NUEVA DIRECCIÓN

A partir Febrero 2012 en: http://peronismolibre.wordpress.com

LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

Buscar este blog

30 ene. 2011

ANESTESIA SIN CIRUGÍA

por Diana Ferraro

A comienzos de los 90, Carlos Menem describió sintéticamente su proyecto de modernización de la Argentina como una cirugía sin anestesia: todos los cambios necesarios introducidos con la urgencia del caso y de modo simultáneo, aunque doliera. Esa decisión permitió una veloz actualización de la estructura productiva y de servicios y el fin de la inflación. A partir de 2001, Duhalde y sus seguidores, los dos Kirchner, optaron por el proyecto opuesto, que describieron de acuerdo a sus fantasías acerca de la realidad como proyectos productivos o progresistas, sin advertir que, justamente por ser el proyecto opuesto al de los 90, el nombre que mejor le cabía era el de anestesia sin cirugía (ver: Anestesia sin cirugía por Carlos Menem en Diario Los Andes (2006) )

Durmieron las inversiones, aunque la economía se viera beneficiada por un factor externo –el precio de los cereales y su efecto multiplicador en lo interno, en especial en los recursos del Estado por las retenciones. Durmieron la memoria de diez años sin inflación con índices distorsionados del INDEC. Durmieron las empresas privatizadas, que a raíz de los contratos quebrados y las tarifas pesificadas y fijas, desmejoraron cuando no congelaron sus servicios. Durmieron la conciencia de la ciudadanía, con la ayuda de los beneficiados por el cambio de las nuevas reglas –entre otros, los dos más importantes matutinos que aún hoy no se atreven a reivindicar los 90. Durmieron las relaciones exteriores con el principal aliado de la Argentina en los 90, los Estados Unidos—dentro del contexto del mayor ataque sufrido por éste y festejando el final de la única opción estratégica de la Argentina, un continentalismo pleno capaz de rescatarla de la hegemonía brasileña. Durmieron, finalmente, las instituciones de modo tal que los partidos políticos –principalmente el poderoso y democrático PJ de los 90—dejasen de funcionar, que las fuerzas de seguridad perdieran su capacidad de reacción y que la justicia olvidara, en medio del cómo y conveniente sueño, dónde está el mal a castigar, dónde la jeringa con el soporífero, y dónde la mano que lo administra. De la cirugía necesaria para poner el país de pie, para recuperar las inversiones y los buenos servicios así como las relaciones internacionales genuinamente productivas y beneficiosas y para contar con la seguridad jurídica y física imprescindibles y con instituciones adecuadas a las necesidades de los ciudadanos, ni noticias.

Ante la fantasía de que el ensueño colectivo, provocado por los efectos remanentes de la anestesia, pueda prolongarse eternamente, conviene advertir la aceleración progresiva de los abruptos espasmos del cuerpo comunitario, por ahora breves y acotados, pero que terminarán en un final despertar a la realidad. Durante la transición, la fiebre inflacionaria seguirá allí, cada día más alta. A la vez, el deterioro institucional se acelerará con el reinicio de los desequilibrados signos vitales, y la parálisis provocada por la incorrecta alineación externa dejarán en evidencia la necesidad de una nueva, posiblemente dolorosa, pero inevitable cirugía.

El próximo candidato a presidente que pretenda devolver la salud a la Argentina y ser capaz de decirle con total honestidad, como escribiera Béliz y recitara Menem, “Levántate y anda”, tendrá que haber pasado obligatoriamente por este curso de medicina política y ser capaz de explicar claramente al paciente que en los últimos diez años, sólo estuvo dormido, en un coma deteriorante y no en vías de recuperarse. También que para sentirse bien, no basta con doparse, sino que a veces hay que hacer algo más. ¿Una cirugía con anestesia, quizá?

Lecciones de cirugía gratuitas: http://www.cavallo.com.ar/
Cirujanos aprendices, aún no graduados: Daniel Scioli y Mauricio Macri
No inscripto en el curso: Carlos Reutemann
Alumno aventajado: Alberto Rodríguez Sáa
Rechazados en el curso: Julio Cobos y Ricardo Alfonsín (no comprenden de qué se trata)

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

No está todo dicho sobre las urnas de octubre
por Jorge Raventos


La Coalición Cívica ya ha definido su fórmula máxima para el comicio de octubre: Elisa Carrió y Adrián Pérez. En el Pro el nombre de Mauricio Macri es número puesto. El Proyecto Sur ya tiene su candidato presidencial, Fernando Solanas. Los radicales elegirán el suyo a fines de abril, entre Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz. El Peronismo Federal, pese a la deserción de Felipe Solá, se dispone a realizar internas escalonadas semanalmente por regiones entre abril y mayo, en las que competirán Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saa y, quizás, el chubutense Mario Das Neves. El oficialismo ya elevó su clamor para que Cristina Kirchner reincida.

Con esos datos, todo parecería indicar que el paisaje preelectoral ya está dispuesto, que sólo resta aguardar algunos detalles, a develarse en doce a quince semanas, y que las elecciones primarias abiertas y obligatorias, que legalmente deben consumarse en el mes de agosto, pintan apenas como una ceremonia redundante, en las que sólo conservan ilusiones o tienen interés el vicepresidente Julio Cobos y Felipe Solá.

Sin embargo, puede ocurrir que lo que parece no sea; es posible que lo que luce ya atornillado sufra desajustes, que se produzcan variantes significativas. En Argentina, ya se sabe, la política (más que el fútbol) es la dialéctica de lo impensado, de lo sorpresivo y hasta de lo asombroso.

Por ejemplo, si bien es verdad que -con mayor o menor volumen, espontaneidad o franqueza- las voces del oficialismo se alzan para aclamar, proclamar (y, en algunos casos, reclamar) el nombre de la Presidente como cabeza de la boleta presidencial en octubre, lo cierto es que ella misma posterga una definición, lo cual induce a las interpretaciones y las conjeturas. En la última semana se han reiterado versiones originadas en las proximidades de la Casa Rosada que sugieren una reticencia de la señora a la búsqueda de la reelección. Se mencionan varios motivos: el insistente consejo de sus hijos (que la exhortarían a que termine el período y tome distancia), su estrés (que a veces se refleja en señales como sus repetidos episodios de lipotimia) y, sobre todo, un marcado decaimiento de su entusiasmo a partir de la muerte de su esposo. “Cristina nunca fue un cuadro ligado a solidaridades orgánicas o a vínculos militantes –describe una persona que la conoce desde hace mucho-; su aventura fue siempre la de ser compañera política de Néstor. Vivían una complicidad compartida y excluyente, y era con él con quien gozaba triunfos, logros, conquistas y venganzas. Aunque ella se esfuerza por mantener la llama encendida en homenaje a la memoria de Néstor, la ausencia de él le quita placer a todas esas cosas, les quita motivación”.

Junto con esas conjeturas que evocan la posibilidad de que la presidente resuelva no candidatearse, florecen otras que niegan radicalmente esa perspectiva y que insisten en que su postulación está garantizada, tanto subjetivamente (la intención de la interesada) como por condiciones objetivas (aluden aquí a encuestas que le asegurarían un triunfo electoral inapelable y a la “retirada” de otras alternativas, adjudicadas, según esas construcciones a “una combinación propiciada por la Asociación Empresaria Argentina”). Probablemente acentuado para influir sobre el debate interno del oficialismo, el énfasis de esta versión “optimista” refuerza, sin embargo, la incertidumbre: tanta insistencia sugiere que es la misma postulada la que debe ser persuadida.

Por cierto, que la señora de Kirchner decidiera no presentar su candidatura no sería un dato insignificante. A esta altura, fuera de ella, la única figura del oficialismo con posibilidades competitivas es Daniel Scioli. El gobernador tiene un respaldo en la opinión pública que se ha mantenido más estable que el de la señora de Kirchner: cayó menos que ella en tiempos del conflicto con el campo, quedó alto, pero rezagado en relación a ella durante las primeras semanas posteriores a la muerte del ex presidente, en las que la señora fue acompañada por la sociedad en su duelo, y ahora, cuando la tendencia vuelve a normalizarse y ese efecto se desvanece, ambos vuelven a estar parejos.

Sucede, sin embargo, que Scioli no está apoyado sobre el mismo conjunto de opinión que la señora de Kirchner y, de hecho, muchos de los que reclaman la candidatura de ella lo combaten a él y no lo acompañarían, circunstancia que podría beneficiar, por ejemplo, al Proyecto Sur de Fernando Solanas. En cambio, si Scioli fuera candidato podría ejercer una atracción sobre el electorado y los cuadros peronistas e independientes que hoy buscan un rumbo junto al peronismo federal, sin descontar la posibilidad de que terminara decantándose a partir de ese hecho una reunificación del peronismo.

Así, la idea de que el paisaje electoral de octubre está básicamente delineado puede ser una ilusión óptica. Otro dato: aunque ya no son tantos los que lo aguardan, hay no obstante un núcleo de convencidos de que aún vale la pena esperar la frugal palabra de Carlos Reutemann. El hermético santafesino prometió no hablar de candidaturas presidenciales hasta marzo, y sus creyentes consideran que no está cerrada la alternativa de que él se postule. Entretanto, es interesante observar lo que está ocurriendo en su provincia en relación con el Partido Justicialista: allí el kirchnerismo, conducido por el jefe del bloque oficialista de diputados, Agustín Rossi, decidió competir por fuera del PJ, convencido de que sería derrotado adentro por los seguidores de Reutemann y Jorge Obeid. Este, a su vez, después de declararse partidario del peronismo federal, rechazó la posibilidad de participar en la interna abierta que organiza esta tendencia. “Yo soy peronista federal, pero no concibo a éste como un partido aparte del PJ, sino como una tendencia interna”, dijo. La línea de Reutemann reclama unidad del peronismo, tanto en el país como en su poca provincia, donde la división equivale a entregarle el triunfo a las fuerzas que sostienen al gobernador socialista Hermes Binner.

En fin, la posibilidad, abierta por lo menos hasta principios de abril, de que Carlos Reutemann juegue su candidatura, la incertidumbre sobre la fórmula oficialista y hasta la incógnita sobre el juego de alianzas en que piensa sostenerse Mauricio Macri son otros tantos factores que obligan a no caer en simplificaciones en torno a las urnas de octubre. O, al menos, a postergarlas por un tiempo: lo que se ignora electoralmente atañe a las personalidades políticas que hasta el momento cuentan con mejores números en las encuestas. Así como se ignoran las consecuencias de algunos hechos que este somero cuadro no mencionó: inseguridad, inflación, desorden, efecto Moyano.

24 ene. 2011

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO

por Víctor E. Lapegna

"Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición. El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas”. Juan Bautista Alberdi, Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina, 1856

Debe trabajar el hombre para ganarse su pan / pues la miseria en su afán de castigar de algún modo / golpea en la puerta de todos y entra en la del haragán”. José Hernández, Martín Fierro, 1872

“Siempre en todas partes, han existido los que producen y los que sólo consumen. El régimen justicialista había lanzado una “consigna negra” para los parásitos: “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume”. La organización del Pueblo, el trabajo organizado irá cerrando el cerco alrededor de los que consumen sin producir”. Juan Domingo Perón, La Fuerza es el Derecho de las Bestias, 1956

La Argentina está muy preparada para consumir y mucho menos para producir. Hay que ir a una revolución hacia la producción. Las clases medias, en las que me incluyo, viven una gran decadencia cultural y educativa. No hay una cultura del esfuerzo”. Gerardo Della Paolera, La Nación, 23/01/2011

Las citas de Alberdi, Hernández, Perón y Della Paolera – quienes, pese a las diferencias temporales y conceptuales que los separan, coinciden en su lúcido interés por los asuntos de la Patria - marcan el carácter dilemático de la relación entre consumo y producción en la Argentina de ayer y hoy.
Para abordar ese dilema conviene tratar de esbozar la respuesta a estas dos preguntas:

·¿Cuánto, qué y quienes producen en la Argentina actual?
·¿Cuánto, qué y quienes consumen en la Argentina actual?

La Situación de la Producción de los Argentinos

El valor actual del Producto Bruto Interno (PBI) en la Argentina llega a unos 8.000 dólares por año y por persona y en el 2010 registró un aumento interanual de casi el 9 por ciento.

Se considera que los factores principales de ese crecimiento fueron los siguientes:

1.Producción agrícola, con una cosecha récord (en especial en soja);

2.Orientación expansiva de la política económica (fiscal, monetaria y de ingresos);

3.Contexto internacional favorable, con Brasil creciendo a tasas sorprendentes y traccionando al sector industrial argentino y China empujando la demanda de commodities en un ambiente de precios altos.

4.Clima de estabilidad financiera que garantiza un escenario sin grandes riesgos de sobresaltos, gracias a la alta oferta privada de dólares y la baja probabilidad de default soberano en el corto plazo.

Los trabajadores – según el concepto justicialista que reconoce una sola clase de hombres, los que trabajan – ocupados en las que son las principales actividades productivas por su incidencia en el valor total del PBI, aún incluyendo todos los eslabones de la cadena insumo/producto que abarcan esas actividades, suman un porcentaje menor del total de personas que integramos la Población Económicamente Activa (PEA) de nuestro país.

Estos someros datos acerca de quienes producen en la Argentina dicen bastante acerca de la cantidad del trabajo argentino y, sobre todo, acerca de su calidad, considerando por un lado su productividad en términos del valor creado por cada trabajador en una unidad de tiempo y por el otro la medida en que la actividad laboral se corresponda con la dignidad debida a toda persona por el sólo hecho de ser tal.

Según los datos del INDEC – con las justificadas dudas que suscita la credibilidad de sus mediciones – el desempleo es del 7,5 por ciento y según estimaciones confiables, el trabajo informal o “en negro” llega a un 36 por ciento de los asalariados.

Si a ese 43,5 por ciento se suman las personas que no forman parte del universo productivo por motivos estructurales (jubilados, menores, estudiantes, enfermos, etc.) y los trabajadores ocupados en empleos de baja productividad (como el empleo doméstico, entre otros), se constata que una gran proporción de los argentinos no “producen lo que consumen”.

La Situación del Consumo de los Argentinos

Una faceta de la dramática dualidad económica y social que divide a los argentinos es que pocos perciben mucho más de lo que pueden gastar en consumo y muchos perciben menos de lo que necesitan para pagar consumos vitales.
Un signo de esa dualidad es la brecha per cápita que separa al 10 por ciento de los hogares más ricos (que obtienen el 29,5 por ciento del ingreso total) frente a la misma porción de hogares pobres (que sólo recibieron el 1,7 por ciento del ingreso total), que fue de 21,45 veces.

Otra señal de dualidad económica y social es el coeficiente de Gini - que mide el grado de desigualdad en la percepción de ingresos y en el cual 0 es el nivel de mayor igualdad y 1 el de mayor desigualdad – que en la Argentina de 2010 llegó al 0,40 para los ingresos per cápita de los hogares, mientras que en los países europeos desarrollados apenas alcanza un 0,25 o 0,30.

En cuanto a la tasa de pobreza, si se la calcula conforme a los verdaderos precios de la Canasta Básica Alimentaria (que duplican a los registrados por el INDEC), asciende al 23 por ciento de la población (9,2 millones de personas).

Aunque según el INDEC el ingreso promedio de los casi 6 millones de trabajadores del sector privado durante el tercer trimestre del 2010 habría sido de 3.939 pesos mensuales, el dato no parece ajustarse a la realidad en el caso del sector privado informal, en el que los salarios crecieron este año un 23 por ciento (según datos oficiales), mientras los precios de los alimentos crecieron un 34 por ciento.

A propósito de ello cabe tener en cuenta que los trabajadores no registrados en el tercer trimestre de 2010 eran un 36 por ciento del total y que los alimentos representan una fracción mayoritaria de la canasta de consumo de los sectores de menores recursos, mayormente concentrados en el sector informal del mercado laboral.

En cuanto al consumo privado, variable que representa casi un 60 por ciento de la demanda global, en el 2010 registró un aumento del 8,3 por ciento, mientras que el consumo público, de mucha menor importancia que el privado, creció casi un 10 por ciento.

Si ese crecimiento del consumo privado se desagrega, se percibe la existencia de una marcada brecha entre las cantidades físicas de bienes vendidos y su valor en pesos deducida la inflación, lo que lleva a suponer que estamos ante un cambio cualitativo y estructural del consumo popular.

Por un lado, el consumo de los sectores de ingresos medios-bajos y bajos se orientó a comprar mayor cantidad de bienes sustitutos más baratos y de mucha menor calidad, a través del conjunto de planes sociales y asignaciones de subsidios al consumo de los más necesitados.

Por el otro, los sectores con mayores ingresos (que incluyen a algunos segmentos obreros como por ejemplo los petroleros, cuyos salarios son de unos 17.000 mensuales, así como a buena parte de los productores rurales) baten records de compras de autos nuevos (incluso los de alta gama), de electrodomésticos y de equipos de televisión, audio e informática, de viajes al exterior y gastos en turismo.

Esas compras dan cuenta del nivel de ingresos que tienen esos sectores medios-altos y altos, pero también de cierta compulsión a consumir para cubrirse de la inflación, en un entorno de inestabilidad.

Un signo de ello es que esas compras, realizadas en buena medida mediante el uso masivo del “dinero plástico” y la demanda de préstamos personales de corto plazo asociados al mismo, contrastan con el hecho que no haya un significativo repunte el crédito hipotecario, pese a que en muchos casos las tasas de interés se sitúan por debajo del índice de inflación real.

Otra señal de comportamientos compulsivos antiinflacionarios, es que los ahorros que los argentinos tienen bajo el colchón, en cajas de seguridad o en el exterior ya suman 140.408 millones de dólares, de acuerdo a las estimaciones de la balanza de pagos difundidas por el INDEC y de ese total, en los primeros nueve meses de 2010, salieron fuera del sistema casi 7.000 millones de dólares.

La mencionada dualidad que registra la cantidad y calidad del consumo entre los diversos sectores en el plano individual, se acentúa en el caso de los que se podrían llamar consumos sociales, como es el caso del acceso a bienes que expresan derechos difusos, como la educación, la seguridad, la salud o el transporte; en los que se registra una muy marcada la disparidad en la cantidad y calidad de este tipo de bienes a los que se tiene acceso, según sean los niveles de ingresos de los sectores sociales.

Un primer ejemplo de lo expuesto lo tomamos de un reciente estudio acerca de “Deserción, desigualdad y calidad educativa”, del doctor Alieto Aldo Guadagni, en el que se aborda la cuestión educativa, clave de la productividad y de la justicia social en este siglo XXI.

Se dice ahí que en la Argentina de hoy “existen cada vez más evidencias que el sistema educacional, no solo el secundario sino también el primario y el inicial, avanza hacia la consolidación de un modelo organizativo de carácter dual”.Agrega que “no existe igualdad de oportunidades, ni entre regiones ni entre niveles socioeconómicos de la población, lo cual agrava aún más el gran problema de una deficiencia generalizada en la calidad educacional argentina”.

Por último, se da cuenta de que, “por cada 100 niños que ingresan a la escuela primaria nada menos que 75 lo hacen en escuelas estatales y apenas 25 en privadas; sin embargo a la hora de graduarse en la universidad 70 de cada 100 graduados provienen de escuelas privadas. Esto es así porque de cada 100 niños que ingresan a la escuela primaría publica llegarán a graduarse apenas 5,6, mientras que en el caso de los niños que ha cursado en escuelas privadas se graduaran nada menos que 38 cada 100”.

En otro plano, aunque la inseguridad afecta por igual a todos los sectores sociales, es obvio que quienes pueden pagar vigiladores privados o instalar gadgets preventivos en sus domicilios y ámbitos de trabajo pueden verse menos amenazados por el delito que aquellos que no pueden solventar ese tipo de consumos.

En materia de salud salta a la vista que existe una marcada diferencia entre los sectores de la población que pueden consumir las prestaciones sanitarias que brindan los servicios privados y las obras sociales de mayor calidad, respecto de quienes sólo pueden consumir los servicios de los efectores públicos de salud.

Por último, son evidentes las diferencias entre quienes se transportan en un automóvil particular, un taxi o un remise y quienes están forzados a consumir los servicios públicos de transporte, en buena parte de los cuales se impone a los consumidores tener que viajar más como animales que como personas.

Matizando lo antedicho y como un indicativo de mejoras sociales registradas en el quinquenio 2004/2009, debe reconocerse que datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) indican que los hogares con carencias, que en el año 2004 eran el 51 por ciento del total, en 2009 habían bajado al 44 por ciento. El mayor avance en este campo se produjo en agua corriente (el déficit bajó de 19 a 10 por el ciento) y el menor en el acceso a la red de gas (de 22 a 19 por ciento), que obliga a pagarlo más caro en garrafas. En cuanto al déficit de conexión a la red cloacal, bajó de 41 a 32 por ciento en el mismo período, pero se mantuvo casi constante en las villas (de 77 a 75 por ciento).

Asignaturas Pendientes en la Producción y el Consumo

La descripción de la situación actual de la producción y el consumo en la Argentina confirma la idea básica que quisimos marcar mediante las cuatro citas con las que se inicia este artículo.

El camino que conduzca a hacer realidad aquel apotegma según el cual “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume” tendría que ser un tema central del debate de ideas en el que debería consistir la campaña política en vistas a los comicios de octubre próximo, en los que hemos de elegir un nuevo presidente.

En esa perspectiva es alentador el compromiso asumido por Eduardo Duhalde en una carta dirigida a los argentinos que se distribuyó en el acto de proclamación de su candidatura presidencial, que plantea lo siguiente.

“Sabemos y podemos construir una nueva matriz industrial que amplíe y sustente el camino abierto por las cadenas agroalimentaria, automotriz y siderúrgica, fuentes principales de nuestro potente crecimiento económico, al que hemos de armonizar con la calidad ambiental y la integración y justicia social, generando pleno empleo con trabajos estables, creadores de valor y por ello bien pagos, conducente a que cada argentino produzca el doble de lo que consume”.

En este punto tendemos a coincidir con las ideas de Rajiv Bantra, economista indio residente en Estados Unidos, en cuanto plantea que el estímulo de la demanda debe basarse más en la capacidad de compra de los salarios que en el endeudamiento de los consumidores, para evitar recaer en crisis como la que estalló en septiembre de 2008.

Por último, con esta nota quisimos hacer un aporte a ese debate aún pendiente y con el mismo espíritu terminamos reproduciendo dos párrafos de un reportaje a Gustavo Grobocopatel que publicó el diario Perfil, que nos resultan ilustrativos acerca de nuestras asignaturas pendientes en cuanto a la relación entre producción y consumo.
Hoy día no es “exportar más valor agregado”, como se dice vulgarmente, sino “exportar productos que incluyan a más gente en la cadena”. Creo que estos son los términos más apropiados para definir este tema. ¿Por qué? Porque es necesario generar puestos de trabajo y mano de obra calificada aquí en Argentina. Debemos dar más trabajo a la gente. Fundamentalmente, en el interior. Si no logramos transformar este proceso en estos próximos años en algo de este tipo, que revierta el sentido de las migraciones y permita desarrollar el interior, esta oportunidad que tenemos ahora habrá pasado de largo. Que la soja valga mucho y que tengamos éxito puede ser pasajero si no nos capitalizamos en generar este desarrollo en el interior

22 ene. 2011

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Delito y política
por Jorge Raventos


El debate sobre la imputabilidad criminal de los menores que ha florecido en el seno del arco oficialista es, probablemente, una manifestación de diferencias que ya agrietaban el llamado “proyecto” o “modelo” K en vida de Néstor Kirchner, pero que empiezan a adquirir una envergadura mayor a partir de su desaparición.

Aunque no es el único terreno de divergencias, el de la seguridad es seguramente el más importante, por al menos dos motivos. El primero, casi obvio, es que la inseguridad ciudadana es la principal preocupación de la sociedad, según lo que registran unánimemente los estudios demoscópicos. El segundo, igualmente significativo, está relacionado con los rasgos de identidad que el kirchnerismo describe como propios y que se vinculan a los derechos humanos o, dicho con más precisión (ya que no es lo mismo) a la ideología de los derechos humanos.

Para esta ideología son sospechosos los conceptos ligados al orden, al ejercicio de la legítima autoridad y a la preservación de la disciplina social (así como muchos de los instrumentos del Estado destinados a garantizarlos en última instancia, desde las instituciones y agencias con las que el Estado debe ejercer el monopolio de la fuerza hasta el rigor de las leyes, el dictado judicial de penas y su cumplimiento en establecimientos adecuados).

La sospecha sobre estos conceptos, normas e instituciones, si bien se mira, está a menudo restringida a los límites de la Argentina o se aplica extensivamente sólo a sociedades cuyos gobiernos esta corriente ideológica condena, pero no a otros que este sector juzga con benevolencia porque les asigna carácter “progresista”. Una cosa es, digamos, la intención de aplicar penas más severas en Argentina y otra, por caso, su aplicación efectiva en Cuba, Nicaragua o la Venezuela de Chávez. Para no hablar del pasado y recordar la justificación (y hasta la apología) de los métodos represivos que se empleaban en la ya disuelta Unión Soviética.

Se establece, pues una tensión fuerte entre las pulsiones de la opinión pública, que ante la inseguridad ciudadana aspiran a la acción firme y eficaz del Estado, y estas corrientes que las resisten y que, desde la presidencia de Néstor Kirchner (por una combinación de realismo pragmático y de inseguridad y flojedad de papeles para explicar su propio pasado en los años de plomo, de parte del ex presidente) fueron entronizadas como jueces de la ética política y proveedores de culpas y absoluciones.

Mientras Néstor Kirchner ejerció el manejo del arco oficialista, él pudo arreglárselas para que esos sectores –que en su gran mayoría no provienen del peronismo- fueran admitidos y considerados (así fuera con resignación) en su sistema de fuerzas por las estructuras y corrientes de origen y pertenencia justicialista. Pero con la muerte de Kirchner el sistema de autoridad del oficialismo quedó fatalmente resentido y las tensiones preexistentes y las recíprocas suspicacias empezaron a expresarse más abiertamente.

De un lado, los sedicentes sectores progresistas, temerosos de que el vacío generado por la ausencia de Kirchner fuera cubierto desde el peronismo territorial, personificaron en el gobernador de la provincia de Buenos Aires (y en su política de seguridad, incluido el ministro bonaerense Ricardo Casal) su propio eje del mal: allí golpearon desde Luis D’Elía hasta Horacio Verbitsky, pasando por el diputado Martín Sabatella, postulante a reemplazar a Scioli en alianza con el kirchnerismo progre. Del otro, al comprender los sectores del poder territorial de origen peronista que la terquedad ideológica tiende a enfrentar al conjunto con el talante sobre el tema seguridad que predomina en la sociedad (lo que, en especial para los que ejercen el gobierno o aspiran a ejercerlo en los distritos, puede ser especialmente riesgoso en un año electoral), empezó a presionarse por una postura realista: ya había hecho bastante mal la actitud que en su momento encarnara Aníbal Fernández al tratar de minimizar los problemas hablando de “sensación de inseguridad”.

Es en ese contexto en el que debe interpretarse la frase con la que Daniel Scioli insistió esta semana en la necesidad de una ley que encuadre y penalice el delito de menores, bajando la edad de imputabilidad. “"Yo no puedo quedar bien con todo el mundo, quedo bien con la gente que quiere cuidar la vida y que quiere proteger la integridad física, que quiere vivir más segura", dijo el gobernador. Ese llamado a tomar en cuenta el reclamo ciudadano estaba dando expresión a los sectores con responsabilidades de gobierno frente a las corrientes atadas al ideologismo, porque, parece obvio, no se puede “quedar bien” con ambas.

Por cierto, la tensión que se expresa en el arco oficialista en relación con el tema seguridad encubre otros recelos, en particular los que surgen de la falta de definiciones sobre la candidatura presidencial oficialista. Muchos ‘claman’ por la postulación de Cristina Kirchner, pero ella todavía calla. Y esa ambigüedad es vivida por las corrientes ideológistas del arco K como un peligro, ya que el único candidato alternativo posible con que cuenta ese arco es Daniel Scioli, para ellos “una calamidad”.

Pero el tema de la inseguridad y de la actitud a adoptar frente al delito y frente a los crímenes cometidos por menores no es una cuestión exclusiva del gobierno, sino un debate alimentado desde la base de la sociedad. Eso queda clarísimo al observarse cómo recalentó también las relaciones en el espacio del llamado peronismo federal. Eduardo Duhalde, precandidato a presidente, se había identificado con la idea de restablecer el orden social (“Seré el presidente del orden”, declaró). Uno de sus competidores internos, Felipe Solá, calificó ese planteo como “una muletilla derechosa”. Duhalde le respondió de sobrepique, con un shot vigoroso : “Hay imbéciles que creen que el orden es de derecha”.

En rigor, la idea de que el orden social es “de derecha” pertenece a la misma familia de juicios que aquél que expuso el ministro de Economía, Amado Boudou, cuando aseveró que “la inflación sólo perjudica a los ricos”.

Y no está mal mentar a esta altura a la inflación, porque ese es el segundo fantasma que recorre la Argentina. El incremento de los precios es el producto de una tenaza que manipula el gobierno: con uno de sus dientes, enciende y calienta el consumo y la demanda, incrementando el circulante (aunque esto coexista, por ineficiencia, con la escasez de billetes), por el otro, paraliza la oferta e inhibe la inversión, en virtud de la arbitrariedad de sus decisiones, de falta de transparencia y controles institucionales y la inseguridad jurídica. En esas condiciones empieza a acentuarse como un mecanismo perverso la puja distributiva –que a su vez realimenta la inflación- y tiende a elevarse la conflictividad.

Esto no ocurre en un momento de caída económica, sino (aunque se esté desacelerando) en un momento de ascenso determinado por la oportunidad que el mundo ofrece a todo un batallón de países emergentes. No debería sorprender que, habiendo motivos, la conflictividad crezca en instantes de relativa holgura: la estrechez determina obediencia y sometimiento o explota en desesperación; el desahogo relativo permite la lucha por reformas y mejoras, más allá del cortísimo plazo.

El renacido conflicto del campo es una expresión de esto: hay muy buenos precios, por fortuna llegaron las lluvias y las cosechas serán buenas y los silos-bolsa permiten retener el producto y tener espaldas cubiertas mientras sigue la pelea por el precio pleno y por la libertad y transparencia de los mercados, sin la intervención deformante que sigue corporizando Guillermo Moreno.

Entretanto, los sindicatos, que expresan al contingente de los asalariados en blanco (sólo 6 de cada 10, el resto sufre la precariedad), navegan hoy en la excitación social del consumismo y en las tranquilas aguas de un virtual pleno empleo: se sienten fuertes y deben responder a unas bases que hoy tienen más altos sueldos nominales pero que sienten cómo la inflación los erosiona velozmente. Los reclamos de aumento no tienen nada que ver, por cierto, con las fantasiosamente minimalistas cifras de inflación que proporciona el INDEC y atemorizan a aquellas empresas que sufren por la virtual inmovilidad del tipo de cambio, que golpea su competitividad. Así, la ilusión del pacto social alentada desde el gobierno, por el momento se está ahogando en la sopa. El 11 de este mes se iban a reunir este mes para empezar a hablar del tema formalmente: la reunión fracasó, prometieron hacerla la semana siguiente pero desde aquel día reina sobre este tema, como diría Alfio Basile, silenzio stampa.

Donde hubo más ruido que silencio en el gobierno fue en el asunto de la cocaína descubierta en Barcelona, trasladada por argentinos y –ahora no hay dudas- desde la Argentina. El ruido derivó de la persistente insistencia de influyentes voces oficiales en afirmar que los casi mil kilos de droga en panes, multicolormente empacados, no habían salido del país, sino de la Isla de Sal, en Cabo Verde. La garganta más alta, en ese sentido, fue la del ministro de Interior, Florencio Randazzo, quien declaró eso ya avanzada la semana que concluye. ¿Cuáles eran las fuentes (si es que había alguna) en las que se basaba el funcionario. ¿O se trataba más bien de una operación de defensa preventiva? Probablemente las mismas fuentes (o la misma jefatura operativa) alimentó a los medios oficiales y oficialistas que también sostuvieron esa postura.

La Justicia argentina, con los elementos con que cuenta (que son sensiblemente incompletos aún, porque los Tribunales españoles todavía no han provisto información relevante, por ejemplo el contenido de la computadora del avión Challenger que trasladó la cocaína a Cataluña) ya no duda de que la droga fue cargada acá, seguramente no en Ezeiza, quizás en Mar del Plata, donde los hermanos Juliá pasaron un día antes de su travesía a España pero más que probablemente en Morón, en un aeródromo en el que coexisten jurisdicciones civiles y militares.

La poco fundada declaración de Randazzo tiene el defecto de su inconsistencia, pero poseía para el gobierno la virtud de sacar la pelota afuera de todas las jurisdicciones oficiales. La culpa la tenían los hermanos Juliá y el copiloto Miret, hijos de jefes castrenses de otras épocas. Nadie más. Una teoría ingeniosa, pero de vida más breve que un lirio.

Ante la caída de ese argumento, el reflejo oficial parece ser ahora descargar las responsabilidades sobre la Fuerza Aérea y hacer rodar varias cabezas militares. Una especialidad de la casa. En verdad, hasta el momento ninguna autoridad con responsabilidades sobre estos asuntos (Aduana, Aviación Civil, Seguridad Aeronáutica, etc.) ha sido suspendida ni afectada. El único que fue golpeado por el comodoro Guillermo Juliá, un oficial de Aeronáutica altamente calificado, quien fue pasado a disponibilidad por ser hermano de dos de los argentinos presos en Barcelona por este tema. Cayó por portación de apellido, un delito por el que ya han sido castigados decenas de oficiales de las tres armas bajo este gobierno, durante la gestión de Nilda Garré en el ministerio de Defensa. Esta semana, la doctora Garré, hablando del tema inseguridad, con el que se inició esta nota, enunció un principio que probablemente no aplicó, sin embargo, a los portadores de apellido: "Si garantismo es respetar a rajatabla los derechos y garantías de la Constitución Nacional, deberíamos ser todos garantistas y lo grave sería no serlo". Es que, parafraseando a Orwell, seremos todos iguales, pero algunos son menos iguales que otros.

15 ene. 2011

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Un país normal
por Jorge Raventos


A juzgar por las contadas horas de este enero que la Presidente pasó en la Casa Rosada ha de ser cierta esa conjetura que presume que “en verano en la Argentina no pasa nada”.

Hay que admitir que puede haber excepciones (en el verano de 2001/2002, por caso, hubo una crisis de superproducción de presidentes; el de 2008 hospedó el incidente del bien forrado maletín chavista de Antonini Wilison y el de 2010 estuvo signado por el culebrón del Banco Central), pero parece obvio que la señora de Kirchner no se dejó intimidar por esos antecedentes ni por los ominosos choques de la estación Constitución que inauguraron el verano actual y apostó al reinado de la normalidad estival.

En ese sentido, el robo que sufrió Rodolfo Stefanon –un empleado de Presidencia que se llevó a su casa unos 85.000 dólares, fondos oficiales destinados a gastos de la tripulación del avión Tango 01 que trasladaría a la señora de Kirchner, y que fue asaltado por motochorros – confirma la idea de un paisaje normal. No es la primera vez que Stefanon – probablemente también otros- se lleva dinero del Estado a su domicilio, ni es una sorpresa que legiones de ladrones que cabalgan motos de diferentes cilindradas atracan a viandantes. Se sospecha que no se trató de un robo al voleo, que los ladrones sabían que Stefanon llevaba una pequeña fortuna en su mochila, que había sido “marcado”. Nada fuera de lo común: es la técnica de las “salideras” de la que han sido víctimas miles de clientes de bancos y escribanías. Algunos medios – Clarín, por ejemplo- infieren que la vigilancia y organización que esta modalidad habría demandado para emboscar a un funcionario de Presidencia implicaría “que una organización delictual se creó en la Casa de Gobierno”. Chocolate por la noticia.

También parece estar dentro de lo corriente que lleguen a España, procedentes de la Argentina, cargamentos de cocaína y otras drogas (principalmente, drogas “de diseño”.
Tan habitual parece ser el hecho, que el gobierno español advirtió a Buenos Aires que éste era uno de los principales orígenes sudamericanos de la introducción de droga en su territorio; también lo mantuvo informado de algunos operativos del narcotráfico que se realizaban acá y que eran investigados por organismos especializados españoles (o de países amigos). Gracias a esa ayuda se incrementó en la Argentina el secuestro de droga.

Sin embargo, las autoridades españolas que –como admitió el propio vicepresidente del gobierno y ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba- estaban anticipadamente enteradas de que desde Ezeiza iba a salir, rumbo a Barcelona, un avión tripulado por argentinos con una fortuna en panes de cocaína, decidieron no comunicar al gobierno de la Argentina lo que sabían. El diario Perfil consigna la opinión de “un importante ex oficial de la División de Unidad Antiterrorista de la Policía Federal (DUIA), con importante llegada a la DEA y al FBI”. Según él , “si ellos hicieron el operativo y no avisaron al sistema de seguridad local, es porque no confiaban. Era más fácil asegurar el operativo en Barcelona que Buenos Aires”. Que los organismos internacionales que investigan la acción del crimen organizado y el lavado de dinero confían poco en el Estado argentino no es un descubrimiento de este verano. También eso forma parte de la normalidad.

Aunque algunos medios oficialistas insistieron al principio en que, si bien el poderoso Challenger 604 tripulado por “los hijos de los brigadieres” (Juliá y Miret) había partido de Ezeiza, la droga recién se había cargado en un punto intermedio, la Isla de la Sal, en Cabo Verde, donde el aparato se detuvo para cargar combustible. Los investigadores españoles (y algunos argentinos) han concluido ya que no se carga y camufla una tonelada de cocaína en los escasos 50 minutos de detención logística que el avión permaneció en aquel aeropuerto africano. Ergo: la droga salió de Ezeiza. Incógnita: ¿se cargó en el Aeropuerto de Ezeiza o en la Base Aérea (militar) de Morón, donde estuvo estacionada varios días? Cualquier sea la respuesta, hay un listado de autoridades políticas y técnicas que deberán asumir responsabilidades. Hay otra incógnita, tan relevante como aquella: ¿Por qué vía ingresan a la Argentina semejantes magnitudes de droga? A juzgar por lo que revelan los españoles, este cargamento es apenas uno de los que terminan aterrizando en España (que no es, por cierto, el único destino europeo de los envíos narcos), habrá que colegir que la Argentina es colador por donde penetra droga sólo limitada por el interés de quienes la trafican. Los investigadores más dedicados al tema consideran que tampoco esta es una rareza, sino una verdad que no sale de lo común. Lo que sí, en cierto sentido, ha cambiado el cuadro es que ya la Argentina no es meramente “un país de tránsito” como predica el resistente jefe de Gabinete, Aníbal Fernández (“La Argentina sigue siendo un país de tránsito, como dice Naciones Unidas, porque es un mercado chico y barato, pasan de largo por acá para llegar a mercados como el español”); hoy en día es también un país de pequeña y mediana producción y un mercado de consumo en expansión. Un dato revelador: los exámenes de inspección vehicular que detectan intoxicaciones registran cinco intoxicaciones por drogas por cada una de alcohol.

Antes de partir por casi dos semanas, la señora de Kirchner quiso saber qué había pasado en Ezeiza para que el Challenger de Juliá pudiera haber llegado, cargado y decolado sin controles. Seguramente la tranquilizaron. Las doce han dado y sereno.

En materia de normalidad, ¿qué mejor botón de muestra que una pelea con el campo? No hay economista razonable –sin descontar, por cierto, a muchos de los que se enrolan en el oficialismo- que no destaque que las dos vigorosas columnas que sostienen la performance de la economía argentina son la cadena de valor agropecuaria (que se traduce en caudalosas exportaciones cobradas a buen precio, en fuentes de trabajo y en crecimiento indirecto) y las fábricas de automóviles (que colocan una parte sustancial de su producción en el mercado brasilero). Guillermo Moreno, el persistente secretario de Comercio, es la señal que el gobierno ofrece de que algo de ese aporte del campo le resulta molesto.

Contra las promesas (y seguramente los deseos) del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, el gobierno decidió seguir la línea Moreno y mantener la virtual intervención del Estado en la comercialización del trigo, estableciendo condiciones de venta del cereal que perjudican al productor y no benefician a los consumidores, aunque le facilitan el negocio a los grandes monopolios compradores y a la gran industria molinera. La del trigo no es la única desdicha de que se queja el campo, hay una lista larga donde las retenciones siguen estando, y van acompañadas de otros aspectos de la política fiscal, del sistema de amortización de los bienes productivos, de la falta de crédito. En rigor: lo que hay es un reclamo de cambio de política que la falta de cumplimiento de compromisos con el trigo ha reactivado. Así, el campo lanza un paro y se prepara para un período de resistencia. El gobierno, para que todo sea normal, también subraya la confrontación. La política de búsqueda de limar asperezas que se insinuó con la designación de Julián Domínguez en la cartera parecería diluirse, con lo cual el peso de Domínguez se relativiza. La reaparición protagónica de Moreno en el tema triguero parece una prueba de ese curso. El curso habitual.

Cuando regrese la Presidente, quizás llegue la hora de que los cambios en el gabinete, de los que se ofrecieron breves degustaciones en las últimas semanas con los nombramientos de Nilda Garré, Juan José Mussi y Juan Manuel Abal Medina (h), se desplieguen con mayor amplitud. Pero hay que ver. Ya se sabe que en verano no pasa nada.

8 ene. 2011

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

De nafta, billetes, luz, piquetes y cocaína
por Jorge Raventos


El gobierno se ha caracterizado, a lo largo de los siete años de reinado K, por las visiones conspirativas, que lo llevaron a imaginar complots y maniobras “destituyentes” ante cualquier dificultad, cuestionamiento o reunión de personas (se llegó a atribuir intención conspirativa a un locro patriótico) y a culpar a adversarios políticos o a los medios cada vez que la sociedad muestra inquietud o protesta por acciones o inacción del Estado: unos actúan en la sombra para hacer daño y los otros “mienten para que parezca que todo está mal”, como resumió el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

Aún tomando en cuenta esa costumbre de culpar a terceros, resulta notable el esfuerzo que se ha hecho en los últimos días desde instancias del gobierno y con amplio uso de los medios beneficiados por la caja oficial, para despegar al sistema de poder central del escándalo que estalló una semana atrás en el aeropuerto de Barcelona cuando la Guardia Civil constató que un avión piloteado por argentinos y ligado a una empresa argentina había transportado a España casi una tonelada de cocaína del máximo refinamiento.

El caso evocó una situación ocurrida seis años atrás, cuando en el aeropuerto de Barajas se descubrieron casi 60 kilos de droga que viajaron desde Buenos Aires por una compañìa subsidiada por el Estado argentino: Southern Winds. La valija llevaba la cocaína estaba consignada a la Embajada Argentina en Madrid.

Más allá de la diferencia de volumen de la sustancia traficada, hay matices que acercan un hecho y otro. En los dos casos las empresas involucradas han tenido tratos y contratos con el poder; en los dos casos los hechos rozan a la Fuerza Aérea. La empresa que llevó la droga a Barcelona –Medical Jet- fue fundada por un ex comandante de esa fuerza –el brigadier general José Juliá- y es regenteada por dos hijos suyos; uno de ellos piloteó el aparato; el copiloto es hijo de otro ex alto oficial de la Fuerza. En el caso de Southern Winds, uno de los empleados de la línea que fueron señalados por la responsabilidad en el envío, era hijo de un comodoro, a la sazón jefe de Seguridad del Aeropuerto de Ezeiza. Como colofón de este episodio ese comodoro perdió su puesto, el jefe de la Fuerza Aérea del momento, comodoro Carlos Rohde, debió abandonar su cargo y la Aeronáutica se quedó sin la supervisión de las estaciones aéreas: se disolvió la Policía Aeronáutica y se creó la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Curiosamente, en la misma semana en que trascendía el hecho de Barcelona, la Fuerza Aérea se topaba con otras dos malas noticias: de una base aérea se sustraía un número importante de cajas de munición vencida pero utilizable y se descubrìa que uno de los aviones de la flota presidencial había sido deliberadamente dañado.

Por algún motivo no tan evidente o por mero reflejo condicionado, las usinas oficiales se empeñaron de inmediato en ligar a la empresa Medical Jet con adversarios políticos. El diario Tiempo, parte de la flotilla oficialista, tituló su edición del sábado informando que Luis Barrionuevo era viajero frecuente de esa empresa y agregó que sus dueños habían aportado 5.000 pesos para la campaña del gastronómico en Catamarca. Aníbal Fernández divulgó esa misma información por los medios electrónicos. “A Kirchner no le aportaron jamás”, abundó Fernández. En rigor, por los mails que investiga la Justicia en el affaire Ricardo Jaime y en el de los medicamentos adulterados, se sabe que no todas las contribuciones que se solicitaban y recibían en las campañas K quedaban transparentemente registradas. Se sabe asimismo que Néstor Kirchner viajó en los aviones de Medical Jet durante su propia campaña presidencial y que Lázaro Báez, uno de los emblemáticos empresarios kirchneristas (el último visitante que recibió el ex Presidente en El Calafate en la que sería la noche de su muerte) mantenía una relación fluida con los hermanos Juliá, viajaba en sus aeronaves e inclusive les compró una.

Tal vez la atención dedicada por el oficialismo a este tema no oculte ningún misterio y sea, simplemente, un recurso para cambiar de conversación. Es que los temas dominantes en los primeros días de 2011, junto con las altas temperaturas, los piquetes de bañeros y el refinado golpe de una banda de boqueteros a un local del Banco Provincia en Belgrano, reflejaron distintos capítulos de la deficiente gestión (o imprevisión, o falta de reflejos) del gobierno.

Los cortes de energía siguieron martirizando a miles de familias y dañando a centenares de empresas y comercios. Muchos viajeros amargaron sus vacaciones con la falta de combustible o las largas colas para conseguirlo. Y a eso se agregó la ausencia de billetes en los cajeros automáticos, fenómeno que castigó con una suerte de corralito veraniego a empleados que querían cobrar sueldos, jubilados que querían sus prestaciones, turistas que necesitaban efectivo. Hay combinaciones de ese calvario: someterse a una extensa espera para hacerse de unos litros de nafta (en muchas estaciones, racionada) para descubrir, al llegar, que no aceptan tarjetas de débito o crédito y que uno no tiene efectivo porque el Banelco estaba vacío.

Aníbal Fernández, el autor de la frase que convertía la inseguridad en una mera sensación, tiene también respuesta para los problemas del verano. Esto le dijo a Tiempo Argentino la semana pasada: “La falta de guita puede ser una falta de previsión del Banco Central, y se soluciona, está resuelto. ¿La nafta? No hubo problemas con la nafta.“ El 2011 se inicia como una reedición de viejos éxitos.

En verdad, Fernández no es a esta altura el mejor vocero del gobierno, pero se empeña en hacerse visible. Sucede que desde el seno mismo del oficialismo cunden las versiones sobre su devaluación (que es obvia, ya que lo han privado de áreas que manejaba a su antojo) y hasta de su desplazamiento del gabinete. “Yo manejo cosas muy sensibles, muy complicadas, todos los días, varias por día, como para que la presidenta esté enojada”, se quejó desde las páginas de Tiempo Argentino. Pero se lo nota nervioso y hasta torpe: basta observar los ex abruptos que soltó en Radio Rivadavia esta semana, ignorando que los micrófonos estaban abiertos. Fernández es ya casi un profesional de los medios y ese traspié revela que la presión que soporta puede ofuscarlo y volverlo vulnerable.

Desde los círculos más empinados del gobierno llegó a los periodistas (ya antes de que finalizara el 2010) la versión de que la Presidente quiere traer desde España al embajador Carlos Bettini, un viejo amigo de La Plata a quien trata desde antes de recibirse de bachiller. Próximo a Felipe González, al ex ministro de Hacienda (y actual consultor de las mayores empresas españolas) Carlos Solchaga y a la Casa Real, Bettini vive en el exilio madrileño desde tiempos del Proceso, cuando su familia fue brutralmente golpeada por la represión y casi exterminada: él y una hermana sobrevivieron.

Muchos suponen (y tal vez Aníbal Fernández malicia) que Bettini es el candidato de la señora de Kirchner para la jefatura de gabinete. Mejor informadas, otras fuentes objetan que Bettini no quiere someterse al intenso trajín que demanda ese puesto y, en caso de que la presidente insistiera en traerlo a Buenos Aires para tenerlo como un consejero cercano, él preferiría venir como Canciller. ¿Qué hacer en tal caso con el primer cristinista, el ministro Héctor Timerman? Aunque parezca asombroso, hay quien levanta apuestas arriesgando que a él le estaría destinada la jefatura de gabinete. ¿Piensa acaso Cristina en un “enroque de tres”, que conduzca a Aníbal a un período de roce internacional como embajador ante el Reino de España? También eso podría ser asombroso.

En la reestructuración de gabinete que se vaticina (o se adivina) desde los círculos de la Casa Rosada, la otra butaca importante a reemplazar es la de Justicia. Se candidatea en los rumores a Carlos Arslanián y a Esteban Righi, el que fuera ministro de Interior de la breve presidencia de Héctor Cámpora y que hoy conduce a los fiscales desde la Procuración. También se aventura que podría ser un juez el reemplazante de Julio Alak. La presidente no tardará demasiado en resolver estas conjeturas. Difícilmente sea después de febrero.

Es que en marzo empieza una relativamente corta cuenta regresiva para la señora de Kirchner: mientras sigue empeñada en capturar algunos de los hilos que hasta octubre terminaban en las manos de su esposo y le garantizaban espacios de gobernabilidad, ella debe analizar y decidir qué hará con su candidatura presidencial.

Esta semana muchos dirigentes del kirchnerismo parecieron confabulados en difundir que ella debe encabezar la boleta del oficialismo. Sin embargo, algunas declaraciones funcionan como una puerta giratoria. Por ejemplo la del senador Pampuro, que la consideró candidata segura, pero agregó: “si ella no decide apartarse”. Ni siquiera ella sabe hoy qué es lo que hará. Hay sin embargo, un segmento nada despreciable del oficialismo que no se puede permitir que la señora “se aparte”, porque, estiman que cualquier alternativa posible en el seno de la fuerza gobernante, implicaría un cambio de rumbo.

El domingo 2 de enero, en Página 12, Horacio Verbitsky, influyente consejero del poder y orientador de un ala del oficialismo, resumía así esa preocupación: “Hoy el riesgo no es Duhalde, quien como un boxeador en el ocaso sólo permanece en el ring para recibir golpes, sino el gobernador Daniel Scioli, cuyo avanzado proyecto de diferenciación quedó en Pausa el 27 de octubre.”

Es evidente que el espíritu de confrontación permanente no murió con Kirchner. Ni siquiera está en Pausa.

1 ene. 2011

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Los desafíos del nuevo año
por Jorge Raventos


Antes de cerrar 2010 Cristina Kirchner introdujo un nuevo cambio en su gabinete al incorporar a Juan José Mussi, hasta ese instante alcalde de Berazategui, como secretario de Ambiente, en reemplazo de Homero Bibiloni. Desde la muerte de su esposo, a finales de octubre, la presidente introdujo más de veinte modificaciones en su elenco y es probable que ese proceso no haya concluido con la mudanza de año.
Se ha iniciado el decisivo 2011, último tramo de este período presidencial, y la señora sopesa la tentación de presentarse como candidata a reincidir. Quizás la promoción de Mussi sea una señal del deseo que prevalece: hace menos de un mes, en la reunión del justicialismo bonaerense citada por Daniel Scioli en su residencia de La Plata, Mussi, que aún revistaba como intendente, reclamó un pronunciamiento a favor de la postulación presidencial de la señora de Kirchner; el gesto no consiguió acompañamiento del resto de los dirigentes provinciales pero fue seguido con atención desde la Casa Rosada.

Inmediatamente después de la desaparición de Néstor Kirchner, los estudios demoscópicos sugerían que la perspectiva de la reelección sólo dependía de las intenciones de la presidente: su nombre figuraba al tope de las encuestas y las intenciones de voto que se registraban, alentadas por la atmósfera del duelo, parecían indicar que se impondría sin necesidad de pasar por el ballotage que el oficialismo siempre ha temido. Con esos números, hasta los jefes territoriales más remisos se preparaban (o se resignaban) a alinearse tras el nombre de la viuda en la boleta electoral partidaria.

Pero las cosas cambiaron en vísperas del fin de año: el desborde de la disciplina social, las vacilaciones, marchas y contramarchas, las imprevisiones y deficiencias de gestión expuestas en el crepúsculo de 2010 cambiaron el humor social y provocaron un derrumbe en las encuestas. El peronismo, más allá de las declaraciones públicas, puertas adentro se dispuso entonces a tomarse tiempo antes de definir candidaturas y eligió como argumento la vocación de “no presionar a la señora con pronunciamientos apresurados”. La propia presidente se sumergió en agobiantes incertidumbres: ella no pretende una candidatura testimonial, susceptible de ser aplastada en una segunda vuelta; para postularse quiere tener razonables garantías de que será reelecta. Las dudas de la señora alarman, claro está, a muchos de sus colaboradores que, con motivos, prevén que su propio futuro se ensombrece si la familia Kirchner deja el gobierno; en esos ámbitos se incrementan los esfuerzos para devolverle la confianza, se contratan encuestas optimistas, se ofrecen planes, se trata de contener sus titubeos con sesiones de reflexión ideológica, charlas económicas, descripción de presuntas conspiraciones ajenas, información sobre opositores o eventuales adversarios internos.

Después de dos meses largos de presidir el país sin la tutela de Néstor Kirchner, lo que más aflige a su viuda es la percepción, ante cada situación crítica, de todos los hilos que han quedado fuera de control y la conciencia de que, sin esos elementos de contención, la situación del país puede adquirir por momentos una vertiginosa volatilidad.

El disciplinamiento que Néstor Kirchner le había impuesto al sistema de fuerzas que conducía permitía establecer un cierto orden, así fuera precario, o liberar presión abriendo o cerrando algunas válvulas. Aunque crecientemente entrópico, ese sistema permitía contener un cuadro social que hoy, sin ese mecanismo, se muestra desbordantemente y sin maquillajes. Hoy está a la vista que un gobierno que ha contado durante su gestión con excedentes asombrosos (y con una no menos asombrosa ausencia de obstáculos institucionales para emplearlos a su capricho) ha alimentado en los últimos cuatro años un notable retroceso social, agravado por la creciente inflación. Desde 2007, uno de cada cuatro argentinos que habían conseguido trepar algo por encima de la línea de pobreza, volvieron a precipitarse: hoy las cifras son análogas a las de 2001 (y peores a las de la demonizada década del 90). La pobreza en el Gran Buenos Aires promedia el 37 por ciento (con picos del 49 por ciento). El promedio de la indigencia (insuficiencia para cubrir la canasta alimentaria mínima) ronda el 12 por ciento y asciende al 17 por ciento en el sector informal de la economía, donde no llega el subsidio “universal” a la niñez (dejando así al 60 por ciento de los menores de 18 años sin ayuda). En materia de equidad distributiva –una asignatura de la que el gobierno insiste en preciarse-, el 10% de la población más rica gana hoy 33 veces más que 10% más pobre.

Los desafíos del 2011 superan, por eso, la esfera de lo electoral, aunque la incluyan. En primer lugar, el desafío es el de volver equilibrado y gobernable un sistema que perdió su viga principal con la muerte de Néstor Kirchner. La autoridad se erosiona rápidamente cuando no hay respuestas veloces y eficaces a demandas plausibles, se trate del restablecimiento del orden público, de poner fin a una usurpación, de restablecer la energía a domicilios o centros productivos, de dotar de billetes adecuados a los cajeros automáticos. Y esa erosión es más peligrosa cuando el nivel de irritación pública es más alto.

Garantizada la gobernanza, se trata de trabajar para su desarrollo y para el mejoramiento de la sociedad: es preciso recuperar la concordia y dejar atrás la etapa de la confrontación constante y la arbitrariedad. Hay desafíos en la recuperación de la confianza (y con ella, de la inversión), en la adecuada reinserción internacional y en la comprensión del mundo crecientemente integrado en el que nos movemos, que castiga al aislamiento con la irrelevancia y la decadencia. Hay un desafío acuciante que es detener y combatir la inflación, que hace más pobres a los pobres , desalienta el ahorro y envenena toda apuesta al futuro. Hay otro desafío relacionado con el castigo a la corrupción y otro vinculado a la seguridad ciudadana y la lucha decidida y eficaz contra el delito. El desarrollo de un auténtico federalismo, la integración física y la plena ocupación territorial, ofreciendo alternativas al desmadre demográfico que concentra, hacina y faveliza población en porciones insignificantes de nuestra vasta extensión, son objetivos que, como los anteriores, requieren decisión, convergencia y acuerdos patrióticos, son tareas que trascienden la acción de una fuerza política o un gobierno.

La Argentina pudo ya una vez superar enfrentamientos civiles, ordenarse, educar e integrar a millones de personas que llegaron a estas tierras, muchas de ellas sin hablar siquiera el idioma, ofrecer a su población un destino de movilidad social ascendente y una sociedad de la que sentirse orgullosos. Si el país pudo hacerlo una vez, no hay motivo para que no pueda hacerlo nuevamente ahora, cuando el mundo ofrece una gran oportunidad que varios de nuestros vecinos, con sentido común y sin desvaríos ideológicos, están aprovechando a pleno.

Quizás el principal desafío del nuevo año resida en tomar conciencia de que la tarea es posible y poner manos a la obra.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
(click en la etiqueta para panoramas anteriores)

ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


CONTACTO

Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
Diana Ferraro
diana.ferraro@gmail.com

Colaboraciones:
Enviarlas a:
peronismolibre@gmail.com

Seguidores