un anhelo de Evita que compartimos (“Queremos hacer de la Argentina una nación de propietarios y no de proletarios”) podrían ser el marco de esa revolución demográfica.


La propuesta es crear nuevos centros poblacionales a partir de la entrega en propiedad parcelas de tierra en el interior del país, sobre todo a las familias pobres e indigentes que residen en el conurbano bonaerense y en los cordones periurbanos de Rosario, Córdoba, Mendoza, San Miguel de Tucumán, etc.


Esas parcelas deberán tener una adecuada superficie para la producción mixta de frutas, hortalizas, verduras y cría de animales, con espacios amplios de propiedad común, en parte destinadas a instalaciones para el procesamiento e industrialización de los bienes producidos y la elaboración de comidas que, debidamente conservadas, puedan ser vendidas en los mercados internos y externos y en parte destinados a diversos servicios comunitarios (escuela, iglesia, centro de reuniones, centro de deportes, etc.).


Para hacer posible esta epopeya es preciso que cada uno de esos centros productivos urbano – rurales tengan los servicios y recursos que hacen a la calidad de vida propios de este tiempo que, además del gas, la electricidad y otros insumos similares, implica contar con redes de información y comunicaciones, establecimientos educativos, centros de salud y vías de transporte que permitan que los productos accedan a los centros de consumo.


Otra de las vías para mejorar la calidad de vida popular y en especial de las personas pobres e indigentes es que el Estado en todos sus niveles – nacional, provincial y municipal – cumpla su misión esencial de asegurar a la comunidad el acceso a servicios adecuados de seguridad, salud, educación, administración de justicia, transporte, comunicaciones, vivienda, calidad ambiental, defensa nacional, economía y relaciones con el mundo, por mencionar los principales, cuya calidad en la Argentina, desde hace mucho tiempo y en términos generales, es una porquería.


En el caso de los servicios de administración de justicia, una necesidad y una carencia dramática para los sectores más humildes de nuestra comunidad, para mejorar su calidad y transparencia proponemos democratizar la estructura oligárquica y corporativa del Poder Judicial a través de la generalización del sistema de juicio por jurados establecido en la Constitución de 1853 por la sabia visión de Juan Bautista Alberdi y la designación de jueces, fiscales y otros integrantes de la magistratura mediante el voto popular directo.
Para lograr una mejor calidad en los servicios de seguridad, a la iniciativa anterior agregamos la propuesta de descentralizar los cuerpos policiales a escala municipal con la obligatoriedad para su personal de residir en el ámbito territorial de revista y la elección por voto popular directo de los jefes de cada unidad, complementando esos servicios con estructuras policiales centralizadas de alta profesionalidad para la prevención, control y represión de delitos complejos y del crimen organizado.


Para ampliar la representatividad de nuestro sistema democrático se deben reglamentar y poner en práctica institutos de democracia semidirecta consagrados en la reforma constitucional de 1994, ampliar los canales de representación y participación efectiva de las organizaciones libres del pueblo en los sistemas públicos de toma de decisiones y avanzar hacia nuevas organizaciones libres del pueblo, por ejemplo asociaciones de consumidores y de usuarios de servicios públicos.


Por último, pero no por eso menos importante, debe ser puesto en acción el principio de subsidiariedad en el que se basa el régimen federal, transfiriendo misiones y recursos que hoy maneja la Nación a las Provincias y a los Municipios y concretando una reforma impositiva que haga efectivo el federalismo fiscal.


A nuestro juicio, la dialéctica de confrontación entre Estado y mercado es tan negativa y falaz como la que sólo pone el centro en el colectivo o en el individuo.
En tanto justicialistas, el centro superados de esos antagonismo falaces lo situamos en el pueblo y la alternativa en avanzar hacia la comunidad organizada, buscando encauzar y movilizar las energías vivas y responsables de los sujetos reales que son las personas, las familias, las empresas, los sindicatos, las organizaciones libres del pueblo, promoviendo su activa y creciente participación en el sistema de toma de decisiones para pasar de la actual democracia formal hacia una democracia social, orgánica y directa.

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

por Víctor Eduardo Lapegna
(publicado en el Foro Partido Justicialista Nov 11, 2009)



La reforma electoral propuesta por el gobierno - además de las críticas que recibió por la eventual exclusión de partidos menores, la obligatoriedad del voto de ciudadanos no afiliados en elecciones internas partidarias, las restricciones al uso de fondos privados en la campaña electoral y el escaso período de veda a la publicidad de actos de gobierno que puede facilitar la propaganda electoral del oficialismo – queda renga en tanto no modifica la disfuncionalidad y el manejo oligárquico que rige hoy en los partidos políticos.

Una omisión grave dado que el régimen democrático no se consolidará en la Argentina sin partidos políticos de existencia funcional y efectiva, que cuenten con un grado de adhesión y participación popular libre, voluntaria y activa; en los que exista un clima de libertad y estímulo para el debate de ideas diferentes y que definan sus políticas y programas y elijan sus dirigentes y candidatos por el voto directo de, al menos, sus afiliados, en elecciones periódicas, limpias y transparentes.


La vigencia de unos partidos que funcionen con esas cualidades es una condición necesaria, aunque no suficiente, para establecer una democracia política efectiva y sustentable que, conforme los postulados del Justicialismo, además sea social, orgánica y directa.

El PJ y la Etapa Orgánica del Peronismo

No es menos cierto que los peronistas estamos en deuda con Juan Domingo Perón y con nuestro pueblo y nuestra patria por no haber podido, no haber sabido o no haber querido (valga aquí el uso de esas tres alternativas que solía incluir en sus discursos Raúl Alfonsín) hacer lo necesario para que nuestro Movimiento pasara de la etapa gregaria a la etapa orgánica, un tránsito por el que nuestro General bregó hasta el fin de sus días en este mundo.

Cumplir esa tarea pendiente requiere de los peronistas que seamos capaces de asumir que, en la realidad actual, democratizar y organizar debidamente al Partido Justicialista (PJ) equivale a organizar al Movimiento, entendiendo que el PJ puede y debe ser mucho más que un mero instrumento para librar batallas electorales.

El PJ puede y debe ser también el núcleo desde el cual avanzar en la construcción de la comunidad organizada, que promueva y participe en las diversas organizaciones libres del pueblo, para fortalecer y mejorar el funcionamiento de las ya existentes o para crear nuevas como, por caso, las que representen a consumidores y usuarios de servicios públicos.

El PJ puede y debe ser una escuela de capacitación permanente de dirigentes, militantes y activistas, ayudándoles a pensar y actuar, con niveles adecuados de idoneidad y una conciente identidad doctrinaria, en diversos ámbitos políticos, sociales, culturales y gubernamentales.

Finalmente, donde y cuando el Justicialismo ejerza el gobierno, el PJ puede y debe difundir y defender las políticas y programas de ese gobierno si correspondiere, actuar siempre como portador de las demandas populares al gobierno y ejercer una tarea control y vigilancia política de la gestión de los mandatarios y si ese fuera el caso, proponer eventuales modificaciones, en la inteligencia de que, como decía Mao Ze Dong, “la única desviación peligrosa es la que no se corrige”.

Rango Constitucional de los Partidos Políticos

Los convencionales de 1994 procuraron fortalecer nuestro sistema democrático incluyendo el artículo 38 en el texto constitucional, según el cual: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio”.

Lo que sucede en este plano hoy y entre nosotros, reitera la contradicción habitual en la historia política argentina entre los hechos de la realidad política que suelen no estar contemplados o incluso contradecir las normas constitucionales y también que muchas disposiciones constitucionales expresas no se apliquen en el orden político real.

Es un hecho que ni el PJ ni ningún otro de los partidos políticos argentinos cumple lo que establece el artículo 38 de la Constitución Nacional ni tiene las cualidades que hacen al buen funcionamiento partidario antes expuestas y eso redunda en una debilidad del sistema partidario que no es ajena a la escasa legitimidad y autoridad que la opinión pública le reconoce a un sistema institucional de gobierno de muy pobre calidad.

Una de las consecuencias del deterioro del sistema institucional al que le corresponde ejercer el poder político según el orden constitucional y legal vigente, es el peso desmedido e indebido que pasaron a tener en la toma de decisiones ciertos poderes fácticos y extra-constitucionales tales como los medios de comunicación, la corporaciones económicas, las corporaciones sociales, etc., cuyo derecho a participar del gobierno debería estar regulado en normas legales expresas, equilibradas y consensuadas.

Nuestra Propuesta de Reorganización de los Partidos Políticos

Para lograr el renacimiento de los partidos bastaría con reunir la voluntad política suficiente para establecer una legislación que ponga en marcha las siguientes iniciativas, supervisadas por los magistrados de la Justicia Electoral y no por el PEN o los gobiernos Provinciales:


1. Disponer la caducidad de las afiliaciones actuales y convocar a una nueva afiliación a todos los partidos políticos.


2. Elaborar nuevos padrones partidarios, acordes al resultado de la nueva afiliación.


3. Elegir autoridades y representaciones partidarias (congresales) en todos los niveles (nacional, provincial y local) mediante el voto directo de los afiliados en elecciones periódicas efectuadas con los nuevos padrones, supervisadas por la Justicia Electoral y que incluyan la representación de las minorías en los cuerpos orgánicos partidarios.


4. Exigir que quienes presenten su candidatura para ocupar cargos directivos partidarios en esas elecciones internas expongan sus propuestas programáticas y de orientación política para el partido en el nivel local, provincial o nacional, según sea el cargo que aspiren ocupar.


También se requiere supervisar, a través de la Justicia Electoral, la calidad y la misma existencia de programas de capacitación de dirigentes y cuadros de los partidos políticos, velar por su efectivo cumplimiento y garantizar su sostenimiento económico por parte del Estado.


Aceptamos que existe la posibilidad de que el proceso de reorganización de los partidos propuesto despierte un bajo nivel de interés en la sociedad, habida cuenta del elevado rechazo a “la política” y a “los políticos” que suelen reflejar las encuestas de opinión pública.


Si, por caso, el número de personas que se vuelvan a afiliar en los partidos políticos fuera muy inferior al que hoy registran los padrones partidarios (comenzando por el Justicialista, que es el nuestro), ello serviría para sincerar el verdadero grado de voluntad popular de participación política, reflejado en el número de afiliaciones y en el grado de decisión de intervenir con el voto en la elección de la línea, los programas y las autoridades partidarias.


Por encima del resultado cuantitativo, uno de los resultados cualitativos de ese proceso sería que los dirigentes partidarios surgidos de él estarían dotados de una legitimidad, fortaleza y reconocimiento por parte de la opinión pública que hoy no tienen, incluso para el ejercicio de cargos de gobierno, sean o no electivos.


Por lo demás, el reordenamiento propuesto de los partidos políticos daría bases más sólidas para alcanzar un amplio consenso político y social que se exprese un Proyecto Nacional compartido, en base a la armonización de las plataformas y propuestas votadas en las internas partidarias. A propósito de ello, aquellos que hoy aluden al Paco de la Moncloa de España dándole la condición de modelo de referencia para los argentinos, bien harían en tener en cuenta que ese Pacto fue elaborado y suscripto, además de por diversas organizaciones sociales, por partidos políticos de existencia real, de los que nuestro país hoy carece.


Para terminar queremos reproducir un párrafo que escribió Jorge Bolívar en “Estrategia y Juegos de Dominación” – su excelente obra en dos tomos donde despliega una inspiradora y erudita “crítica del saber político moderno”, formulada desde la lúcida y abierta identidad peronista que asume – donde advierte que: “el problema de la efectividad de un estratega, sea revolucionario, reformista o reaccionario, se basa finalmente en su popularidad, sobre todo si quiere construir o desenvolverse en un estado democrático”.


No tenemos la injustificable pretensión de ser estrategas revolucionarios, reformistas o reaccionarios; pero sí aspiramos a que nuestra “modesta proposición” (por usar el mismo título que el irlandés Jonhatan Swift, autor de “Los Viajes de Gulliver”, le diera a un librito suyo publicado en los albores de la Revolución Industrial en irónica y conmovedora defensa de la vida de los niños pobres de entonces, de notable actualidad) alcance la popularidad suficiente para que se produzca la reorganización democrática de los partidos políticos en general y en especial de nuestro Partido Justicialista, que está hoy pendiente.

EL EJE K-K (CARACAS-CALAFATE)

por Jorge Raventos
(publicado en el Foro Partido Justicialista, Mayo 23, 2009)


Las últimas expropiaciones decididas por el venezolano Hugo Chávez, que afectaron a tres firmas controladas por la multinacional argentina Techint, consiguieron que el empresariado nacional reaccionara de modo inmediato y convergente, en repudio de la medida, en defensa de la actividad y la propiedad privadas y en reclamo de una reacción vigorosa del Estado argentino. Se pronunciaron la Asociación Empresaria Argentina, la Unión Industrial Argentina, la Cámara Argentina de Comercio, las dos centrales que agrupan entidades bancarias, CEMCI (que nuclea a los medios de comunicación).

No es la primera vez que Chávez golpea a Techint: un año atrás el venezolano le expropió Sidor, la mayor siderúrgica venezolana (produce y exporta más de 4 millones de acero) y recién en el curso del mes de mayo terminó de negociarse la indemnización que deberá pagar el régimen chavista. Entre ese acuerdo por Sidor y estas nuevas estatizaciones el mandamás venezolano visitó Argentina, se reunió extensamente con el matrimonio presidencial y visitó Calafate.

La susceptibilidad del empresariado nacional tiene varios motivos convergentes. Sus líderes no terminan de convencerse de que Chávez no le haya al menos anticipado sus intenciones a los Kirchner, aliados dilectos; en cualquier caso, Techint no recibió ningún llamado de alerta del Estado argentino (se enteró de los hechos consumados por Chávez a través de sus empresas venezolanas). Tampoco observaron excesiva diligencia ni reacción rápida en defensa del interés de la empresa nacional.

Un modelo expropiador

Otra vuelta de tuerca: muchos dirigentes empresariales empiezan a suponer que el famoso y borroso “modelo” que el gobierno de los Kirchner invoca a diario puede buscar inspiración, si juntara fuerzas para desplegarse, en las ocurrencias de Hugo Chávez. De hecho, las respuestas que el kirchnerismo atinó a ensayar ante su progresivo aislamiento social e internacional, fueron manotazos contra la propiedad, expropiaciones o proto-expropiaciones. Las retenciones confiscatorias que pretendía la resolución 125 frenada por el Senado; la estatización de millones de pequeñas propiedades (los fondos de capitalización acumulados por otros tantos futuros jubilados); la intervención estatal en la dirección de empresas privadas a partir del control estatal de las inversiones de los fondos de pensión; y algunas vidriosas estatizaciones directas (como la de Aerolíneas Argentinas, que pierde un millón de dólares diarios y ni siquiera tiene en orden, aún, los papeles que la legitimen); los proyectos de creciente injerencia y regimentación estatal en el campo de la libertad de expresión, las agresiones directas a medios y periodistas: he allí algunos ejemplos cercanos en los que el kirchnerismo repite aquí en voz más baja y con algún retardo lo que Chávez extiende en Venezuela, como si el chavismo anticipara la agenda local.

Las conducciones empresariales, que a menudo habían optado por métodos diplomáticos, conversaciones discretas o, eventualmente, por el trapicheo de favores como caminos aptos para su defensa de intereses, parecen ahora reparar en que esos procedimientos no son aptos para la nueva etapa. O, al menos, que son insuficientes. Empiezan a considerar indispensable plantar bandera y defender en voz alta algunos valores esenciales, aunque esto provoque disgusto oficial.

¿Más chavismo después del 28?

En definitiva, comienza a sucederles a los líderes de empresas lo que a otros sectores sociales: que, si bien anhelarían que el país sólo estuviera sometido a las alternativas normales, moderadas de una elección de medio término y no a una dramática puja plebiscitaria, los hechos les indican que no hay demasiadas chances de eludir la opción “entre modelos” que quiere forzar el gobierno y que probablemente tampoco es aconsejable esa evasión, porque luego podría ser tarde. Si en condiciones de dificultad, cuando las encuestas más benévolas le dan al oficialismo apenas un tercio de los votos (es decir, lo muestran retrocediendo fuertemente tanto en número de sufragios como en cantidad de legisladores), la familia K radicaliza sus posturas y pinta cada vez con filo más cortante los rasgos de su modelo, ¿qué no podría ocurrir si el 28 de junio las urnas les dieran un poquito más de estímulo, si pudieran leer en su mensaje algo que les permitiera confundirlo con mayor respaldo?

A decir verdad, a cuatro semanas de las elecciones no se observa que esto último pueda ocurrir. No sólo las encuestas, sino los mensajes que llegan desde el seno del propio peronismo le adelantan al matrimonio presidencial que su ciclo está ya en su hora crepuscular.

En un inteligente artículo (Después de Kirchner, diario La Nación), Vicente Massot señalaba esta semana que “el poskirchnerismo no sólo hace referencia a un después de, sino a la imposibilidad que tiene el político de Santa Cruz de prolongar, directa o indirectamente, su estrategia de dominio hegemónico del poder.” Y agregaba Massot: “En materia política la categoría de lo hegemónico esta asociada a la capacidad de controlar y definir los términos de la sucesión (…) no existiría hegemonía si su continuidad no estuviese asegurada en el tiempo. Lo que (Kirchner ya) no puede es fijar las reglas de juego de la sucesión ni controlar, dentro del justicialismo, las reivindicaciones de quienes, en los próximos comicios, intentarán revalidar sus títulos para sentarse en la mesa de los presidenciables (...) Abordada la cuestión desde este ángulo, Néstor Kirchner ya es historia”.

Malos ajedrecistas

De todos modos, el esposo de Cristina Kirchner, si bien se mira, se parece a esos malos jugadores de ajedrez que jamás inclinan su rey, en parte porque no están en condiciones de prever más allá de una o dos movidas, pero también porque apuestan a la chapucería y el error del adversario o a la posibilidad de seguir en pie inclusive con recursos non sanctos. Kirchner puede “ser historia”, pero él se empeña aún –en el peor de los casos- en administrar su propia retirada.

Consiguió hasta ahora amarrarse al palo mayor de su nave acompañado por un amplísimo número de dirigentes territoriales de la provincia de Buenos Aires. “Todos a flote o todos al fondo”, fue su consigna. Un lema de improbable cumplimiento: muchos de quienes se vieron impulsados a ese simulacro de suicidio colectivo están, sin embargo, bien asentados en sus comunidades: aunque los hayan atado en un mismo paquete, no es lo mismo un gobernador -o un intendente- con más del 40 por ciento de imagen positiva que un ex presidente que derrochó la confianza que en tiempos de vacas gordas le acercó la opinión pública. Tanto dirigentes peronistas que optaron ya por la disidencia indisimulada como los que aún resisten en silencio, forzados a revolcarse discepolianamente “en el mismo lodo”, tienen abierta una etapa próxima: eso es lo que se les ha clausurado a los Kirchner.

Hora de la Justicia

Habrá que ver, además, si la táctica de salvar al ex presidente con el prestigio o los votos de dirigentes territoriales termina siendo utilizable. En una de esas, los Tribunales terminan rescatando a los testimoniales involuntarios, y los absuelven de las candidaturas a las que los condenó Néstor Kirchner.

Aunque la Justicia aprobó el procedimiento testimonial en primera instancia, por mediación del juez federal Manuel Blanco, hay apelaciones que deberán sustanciarse en la Cámara Electoral. Y hay, además, un recurso de amparo del jurista Eduardo Barcesat, que aspira a que sea la Corte Suprema la que se pronuncie.

Blanco, al no aceptar impugnaciones a las llamadas “candidaturas testimoniales”, dio una larga lista de antecedentes de políticos de la Argentina y del exterior que aspiraron a otro cargo electivo mientras aún cumplían un mandato previo. Es obvio que ese es un caso absolutamente normal: desde Barack Obama a Cristina Kirchner, pasando por Fernando De la Rúa o Carlos Menem, en infinidad de oportunidades políticos que ejercían senadurías, diputaciones, gobernaciones o hasta la vicepresidencia (Eduardo Duhalde en 1991) se presentaron como candidatos electorales para postularse a ocupar una posición distinta a veces jerárquicamente superior y a veces no. Sin embargo, a Blanco no se lo interrogaba sobre eso, sino sobre el hecho absolutamente inédito, de personas que, cumpliendo un mandato electivo, se postulan para una función diferente que no piensan ocupar.

En su solicitud, que quiere que defina la Corte Suprema, el doctor Barcesat pretende que se anule “por su carácter lesivo respecto de los derechos electorales y la voluntad popular, toda maniobra fraudatoria que tienda a genera mandatos que no serán cumplidos por los postulantes en ejercicio actual de cargos electorales y cuyos mandatos no se encuentren cumplidos al 10 de diciembre de 2009. Ninguna estrategia o táctica sobre el poder puede constituirse sobre la base de quebrantar las reglas del juego”, escribió el jurista.

Tanto la solicitud de Barcesat como las apelaciones al fallo del juez Blanco pasarán por la Cámara Nacional Electoral. Se atribuye a sus tres miembros una sólida formación y muchas evidencias de autonomía frente a los poderes constituidos. Preventivamente, la Casa Rosada anticipó que si el fallo de la Cámara fuese desfavorable para las candidaturas testimoniales del oficialismo, el gobierno apelará a la Corte Suprema. Kirchner de ninguna manera quiere perder solo. Y no quiere ir a residir a Caracas; aspira a ir solamente de paseo.

ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN

por JUAN J.LLACH y SERGIO BRITOS
(publicado en La Nación, Nov 17, 2009)

Es para celebrar el resultado de la decisión del Gobierno de ampliar el universo de destinatarios de la asignación familiar por hijo. La cifra es todavía imprecisa, pero varios millones de chicos y jóvenes menores de 18 años serán beneficiados con un ingreso adicional de 2160 pesos por año. Hay que lamentar, en cambio, que, como en muchas decisiones de este gobierno, sea necesario leer segundas o terceras intenciones para acertar su significado. Parece reconocerse el aumento de la pobreza, pero el Indec sigue falsificando sus números de pobres e indigentes. La demorada decisión aparece impulsada por sacarle una bandera a la oposición. Bienvenido sea el ejercicio democrático que la hace posible, pero ¡cuánto mejor hubiera sido reconocer la incansable tarea en esta materia de Elisa Carrió, Claudio Lozano y sus organizaciones, y de la Comisión de Justicia y Paz, entre otros!

De haberse optado, como correspondía, por debatir el tema en el Congreso, podría haberse llegado a una de las escasísimas políticas de Estado, y en un tema crucial, y el proyecto podría ser tanto mejor, como se argumenta aquí. Quedará, pues, una convocante tarea para el anhelado Congreso que funcionará a partir del próximo 10 de diciembre.

Es bueno que el decreto haya optado por el modelo ya asimilado de asignaciones familiares, pero no es cierto que ellas sean ahora "universales". Este es uno de sus principales problemas. Al limitarse la extensión del beneficio a los hijos de trabajadores del sector informal, desocupados o con ingreso no mayor al salario mínimo (hoy, 1440 pesos, y 1500 a partir de enero), no se universaliza el beneficio y queda un margen para el clientelismo vigente en casi todas las políticas asistenciales.

¿Quién decidirá si las declaraciones juradas ante Anses son o no adecuadas? ¿O se hará la vista gorda y el costo de la medida terminará siendo el doble? ¿Habrá actos en distintos lugares del país en los que se convoque a cientos de niños y jóvenes para anunciarles el nuevo ingreso como concesión graciosa y no como lo que debería ser, un derecho? Está muy bien que el 20% de la nueva asignación se pague sólo si se cumplen requisitos de vacunación hasta los cinco años y de escolarización para los mayores de esa edad, pero ¿por qué no se exige lo mismo a los trabajadores formales que ya acceden al beneficio? ¿Pertenecen, acaso, a otra categoría social? ¿Por qué ellos cobran, además, la ayuda escolar, que no llegará a los nuevos beneficiarios?

A estas dudas se agregan otras importantes, como las razones de la exclusión de los bebes por nacer o el límite de cinco hijos. En cambio, si se universalizara este derecho, como pide la oposición, su alcance sería más equitativo y se erradicaría de cuajo el clientelismo de este programa. Por cierto, deberían mantenerse una escala de asignación decreciente según el nivel de ingresos, como la vigente o similar, el tope de ingresos de 4800 pesos y la deducción por hijo en el impuesto a las ganancias.

El financiamiento propuesto también es cuestionable. Se ha dicho que las nuevas asignaciones insumirían 10.000 millones de pesos, pero no es claro si será así, porque no se ha establecido si el nuevo programa reemplazará total o parcialmente a otros, como el Plan Familias o el de jefas y jefes de hogar. En cualquier caso, no es adecuado ni justo que las nuevas asignaciones sean asumidas por la Anses, entre otras cosas porque después de fallos judiciales recientes muchas jubilaciones serán sustancialmente incrementadas. La gran pregunta es por qué no se integra el programa al presupuesto general. Las respuestas son dos, y muy sencillas. Primero, hoy no hay plata allí. Segundo, no se quiere tocar la "cajita mágica" de los subsidios, que este año superarán los 30.000 millones de pesos, con un aumento del 19% respecto de 2008. De ellos, cerca de 20.000 serán recibidos por personas de ingresos medios o altos. Difícil encontrar una prueba más flagrante de inequidad del actual sistema de subsidios. "Los únicos privilegiados son los niños", se decía en el primer peronismo. Está claro que ahora no es cierto y que nunca nadie les dio tanto dinero fiscal a los pudientes.

Se podrían esgrimir muchos otros argumentos al respecto, pero deseamos concentrarnos en la alternativa de subsidiar la nutrición. Hasta hoy, casi la mitad de los pobres o indigentes son chicos o jóvenes, y entre 900.000 y un millón y medio tienen problemas nutricionales. No sólo baja talla, anemia y otras deficiencias en su dieta, sino también, aunque parezca raro, sobrepeso y obesidad. En particular, los problemas de calidad de dieta y la obesidad de los niños pobres están estrechamente vinculados con las pautas de alimentación familiar y los ingresos disponibles para comprar mejores alimentos. Por ello, en los hogares pobres, el ingreso adicional de la asignación por hijo tendrá una fuerte propensión al gasto en alimentos y, si las familias se comportan como ya ha sido evaluado en algunas experiencias, también mejorará la diversidad y la calidad de la alimentación de sus destinatarios.

Esto es una buena noticia, habida cuenta de que los programas alimentarios tradicionales (comedores comunitarios, bolsas o cajas de alimentos) suelen ser vehículo de un exceso de alimentos de baja calidad nutricional. Se da la paradoja de programas que terminan por engordar y no por nutrir bien a chicos y jóvenes. Por ello, sería muy recomendable que el nuevo programa absorbiera al menos los programas alimentarios tradicionales y todos se reconvirtieran a una asignación de ingresos con fuerte carácter alimentario. Ello permitiría, también, devolver a la mesa familiar lo que nunca debió perder: sus comensales.

Más positivo aún sería que la totalidad del nuevo ingreso se canalizara a través de una tarjeta alimentaria que, además de dignificar y transparentar el programa, pudiera constituir una plataforma para descuentos o subsidios selectivos al precio de alimentos, con un claro sentido nutricional. Esto implicaría combinar una política de ingresos con una intervención nutricional centrada en el problema de la calidad nutricional de la dieta y la monotonía alimentaria. En ese marco, también sería aconsejable reemplazar gradualmente los comedores escolares por un aumento del subsidio a la nutrición, para mantener los refuerzos de desayuno o merienda. Eso permitiría que las escuelas se concentraran más en su tarea de educar.

De esta forma, la política nutricional podría basarse en tres pilares: programa materno-infantil (que funciona razonablemente bien en la entrega de leche fortificada), ingreso por hijo combinado con estímulos para comprar más verduras, frutas, lácteos y otros alimentos de buena calidad nutricional, y refuerzo de desayuno o merienda en las escuelas. A estos tres pilares debería agregarse un sistema efectivo de captación oportuna y seguimiento de los niños desnutridos y una política de cambio de hábitos alimentarios hacia una dieta más saludable, que, como la asignación a la niñez, debería ser universal y no sólo orientada a los hogares pobres.

Se darían, así, condiciones cruciales para dejar atrás el hambre en la Argentina. Ni más ni menos

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL

por Domingo Cavallo
(publicado en La Nación Nov 22, 2009)

Los ideólogos del Plan Fénix impulsaron el abandono de la convertibilidad y promovieron la pesificación de los depósitos y contratos en dólares con fuerte devaluación del peso, con el argumento de que el "atraso cambiario" de los 90 había deprimido las exportaciones y, por consiguiente, era responsable de la recesión y del desempleo. Han pasado ya ocho años de este cambio de paradigma y disponemos de datos estadísticos para examinar la validez empírica de esta teoría. Es importante que los estudiosos de la economía contrasten todas las teorías con la realidad, pero particularmente la del dólar alto como clave de la competitividad, porque es la responsable intelectual de la traumática discontinuidad en las reglas de juego de la economía que se produjo alrededor del Año Nuevo de 2002.

A modo de desafío intelectual, pido a los ideólogos del Plan Fénix que expliquen, a partir de su teoría, la realidad que describen las cifras de los dos cuadros adjuntos (quienes se interesen por los datos anuales en los que se basan estos cuadros y sus fuentes pueden recurrir a mi blog: www.cavallo.com.ar ). En el período 1980/2009, las exportaciones de Chile y de Brasil crecieron más que las de la Argentina. Esto no necesita una teoría especial para ser explicado. Es sabido que, en los últimos 29 años, Chile es el país que mejor manejó su economía, y Brasil, tradicionalmente, tuvo más agresividad exportadora que la Argentina.

La comparación interesante surge al dividir estos 29 años en tres períodos bien definidos: el de los 80, el de la convertibilidad y el de la vigencia intencional de la política de tipo de cambio alto en nuestro país. En el cuadro donde se presentan los promedios de los respectivos índices del tipo de cambio real surgen, casi como si se tratara de un experimento preparado para testear la teoría del tipo de cambio alto, claras diferencias en la trayectoria de la Argentina, en comparación tanto con Brasil como con Chile. Nuestro país pasó de un tipo de cambio real alto (113) entre 1980-1990 a otro que fue apenas superior a la mitad del anterior (64) para volver a subirlo a casi el doble desde que entró en vigencia la política de tipo de cambio alto (121). En los otros dos países se produjeron variaciones en la misma dirección, determinadas principalmente por los vaivenes del dólar en el mundo, pero mucho menos acentuadas que las variaciones en la Argentina.

Miremos ahora el comportamiento de las exportaciones: en los dos períodos de tipo de cambio alto, las exportaciones de Chile y de Brasil crecieron mucho más rápido que las de la Argentina. Por el contrario, en el tan denostado período de la convertibilidad, o del "atraso cambiario", como lo llaman los teóricos del tipo de cambio alto, las exportaciones de la Argentina crecieron al 121%, contra un crecimiento de sólo el 89% de las chilenas y el 84% de las de Brasil.

Sería bueno que los profesores del Plan Fénix pidan a sus estudiantes, como ejercicio práctico, encontrar explicaciones para esta aparente paradoja. Los estudiantes que razonen sin las anteojeras ideológicas de sus profesores van a descubrir que los dos determinantes principales de la competitividad exportadora de un país son: a) la política comercial externa, medida por la brecha entre el tipo de cambio efectivo de las exportaciones (reducido por las retenciones y las trabas cuantitativas a las exportaciones) y el tipo de cambio efectivo de las importaciones (aumentado por los aranceles y las restricciones cuantitativas a las importaciones); b) los incentivos a la inversión modernizadora de la economía, que no es otra que la inversión eficiente. A mayor sesgo antiexportador de la política comercial externa y a menor aliento a la inversión eficiente, menor crecimiento de las exportaciones.

Cuando se trata de compensar con una moneda extremadamente devaluada un sesgo antiexportador deliberadamente introducido en la economía y se desalienta la inversión modernizadora, lo único que se logra es que la inflación deteriore el salario real y desmejore la distribución del ingreso. Eso es exactamente lo que han conseguido al promover el abandono de la convertibilidad.

La década de los 90, por más mentiras que se repitan sobre ella, va a quedar registrada en la historia económica de la Argentina no sólo como la década en la que erradicamos la inflación, sino también como la década del mejor desempeño exportador.

Y la teoría del tipo de cambio alto, como estrategia de crecimiento, va a ir al tacho de la basura en el que terminan las elucubraciones de economistas que en lugar de trabajar por el bien común ponen su intelecto al servicio de intereses de empresarios cortesanos o se afanan, dejando de lado la objetividad científica, por revivir sus viejas teorías, desmentidas por la historia no sólo de la Argentina, sino de toda la humanidad.

A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR

Una visión cosmopolita desde Salta
por Armando Caro Figueroa
(publicado en http://armandocarofigueroa.blogspot.com/ Oct 18, 2009)

“Está demostrado históricamente que el mundo, de tiempo en tiempo, necesita de hombres que se resistan a cooperar con la mentira, levantando polvareda, aún a riesgo de experimentar la opresión del mundo” (R. MUSIL “El hombre sin atributos”)

I. INTRODUCCIÓN

“El pensador y el artista tienen una misión intransferible, superior a su voluntad: revelar lealmente aquello que suscitan en él las cosas del mundo en que vive”
(E. Martínez Estrada)

Cuando hace un par de semanas la Fundación COPAIPA me invitó a participar en este ciclo, tenía bastante avanzado lo que podría llamar un reordenamiento de mis ideas sobre Salta y la Argentina en el mundo.

De modo que la invitación me obligó a acelerar las lecturas y el proceso de reflexión que inevitablemente le acompañan. A su vez, las exposiciones de los distinguidos amigos que han pasado por esta tribuna de ideas, contribuyeron a la misma y modesta empresa personal.

Pienso que cuando uno descubre o redescubre el placer de pensar en libertad pierde (no se si para siempre) la posibilidad de pensar en los términos y bajo las condiciones que generalmente imponen las pertenencias corporativas o las lealtades partidarias.

Aquella forma de pensar en libertad no implica, al menos en mi caso, deseñar a quienes participan en la elaboración de documentos partidarios o de políticas públicas. Tampoco conlleva la pretensión de que ese pensar en libertad nos conduce, sin tropiezos e invariablemente, a la verdad.

Aunque tengo por cierto que la libertad intelectual permite rectificaciones, matizaciones o reacomodamientos que suelen ser mal vistos en el terreno de la política partidista, signada por el dogma de la ortodoxia.

Dentro de esta retórica de la linealidad el pensamiento ha de permanecer invariable pese a los golpes de la realidad o a los avances científicos. Se trata de una lógica que ha hecho carrera entre nosotros los argentinos, sin llegar nunca a seducirme.

Hecha esta breve advertencia (que sin duda el desarrollo de mi ponencia no hará sino confirmar) y no sin antes acogerme a los antecedentes de tolerancia que caracteriza a este foro, ensayaré un breve resumen de las ideas que me propongo presentar aquí.

II. UNA DE ENTRE VARIAS MIRADAS POSIBLES

“La mirada cosmopolita pone de manifiesto la realidad nacional
de otra manera; incluye la realidad de la mirada nacional y la reinterpreta” (U. BECK)


No es un secreto para nadie que el abordaje de cualquier faceta o aspecto de la vida social, política o económica puede hacerse desde muchos y variados puntos de observación.

Varios son los condicionamientos que acompañan a este tipo de emprendimientos: Las circunstancias temporales y espaciales, las preferencias ideológicas (ocultas o explícitas), la trayectoria y la experiencia del que se propone aquel abordaje, son algunos de los condicionamientos evidentes.

Mis sucesivos cambios de lugar de residencia me han enseñado la influencia que esta localización ejerce al menos sobre las reflexiones políticas. Así por ejemplo, no siempre es lo mismo pensar Salta desde Salta, que hacerlo desde Buenos Aires o desde Madrid, por ejemplo.

Tampoco es lo mismo mirar la realidad local desde el mas rancio tradicionalismo o desde el así llamado nacionalismo metodológico que aplicar sobre ella una mirada cosmopolita.

Como afirma U. BECK, “Para este mundo que se ha vuelto cosmopolita necesitamos urgentemente una nueva manera de mirar, la mirada cosmopolita, si queremos comprender la realidad social y política en la que vivimos y actuamos”[1].

Una mirada que bien podría despertar, "la fuerza que arramble contra el narcisismo ombliguista de la mirada nacional y con la incomprensión cerril que ha acogotado todo pensamiento y acción, abriendo los ojos de la gente sobre la cosmopolitización real de sus mundos vitales y sus instituciones”.

Aunque terminará resultando ocioso, advierto entonces que mis aportaciones acerca de un nuevo modelo productivo y laboral son el resultado (malo, regular o bueno) de este intento de utilizar la mirada cosmopolita para acercarme a los problemas argentinos y salteños.

Pero mas allá de estas precisiones (si se quiere metodológicas), parece evidente que todo aquel que, a estas alturas, se proponga pensar o actuar teniendo como meta la construcción de un Plan Estratégico para Salta ha de estar muy atento y perfectamente informado acerca de lo que está sucediendo en el mundo y en la región a la que pertenecemos por designios que, como se sabe, son “inescrutables”.

Podemos debatir, y es bueno que así sea, acerca de la pertinencia de la planificación o acerca del concepto mismo de planificación. Pero no podríamos avanzar mucho en ese propósito si ignoráramos lo contemporáneo y la enorme influencia que sobre Salta y los salteños ejercen la evolución mas reciente del mundo tanto como las políticas nacionales y supranacionales.

Por supuesto podríamos quedar prisioneros de visiones anacrónicas e imaginar un Plan Estratégico para la Salta resignada y mendicante (de todos conocida), que acepta el unitarismo que impone la hegemonía de Buenos Aires y cuyos ejes de actuación se reducen a cuestionar la Ley de Coparticipación y a bregar por mas ayudas de la Nación para solventar programas “sociales” que, de paso, asientan mayorías electorales viciadas.

Las líneas que siguen apuntan en una dirección diferente. No sólo porque propone pensar Salta en términos estratégicos teniendo en cuenta lo que pasa a su alrededor, sino porque se atreve a insinuar, desde Salta y sin complejos provincianos, rumbos estratégicos para nuestra república.

III. IMPRESCINDIBLE VIAJE POR NUESTRA HISTORIA

“El pasado es fructífero no cuando alimenta el resentimiento o el triunfalismo, sino cuando nos induce amargamente a buscar nuestra propia transformación” (T. TODOROV)

Para muchos de nosotros, la historia local y nacional no es más que un argumento que se supone contundente a la hora de legitimar banderías y posicionamientos contemporáneos.

Aún a sabiendas de que la historia continúa siendo entre nosotros objeto de querellas y verdadero campo de batallas contemporáneas, no parece posible pensar los asuntos locales y nacionales en términos estratégicos sin apelar a la historia de Salta y de la Argentina[2].

De allí mi forzosa incursión en asuntos históricos, que realizo apoyado en la autoridad de las obras que ustedes encontrarán en la bibliografía.

Si excluimos los muy largos períodos pre-colonial y colonial y la azarosa etapa de la organización nacional, la historia económica de la Argentina (y la de Salta por extensión) permite identificar dos grandes etapas, ambas de ochenta años de duración:

1. El ciclo alberdiano

La primera se inicia en los años 50 del siglo XIX y termina a finales de los años 20 del siglo pasado, siendo Alberdi, a mi modo de ver, el principal de nuestros pensadores estratégicos de ese tiempo fundacional.

En un esfuerzo de simplificación diré que las ideas de Alberdi eran muy claras[3]: La Argentina de 1850 abundaba en recursos naturales y carecía de brazos, de capitales y de instituciones suficientes para encarar un vigoroso desarrollo que cohesionara social y territorialmente a la nación.

Proponía entonces crear las condiciones para “importar” aquello de lo que carecíamos (mano de obra y capitales): Fundar una república moderna representativa y federal; echar las bases de la libertad económica; liquidar los monopolios porteños; y liberalizar la navegación de los ríos interiores.

Logró que sus ideas fueran asumidas por amplios segmentos de nuestra sociedad y que, en líneas generales, se trasladaran a la realidad. Así, en 1853 se sancionó una Constitución de nítida inspiración liberal; entre 1857 y 1930 llegaron 6.300.000 emigrantes de ultramar; y la formación bruta de capital creció en términos que hoy diríamos chinos.

De la mano de las ideas del tucumano Alberdi, la Argentina alcanzó niveles impensados de prosperidad[4].

2. El largo vía crucis desde la posguerra

La segunda de aquellas etapas que propongo como herramienta para facilitar el análisis de nuestros conflictos y fracasos, comprende el tiempo transcurrido entre 1930[5] y 2009; un tiempo durante el cual la Argentina se vio obligada a introducir giros radicales y casi siempre contrapuestos al rumbo del ciclo precedente.

Mas allá de las consabidas formulaciones “adanistas”[6] que presumían tener las claves para fundar un nuevo país, avanzamos y retrocedimos, dando bandazos, en medio de enormes conflictos ideológicos y de intereses, muchos de ellos aún irresueltos.

Mientras que en la etapa anterior (1850/1930) está patente la influencia de ALBERDI, me resulta muy difícil identificar a un pensador cuyas ideas hayan iluminado el inicio y desarrollo de los siguientes ochenta años (1930/2009)[7].

En realidad, el brusco abandono del Proyecto Alberdiano fue -nada mas ni nada menos- que una imposición urgente de la Gran Crisis y de las dos Guerras Mundiales.

En el relato que despliego aquí para llegar a las propuestas para el Bicentenario, el peronismo no es sino una continuidad de las grandes líneas abiertas en los años 30. Lo es al menos en sus principales opciones o preferencias económicas.

El primer peronismo adoptó (y en algunos casos profundizó) las ideas por entonces en boga, no solo en la Argentina[8]: industrialización, estatización de la economía, proteccionismo y promoción del mercado interior.

Puede decirse que, por encima de vaivenes e improvisaciones, el primer peronismo mantuvo lo ejes del modelo y diseñó mecanismos para atenuar las debilidades de su estrategia (términos de intercambio negativos; estrangulamiento de la actividad por carencia de divisas para importar lo necesario; industrialización centrada en el mercado interno; baja productividad).

En realidad, buena parte de la estrategia del primer peronismo se asentaba en la hipótesis -no verificada- de una tercera guerra mundial.

Ninguno de los Gobiernos que se sucedieron tras el Golpe de nuestro comprovinciano el General José Félix Uriburu pudo desarrollar una visión estratégica, y menos elaborar un Programa que concitara la adhesión reflexiva de las mayorías. Agustín P. Justo, Juan D. Perón e incluso Arturo Frondizi y quienes le sucedieron por la vía de las armas o de las urnas, no hicieron otra cosa que interpretar, modular y remendar el no escrito programa de emergencia nacido en 1930.

He dicho antes que el primer peronismo no hizo sino aplicar o adaptar las ideas en boga en el Occidente de la posguerra. Pero debo advertir, inmediatamente después, que la singularidad de la Argentina (peronista y post-peronista) consistió en mantener el rumbo estatizante, autárquico y mercado-internista cuando los principales países lo habían ya abandonado con óptimos resultados[9].

Este Programa tuvo consecuencias negativas para Salta y buena parte del interior argentino. La emigración forzada de cabecitas negras y de talentos, el triunfo del unitarismo de facto (que es político, pero también sindical y económico), la pobreza casi centenaria, son el resultado atroz de aquel Programa no escrito y de su confluencia con los bajos precios de nuestros productos salteños.

Al amparo de la emergencia que azotó al país hacia el final del mandato del Presidente Raúl ALFONSIN, el segundo peronismo (1989/1999) llevó adelante un audaz plan de reformas (liberalización económica, abandono del tercermundismo, sometimiento relativo de los sindicatos tras el objetivo de mayor productividad), que se presentaron como una continuidad de la doctrina identitaria[10].

Este intento reformista de los noventa terminó sucumbiendo a consecuencia de varios factores (endeudamiento, precios internacionales relativos, voracidad de amplios sectores del nuevo capitalismo[11]), así como a la incapacidad de gestionar el régimen por parte de quienes, diciéndose defensores de la convertibilidad, sucedieron en el poder al Presidente Carlos MENEM.

La velocidad que el segundo peronismo imprimió a los cambios, la falta de experiencia (y de expertos) en materia de regulaciones[12] de la nueva economía en marcha, y la resistencia del ala nacional-conservadora del mismo peronismo, contribuyeron al deterioro y posterior derrumbe de su edificio[13].

El tercer peronismo (2002/2009), fundado por el ex Presidente Eduardo DUHALDE y consolidado por sus sucesores, el matrimonio KICHNER, nació rompiendo los pilares de la Constitución económica (régimen monetario, pesificación asimétrica, expolios, ruptura de los contratos) y reinstalando herramientas y consignas del paleo-peronismo: Estatismo, centralismo unitario, devaluaciones competitivas, retórica anticapitalismo y antiimperialista, acechanzas a las libertades fundamentales, alianza entre el capital nacional y los sindicatos oficiales.

Si se excluye la construcción y gestión de los superávits gemelos, las novedades que trajo consigo el tercer peronismo (manipulación de los Derechos Humanos, antimilitarismo, ambientalismo radical y utilización de la exclusión social como base del poder electoral y callejero), carecen de envergadura para garantizar la pervivencia del modelo y, desde luego, para aspirar a ser receptadas dentro de un programa capaz de generar grandes consensos y alcanzar los objetivos que se enuncian en esta presentación.

Aún a riesgo de escandalizar, pienso que incluso las políticas llevadas a cabo por los Presidentes Menem y Kirchner no fueron (ni son) sino intentos (parciales, dictados por urgencias y si acaso irreflexivos) de ajustar aquel modelo treintista a las nuevas condiciones y a los intereses de las coaliciones que los sostuvieron y que, con sus mas y con sus menos, estuvieron lideradas por el poder bonaerense y por los directos beneficiarios de su permanencia.

Cuando ambos “modelos” exhibieron sus debilidades y se aproximaron a situaciones de crisis terminal dificultades del segundo peronismo[14] de sostener la convertibilidad del peso; erosión de los superávit gemelos y de los efectos de la mega devaluación; pobreza e inflación, durante el ciclo del tercer peronismo), los responsables políticos no supieron o no pudieron proponer al país nuevos rumbos.

En esas dos ocasiones, mas allá de las circunstancias que rodearon (y rodean) a los respectivos puntos de crisis, la respuesta consistió en nuevas “vueltas de tuerca” para oxigenar el viejo modelo treintista y reparar las costosas maquinarias (costosas en términos de futuro) que lo mantienen artificialmente vivo.

En cualquier caso, persistir en el relato vulgar, binario y maniqueísta que organiza nuestra historia como una película de vaqueros donde los malos (muy malos y siempre los mismos) triunfan sobre los buenos (cándidos y siempre los mismos), donde las culpas de los fracasos invariablemente se adjudican a otros (si son extranjeros, mejor), donde se demoniza a agricultores, industriales, financistas, obreros o campesinos según opciones ideológicas, seguiremos riñendo sobre el pasado y no encontraremos la claridad necesaria para enfrentar el presente y definir la arquitectura institucional y económica que nos permita ingresar a un futuro mejor.

IV. EL SEGUNDO BICENTENARIO COMO OPORTUNIDAD

“La experiencia histórica demuestra que en los períodos de globalización el crecimiento del PIB per cápita ha sido mas elevado que en los períodos de proteccionismo” (DE LA DEHESA)

Las grandes fechas (centenarios, aniversarios) y los grandes eventos (olimpíadas), suelen ser oportunidad propicia para que las comunidades nacionales “carguen baterías” y se lancen a empresas de envergadura. Lo hizo España con el Quinto Centenario; lo hará Brasil con sus Olimpíadas.

Soy de los que piensan que esta oportunidad está lamentablemente perdida respecto del Bicentenario de la Revolución de Mayo, pero no respecto del Bicentenario de nuestra Independencia.

Pese a la inexorabilidad de las fechas, nos perdimos (una vez mas) en debates insustanciales y 2010 nos encontrará con los mismos problemas, idénticos pesimismos y similares divisiones irreconciliables con las que venimos lidiando desde hace mucho tiempo.

La Argentina necesita construir un “proyecto ilusionante de vida en común” (ORTEGA y GASSET)[15]. Definir sus términos, rodearlo de un amplio consenso y ponerlo en marcha. Para tamaña tarea precisamos los siete años que van desde ahora a 2016.

En el ámbito mundial, las vísperas de nuestros bicentenarios coinciden con un fenómeno inédito en la historia de la humanidad: La persistente y drástica disminución de la pobreza medida en el conjunto de países. Una tendencia global que, sorprendentemente, no se verifica en la Argentina contemporánea en donde, pese a la propaganda que habla de un “modelo inclusivo”, continúan creciendo la pobreza y la indigencia.

Téngase en cuenta que en el mundo el porcentaje de personas que vive con menos de 1 dólar diario cayó del 40% en 1981 al 18% en 2004, estimándose que retrocederá hasta el 12% en el próximo quinquenio[16]. Solamente en China el giro impulsado por DENG-XIAOPING sacó a 400 millones de personas de la miseria.

Lo que equivale a desmentir a los pesimistas de siempre y a decir que los altos índices de pobreza que padece la Argentina (y sobre todo Salta), no son un obstáculo insuperable para construir sociedades más exitosas, justas y felices.

Pienso que, en realidad, las dimensiones cuantitativa y cualitativa de la pobreza argentina actual, son consecuencia del modelo vigente desde 1930. Sobre todo la pobreza que se aglomera en los suburbios del Gran Buenos Aires y en otros asentamientos del interior que, de alguna manera resultan derivaciones de las vertientes industrial y salarial del modelo treintista.

Adviértase que sobre el actual mapa industrial, poblacional y de la pobreza, se asienta el poder unitario y conservador que gobierna la república y a muchas de sus circunscripciones. La fuerza electoral, política y corporativa de la coalición bonaerense expresa aquel mapa.

He hablado de oportunidades inéditas y de nuestra dotación de recursos para hacerlas realidad. Pero es bueno señalar que se trata de oportunidades acotadas e el tiempo y sometidas a los vaivenes de la competencia exterior.

La arquitectura mundial que está naciendo tras la reciente crisis financiera global, lejos de conformar una vuelta a los proteccionismos nacionales, potenciará (y si acaso regulará) la competencia internacional por las inversiones, los recursos y los empleos.

Por eso se equivocan quienes piensan que la Argentina y Salta tienen un tiempo infinito para aprovecharlas. Hemos perdido ya casi dos años, y sería irresponsablemente dramático persistir mas tiempo en confrontaciones o en políticas que van a contramano de lo que conviene al interés general.

Muchos dirigentes políticos ignora, quizá, que los grandes consumidores (China, India, por ejemplo) están construyendo nuevas alternativas de producción en África, en donde compran y alquilan tierras que producirán lo mismo que producen Salta y otras regiones argentinas.

V. EL VALOR DE LAS IDEAS Y DEL REALISMO

“Lo que hoy distingue a las economías no es su disponibilidad de capital y de trabajo, sino de ideas y de energía” (F. ZAKARIA – 2009)


Para avanzar en esta dirección deberíamos remover varios obstáculos: el pesimismo visceral que atenaza a buena parte de los argentinos cuando actúan como parte de la comunidad; la soberbia intelectual y política que nos impide dialogar buscando coincidencias; la preeminencia de los factores de poder corporativo por sobre la misma política y las elaboraciones teóricas vinculadas con el interés general.

Aquella convicción de que la Argentina está condenada (por poderes sinárquicos u otros conspiradores) a vivir estancada, relegada y sufriente, es tan perniciosa como aquel optimismo irracional, muy propio de los años 70, que afirmaba que la historia tenía asignado un destino de grandeza para nuestro país.

Las ideas que ven en el mundo exterior la raíz de nuestros males (y no una fuente de oportunidades), tanto como la vocación de desafiar los grandes consensos que han permitido que el mundo crezca globalmente y globalmente disminuya la pobreza, no hacen sino profundizar las dificultades que queremos superar.

Son, antes que nada, nuestras propias ideas (inspiradoras de políticas y de comportamientos colectivos) las que nos han colocado donde estamos.

Y serán nuevas ideas las que habrán de ayudarnos a reencontrarnos con el mundo y con nuestras mejores tradiciones, para conquistar los grandes objetivos que me atrevería a enunciar de esta forma simplificada:

Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable.

Para reforzar mi afirmación de que las naciones marchan, venciendo dificultades, allí donde las conducen sus ideas, nada mejor que esta cita que nos recuerda que

“En diciembre de 1978, en la reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino, DENG-XIAOPING pronunció un discurso que resultó el más importante de la historia china moderna. Instó al régimen a centrarse en el desarrollo económico y a dejar que los hechos y no la ideología guiaran su camino. No importa si es un gato negro o un gato blanco. Siempre que sepa cazar ratones, será un buen gato[17]”.

Un discurso oportuno y convincente (ayudado, desde luego, por otras circunstancias) contribuyó decisivamente a hacer de China lo que es hoy y a dejar atrás los audaces experimentos de MAO TSE-TUNG que, dicho sea de paso, deslumbraron a muchos setentistas argentinos algunos de los cuales perseveran en su empeño.

Aceptando que no existe aquel determinismo que nos colocaría en el paraíso, es bueno recordar que ALBERDI, conocedor de nuestra cultura, advertía que

“No se consiguen jamás grandes y gigantescos cambios, sino por medios heroicos y apartados de la senda vulgar. La América del Sur se arrastra en vida oscura y miserable porque su política vive de expedientillos y de mezquinas medidas que dan siempre algún resultado, pero no grandes resultados que determinen mudanzas perceptibles a los ojos del mundo y de la posteridad”[18] .

VI. IDEAS (en borrador) PARA EL BICENTENARIO DE 2016

Vaya uno a saber porqué, los argentinos estamos acostumbrados a razonar y actuar en términos antinómicos. Especialmente en el terreno de la política. Peronistas o antiperonistas; civiles o militares; liberación o dependencia; campo o industria; Estado o Mercado; producción o distribución; autarquía o integración; globalización o antiglobalización; Florida o Boedo; liberales o nacionalistas. Y así hasta el infinito.

Así y todo, alcanzar un amplio consenso que defina un conjunto de objetivos realistas y compatibles entre si (como sucede en el ejemplo antes enunciado: Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable), no parece -a estas alturas- una tarea imposible, siempre y cuando seamos capaces de elevar las miras, de abandonar convicciones inútiles y de dialogar constructivamente.

1. La Segunda República Argentina

Aunque el tema excede ampliamente el objeto de esta charla[19], creo conveniente dejar apuntada aquí la necesidad de emprender una amplia reforma política que reemplace el presidencialismo por la forma parlamentaria, cierre los caminos al centralismo unitario, mejore los procesos de selección de representantes, garantice de verdad las libertades fundamentales, haga efectiva la independencia de los jueces, constituya una Administración Pública profesional y transparente[20], y amplíe los espacios de participación ciudadana.

La reforma política es asuntos que, como el Guadiana, aparece y desaparece de nuestra agenda pública. Generalmente, es demandada desde la oposición, aunque sin mayores precisiones. Pero cuando un sector de esta oposición se hace con el Gobierno, abandona su discurso reformista que, a veces, es reemplazado por maquillajes insustanciales.

Es sabido que la democracia es un sistema perfectible, por definición. Y que en los tiempos que corren, incluso las democracias mas rodadas o avanzadas han desarrollado defectos o han revelado limitaciones que motivan serias demandas de revisión por parte de la doctrina científica y de la opinión pública, como las que razona Sheldon WOLIN para el caso de los EEUU[21].

De modo que la necesidad de abordar la reforma de nuestras instituciones no es un asunto exclusivamente local, ni menos una mera bandera opositora.

2. Nuestra Constitución económica

Pese a los excesos episódicos y a los largos abandonos del cauce constitucional que registra nuestra historia, los pilares que la Carta de 1853 y sus reformas establecen en materia económica, no requieren cambios en tanto resultan aún compatibles con varias opciones económicas capaces de adaptar el funcionamiento de la producción argentina a las exigencias del nuevo escenario mundial.

En este sentido, la Argentina presenta una situación parecida a la de España en donde las grandes definiciones de la Constitución de 1978 pueden albergar un amplio abanico de políticas económicas, siempre que ellas resulten compatibles, claro está, con los Tratados de la Unión Europea.

Aunque en aquel país no es dable esperar los bandazos en que solemos incurrir en estas latitudes, tanto la izquierda como la derecha españolas podrían abordar un cambio profundo en el modelo productivo español sin necesidad de reformar la Constitución.

De hecho, el alicaído Gobierno socialista del Presidente ZAPATERO, para enfrentar la crisis económica que en España es más profunda y promete ser más duradera que en otros países, ha propuesto reemplazar el modelo basado en la industria de la construcción y en el turismo “barato” y poco respetuoso del medioambiente, por una economía centrada en los sectores con capacidad para competir en la economía global[22].

El nuevo modelo productivo que proponen los socialistas españoles apuesta por “los sectores basados en la tecnología y en el conocimiento, y alineados con las grandes tendencias globales. Y junto a los sectores “de futuro”, los sectores tradicionales de la economía española “con futuro”; los sectores que, renovados, pueden beneficiarse de las ganancias en productividad y competitividad apoyándose en los programas público de I+D+i”, reforzando su respeto al medio ambiente[23].

No por casualidad, las reformas a la educación figuran en uno de los primeros lugares de la agenda española. Una prioridad que, dicho sea de paso, contrasta con el pobre desempeño y las pobres iniciativas oficiales referidas a la educación en la Argentina y muy especialmente en Salta.

3. Aproximaciones al nuevo modelo productivo (NMP)

Donde sí hay que introducir grandes cambios es en el modelo productivo instaurado, bajo las restricciones a las que hice ya referencia, en 1930, así como en las políticas económicas que desde entonces lo sostuvieron.

3.1 Ejes de nuestra riqueza en el mundo globalizado

Entrando en materia, pienso que superando absurdos prejuicios ideológicos contra el campo, los dueños de la tierra, los campesinos y el mundo rural y dejando atrás viejas quimeras (autoabastecimiento integral, autarquía), deberíamos proponernos convertir a la Argentina en una potencia agropecuaria y agroindustrial. En el gran supermercado de alimentos para el mundo.

Las condiciones básicas están dadas: Los centenares de millones de personas que están saliendo de la pobreza (en India, en China y en otros lugares del mundo) demandan alimentos y están dispuestos y en condiciones de pagar buenos precios; precios desconocidos en la reciente historia económica mundial.

Disponemos de los recursos naturales y humanos, así como de la experiencia y de las vocaciones necesarias para emprender el recorrido. Nos falta, sin embargo, remover enormes obstáculos. Algunos “interiores” (culturales y políticos). Otros “exteriores” como es el caso de las prácticas proteccionistas de los países más poderosos del Norte que subsidian a su agricultura y traban el acceso de nuestra producción, o el dumping social que ejercen algunos países emergentes.

El tradicional y pesado gravamen que, para la economía argentina (y particularmente para la salteña), representan los términos internacionales de intercambio, sin haber desaparecido, está experimentando cambios drásticos que nos benefician.

La minería (que ALBERDI consideraba como parte de la agricultura y cuya importancia para Salta no hace falta recordar aquí) y la generación de energía, así como las industrias y los servicios competitivos, integrarían la columna vertebral del nuevo modelo productivo.

La Argentina (y Salta) dispone, además, de un factor central en la nueva economía: Talentos creativos, optimistas y potentes, capaces de abrir (aquí o en otros sitios) fuentes insospechadas de riqueza cooperando y compitiendo en las condiciones más rigurosas. Precisan, nada más y nada menos, disponer de incentivos adecuados, respirar aires de libertad, y contar con facilidades para acceder a institutos de altos estudios.

La ausencia de verdaderas políticas de promoción de la Investigación, la Innovación y el desarrollo, junto a la decadencia de la educación en todos sus niveles, es una de las lacras mas lacerantes del modelo treintista.

Recordar a las tres grandes empresas argentinas que fueron capaces de aprovechar las ventajas de la globalización (y de globalizarse), puede servir para mostrar un rumbo y convencernos de que, bajo ciertas condiciones, nuestros trabajadores y empresarios son capaces de triunfar en el mundo.

Me refiero a BUNGE & BORN (que supo concentrar a buena parte del comercio mundial de cereales), a TECHINT (líder global en la producción de aceros), y a ARCOR (la empresa de raíz cordobesa que está ya presente en los principales supermercados del mundo).

Un breve paréntesis para traer a colación un dato que me parece relevante. Estas tres empresas globales desarrollaron sofisticados mecanismos para relacionarse con los poderes institucionales y fácticos de la Argentina; incluso, se han dado casos donde estas empresas llegaron a ocupar importantes espacios en nuestra vida política.

Pero, además, han destinado recursos y experiencias para alimentar usinas de ideas y laboratorios de pensamiento, otorgándoles en muchos casos apreciables márgenes de libertad intelectual: El antiguo Instituto Bunge, las actividades que recoge el prestigioso Boletín Informativo Techint, y la Fundación Mediterránea, son algunas de estas colaterales influyentes.

Concluyo el paréntesis señalando que, a mi entender, en Salta las fuerzas de la producción no han logrado consolidar instituciones de este tipo. Se trata de una carencia que las debilita y, de paso, las obliga muchas veces a resignarse a la intrascendencia o a cumplir papeles menores en la periferia del poder de turno.

3.2 Incentivos y cargas en una política económica de Estado[24]

No se me escapa que esta opción económica contradice intereses corporativos, electorales y territoriales así como convicciones arraigadas. Tampoco ignoro que el eventual despliegue del NMP exigirá largos debates acerca de las herramientas, de los tiempos y de los recursos que deben ponerse en juego.

Pero tengo igualmente claro que los incentivos (por ejemplo, el régimen salarial y las protecciones) y las cargas (por ejemplo, las retenciones y los impuesto llamados distorsivos) del modelo treintista solo sirven para perpetuar un estado de cosas que está lejos de satisfacer los anhelos de los argentinos y de los salteños.

Un giro copernicano que nos coloque en la senda de los objetivos estratégicos antes enunciados[25], requiere una sustancial modificación de ambas herramientas y su reemplazo por instrumentos compatibles y eficaces.

Vale decir, requiere de una vigorosa actuación del Estado que deberá obrar guiado por un amplio consenso político y social. Como es evidente, esta afirmación rechaza la presunta infalibilidad y eficacia de la mano invisible.

Cuando apelo aquí al Estado como uno de los motores del cambio, lo hago pensando en un Estado diferente al que todos conocemos; en una Administración eficaz, profesional y a-partidista; en el Estado que pensó ALBERDI al definir el régimen rentístico de la Confederación Argentina:

“Será pobre el gobierno donde sean pobres los gobernados; pero si hay rentas para estos, no podrán faltar para aquel. Todo dependerá del ahorro y del juicio en los gastos del gobierno. Lo que agota y destruye la riqueza privada no es la contribución, pues al contrario esta la defiende y conserva; es el despojo, el pillaje que hace el despotismo, no para sus gastos sino para sus excesos”[26].

Un Estado en condiciones de orientar y apoyar la actividad productiva (dentro y fuera de nuestras fronteras), de reparar sus desequilibrios, y de brindar las seguridades que precisan tanto la ciudadanía como la economía modernas. O sea: Una institución que poco y nada tiene que ver con el aparato deformado y deformante que es hoy nuestro Estado, más cercano al despojo y al pillaje del que nos habla ALBERDI.

3.3 Retenciones e impuestos

La reimplantación de las “retenciones” a las exportaciones, su cuantía y su destino, han generado un verdadero círculo diabólico que, de un lado, ralentiza o frena nuestra producción exportable (principalmente las exportaciones de origen agrícola) y, de otro, financian el núcleo de las políticas centralizantes y clientelares.

Tal decisión gubernamental merece severos reproches desde el punto de vista de la legalidad y del federalismo. Pero, además, se ha convertido en unos de los ejes del enconado conflicto político nacional y local.

Si bien no parecen estar dadas las condiciones para su inmediata abolición, una reestructuración que nos conduzca a lo que aquí vengo llamando nuevo modelo productivo, debería contemplar su reemplazo por el Impuesto a las Ganancias que incorpore un suplemento[27] cuya cuantía tendría que determinarse con la participación de los productores.

El nuevo modelo productivo requiere, en síntesis, de una nueva fiscalidad que reforme el régimen de todos los impuestos vigentes, retoque las Leyes de Coparticipación, y refuerce el federalismo así como la descentralización de los recursos fiscales desde la Provincia hacia los Municipios.

En este contexto, la creación de un Fondo de Cohesión Territorial gestionado por un Consejo Federal con participación de las fuerzas de la producción, debería garantizar el financiamiento de las reformas económicas y, en especial, del Plan Nacional de Infraestructuras Urbanas y Productivas[28].

3.4 Estrategia agropecuaria competitiva

A estas alturas de mi exposición, quizá sea oportuno reiterar que mis reflexiones pertenecen al campo de la política y, por lo tanto, me considero relevado de las exigencias propias de los documentos técnicos o científicos. Vale decir, tienen el valor prospectivo y propositivo que surge de su propio desarrollo argumental.

Apelo a este preámbulo para avanzar, a continuación, algunas ideas acerca de la actividad agropecuaria, que pueden ser de interés (al menos para abrir debates) en Salta.

Más precisamente, para dejar simplemente anotados aquí algunos asuntos a resolver para que nuestra agricultura despliegue todo su potencial, lo hagan sin alterar equilibrios ambientales, y contribuyan a restaurar equilibrios sociales.

Como es sabido, la escala global de la economía permite organizar la producción (también la agrícola y la agroindustrial) en segmentos de diversa localización planetaria. Lo que plantea, de un lado, una abierta lucha por la localización de los empleos y de las inversiones; y, de otro, una lucha por retener los segmentos de más alta rentabilidad de la mano de elevadas inversiones en I+D+I.

Algunos expertos chinos explican gráficamente este fenómeno apoyándose en lo que llaman la “curva sonriente” (estilizada semejando la letra U), que ilustra la curva de desarrollo del producto, desde la concepción hasta la venta[29]. Y señalan que los países más adelantados y poderosos “exportan” partes del proceso de producción a lugares con costos más bajos y retienen los extremos de mas alta rentabilidad (la innovación protegida por patentes, el diseño, las redes comerciales).

En el caso concreto de la agricultura y sus derivados, cabe pensar que más allá de la productividad de nuestros campos y del talento de nuestros empresarios agrícolas, la Argentina tiene ciertas debilidades del lado de los insumos básicos (semillas, fertilizantes), y de las redes mundiales de comercialización.

Debilidades a las que habría que añadir, obviamente, el régimen impositivo y aduanero que ordena el Estado nacional, las carencias de infraestructuras colectivas (patentes en el caso de Salta), y el proteccionismo agrícola Europeo y estadounidense.

Un concierto entre el Estado y los productores, debería ayudar a mejorar la situación de nuestra producción de base.

Un segundo asunto a dejar aquí anotado, tiene que ver con los incentivos (o cargas) públicos que contribuyen a elegir entre los diversos usos posibles del campo (soja, trigo, caña de azúcar, ganadería, etc).

El último punto que quisiera poner de manifiesto, se refiere al desafío de encontrar formas de desarrollar la agricultura y de ampliar la frontera agrícola sin alterar los citados equilibrios medioambientales. Lo que plantea la necesidad de solventar el debate con el conservacionismo radical, de dictar normas eficaces y de lograr códigos de comportamiento responsable.

3.5 Plan Nacional de Infraestructuras Urbanas y Productivas

Para introducir brevemente este punto, diría que el nuevo modelo productivo tiene puntos de contacto con la frustrada operación de trasladar la capital de la república a Viedma, que el entonces Presidente Alfonsín lanzó con singular entusiasmo.

La transformación de actual nuestro sistema productivo (basado en la protección de unas actividades de nula o débil competitividad, en el castigo fiscal de ciertas actividades globalmente competitivas, y en las subvenciones estatales a la ineficiencia, a la pobreza y a las maniobras electorales), abrirá un proceso sostenido de movimientos migratorios y a nuevas demandas sociales y urbanísticas esta vez económicamente sustentables.

La constitución de la Argentina en un supermercado de alimentos para el mundo y de un Estado proveedor de servicios de alta calidad, exigirá enormes inversiones en infraestructuras: Reactivación del transporte ferroviario de cargas; mantenimiento de puertos; ampliación y mejoramiento de la red caminera y consolidación de los corredores bioceánicos; despliegue de las autopistas de la información; potenciación de la red de silos y depósitos; urbanización de localidades rurales y reconversión de asentamientos; programas de I+D+I; nuevas carreras en ingeniería de alimentos; multiplicación de la producción de energía, que dejo enunciadas sin ánimo de ser exhaustivo.

4. Un Estado moderno y del Bienestar (Los servicios públicos y sociales)

La Argentina, aunque a veces la rutina y la resignación nos lo hagan imperceptible, tiene enormes déficits en materia de servicios públicos y sociales.

Las prestaciones básicas de cualquier Estado que se precie de tal (seguridad, justicia, defensa, relaciones exteriores, Administración Pública, poder de policía), se brindan a niveles que rozan la precariedad, tanto por parte de la Nación, de las Provincias y de los Municipios, más allá de los matices e incluso de las carencias presupuestarias.

Otro tanto sucede, penosamente, con los servicios que integran lo que conocemos con el nombre -a todas luces excesivo en nuestro caso- de Estado de Bienestar (salud[30], educación[31], jubilaciones, pensiones, asistencia social[32], riesgos del trabajo, servicios urbanos y medioambientales[33]).

El nuevo modelo productivo deberá, que duda cave, abordar los desafíos que surgen de este enorme déficit no encuestado ni medido. Dicho en otros términos: La construcción de un Estado de Bienestar moderno, con prestaciones suficientes y de alta calidad, es una de las tareas a abordar por los gobiernos y por las organizaciones sociales, haciendo un uso responsable de los recursos públicos y privados que estará en condiciones de generar aquel nuevo modelo productivo.

Si se me permite una afirmación simplista, diría que la enunciación y concreción de estas metas sirven para separar al nuevo modelo que aquí esbozo, de otras versiones reformistas de inspiración individualista o populista.

Con el añadido de que aquella construcción del Estado de Bienestar absorberá gran cantidad de la mano de obra que buscará emigrar de los lugares donde se asienta la pobreza y de los malos empleos.

5. La reforma laboral

El sistema laboral argentino es, de alguna manera, la mayor innovación que el peronismo introdujo dentro del modelo treintista.

Desde el punto de vista político, el monopolio sindical resulta contrario a los valores republicanos y federales y, como lo están demostrando algunos conflictos recientes, contrario también el buen funcionamiento de la producción.

El unitarismo sindical y el centralismo de los convenios colectivos de trabajo son funcionales a la concentración industrial en el área Buenos Aires. Cuando los peronistas primero y los radicales después aprobaron las leyes para imponerlos, causaron graves daños al desarrollo equilibrado del interior del país y consolidaron la macrocefalia argentina.

Desde el punto de vista laboral, el modelo productivo que sobrellevamos desde 1930, fue también el resultado del desempleo rural y de salarios urbanos que incentivaron las migraciones.

Como se sabe, los salarios (directos e indirectos) son el más poderoso incentivo que guía las migraciones. Fueron los salarios argentinos relativamente altos, además de las garantías constitucionales, los que hicieron posibles la llegada de millones de emigrantes de ultramar. Y fueron otra vez los salarios urbanos (mejores que los del campo) los que movilizaron a millones de cabecitas negras hacia el área pampeana.

En realidad, el famoso “Estatuto del Peón”, que en su día sirvió para aliviar las miserias de los trabajadores del campo, no fue más que una pieza de aquel modelo que Salta, junto a todo el norte argentino, padeció y padece[34].

Si, como dicen los nuevos empresarios rurales, las explotaciones agropecuarias son hoy organizaciones modernas que incorporan inversiones, tecnologías y gerencias profesionales, resulta anacrónico un régimen laboral como el del Estatuto del Peón.

En el nuevo modelo productivo (NMP) que vengo esbozando, los trabajadores del campo se incorporarían al ordenamiento laboral ordinario y tendrían derecho a negociar sus salarios en iguales condiciones que los obreros industriales.

Así como las enormes rentas que producirá el Gran Supermercado de Alimentos Argentinos no serán expropiadas por el Estado (como viene sucediendo hasta hoy a través de las retenciones), deberán abrirse a la participación de los nuevos asalariados rurales tanto como a una nueva fiscalidad municipal.

Los buenos salarios retribuirán la productividad, permitirán condiciones de vida digna, e incentivarán el retorno de obreros a los centros de trabajo erigidos en pueblos y ciudades reconstruidos para servir a la nueva economía agroindustrial.

Por supuesto, tales incentivos transformarán nuestros mapas demográfico, electoral y sindical. No tendrán cabida en él ninguno de los gordos que viven del viejo modelo y sus negocios conexos.

Los nuevos trabajadores del campo provendrán de las ciudades. Tanto si tienen experiencia industrial como si viven hacinados, esperando un bolsón o unas chapas que el puntero les acerca a cambio de su voto o de su esperanza.

El NMP reclama reglas laborales (desde luego económicas) que fomenten la productividad, verdadero motor de cualquier economía moderna. Reglas y también una cultura del trabajo y de la gestión que pongan énfasis en la misma productividad.

Ciertas normas y ciertas consignas de raíz peronista caminan en la dirección contraria, a pesar de los intentos que el mismísimo Juan Domingo Perón hizo, por ejemplo en el Congreso Nacional de la Productividad de 1949, para revertirlas.

Desde el punto de vista de las creencias dominantes, uno de los peores legados del actual turno político es el mensaje de que se puede progresar sin necesidad de esfuerzos individuales y colectivos. Otro es aquella propaganda falaz que afirma la más absoluta desvinculación entre los salarios, la productividad y la inflación.

VII. FINAL

Han transcurrido 80 años desde que en 1930 la Argentina sufriera el primer quiebre de las instituciones de la república alberdiana y se viera forzada a reemplazar un modelo económico y de integración en el mundo, para atender al nuevo escenario creado por la Gran Crisis de ese tiempo y por los conflictos armados que asolaron a la humanidad.

Vivimos, durante ese tiempo, momentos de prosperidad, euforia y esperanzas, a los que invariablemente sucedieron etapas de estancamiento, pobreza y pesimismo.

Aunque a veces nos cueste reconocerlo, las marchas y contramarchas de nuestras políticas tuvieron como punto de referencia los acontecimientos internacionales y la evolución de la economía mundial. Nuestros líderes sucesivos actuaron para absorber esos acontecimientos, para que la economía local se acomodara a las crisis externas, para aprovechar oportunidades o protegernos de acechanzas, cuando no para confrontar con ese mundo.

En los últimos 25 años logramos asentar la democracia y darle la deseada continuidad; no obstante hay en este terreno de las instituciones y de los valores, un enorme camino reformista por recorrer.

En este apasionante período, el mundo experimentó cambios sustantivos e irrevocables. La caída de la ilusión comunista y la aparición de nuevos grandes actores, alteraron los equilibrios precarios de la segunda posguerra.

La llamada globalización (o mundialización) de los intercambios y de los riesgos, el ingreso a los mercados de un gran número de consumidores de alimentos, el incipiente auge de las bioenergías, la preocupación por el medioambiente y el importante mejoramiento de los precios de las materias primas e, incluso la reciente crisis financiera mundial, han modificado drásticamente los escenarios donde nos desenvolvemos loa argentinos y, desde luego, los salteños.

Una modificación de la que emergen amenazas (la de quedar definitivamente atrás en el escalafón que mide el bienestar y la prosperidad de las naciones, es una de ellas), pero también una enorme oportunidad para un país como la Argentina.

Es cierto que por momentos, la ansiedad nos acerca al pesimismo paralizante. Los que la experimentan, pensarán que plantear objetivos con miras a 2016 es hablar del largo plazo (momento en el que según KEYNES, “estaremos todos muertos”).
Sin embargo, creo que 2016 nos abre un horizonte para la reflexión y el diálogo que preceden a la acción constructiva.

Mi presentación de esta noche, de cuyas limitaciones soy plenamente consciente, pretende mostrar las raíces y los límites del modelo económico nacido en 1930. Y pretende también esbozar un camino que, aprovechando las oportunidades globales, nos permita erigir una república próspera y cohesionada.

La riqueza real y potencial de Salta, expresada en sus recursos naturales y humanos y en la reciente trayectoria de la economía agrícola, minera y turística privadas, nos brinda lo necesario para inaugurar un ciclo de prosperidad y estabilidad.

Para traducirlo en hechos que nos permitan, además, superar el subdesarrollo y la pobreza, necesitamos que la Argentina sea (o vuelva a ser) una república federal.

Siendo esto muy importante, no alcanza. Precisamos también que Salta adquiera un peso intelectual y una influencia política que nos conviertan en actores relevantes en las mesas donde se decide el futuro de todos.

Muchas gracias.

VIII. BIBLIOGRAFIA

ALBERDI, Juan B.: “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina”, Editorial EL ATENEO, España -1913.

BECK, Ulrich: “Qué es la globalización”, Editorial PAIDOS, España – 1998.

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WOLIN, Sheldon S.: “Democracia SA”, Editorial KATZ, España – 2008.

ZAKARIA, Fareed: “El mundo después de USA”, Editorial ESPASA, España – 2009.

[1] Añade BECK que “El cosmopolitismo sin provincialismo está vacio y el provincialismo sin cosmopolitismo está ciego” y que “La contraposición entre lo nacional y lo transnacional es radicalmente falsa”
[2] DIAZ ALEJADRO duda, con buen criterio, “de que puedan introducirse reformas sociales duraderas mientras se sigan difundiendo nociones incompletas o distorsionadas sobre el pasado. Ideas grotescas acerca de la historia económica de la Argentina han contribuido a suscitar políticas extrañas”.

[3] Dice ALBERDI: “Nuestra revolución abrazó la libertad económica porque ella es manantial de riqueza de las naciones; porque la libertad convenía a las necesidades de la desierta Argentina que debe atraer la población, los capitales y las industrias de las que carece”

[4] “Hacia 1929 la Argentina había llegado a tener reputación mundial como país con un futuro próspero y se suponía que estaba llamada a representar un papel cada día mas importante en los asuntos mundiales” (Carlos DIAZ ALEJANDRO).

[5] “Con la crisis del 30 se inició una época de devaluaciones compensatorias, de barreras comerciales, de creciente aislamiento y de reacciones defensivas que pugnaban por políticas corporativas a favor de intereses sectoriales” (Roberto CORTES CONDE).

[6] Según la Real Academia Española, el adanismo es el hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente. Sobre el punto, Rafael DEL AGUILA “La senda del mal”, Editorial TAURUS, España – 2000.

[7] Algunos autores asignan este papel a Federico Pinedo (abuelo del actual diputado por la ciudad de Buenos Aires del mismo nombre). Otros mencionan a Alejandro Bunge y sus discípulos agrupados en el influyente Instituto que llevó su nombre. En cualquier caso, no resulta atinado atribuir a estos dos pensadores todas las derivaciones que a lo largo de estos 80 años experimentó el modelo nacido en 1930.

[8] “La euforia económica de la inmediata posguerra sobreestimó las capacidades de la economía y postergó proyectos como la producción de acero. A partir de 1949, la escasez de divisas estimuló la idea de que toda industria era necesaria” (BELINI).

[9] Sus pretensiones de girar hacia políticas mas acordes con la realidad local y mundial, se estrellaron contra el híper-nacionalismo (que gustaba de echar pulsos al propio Perón) y contra la simple ineficacia administrativa. Así sucedió con el proceso referido a la producción de acero (SOMISA) y con la idea se sumar al capital extranjero (Ver BELINI). Tal giro resultó, además, condicionado por los temores al impacto negativo que una eventual reconversión económica tendría sobre el empleo, la conflictividad y la adhesión de los trabajadores a la causa peronista.

[10] Para quienes impugnan el carácter “peronista” de las ideas del Presidente MENEM, o han olvidado sus protestas de ortodoxia, resulta oportuno recordar, con NOVARO, que “la clave del éxito de las críticas de MENEM al proteccionismo y al estatitsmo radicó en que fueron percibidas como una puesta en práctica de las enseñanzas de PERON”.

[11] Sectores que pasaron abruptamente del híper-menemismo al híper kirchnerismo.

[12] Estos errores en materia de regulaciones no se verificaron en el sector eléctrico, en donde el gobierno contó con expertos de alto nivel.

[13] El análisis más completo y lúcido de este período es, a mi juicio, el que hace Marcos NOVARO en su libro “Argentina en el fin de siglo”, Editorial Paidós, Buenos aires – 2009.
[14] Dificultades que agravó la vacilante gestión del Gobierno de la Alianza UCR/FREPASO. El Presidente DE LA RUA no pudo convencer a sus aliados del progresismo peronista ni a la UCR de la necesidad de adoptar las medidas que eran consistentes con la convertibilidad o con su suave reformulación.
[15] José ORTEGA y GASSET llamaba a los españoles a luchar menos por la conquista del poder y mas por un proyecto ilusionante de vida en común que pusiera de pié a España.

[16] ZAKARIA, F. página 14. También puede consultarse a Guillermo de la DEHESA “Globalización, desigualdad y pobreza”, Alianza Editorial, Madrid – 2003.
[17] ZAKARIA, F. página 86.

[18] ALBERDI, J. B., página 295.

[19] He abordado este tema en un libro aún inédito: “La decadencia institucional 2001/2009 – Apuntes para la reforma política argentina”. Sobre la implantación de la forma parlamentaria de gobierno en la Argentina, sugiero consultar las ideas que Fernando A. LARÍA expone en su libro “El sistema parlamentario Europeo” (2009).

[20] He tomado la formulación de este punto de los trabajos preliminares que Rodolfo TERRAGNO publica en su Web.

[21] WOLIN, Sheldon “Democracia SA – La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido”, Editorial KATZ, España – 2008.

[22] Dice el Presidente ZAPATERO: “Aspiramos a renovar un modelo económico que ha de ser sostenible en tres dimensiones clave: a) sostenible económicamente a medio y largo plazo: que esté basado en la economía del conocimiento y la innovación, que contribuya a hacer más competitiva nuestra economía, que nos permita enfrentarnos con éxito al fenómeno de la globalización; b) sostenible socialmente: que favorezca el empleo estable, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que nos ayude a encarar con garantías el reto del envejecimiento de nuestra población; y c) sostenible medioambientalmente: bajo en emisiones, para conjurar las amenazas planteadas por el cambio climático y en una permanente tarea de ahorro energético. Para desarrollar este modelo debemos hacer tres cosas: Primera, crear un entorno que estimule una actividad económica de alto valor añadido, de más productividad y dinamismo. Segunda, reconducir la actividad y el volumen exagerado de nuestro sector inmobiliario. Y, tercera, identificar y potenciar sectores con suficiente capacidad de generación de riqueza y de empleo, sectores que se hayan mantenido fuertes incluso durante la crisis” (Discurso de 12 de mayo de 2009 en el Debate sobre el estado de la Nación).

[23] Discurso citado.
[24] Conviene advertir contra el mal uso que mucho, en nuestro país, hacen del término “política de Estado”, presentando como tal a toda decisión política que adopta una mayoría circunstancial sobre un asunto relevante. Se colocan así a contramano del lenguaje político democrático que introdujo el término “política de Estado” para denominar a determinadas decisiones que se adoptan con la libre participación de las minorías (al menos de las mas representativas) que expresan a los distintos segmentos que conforman una sociedad pluralista.

[25] “Construir una república democrática, parlamentaria y federal, territorialmente cohesionada, con una Administración profesional y eficaz y un Estado del Bienestar que promueva la equidad social, y con una economía capaz de crecer a altas tasas, integrada en el mundo globalizado, y de modo ambientalmente sustentable”.

[26] ALBERDI, Juan B., página 238.

[27] Al estilo de los impuestos especiales a los “superbeneficios” creados en algunos países nórdicos.

[28] Adviértase que esta formulación tiene muy pocos puntos de contacto con una propuesta que, bajo el mismo epígrafe, viene motorizando el señor Gobernador de Salta.

[29] “En el extremo superior izquierdo de la curva se empieza con la idea y el diseño industrial de alto nivel: qué apariencia tendrá el producto y cómo funcionara. Mas abajo en la curva llega el plan de ingeniería detallado. En la base de la U está la fabricación, el ensamblaje y el transporte. Después, ascendiendo por la derecha de la cura, están la distribución, la mercadotecnia, las ventas al por menos, los contratos de servicios y las ventas de piezas y accesorios” (F. ZAKARÏA, página 167)
[30] Mientras que en materia de salud pública es posible constatar ciertos avances relativos, la crisis múltiple que lastra el sistema de las obras sociales sindicales no encuentra solución pese a su agravamiento.

[31] La reciente encuesta oficial sobre calidad educativa (2007) no hace sino confirmar las falacias alrededor de las cuales se mueven (y no desde ahora) el mundo de la educación pública y sus actores principales: gobernantes, sindicatos, docentes, directivos y expertos.

[32] Nuestros rudimentarios servicios sociales no están preparados para hacer frente a nuevos problemas como la drogadicción, la delincuencia juvenil, la violencia familiar, la exclusión social hereditaria, los desarreglos sexuales, la paternidad irresponsable, o los desvíos que conlleva la miseria.

[33] Cualquiera que viva en los pueblos del interior salteño podría dar testimonio de que en estos asuntos reinan la negligencia, el ausentismo municipal y, en muchos casos, la ley de la selva).
[34] A los efectos que aquí interesan (el ordenamiento labora como obstáculo o incentivo a la producción y a las migraciones), la crítica puede trasladarse al vigente Régimen Nacional de Trabajo Agrario (Ley 22.248).

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
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ANESTESIA SIN CIRUGÍA
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PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
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2011: ¿Y AHORA QUÉ?
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UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
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LA MALA VIDA
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LA RESTAURACIÓN LIBERAL
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LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
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EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
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ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
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EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
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LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
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EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
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DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

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ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
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PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
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