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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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28 mar. 2010

ELOGIO DE LA VERDAD

por Diana Ferraro

En un reportaje publicado hace pocos días en La Nación, Domingo Cavallo no sólo dio su opinión acerca del momento político que vive el Gobierno y de sus escasas opciones de sobrevivir de persistir en los errores de conducción económica del país y de conducción política con la oposición, sino que volvió a describir con su proverbial claridad, los lineamientos de una política económica sana. Más que sus declaraciones, resultaron destacables los comentarios de los foristas. Los finos análisis de Cavallo sobre la marcha de la economía pueden leerse en su blog www.cavallo.com.ar , donde suele además aclarar con paciencia todas las dudas que aún puedan existir sobre su propia gestión, sobre el por qué de algunas de sus medidas condenadas como errores, y sobre las verdaderas razones del fracaso argentino, en las cuales su mayor pecado no fue crearlo –como los enemigos de los años 90 sostienen- sino el no poder evitarlo.

Los comentarios, en cambio, hablan de cómo se piensan los argentinos a sí mismos y de las dificultades que aún tienen para entender cuál es la verdad en la economía y cual es la estrategia para organizarla en beneficio de todos. Estos comentarios, que llegaron a una cantidad descomunal apenas pocas horas después de publicado el reportaje, reportan, por un lado, la máquina organizada de foristas militantes del kirchnerismo y, por el otro, el apasionamiento aún vigente, expresado ya en la denigración, ya en la defensa racional de lo que Cavallo representó como modelo posible de una economía para la argentina. La intensidad de los comentarios, el furor de los insultos y la impotencia de quienes lo aman, sólo dejó en claro una cosa: en tiempos en que nadie sobresale en el panorama de la oposición y en que todos los que se oponen al gobierno parecen compartir su grisura cuando no su confusión, Cavallo emerge como el hombre con inquebrantable claridad y solidez en sus ideas, proponiendo un modelo de país sin fisuras en su razonamiento, con una entrega personal y una probada valentía que la adversidad que lo viene acompañando desde hace más de una década no ha sabido mellar.

Cuando el gobierno sostiene que a la oposición no se le cae una idea, parece ignorar explícitamente a Cavallo, para concentrarse ladinamente en una débil oposición mucho más afín a las prácticas filo-socialistas del Gobierno que lo que la misma oposición está dispuesta a admitir. Al ignorar el Gobierno a quien es su verdadera oposición ideológica y llevar la atención sólo sobre la oposición unida por su republicanismo pero no por su estrategia económica para el país, el discutido gobierno vuelve a ganar tiempo. Mientras más se discutan las formas y menos el fondo del programa económico que se está aplicando, más chances tendrán de quedarse quienes hoy gobiernan. Así, cuando una oposición diferente se expresa en una figura como Cavallo, que desde su aparición ha concentrado la crítica de todas las variantes del peronismo antiguo, del radicalismo, del socialismo y de la socialdemocracia en general, desde el Gobierno se la vuelve a denigrar y a minimizar, usando la misma táctica ya ejercida por Duhalde de sembrar la discordia entre esa figura y los argentinos. La estrategia no es sólo demonizar la alternativa capitalista, sino impedir que se discuta.

El problema, entonces, vuelven a ser los argentinos que se dejan confundir, no piensan, no razonan y admiten la manipulación de los que los someten, maniatan, y llevan al fracaso. Preocupan, entre tantos foristas militantes –pagos o no-, los argentinos de buena fe que no tienen ya la paciencia de separar la paja del trigo, y, una vez más, se entregan mansos a la voz dominante. Por otra parte, se percibe también la inquina persistente de muchos peronistas suficientemente modernizados y de muchos liberales que apoyaron en su momento a Duhalde y a Kirchner en sus dos variantes, mostrando en aquel momento muy pobres reflejos políticos ante lo que sucedía. La respuesta popular de los últimos dos años mejoró, pero aún se registra una inmensa falta de reflexión y análisis. Los argentinos que aún hoy ligeramente descartan los noventa y su frustrada secuela bajo de la Rua, deberían proceder con más aprecio por sí mismos y por el futuro de sus hijos y de la Nación, y considerar las ideas, razones, e incluso la agitada historia de esas ideas en nuestro país, que propone la verdadera oposición a este gobierno. Una oposición que, como la mayoría de los argentinos, hoy no tiene ni un partido único ni representantes asociados, sólo las ideas, que bien comprendidas y hechas valer por una gran mayoría de argentinos capaces de reflexionar sobre su destino, pueden volver a cambiar la historia.

Cavallo, y unas cuantas otras personalidades del espectro político, desparramadas en todos los partidos y desprendimientos de los dos partidos mayores, tienen muy claro un modelo de país capitalista, con reglas operativas simples y sencillas para empresas e inversores, con la reforma federal llevada no sólo al nivel provincial sino municipal y con técnicas de descentralización de última generación que devuelven el poder a los ciudadanos limitando el rol intrusivo del Estado. Por supuesto, este programa de peronismo de superavanzada, recogiendo la propuesta del General Perón en La Comunidad Organizada que daba vía libre a las organizaciones libres del pueblo de modo que ningún Estado lo esclavizara, y del liberalismo de última generación, ese que ni siquiera en los Estados Unidos puede aún abrirse paso, sólo puede horrorizar a aquellos que hacen de los cargos en el Estado centralizado un recurso para aumentar su poder personal y su fortuna, y desconcertar a aquellos republicanos que quisieran librarse de los tiranos pero no de la gestión obsoleta de la administración estatal.

La Argentina no encontrará remedio, ni la eterna guerra civil entre los argentinos tendrá un punto final, si no se abre paso al libre albedrío de cada argentino, fomentando el diálogo y la discusión abierta sobre la organización económica del país. Que estos días el Gobierno se haya salido con la suya en uso ilegal de las reservas, no expresa sólo la falta de conducción y estrategia de la oposición destinada a frenarlo en el Congreso, sino la apatía y el cansancio de los argentinos que no saben ya a quién recurrir para terminar con este dislate. Tal vez ha llegado la hora revolucionaria de que los argentinos se hagan cargo de sí mismos y que vuelvan las reuniones en la Jabonería de Vieytes para independizarse del mal que los viene sojuzgando desde hace ya dos siglos: la propia falta de reflexión y la preferencia por el comportamiento autoritario y violento para tapar la verdad.

No hay demasiadas Argentinas viables posibles: apenas una, y con suerte. ¿Será mucho pedir esta vez a los argentinos, coraje para buscar la verdad y hacerse cargo de ella?

27 mar. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Los opositores y el consenso anacrónico
por Jorge Raventos


En las últimas semanas, como eco de las danzas y contradanzas que se observan en el Congreso, muchos observadores y analistas han expresado su disgusto con las fuerzas que suelen agrupar –simplificando en exceso- bajo el término “oposición”.

La desilusión es consecuencia de un espejismo: si bien es cierto que el 28 de junio de 2009 el voto de una notable mayoría de argentinos tuvo como denominador común el recelo, la ojeriza, el rechazo o la bronca ante el oficialismo y sus principales encarnaciones, el heterogéneo elenco político que esa mayoría envió al Congreso no constituye en modo alguno un bloque único ni está recorrido –al menos hasta aquí- más que por un puñado de coincidencias, en su mayoría formales.

Es una redundancia, pues, imputarle diversidad y desconcierto a un conjunto que exhibe esos rasgos casi por definición.

Más relevancia para el análisis tiene, quizás, preguntarse por qué a un número significativo de miembros de ese conglomerado les resulta complicado traducir con energía el mensaje opositor de sus votantes y acompañar a velocidad adecuada los cambios del talante social.

Es probable que el motivo de esa vacilación, de esa retención del ánimo, resida en que muchos de esos sectores que han sido impulsados por los votantes a enfrentar al gobierno, coinciden sin embargo con éste en amplios tramos de un consenso ideológico anacrónico, que algunos definen como “populista” y otros como progresista o “progre”.

Ese consenso, aún dominante en la llamada clase política argentina, forma su magma con ideas y actitudes nacionalistas, autárquicas y estatistas labradas en la primera mitad del siglo XX, y se recubre o adquiere coloratura sincrética con tonos extraídos de sucesivos momentos y modas culturales, desde las versiones mas descafeinadas del desarrollismo hasta, entre otras cosas, las admiraciones lejanas por las guerrillas o el pensamiento tercermundista, la reivindicación tardía de Eva Perón (y en ciertos casos inclusive de su esposo), el ecologismo, las conductas metrosexuales y versiones tuertas de la ideología de los derechos humanos.

Las fórmulas y recetas de ese consenso anacrónico traban la discusión sensata; en base a esas opacas tablas de la ley algunos se empeñan en dividir entre réprobos y elegidos, dictar castigos morales o vender absoluciones. Su vigencia residual transforma ahora a sedicentes opositores en cuasioficialistas que se ignoran.

Aquel combo “políticamente correcto” opera como sucedáneo del pensamiento, inhibe o amordaza los debates sobre la realidad y, transformado en una papilla recocida y un lugar común, ha sido un obstáculo para que la Argentina tenga de sí misma una visión estratégica que le permita entender con realismo el mundo en el que vive.

Basta observar a los países vecinos para constatar que en ellos no se ha cancelado el conflicto o la discusión política e ideológica, pero que allí la discusión entre partidos y corrientes (entre izquierda y derecha, si se quiere) no se apoya en anacronismos, sino que parte de coincidencias básicas ligadas a cuestiones de esta era, y diverge en acentos o matices de aplicación. Ni los seguidores de Lula Da Silva ni los seguidores de Fernando Henrique Cardoso discuten en Brasil si participar o no de los organismos internacionales políticos y económicos, o si deben impulsar y aprovechar la expansión del comercio libre. La Convergencia de izquierda que gobernó Chile hasta hace un mes y por veinte años integró a su país en la OCDE (el club de las democracias capitalistas avanzadas) y convirtió a Chile en la nación de América Latina que más tratados de libre comercio ha suscripto.

El flamante presidente del Uruguay, José Mujica, ha declarado que aspira a resolver en su país los problemas que tienen que ver con la pobreza y la marginación. Mujica es un hombre de izquierda, no un “progre”. No fue un simpatizante lejano y tardío de la guerrilla, sino un cuadro, en sus palabras: “un viejo combatiente” . Probablemente por ello, habla con gran frontalidad, desprecia lo “políticamente correcto” y descuenta que “inevitablemente me van a pegar tirios y troyanos” porque ha llegado a la conclusión de que para dar batalla a la pobreza, debe hacer una política de unidad nacional.

Por eso dirigió un mensaje a las Fuerzas Armadas de su país (“soldados de mi patria”) y resumió diciendo que actuará bajo el lema de que “no hay vencedores ni vencidos” de las luchas de tres décadas atrás, de las que él mismo fue parte. “He tomado la decisión muy profunda, ya muy vieja, de caminar con todos”, dice Mujica a sus militares, porque “la unidad nacional no puede darse el lujo de dejar al costado del camino de este envite fuerzas y cosas tan valiosas en materia de generar compromiso y energía” .Agrega: “Nuestra común causa, soldados, será la lucha contra la pobreza y la miseria por todo lo que encierra de justicia social, pero por todo lo que propone de unidad nacional. Esto no es posible sin unidad nacional”.

Mujica no es esclavo de los consensos anacrónicos; se inspira en Mandela: “¿Cuál es el triunfo de Mandela? El haber logrado un camino común de convivencia para blancos y negros. . No vivir con razones del pasado, vivir con razones del porvenir.” La Argentina, cohibida por la ideología biempensante, no muestra hasta el momento una dirigencia dispuesta a mirar la realidad con esa objetividad, esa grandeza, ese coraje.

Hace unas semanas, Eduardo Duhalde –un político que maduró en los últimos años su pensamiento en contacto con líderes sudamericanos como, entre otros, los brasileros y los de la Banda Oriental) sólo recibió ataques de oficialistas y dizque opositores cuando propuso que en las Fuerzas Armadas argentinas actuales dejen de ser castigadas por cuestiones del pasado. Duhalde sugirió entonces que el Estado empleara a esas fuerzas en la lucha contra la inseguridad para, por caso, instruir y disciplinar a jóvenes que reinciden en la delincuencia o caen en las redes del narco. Esta semana Mujica propuso algo parecido en Uruguay, como arma de combate contra la droga: “"A los adictos (al paco) hay que sacarlos del medio ambiente, tenerlos un poco aislados (…)Se les puede dar instrucción militar. Hay que diferenciar servicio militar de instrucción, que no significa andar a los tiros ni nada de eso (…)También los podemos mandar al campo. El asunto es sacarlos de sus lugares y ponerlos a hacer trabajo físico".

Esas ideas de Mujica, como buena parte de la práctica económica de chilenos o brasileros (para no hablar de la convocatoria de Bachelet a la movilización del Ejército para resguardar el orden interno tras el terremoto, o el empleo de militares para enfrentar a los narcos por parte de Lula) constituyen un chirrido, una estridente disonancia para el coro políticamente correcto que prevalece en Argentina. Chile, Brasil, Uruguay son ritualmente citados en los discursos opositores, pero es poco lo que se avanza en cambiar conceptos observando su ejemplo. Es notable que ni siquiera la presencia regional de líderes respetados y prestigiosos pueda, con sus conductas y sus ideas, oxigenar suficientemente el debate local.

Todo intento serio –radical, peronista, conservador o auténticamente progresista- de hacerle frente a la máquina centralista y centralizada que todavía comanda la familia Kirchner requerirá de los opositores algo más que argumentos protocolares: tendrán que analizar no meramente los abusos, sino los usos del kirchnerismo, que tal vez no sean otra cosa que una variante rústica, intelectualmente usurera y despótica del anacrónico consenso “progre”.

21 mar. 2010

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO

(a propósito de la pelea por las reservas)
por Daniel V. González


El populismo tiene una marca de fábrica que todavía no puede superar: tiene política económica para los tiempos de prosperidad y, llegado el momento en que las condiciones tornan adversas, parece carecer de respuestas adecuadas.

En las postrimerías de la Segunda Guerra mundial, al momento mismo de su nacimiento, el contexto económico era sumamente favorable para la instrumentación de una política económica de corte industrialista, como la que pergeñaron Perón y el grupo de militares que lo acompañó tras la revolución del 4 de junio de 1943. Argentina tenía saldos a favor con su principal comprador, Gran Bretaña y, además, los grandes países industriales aún se lamían sus heridas de la guerra, se reconstruían y, en consecuencia, temporalmente desatendían sus mercados de ultramar.

En esos años y con esas precisas circunstancias, Perón impulsó la industrialización de una manera clásica: protección del mercado interno, estímulo de la demanda doméstica mediante aumentos de salarios, apoyo crediticio a la industria, beneficios cambiarios para el sector a través de tipos de cambio diferenciales, etcétera.

Con el paso de los años, las condiciones económicas fueron cambiando: los saldos a favor se agotaron, los países industrializados volvieron a ocuparse de sus mercados desatendidos y, para colmo, el país sufrió una prolongada sequía que afectó notablemente sus cuentas externas. Ante el cambio de circunstancias, Perón intentó cambiar su política, como resulta lógico. Ya el país no podía continuar con los mecanismos expansivos anteriores. Era necesario hacer algunos ajustes, palabra que con los años haría temblar a los argentinos.

Así, el crédito barato menguó su oferta, los salarios dejaron de crecer, se convocó a un Congreso de la Productividad en el que se intentó modificar el discurso de los primeros años, que había quedado desactualizado por el cambio del contexto internacional y local. A partir de 1950 ya no se pudo continuar con el esquema de distribución del ingreso, protección industrial y financiamiento estatal a la industria local. Había que cambiarlo. Perón pensó incluso en el aporte del capital extranjero: negoció con Kaiser y Fíat para la fabricación de autos y con la Standard Oil de California para la extracción de petróleo.

La impronta nacionalista

A su regreso al gobierno en 1973, Perón ya no hablaba el mismo lenguaje de 1945. Su discurso se había aggiornado, acompañando los cambios en la situación económica mundial y nacional.

Fue Carlos Menem quien, a partir de 1991, comenzó a modificar y actualizar conceptos, criterios y estructuras que, útiles en los comienzos de la industrialización a mediados de los años 40, ahora se habían transformado en un contrapeso que impedían la modernización del país y su crecimiento:


°Las empresas públicas se habían transformado en obsoletas estructuras insoportables para el erario público y que, además, prestaban pésimos servicios a los usuarios. Cargadas de empleados y operarios, en los hechos obraban como un seguro de desempleo.
°La permanente protección arancelaria del mercado interno había generado industriales carentes de espíritu “schumpeteriano”: estaban lejos de invertir, innovar, arriesgar, conquistar mercados, renovar tecnología, etcétera.
°La inflación alcanzaba niveles que carcomían el ingreso de los más débiles y era un freno a la inversión productiva.


Menem impulsó la transformación económica en la única dirección posible. Y obtuvo resultados categóricos: en diez años la economía creció el 50%, se invirtió en energía, se descomprimió a los estados provinciales y nacional de la sobrecarga de empleo, se modernizó la estructura productiva en muchos aspectos. Y se detuvo la inflación, lo que significó un renacimiento del crédito a largo plazo, incluso el hipotecario.

Pero la impronta nacionalista, la marca de aquellos primeros años de “peronismo clásico” quedó marcada a fuego en la conciencia de algunos peronistas. Ese, el del ’45 era el “peronismo verdadero”. El de Menem, para este punto de vista, equivalía a una traición a aquellos sagrados e inmutables principios.


El debate ideológico

En toda la década de los noventa, el debate económico se libró entre los liberales y los intervencionistas, por llamar de algún modo a los grupos antagónicos.

Unos se jactaban de que finalmente el peronismo implementaba políticas “liberales”. Para ello obviaban el tipo de cambio fijo (intervencionismo extremo) o bien la creación del MERCOSUR (que significaba una infracción a la libertad de comercio exterior).

Los otros, presuntamente keynesianos, se quejaban de la desaparición del estado y del acatamiento a las normas del consenso de Washington. Sin embargo, el estado menemista fue infinitamente más fuerte y poderoso que el del gobierno de Raúl Alfonsín, que resultó incapaz de manejar la economía y terminó en un descalabro hiperinflacionario.

Los éxitos de la política económica llamaron a un prudente silencio a los que censuraban a Menem y Cavallo. Apenas atinaban a objetar aspectos laterales de la política en marcha (desnacionalizaciones, tipo de cambio retrasado, etc.) porque los logros en materia de crecimiento e inversiones eran notables e incontrastables.

Las privatizaciones, la apertura económica, las desregulaciones, sumadas a la detención de la inflación habían logrado un boom de consumo que no sólo registraban todas las estadísticas disponibles sino que permitieron a Carlos Menem lograr la modificación de la Constitución nacional y la reelección, con más votos que los que obtuvo en su primera candidatura.

Los economistas críticos vivían en medio una gran perplejidad: las políticas que ellos habían censurado toda la vida se revelaron como aptas para hacer crecer la economía pero esta importante circunstancia no les hizo mover un pelo, no hizo que revisaran, por ejemplo, si algunos de sus puntos de vista y razonamientos ya resultaban obsoletos.

El estallido de la convertibilidad durante el gobierno de la UCR y el Frepaso, les devolvió el alma al cuerpo: sus prevenciones contra la política de los noventa resultaron válidas, la convertibilidad había estallado. Y ellos estaban dispuestos, en nombre de la glorificación de su trinchera keynesiana (por así llamarla) a tirar el agua de la bañera con chico y todo. El “liberalismo” de los noventa finalmente y gracias a Dios, había mostrado su verdadera idiosincrasia, su inconsistencia y su imposibilidad de sostener los equilibrios macroeconómicos a largo plazo. Así, aunque Menem ya hacía dos años que había dejado el poder, los políticos condenaron a De la Rúa por el estallido pero también al “gobierno de los noventa”, al que estigmatizaron como la suma de todos los vicios del capitalismo.


El regreso populista

Durante el gobierno de Eduardo Duhalde sucedieron algunos cambios importantes, que marcaron los años posteriores. Uno, la devaluación. El dólar triplicó su valor en pocos días y ello significó, como cualquier devaluación, una formidable transferencia de recursos en contra de los asalariados y los sectores menos favorecidos de la economía. También benefició a los exportadores industriales y agropecuarios y permitió al gobierno ordenar las cuentas públicas, entre otras cosas por el cobro de retenciones a las exportaciones agrarias.

El otro cambio importante ocurrido durante el gobierno de Duhalde fue de orden internacional. El mercado mundial, la denostada globalización concurrió en nuestro auxilio: los precios de los alimentos comenzaron a escalar, inducidos por la demanda de China e India. El mundo global había decidido darnos una mano.

Es en ese marco sumamente favorable y probablemente irrepetible, que asume la presidencia Néstor Kirchner. Argentina lograba los superávit mellizos. El balance comercial y el presupuesto eran superavitarios en razón de las circunstancias descriptas.

El gobierno pretendió que esta situación obedecía al programa económico, al que calificaban de “modelo productivista”. En realidad, la expansión estaba sostenida principalmente por la demanda mundial de alimentos que permitía cerrar la brecha fiscal y aumentar las exportaciones y el saldo comercial a niveles sin antecedentes en la historia argentina reciente. Las reservas crecieron al ritmo de las exportaciones de soja, el yuyo maldito.

La abundancia de recursos permitía, además, realizar políticas expansivas (obra pública, subsidios al consumo de electricidad, gas, agua, naftas, transporte, planes sociales, etc.). La expansión del gasto público fue la característica saliente de estos años dorados. Pero la continuidad de semejante programa expansivo se torna insostenible a lo largo del tiempo. Y esto se hizo evidente en la crisis de hace dos años, cuando el gobierno intenta captar para las arcas fiscales los presuntos aumentos del precio internacional de cereales y oleaginosas a través de la Resolución 125.

Mantener la estructura de gastos (especialmente los subsidios) supone niveles de erogación que requieren crecientes ingresos públicos, ordinarios o extraordinarios. De ahí el regreso al estado del fondo de jubilaciones y pensiones.

En la misma dirección debe anotarse el actual intento de tomar una parte de las reservas.


El ajuste que vendrá

Podríamos decir que la economía tiene dos formas de equilibrar sus cuentas. Una, de un modo administrado y racional; por decisión del gobierno, que mide cada paso que da y está dispuesto a anunciar malas noticias. Porque, convengamos, hacer ajustes no le gusta a ningún gobierno. Se dice que ajustar tiene “costos políticos” y entonces se prefiere postergar cualquier modificación en la política económica para que, en todo caso, el problema tenga que ser resuelto por el gobierno que sigue.

La otra del ajuste es mediante un estallido de precios y el tipo de cambio. La postergación de tensiones macroeconómicas y la postergación de las correcciones, más tarde o más temprano, desembocan en un sismo económico. La ventaja de este modo traumático es que siempre uno puede echarle la culpa a fuerzas oscuras, a poderes económicos, a conspiraciones.

Ajustar el gasto público es una tarea ingrata. Consiste en comenzar a decir “NO” a gobernadores, a dirigentes sociales, a empresas subsidiadas, a proveedores, a empleados públicos. Supone reducir obra pública y abandonar programas. Es algo que los gobernantes se niegan a hacer y tratan de postergar su implementación todo el tiempo posible para que los costos políticos del ajuste recaigan sobre el gobierno que los suceda.

Nuevamente el populismo, entendido como un concepto de la política y la economía que intenta ofrecer satisfacción inmediata a los votantes, al margen de algunas leyes elementales de la economía (inversión, producción, equilibrio fiscal, etc) llega a un punto en el cual o bien cambia su discurso facilista o bien intenta continuar con el impulso expansivo anterior y marcha rumbo a un estallido equilibrante.

El nivel del gasto público no encontrará un alivio definitivo con las reservas que ahora el gobierno obtendrá. El problema continuará y se requerirán nuevos fondos para sostener lo que ya resulta imposible.

La duda es si será este gobierno o el que viene el que realizará el ajuste. Los Kirchner apuestan todo a llegar, como sea, al 2011 y dejar este presente griego al gobierno que lo suceda.

La oposición, consciente de ello, sólo atina a rechazar todo lo que viene del gobierno, sin sincerar el debate ni proponer nada consistente a cambio. Y hace eso porque, varias de las fuerzas que la integran, en muchos aspectos, habitan el mismo espacio ideológico y conceptual que el kirchnerismo.

En ese punto exacto estamos en este momento.

20 mar. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

El federalismo fiscal en la agenda política
por Jorge Raventos

Lo anticipó Néstor Kirchner diez días atrás, en Resistencia, al reinstalarse en el trono pejotista, y ahora lo confirmó en Olivos su esposa y titular del Poder Ejecutivo: el gobierno está dispuesto a reunir a los gobernadores para iniciar un análisis sobre el régimen de coparticipación federal.

Es cierto que por ahora sólo se trata de anuncios y que Kirchner en Chaco no agendó la tenida para la semana próxima, sino para algún momento no precisado “de los próximos seis meses”. Pero el hecho es que el matrimonio presidencial se vio obligado a mentar un acontecimiento indeseado: una asamblea de jefes territoriales. Kirchner sabe bien, desde su experiencia como gobernador, que cuando los presidentes necesitan acudir a esas mesas alborotadas es porque ya han decaído a la condición de primus inter pares. La doble convocatoria (de él y de ella), así la reunión no sea por ahora más que un embeleco, es una maniobra defensiva y una señal transparente de la debilidad que embarga al oficialismo.

Si bien en la última semana el kirchnerismo celebró algunos empates legislativos y un fallo del juez Lavié Pico que le permitió apuntarse un tanto en el Senado, esos festejos no mitigan la mortificación de todavía no haber podido evadirse del lazo que le traba el uso de las reservas del Banco Central.

El abigarrado arco opositor, pese a sus vacilaciones (y a través de ellas), pudo neutralizar -por más de 100 días ya - la decisión que la señora de Kirchner quiere imponer desde el 14 de diciembre de 2009, fecha de emisión del ahora anulado decreto de necesidad y urgencia con que se inició esta pulseada.
Pero ahora está por iniciarse un debate –la posibilidad de coparticipar plenamente el llamado impuesto al cheque- que abre perspectivas si se quiere más ominosas para el gobierno, porque no sólo toca su caja, sino también su frente interno territorial. Los gobernadores, hasta el momento sometidos a disciplina forzosa por el retaceo de fondos, tienen ahora la posibilidad de adjudicarse automáticamente ingresos fiscales que pertenecen a las provincias sin tener que mendigarlos en la Casa Rosada.

Para evitar que los gobernadores alienten a sus legisladores a votar la coparticipación del impuesto al cheque, los Kirchner esgrimen los instrumentos clásicos: palo y zanahoria. Amenazan con vetar esa ley si el Congreso la aprueba y con castigar a los díscolos privándolos de los recursos y las obras que el Poder Ejecutivo reparte a capricho.

La zanahoria es, justamente, la promesa lanzada por la pareja presidencial de “discutir la coparticipación” entre todos. La indefinida reunión de gobernadores para debatir el tema debería operar como coartada ayudar a los gobernadores a obedecer los deseos de Olivos. ¿Para que discutir ahora “lo menos” (el impuesto al cheque) cuando la benévola autoridad se allana a discutir en algún momento “lo más” (el régimen de coparticipación en general)? En fin, la vieja historia de “cambiar un burro cierto por un centauro imaginado”.

El tema del régimen general de coparticipación es, sin duda, un asunto que debe debatirse, inclusive por mandato constitucional.

En su artículo 75, la Constitución reformada en 1994, dispuso que el 21 de diciembre de 1996 debía estar sancionado un nuevo régimen de coparticipación de impuestos , que tendría que garantizar a las provincias, como mínimo, los porcentajes que ya tenían asignados. La actual Ley de Coparticipación, número 23.548, otorga a las provincias un 54,66 por ciento y a la caja central un 42,34 por ciento. En los hechos la Casa Rosada apenas coparticipa hoy el 30 por ciento de su recaudación, el valor más bajo de los últimos 50 años.

Hay ya una mora de 14 años en cumplir con el mandato de la Convención Constituyente. La ley de coparticipación es una llamada “ley convenio” que requiere no sólo la aprobación de los poderes nacionales, sino también la sanción de las provincias, de allí la dificultad en difícil hincarle el diente, aunque se trata sin duda de una asignatura pendiente que es preciso cumplir.

En rigor, la exacerbación del unitarismo fiscal que se consumó en los años de Kirchner fue la que incitó el reclamo de federalismo de las provincias, que llegó a las calles como expresión política del movimiento del campo en 2008. Puede afirmarse que hoy la cuestión del federalismo fiscal está en los primeros puestos de la agenda política e institucional, particularmente en el interior. De allí los problemas que enfrenta el gobierno con la discusión del impuesto al cheque. En Olivos no ignoran que los legisladores –diputados y senadores- se saben observados en este debate por sus sociedades locales, por sus electorados, que difícilmente puedan entender que voten en contra.

La ley de coparticipación fija a las provincias un porcentaje de 54,66 por ciento. Por el impuesto al cheque, las provincias sólo reciben del gobierno central algo más del 15 por ciento. Un preciso estudio reciente concretado por el doctor Oscar Jiménez Peña con la colaboración de la doctora Gisela Candarle para la Fundación Bicentenario analiza la magnitud de los recursos cedidos por las provincias a la caja central por este concepto: “los ingresos que se obtuvieron por el impuesto al cheque en el 2009 fueron del orden de los 20.562 millones de pesos, y de esa cifra las provincias sólo recibieron 3.103 millones de pesos”. Agrega el trabajo: “si los ingresos proyectados en 2010 (por ese gravamen) serán del orden de los 24.774 millones de pesos”, sin modificar la ley para coparticipar plenamente el impouesto al “ los distritos finalmente sólo percibirán 3.948 millones de pesos “.

El estudio de la Fundación Bicentenario ilustra la incidencia que esos recursos pueden representar para los distritos. “¿Una provincia pobre como Formosa, puede “cederle” casi 250 millones a los K. el año pasado?”, se pregunta. Agrega: “Misiones construye escuelas a un promedio de 2, 3 millones de pesos cada una. Si dispusiera de lo que corresponde de la ley del impuesto al cheque, en el 2009 hubiera construido 100 escuelas más”.

En la dramática situación fiscal en que se encuentra la mayoría de las provincias (algunas han impuesto forzadas moras a sus proveedores, otras amenazaron ya varias veces con apelar a la emisión de patacones para afrontar obligaciones) el debate de la coparticipación del cheque se convierte en un asunto de efectos deletéreos para el gobierno. Porque incrementa la resistencia a la caja central inclusive de los jefes territoriales más dispuestos a la obediencia.

El federalismo fiscal es una bandera en condiciones de unificar los reclamos al interior de los distritos. Esta semana dio prueba de eso la provincia de Santa Fé, que mostró una representación sin fisuras (Carlos Reutemann al lado del gobernador Binner) a la hora de hacerse oir por la Corte Suprema en el reclamo de restitución del 15 por ciento que aún se retiene de la totalidad de los impuestos coparticipables con destino a la ANSES. Esa quita tuvo como fundamento “equilibrar” el “desequilibrio” que sufrió la Anses cuando comenzó el sistema de las AFJP. Puesto que el gobierno eliminó ese sistema esos recursos deberían dejar de ser quitados a las provincias y coparticipados.

La presidente suele hacer disquisiciones sobre esferas virtuales y reales. Habrá que ver si el gobierno está en condiciones de asumir la realidad cuando ésta impone la agenda.

18 mar. 2010

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA

por Victor Eduardo Lapegna

Los Peronistas Porteños nos Autoconvocamos a Debatir Ideas
PARA QUE LA ARGENTINA ENTRE AL SIGLO XXI Y
BUENOS AIRES VUELVA A SER LA REINA DEL PLATA

Buenos Aires, marzo de 2010

Asistimos al paulatino, acelerado e inevitable colapso del sistema de poder ejercido desde el 2003 por el Partido del Estado Unitario que, asociado con el “capitalismo de amigos”, en su propio provecho controlan los Kirchner.

Las causas esenciales de ese colapso fueron las tres sucesivas derrotas que la voluntad y la acción de la mayoría del pueblo argentino infligieron a aquel sistema de dominación.

°La primera fue la gesta popular del 2008, iniciada por el rechazo a la resolución 125 y que derivó en la movilización federal de la Argentina interior.

°La segunda, cuando el pasado 28 de junio el kirchnerismo en general y Néstor Kirchner en persona perdieron unas elecciones legislativas que probaron que la mayoría del pueblo ya no acepta su sistema de poder.

°La tercera derrota, en el plano institucional, se produjo cuando las fuerzas de oposición asumieron la nueva correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados y en el Senado y se extendió al Poder Judicial, en fallos que frenaron atropellos del Poder Ejecutivo y hasta en un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia.

El ocaso del sistema de poder kirchnerista es un dato positivo de la realidad en tanto se la considere desde la perspectiva de la defensa de los intereses permanentes de la Nación y del pueblo argentinos, ya que cambiar ese sistema es una condición necesaria para que un gobierno nacional aplique un programa que sirva a esos intereses permanentes. Pero no es menos cierto que no es esa una condición suficiente para lograr ese objetivo.

Existe el riesgo de que quienes nos oponemos a la política del poder K, en especial los peronistas, terminemos por obtener una victoria pírrica si la imagen positiva de los opositores en la opinión pública sólo crece merced al extendido deterioro social que hoy cosechan Néstor y Cristina Kirchner, dado que ese desgaste de la imagen del matrimonio presidencial puede arrastrar, al menos en parte, al peronismo.

De ahí que sea cada vez más urgente y necesario que la saludable diferenciación respecto del kirchnerismo que vienen asumiendo en forma expresa cada vez más dirigentes y cuadros del peronismo - algunos de los cuales fueron candidatos y ganaron en las elecciones del pasado 28 de junio - se consolide con la elaboración y presentación pública de propuestas programáticas que sean alternativas reales a las políticas oficiales.

Para hacernos cargo de esa tarea, contamos con la ventaja del legado que es el pensamiento del general Juan Domingo Perón que, merced a sus notables cualidades anticipatorias, mantiene plena su vigencia y aplicabilidad y sigue siendo una herramienta eficaz a partir de la cual los justicialistas podemos y debemos aportar respuestas concretas para afrontar ese desafío.

Pero también debemos asumir que el rico debate interno que abrió la llamada renovación en los primeros años de la restauración de la democracia, y que tuvo su más alta expresión en las elecciones internas de 1988, quedó trunco y de entonces a hoy la militancia peronista en general y en particular sus cuadros técnicos, profesionales e intelectuales no pudimos ni supimos darle continuidad a la estimulante lucha por la idea, un factor esencial para que el Justicialismo pase de la etapa gregaria a la etapa orgánica.

Hoy los peronistas en general, y los de la ciudad de Buenos Aires en particular, queremos superar esa signatura pendiente y construir espacios abiertos a la reflexión y debate acerca de nuestra identidad en este tiempo.

En esos espacios también nos proponemos elaborar propuestas programáticas que, entre otros temas importantes y urgentes, lleven a que la Argentina y los argentinos, tan pronto como sea posible y atendiendo a nuestros intereses nacionales y populares permanentes, nos instalemos en la nueva etapa de la evolución histórica del siglo XXI, signada por el despliegue de la globalización de la economía y la aparición de la sociedad del conocimiento. Desde esa tarea, vamos a colaborar activamente también con todos los compañeros que ejercen representaciones institucionales en los distintos cuerpos legislativos, tanto en el orden nacional como en el de la ciudad de Buenos Aires.

Para avanzar hacia un acuerdo patriótico que una la voluntad de la gran mayoría de los argentinos en objetivos estratégicos que nos permitan construir un destino común en lo universal, antes es necesario que los justicialistas, como enseñaba Perón, “esclarezcamos nuestras discrepancias y para hacerlo no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas primero, para construir el diálogo social después”.

Queremos que ese debate sea un aporte para reconstruir una organización partidaria del Justicialismo cargada de legalidad y legitimidad, con dirigentes dotados de autoridad y no sólo de poder y que posibilite una participación efectiva y protagónica en las decisiones de todos sus afiliados
Aunque sabemos que las ideas se encarnan en personas que las impulsan, no vamos a dejarnos encerrar en “internismos” que nos dividan por la posición que cada uno tenga respecto de quien debe ser el mejor candidato que el Justicialismo presente en las próximas elecciones presidenciales, ya que esas diferencias, como en 1988, deben dirimirse en elecciones internas ampliamente democráticas.

La Argentina, que hoy navega a la deriva, requiere que la política vuelva a ser capaz de definir con claridad un rumbo estratégico, una visión de mediano y largo plazo que guíe su destino por varias generaciones y el pensamiento justicialista, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, adecuado a la evolución de los tiempos, nos permite definir los contenidos concretos que debe adoptar, en las nuevas condiciones del siglo XXI, el objetivo de edificar una Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

ENCUENTRO DE PROFESIONALES Y TECNICOS DEL PERONISMO PORTEÑO
Para la recuperación de nuestra identidad doctrinaria y
la elaboración de una propuesta programática.
Fecha: miércoles 14 de abril de 2010.
Lugar: salón del hotel Castelar.

Programa:
18:00 horas. Acreditación de los invitados. Se habilitarán tres o cuatro mesas para que los compañeros reciban una carpeta con el documento marco y una ficha con datos personales y comisión en la que desean participar, la que será entregada a las secretarias terminado el acto.

18:30 horas. Inicio del encuentro: Bienvenida. Sentido y encuadre de la convocatoria en la situación política general y del peronismo en particular; rol de los cuadros político-técnicos en este contexto.

19:00 horas. La mesa coordinadora propone abrir un intercambio de opiniones entre los participantes para enriquecer y mejorar esta iniciativa.

20:00 horas. La mesa coordinadora propone la creación de ocho comisiones, a saber:
1.- Economía, finanzas, producción, desarrollo e infraestructura.
2.- Pobreza, marginalidad y exclusión.
3.- Reconstrucción de las instituciones republicanas. Derechos y garantías. Libertad de Expresión.
4.- Seguridad y Defensa.
5.- Reinserción de Argentina en el mundo.
6.- La Argentina y la sociedad del conocimiento.
7.- Salud Pública, medio ambiente, desarrollo territorial y población.
8.- La Ciudad: propuesta programática para que vuelva a ser la Reina del Plata

Las mismas podrán tener todas las subcomisiones necesarias para abarcar toda la problemática contenida en cada título.

Habrá un coordinador provisorio de cada área, para lo que se proponen hasta tanto se comience la actividad, los siguientes compañeros:
Coordinador General: Pascual Albanese – Coordinador Ejecutivo: Carlos Valenzuela
Comisión N* 1: Víctor Lapegna; Comisión N* 2: Marita Domínguez, Susana Belot; Comisión N* 3: Salvador Laganá, Ramón Gauna; Comisión N* 4: Santiago Díaz Ortiz, Juan Carlos Melián, Jorge Devia; Comisión N* 5: Jorge Raventos, Luís Calviño; Comisión N* 6: Carlos Valenzuela, Claudio Chávez; Comisión N* 7: Dora Saráchaga, Rita Calogero; Comisión N* 8: Ana Kessler.

Se establecerá un día de reunión de todos los coordinadores provisorios para determinar día, hora y lugar de reunión cada una de las comisiones, lo que será comunicado por los coordinadores a cada uno de sus integrantes.

Cada comisión deberá elaborar un diagnóstico de su temática y una propuesta que deberá estar finalizada para el mes de setiembre de 2010.

Se preverá, para el caso de que sea necesario, reuniones conjuntas de aquellas comisiones que por su temática deban coordinarse e interactuar entre si.

Entre setiembre y octubre se procederá a unificar todo lo elaborado por cada comisión y compatibilizado en un documento final que pretendemos sea presentado y dado a conocer públicamente el 17 de octubre, como el aporte que hace el peronismo porteño de cara a las elecciones del 2011 y en función de la gestión de un futuro gobierno peronista.

17 mar. 2010

FEDERALISMO O POPULISMO

por Claudio Chaves

En el acto de asunción del PJ realizado el 10 de marzo en la provincia del Chaco, Néstor Kirchner anunció que en poco tiempo convocaría a los gobernadores a conformar una comisión para discutir una nueva ley de coparticipación federal. ¡Qué gracioso! ¿Usted le cree? ¿Alguien le cree?

Los argentinos tenemos sobradas experiencias sobre mentiras y malversación de conceptos. El federalismo ha sido uno de ellos y la burla de la voluntad de los pueblos la gran estafa del populismo.

CORDOBA, ABRIL DE 1829.


El General Paz, “el Manco” como solía llamársele por haber perdido el brazo en la guerras de la Independencia hacía su ingreso, por aquellos días, en la Provincia de Córdoba. Venía por la gobernación puesto que su anterior mandatario, el General Bustos, había concluido, el 3 de abril, su ejercicio de segundo término. Correspondía elegir nuevamente. Paz aspiraba legítimamente al cargo. Parlamenta con Bustos y llegan a un acuerdo. Convocan a elecciones en la legislatura. Bustos violenta lo actuado y Paz lo derrota militarmente. Posteriormente en la Tablada y Oncativo refuerza su éxito venciendo a Facundo aliado de Bustos. Dueño de Córdoba extiende, ahora, su influencia sobre las provincias mediterráneas, o los trece ranchos como solía decir entre risueño y despectivo Domingo Faustino Sarmiento, algún tiempo después. Firma, entonces, con las provincias interiores el pacto del 31 de agosto de 1830 “con el designio de satisfacer los votos que unánimente han expresado por su pronta organización política, bajo el sistema constitucional que adoptare la mayoría de las provincias reunidas en Congreso, como el único medio de poner término a las desgracias que por tanto tiempo han experimentado y de que solo pueden estar exentas a favor de una ley constitucional que permanentemente las rija” 1

Una vez más como en 1813 (cuando los diputados artiguistas plantearon la organización nacional) o como en 1821 y 1827 Bustos lo hizo desde Córdoba y los intereses porteños frustraron ambas posibilidades. Nuevamente en 1830 las provincias mediterráneas volvían a recorrer la experiencia organizacional.

¿Qué haría Buenos Aires ante estas circunstancias? ¿Permitiría la realización de un congreso sin ella o contra ella? ¿Quién gobernaba la ciudad puerto? ¿El aristocrático partido unitario de Alvear y Rivadavia, acaso? No, en esta oportunidad lo hacía Don Juan Manuel de Rosas. El Restaurador de las Leyes, quien había copado el partido federal porteño luego del asesinato de Dorrego.

Sí, copado. Observe el lector que don Juan Manuel era extraño al federalismo de Buenos Aires. Provenía del “partido del orden” que sostuvo, oportunamente, al gobierno de Martín Rodriguez y Rivadavia. Sus jefes políticos. Conformaban el grupo, además, Julián Segundo de Agüero, Manuel José García, Braulio Costa, Salvador María del Carril para señalar solo algunos. Ante el descalabro político de Rivadavia los ganaderos saladeristas de la provincia de Buenos Aires rompen con él quedándose a la espera de los acontecimientos que se precipitarían con la renuncia de Don Bernardino 2

Llegado al poder Dorrego no duró mucho tiempo en el cargo. Fue fusilado por Lavalle. Ante tremendo crimen y semejante vacío político, Rosas copa el partido federal merced a su enorme fortuna y poder político acumulado en las zonas rurales. Dorrego siempre había dicho: “Mientras yo viva, este gaucho pícaro no clavará su asador en el fuerte” 3

Pero ya no estaba y no podía impedirlo de manera que Rosas, clavó su asador en el fuerte y se dispuso a complicar la organización nacional empujada por el General Paz.

El caudillo bonaerense aprovechó la convocatoria realizada por el Gobernador de Corrientes a las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires para la firma de un tratado que promoviera la organización. Las provincias litorales miraban con preocupación los éxitos del General Paz en Córdoba y no querían permanecer afuera del nuevo impulso organizacional del interior. Buenos Aires mandó su representantes y Corrientes al Brigadier Pedro Ferré.


FERRÉ EN SANTA FE


De las entrevistas y debates que el correntino mantuvo con el Ministro de Finanzas de Rosas, Roxas y Patrón, mucho se ha escrito, especialmente la controversia acerca de los impuestos aduaneros como mecanismo de defensa de las industrias del interior del país. Sin embargo no es a esa discusión a la que me voy a referir sino a la importancia que el correntino atribuía a la nacionalización de la renta aduanera como única posibilidad de constituir una nación federal, y a la necesidad de organizarnos constitucionalmente. El revisionismo histórico, rosista en esencia, populista en lo político e industrialista de mercado interno en lo económico, desvalorizó siempre la idea de la organización constitucional y su consecuencia inmediata, la nacionalización de la renta aduanera. La valoración del período la formulaban por el supuesto industrialismo de Rosas, la defensa de la soberanía nacional y la mentada Confederación que a juicio del revisionismo salvó la unidad de la patria. Esta corriente histórica, hija dilecta del nacionalismo, de moda por los años de surgimiento del revisionismo, asumía el discurso “revolucionario” del final de las instituciones liberales y su decadencia putrescente. El constitucionalismo es decir el valor de la sanción de una Constitución nunca despertó entusiasmo en ellos. No deja de ser un grave error.

El historiador Mirón Burguin afirma que en la década de 1830 Jujuy disponía de una renta anual de nueve mil pesos, Córdoba de setenta mil (la más rica del interior) y Buenos Aires de dos millones quinientos mil pesos 4 Repartir las enormes ganancias de Buenos Aires por medio de un cuerpo legal en provecho de las provincias era la cara de la justicia social posible en la Argentina del siglo XIX. Y esto el revisionismo jamás lo comprendió.

La historiografía mitrista, por su lado, desconoció el significado político de los hombres del interior y el valor de la democracia popular o como decía Alberdi la “democracia de poncho” El liberalismo elitista de Mitre y sus adláteres menospreció la potencia de los sectores populares para la consolidación de las instituciones. Solo el liberalismo popular de Alberdi, Urquiza, el Chacho o José Hernandez pusieron en su lugar a los postergados de la patria.

Volviendo a Ferré, aseveraba en esos debates “que es un derecho incuestionable el que tienen las provincias al tesoro que se recauda de impuestos al comercio extranjero en proporción al consumo y productos de cada una. Dar ese tesoro a una sola provincia es sancionar la ruina de las demás” 5

Los porteños por el contrario manifestaban que Buenos Aires tenía autoridad sobre los derechos aduaneros “en la sola razón de que la mayoría de las importaciones del comercio extranjero se consume en Buenos Aires” a lo que Ferré contestaba:

“La nacionalidad de las rentas viene de su adquisición y no nace del mayor o menor consumo que hacen los pueblos. Las rentas nacionales llevan el carácter de la indivisibilidad. Que en este orden también son iguales los hombres y los pueblos.”6

Se hacía preciso, entonces, organizar el país constitucionalmente para que las rentas aduaneras fueran nacionales. Era lo que procuraba el General Paz:

“Me parece de la mayor importancia hacer sentir en las provincias interiores que ellas forman parte de la República Argentina y que cada una de ellas es un miembro de eso que debe llamarse cuerpo nacional”7

Ferré asistió a Santa Fe en julio de de 1830, un mes antes que Paz constituyera La Liga del Interior. El correntino apostaba en lo posible a la organización nacional con Buenos Aires adentro más que enfrentarla como hacía el cordobés. Claro que el posible acuerdo a lograrse con las provincias litorales debía hacerse sobre la base de mantener una Representación permanente de las provincias con atribuciones para organizar el país. De esta forma Ferre pensaba seducir al Manco.

Pero sus propuestas fueron rechazadas por los porteños.

Los debates de Ferré con Roxas y Patrón y con Manuel José García a los que ya he aludido no le hacían perder la compostura al correntino que seguía apostando al acuerdo y la negociación.

“No pretendo que Buenos Aires no cobre derechos; no desconozco las atenciones nacionales que tiene sobre sí; no pido que estas se desatiendan. Quisiera en substancia que todo se determinase de un modo positivo y amistoso; a saber cuanto debemos; con qué contamos; cuanto pagamos; cuanto es nuestro déficit; cuanto más debemos pagar; y en fin que podemos hacer para promover la prosperidad de todas las provincias de la República que siempre han ido en decadencia, y que hoy se hallan en el último escalón del aniquilamiento y de la nada.”8

Imposible acordar porque la intransigencia y la arbitrariedad se hallaban en Buenos Aires representada por Don Juan Manuel. Ante la negativa de los representantes porteños de acceder a los pedidos de Ferré, el Brigadier se marchó de Santa Fe, y Corrientes se retiró de las negociaciones. Comenzaba el acercamiento correntino a Paz.

SENTIDO POLITICO DEL PACTO FEDERAL

El caudillo bonaerense con argumentos populistas como el de atribuirse ser portador de un federalismo popular inventó a último momento el Pacto Federal para dejar sin argumentos al General Paz. El sentido político del Pacto Federal fue frenar el drenaje provincial hacia el interior, dominado por el Manco. En ningún momento procuró la organización nacional. Retomó las conversaciones de Santa Fe pero ya sin Corrientes.

“Rosas con las otras tres provincias ribereñas produjo el famoso Tratado del 4 de enero de 1831. Entonces como otras veces consiguió anular la influencia de las interiores y hacer que permanecieran las cosas en el punto en que habían estado”9

Finalmente las tres provincias litorales firmaron el Pacto Federal del 4 de enero de 1831. A los efectos de convencer a todas de las bondades de este pacto su artículo 15, inciso 5 decía:

“Invitar a todas las demás provincias de la República, cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales; y a que por medio de un congreso general federativo se arregle la administración general del país, bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales…”10

Notable mentira de Rosas puesto que una carta a Facundo Quiroga un mes después (4 de febrero de 1831) y antes de que el Manco cayera derrotado le decía:

“Conseguido el objeto (atraer a las provincias mediterráneas y a Corrientes) soy de sentir que no conviene precipitarnos en pensar en Congreso. Primero es saber conservar la paz y afianzar el reposo; esperar la calma e inspirar recíprocas confianzas antes que aventurar la quietud pública”.11

Populismo sin principios. No hay nada de federal en este “gaucho pícaro” que ya maquinaba tirar todo por la borda o como se decía por aquellos años que los diputados “se aprieten el gorro y se manden a mudar con viento fresco”. Derrotado Paz y cuando las provincias mediterráneas y Corrientes se fueron incorporando al Pacto Federal, Rosas anuló el artículo 15 y “a largarse con viento fresco”.

Y así fueron los acontecimientos: la mentira y el dejarse embaucar por parte de gobernadores poco dispuestos a enfrentarse al futuro dictador habilitaron la tiranía.

Paz fue una excepción heroica cargada de valores mucho más cercana al interés nacional que la de Rosas.


PAZ Y FERRE. EL INTERIOR DERROTADO


“Para estimar en todo su valor la personalidad de Paz, será preciso considerarlo como el vástago más notable que produce la Córdoba del siglo XIX, representante de la burguesía cordobesa culta. Paz será siempre un provinciano, distinción capital en nuestro siglo XIX para situarse claramente en el caos de las luchas civiles”12

Paz, Ferré y Alberdi entre otros han sido lo mejor que las provincias interiores han dado al pensamiento argentino. Portadores de un liberalismo criollo y popular dejaron una impronta historiográfica que se frustró, primero por la historia liberal elitista de Mitre y luego, en el siglo XX, por el raudo avance del revisionismo nacionalista que descalificó al liberalismo de manera total, sin discriminar. Como si fuera imposible ser liberal y patriota. Un absurdo que no resiste el menor análisis.

Para terminar escuchemos a Ferré:

“Dos son los partidos que han aparecido en público en Buenos Aires. El primero es el de los unitarios. Quieren que el país se constituya pero al gusto de ellos, es decir bajo el sistema de unidad y con una constitución a su paladar, para que estén todos sujetos a él.

El otro partido es el de los federales su autor Don Juan Manuel de Rosas. Se empeña en que los gobernadores sean dependientes suyos, personalmente, en que no se unan entre sí para que no se le vuelvan respondones, en que las provincias se arruinen cada vez más y que todo lo reciban de Buenos Aires” 13

Hasta acá la historia.

HISTORIA Y PRESENTE

Indudablemente el rosismo ha hecho escuela en nuestro país. Y particularmente al interior del peronismo. La figura de Rosas ha sido ponderada por la inmensa mayoría de los intelectuales peronistas. San Martín, Rosas, Perón, consigna promovida por un sector del movimiento fue ganando espacios culturales cada vez más amplios y generosos.

Nada más alejado del peronismo que la figura de Rosas.

Don Juan Manuel fue a no dudarlo un caudillo popular en la Provincia de Buenos Aires con algunas simpatías extendidas a un sector de Santa Fe. En el resto del país, nada. Su figura identificada con un porteñismo irreductible era rechazada enérgicamente en provincias. De manera que Urquiza, caudillo de Entre Ríos de similar perfil social y político que Rosas pero provinciano, fue verdaderamente el primer caudillo de vuelo nacional. Amado y respetado en los rincones más apartados de la Argentina profunda. Recorrer el archivo Urquiza es contemplar esta realidad que enuncio de manera enfática. De manera que si de popularidad se trata el entrerriano corría a la distancia.

Por otro lado el apoyo social del peronismo provino esencialmente de los sectores obreros de origen provinciano, el “cabecita negra”. En lo profundo de sus historias y en los pliegues de su memoria dormía el viejo federalismo provinciano visceralmente antirrosista como el del Chacho Peñaloza, Felipe Varela, Santos Guayama y tantos otros, amigos todos del General Urquiza. ¡El gauchaje rural provinciano era urquicista!

Los herederos de aquellos paisanos irrumpían nuevamente en el escenario político nacional el 17 de octubre de 1945. Con sus tradiciones y costumbres vivaban al nuevo General.

La escuela rosista se asentó fuertemente en el peronismo al punto que en la década del 70’ la juventud maravillosa entonaba aquellas estrofas tan frescas y poéticas:

Y llora, llora la p…oligarquía

Porque se viene la tercera tiranía.

Esta aberración resultó muy cara al país. Esos jóvenes hoy son gobierno. Educados en la cultura del arrebato y la intransigencia ejercen las mismas prácticas centralistas y autoritarias de Rosas a quien admiran y ponderan. No ya desde una provincia sino desde la Nación. La Presidente se pregunta ¿a donde creen que van los dineros nacionales? cuando la oposición le cuestiona el manejo del dinero. Y se responde: a las provincias. ¿Y entonces porque quieren coparticipar el impuesto al cheque.

Sin entender la esencia del federalismo democrático.

Este peronismo no responde en lo profundo a las tradiciones democráticas argentinas y tampoco a las justicialistas.

1- Sabsay, Fernando L.: Historia Económica y Social Argentina. Ed. Bibliográfica Omeba. Bs. As. 1967. T. 2. Pág. 230
2- Irazusta, Julio: Vida política de Juan Manuel de Rosas. Ed. Jorge Llopis. Bs. As. 1975. T. 1. Pág. 163.
3- Saldías, Adolfo: Historia de la Confederación Argentina. EUDEBA. 1968. T. 1 Pág. 191.
4- Burguin Mirón: Aspectos económicos del federalismo argentio. Ed. Solar Hachette. Bs. As. 1975. Pág 171.
5- Zalazar, Roberto: El Brigadier Ferré y el unitarismo porteño. Ed. Pampa y Cielo. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Pág. 84.
6- Ferré, Pedro: La Constitución de la Nación bajo el sistema federativo. Ed. Juarez. Bs. As. 1969 Pág. 61. Esta edición trae un prefacio de Arturo Sampay, imperdible por su postura federal provinciana extraña al peronismo de origen.
7- Terán, Juan B.: José María Paz 1791-1854. Ed. Cabaut. Bs. As. 1936. Pág. 297.
8- Zalazar, Roberto
9-Terán, Juan B.: Ob. Cit. Carta de Paz a Don Domingo de Oro. Pág. 298.
10-Sabsay, Fernando L.: Ob. Cit. Pág. 236.
11-Barba, Enrique, M: Correspondencia entre Rosas, Quiroga y L
12-Ramos, Jorge Abelardo: Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. Las masas y las lanzas. Honorable Senado de la Nación. Bs. As. 2006. Pág. 128
13-Ramos Jorge Abelardo: Ob. Cit. Pág. 133.

13 mar. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Empate en la inmovilidad
por Jorge Raventos


El oficialismo evitó esta semana que el Senado perfeccionara el rechazo de la candidatura de Mercedes Marcó del Pont a la presidencia del Banco Central. La joven economista, que por ahora ocupa ese cargo “en comisión”, contaba ya con la impugnación de la Comisión de Acuerdos de la Cámara, que castigó con esa decisión su obediencia debida al Poder Ejecutivo en el traspaso al ministerio de Economía de reservas de la entidad monetaria, al margen del Congreso y contra expresas negativas judiciales.

El gobierno maniobró sobre el heterogéneo conglomerado al que taquigráficamente suele designarse como oposición política y consiguió adquirir algunas voluntades, las suficientes para eludir una derrota y forzar la retirada táctica del conjunto adversario.

El oficialismo celebró el instante como una victoria. Quizás en su creciente debilidad empieza a conformarse con triunfos episódicos; en cualquier caso, si esa escaramuza por Marcó del Pont puede considerarse una conquista módica del oficialismo, en cambio representó un golpe duro para las tribus antioficialistas, algunos de cuyos caciques se habían vanagloriado anticipadamente del rechazo de los pliegos de la economista y sufrieron así una decepción duplicada.

El paisaje resultante impulsó al senador Carlos Reutemann a declararse “desentusiasmado”. No es para menos: el gobierno resolvió no admitir su caída electoral de junio; está inequívocamente debilitado y se empeña en decisiones que no puede transformar en actos, como le ocurrió con el decreto de necesidad y urgencia 2010/09, que la presidente debió anular después de verse frustrada en llevarlo a la práctica durante casi tres meses.

Pero si el oficialismo está anémico, el combinado opositor no derrocha vigor precisamente. Así lo describe una de sus líderes, Elisa Carrió: “En la oposición hay muchos que tienen miedo de gobernar y son funcionales a la amenaza de Kirchner; el mejor ejemplo es el avance del Senado que fue correcto hasta que ellos mismos se asustaron del avance”.

El cuadro que queda a la vista es el de un conflicto paralizante, una frenética inmovilidad.

El gobierno descubre una inédita dificultad para llevar la práctica sus planes y describe esa impotencia como el fruto de una conspiración destituyente. Exhibe así a menudo, sin maquillaje, un trasfondo autocrático: la impaciencia por no poder realizar sus caprichos (pintados como “convicciones”), el fastidio de encontrarse con los límites que imponen las normas, la división de poderes y –fundamentalmente- el mandato de las urnas. La reacción es, por ejemplo, la promesa de no cumplir con mandatos de la Justicia. La fragilidad política se trasmuta otras veces en la ostentación de una fortaleza fantasiosa, como la que le permitió a Néstor Kirchner disparar esta semana en Chaco que piensan “gobernar hasta 2020”.

El oficialismo debe mucho de su flojera crepuscular al extremo centralismo de su dispositivo político, que lo ha aislado paulatinamente no sólo de las estructuras territoriales y sectoriales del país, sino de los cuadros de su propia fuerza. En cualquier caso, ese mecanismo centralizado de mando presenta tácticamente algunas ventajas frente al archipiélago del no-kirchnerismo.

El problema principal de la llamada oposición no reside, sin embargo, en su diversidad , sino en el hecho de que carece de una plataforma común, de un piso compartido. Por el contrario, son los Kirchner quienes se benefician, como lo señaló agudamente esta semana Carlos Pagni en La Nación, de una “secreta solidaridad conceptual de muchos de quienes se les oponen. Ya se comprobó con la confiscación de los ahorros jubilatorios, la estatización de Aerolíneas o la ley de medios (…) parte del poder de los Kirchner se asienta sobre el consenso precapitalista de una porción relevante de la clase política argentina”.

Ese extraño consenso evidencia un anacronismo: en Argentina se discuten posicionamientos “de izquierda” o “de derecha” como si esas etiquetas implicaran posturas fijas y eternizadas. En un mundo en el que los países emergentes -desde China con el Partido Comunista hasta Brasil con Lula y el Partido de los Trabajadores, sin excluir al comunismo vietnamita, fundado por Ho Chi Minh o al Uruguay del Frente Amplio y los tupamaros, o a países que cuentan con liderazgos de centroderecha como el Chile de Piñera, la Colombia de Uribe o el México de Calderón- convocan a la inversión extranjera y pretenden beneficiarse del comercio libre y de las innovaciones de la producción capitalista, aquel consenso parece más bien congelados en términos de los años 50 o 60 del siglo pasado.

La recomposición política que el país espera, en la que sus fuerzas políticas mayores y dinámicas promuevan una nueva convergencia, no se logra mirando por el espejo retrovisor, sino a partir de la definición de un proyecto común anclado en el presente y orientado al porvenir.

El presidente de Brasil, Luiz Inazio Da Silva, Lula, tiró al canasto las ideas que lo inmovilizaban en el pasado: “No cambié yo, cambió el mundo”, explicó. Ni él ni su partido abandonaron su perspectiva de izquierda, pero hicieron un extraordinario esfuerzo de actualización ideológica y adecuación política que constituye una aleccionadora experiencia de adaptación creadora a las condiciones del mundo globalizado. Si Brasil puede hoy exhibir una presencia creciente en el planeta, si ha adquirido el rango de potencia regional con proyección mundial, si ha empezado a hacer retroceder la frontera de la pobreza es porque antes Fernando Henrique Cardoso y más tarde Lula (y con ellos las fuerzas políticas y sociales que representan y reflejan) se pararon sobre esa plataforma común que los vincula con las tendencias centrales del mundo actual. A partir de esa plataforma, los matices que los diferencian adquieren significación política.

Las batallas que emprende la oposición política en el Congreso, frente a un oficialismo en decadencia, están condenadas a oscilar entre el paso adelante y el inmediato paso atrás, mientras no consiga trascender el plano táctico y de procedimientos en el que se maneja; mientras no se rompa aquella “secreta solidaridad conceptual” que une a fragmentos de ese conglomerado con el gobierno al que los votantes le dieron el mandato de enfrentar.

El empate político en la inmovilidad al que hoy se asiste no se romperá, tampoco, apelando al arbitraje judicial. Si bien se mira, el arbitraje decisivo de los últimos años, el que determinó un nuevo protagonismo para el Congreso, el que formuló un programa de descentralización y federalismo y, en definitiva, generó consecuencias electorales en junio de 2009 fue la movilización de la conciencia ciudadana que acompañó al campo y a las provincias durante aquellos meses de 2008.

Para salir de la inmovilidad, la política argentina debería leer atentamente el significado y la proyección (todavía vigente) de aquellas movilizaciones.

11 mar. 2010

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN

por Diana Ferraro

Resulta imposible seguir los acontecimientos de los últimos días, y guiarse en el laberinto de las reacciones inesperadas, las torpezas y hasta las aparentes traiciones sin advertir la lógica profunda de dos proyectos enfrentados: el depuesto en Diciembre de 2001 por la falta de conducción política y el fogoneado a partir de ese momento por Alfonsín y Duhalde y asumido por Duhalde en Enero de 2002 y luego por los Kirchner a partir de 2003. Lo que hoy parece una actitud indecisa de la oposición sólo esconde dos cosas: una enceguecida interna peronista-radical para ver quien conduce mañana el proyecto hoy conducido por Kirchner, y una falla sustancial, la falta de conducción y liderazgo del proyecto liberal, por liberales, por el Pro o por el Peronismo Federal, este último, en rigor, el potencialmente más fuerte para dar batalla.

No tiene mucho sentido volver a repetir los argumentos ni a desgajar la historia que llevó la situación argentina a este punto. Ya está todo dicho y escrito, para quien quiera tomarse el trabajo de revisar el pasado. Hoy lo que cuenta es el tiempo. También el coraje de aquellos en el Senado o en la Cámara de Diputados que decidan clarificar este proyecto ante la opinión pública, de modo de hacer docencia para que esta comprenda no sólo por qué está mal no respetar las formas republicanas, sino también por qué es inadmisible usar las reservas que respaldan ahorros y moneda sin la contrapartida correspondiente, por qué está mal colocar al frente del Banco Central a una persona que tiene las ideas opuestas a las que estabilizarían y harían crecer el país. Sin conducción, seguiremos rodando cuesta abajo, entre los jirones de un proyecto inservible, sea quien sea quien lo encabece, y sin comprender qué es lo que debemos hacer para progresar.

Es urgente también una conducción que también verifique el grado de obediencia a las instituciones de la Policía y Fuerzas Armadas en general, porque son la última garantía de que las decisiones del Poder Judicial y Legislativo finalmente se cumplan si es que el Poder Ejecutivo vuelve a plantarse en rebelión. Son una parte muy importante de la Nación, lamentablemente muy poco respetadas y tenidas en cuenta en la última década y que hoy merecen una atención especial por parte de una conducción atenta al conjunto de la comunidad.

Una conducción, por último, que piense que no sólo se está jugando con la economía y las finanzas de los argentinos, con su potencial productivo y su futuro, sino también con sus valores, toda vez que no ponga los puntos sobre las íes acerca de la cantidad y magnitud de causas judiciales que afectan a miembros del Poder Ejecutivo, relativas no sólo a fallas institucionales sino a casos de corrupción. Si peronista, una conducción que también se ocupe de la legalidad del hoy usurpado Partido Justicialista.

La Argentina no atraviesa una situación idéntica en todos los aspectos a la que sufrió Honduras, aunque la situación de desobediencia presidencial de la última semana haya creado cierta similitud. En la Argentina, cuando alguien no hace bien su trabajo en algún poder del Estado y cuando alguien defrauda la confianza pública, la Constitución tiene un manual de procedimiento muy clarito, de modo de evitar lo que hoy parece imposible: que el país continúe sufriendo, bajo las garras de quienes sólo piensan en su propia supervivencia personal y en la persistencia obcecada en un proyecto que desde hace ocho años viene fracasando, creando más pobres, más desequilibrios, y más injusticia.

Los argentinos tenemos el modo de despedir a aquel empleado público que ha abusado de nuestra paciencia y poder seguir así con nuestra vida, muy perturbada en los últimos dos años por quienes no nos respetan, ni obedecen nuestras reglas, ni escuchan nuestras necesidades para producir y trabajar. Esa actitud de tomar como pueblo las riendas de nuestra vida pública, así como estas reflexiones, no tienen ánimo destituyente. Tienen, por el contrario, un ánimo constituyente destinado a mantener y elevar nuestro standard en la administración pública, de modo que los futuros empleados también sepan a qué deben atenerse.

6 mar. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

LOS K, METIDOS EN HONDURAS
por Jorge Raventos


Durante la semana que concluye, el diputado Omar De Marchi, miembro del tradicional Partido Demócrata presentó en la Cámara Baja un proyecto de resolución para promover juicio político a la presidente Cristina de Kirchner.

La iniciativa del legislador mendocino llevó de la potencia al acto una idea que sobrevolando el escenario de crecientes tensiones entre el kirchnerismo y la oposición. Sin ir más lejos, Elisa Carrió mentó el concepto el último jueves; ese día señaló que "la Presidenta está al margen de la ley, ha ingresado en un proceso de ilegalidad muy grave, actúa como una presidenta de facto" y consideró que tal comportamiento era pasible de juicio político.

Lo que determinó este y otros comentarios de paralela dureza, así como la propuesta legislativa del diputado De Marchi fue , en principio, la conducta de la señora de Kirchner ante la Asamblea Legislativa, en lo que tradicionalmente constituye la solemne ocasión en que los presidentes informan al Congreso sobre el estado de la Nación y sobre sus propios planes para el ejercicio legislativo que se abre. En lugar de una pieza de ese corte, la Presidente dedicó sus dotes oratorias a atacar a opositores, a lanzar acusaciones innominadas e imprecisas sobre corrupción judicial y a reiterar sus golpes contra los medios de comunicación; fuera de ello se empeñó en un pesado catálogo de autoelogios, basados en información que proporciona el INDEC (un organismo que a esta altura es comparable al espejo de la madrastra de Blancanieves). Como postre anunció la anulación del decreto de diciembre que disponía la apropiación por el ejecutivo de 6.500 millones de dólares de las reservas del Banco Central (una norma que nunca pudo ejecutar por el rechazo de la Justicia y del Congreso) y, de inmediato, informó sobre un nuevo decreto “de necesidad y urgencia”, con el mismo objetivo e idénticos fundamentos que en ese mismo momento, a espaldas del Congreso y procurando eludir a la Justicia, estaba poniéndose en práctica con el acatamiento de la Presidenta (en comisión) del Banco Central y la mayoría de su directorio.

“La Presidenta de la Nación tendió una trampa a los representantes que la escuchaban- describió el constitucionalista Roberto Gargarella-; el Ejecutivo dispuso del uso de más de 4000 millones de dólares a través de una operación de la cual no pudimos siquiera enterarnos, porque la medida no se había publicado mientras ya se estaba ejecutando (…)En el interín la Presidenta distraía a la oposición e impedía que frenase el uso de las reservas, a través de un largo discurso en el que aprovechaba para agredir a sus críticos, en lugar de solicitar humildemente su ayuda.” El constitucionalista resume y diagnostica: “El acto -el engaño- es tan grave que ameritaría el inicio de un juicio político: se trató de una actuación abusiva, políticamente torpe a más de equivocada, moralmente reprochable y constitucionalmente nula”.

A esa altura ya estaba claro que los actos del Poder Ejecutivo, sus reacciones frente al Congreso y la Justicia, conducían al país a un grave conflicto de poderes, pero la Presidente reservaba un capítulo. Al enterarse de que una jueza (Claudia Rodríguez Vidal) había dictado un fallo que volvía a plantear, como lo habían determinado decisiones judiciales anteriores, que los fondos del Central no debían utilizarse hasta que el Congreso se expidiese sobre el tema, la señora de Kirchner utilizó la cadena nacional de radiodifusión para anunciar que no acataría ese fallo y embistió otra vez contra la Justicia, denunciando (sin dar detalles) que “hay jueces que cometen abuso de poder” y “parecen estar alquilados”. Cosas del innovador estilo presidencial: aunque no ofreció precisiones sobre esos presuntos delitos, la dama estimó trascendente ofrecer a través de la cadena nacional un chismecito de ambiente: el nombre y ocupación de “la pareja” de la jueza Rodríguez Vidal. Para la antología de las “discusiones de alta peluquería” que sabía describir Aníbal Fernández.

En ciertos círculos oficialistas suele definirse a estas seguidillas de ofensivas y ofensas como “duplicar la apuesta”. Y al parecer el método conoció tiempos mejores, cuando su aplicación rendía buenos réditos al gobierno. Pero nada es eterno: ahora y desde hace ya no menos de dos años, como se ha señalado reiteradamente en este espacio, “cada vez que lo hace profundiza su propia crisis.”

El gobierno perdió el miércoles 3 su hegemonía sobre el Congreso y su influencia sobre los tribunales se desliza por un tobogán; la pelea contra los jueces, los medios y los legisladores parece la búsqueda deliberada de una catástrofe.
Será difícil convencer a los funcionarios (políticos o de carrera) de que desacaten fallos judiciales como prometió la señora de Kirchner: eso es algo que implica un delito de desobediencia a la Justicia, como recordó el viernes la jueza Rodríguez Vidal.

Muchos miembros de lo que hasta ahora ha sido propia tropa del oficialismo observan con preocupación esa conducta y han comenzado a resistirla. La búsqueda de diálogo con la oposición que parece protagonizar el senador José Pampuro es una señal de esa resistencia: la actitud de Pampuro refleja el punto de vista de muchos legisladores oficialistas de ambas Cámaras, preparados para aceptar una convivencia con la oposición y a admitir que la elección del 28 de junio consagró una nueva relación de fuerzas, en la que el kirchnerismo es minoría. “A lo que no estamos dispuestos es a la rendición incondicional”, acotó el jefe del bloque de diputados K, Agustín Rossi. ¿Una rendición con condiciones, pues?

“Necesitamos el consentimiento del Poder Ejecutivo para obtener una salida de esta crisis”, subraya el dialoguista senador Pampuro. “Alguien desde arriba tiene que abrir otra oportunidad”.

Ese “alguien” tiene nombre y apellido: Néstor Kirchner. Parece difícil, sin embargo, que en la módica paz calafateña en la que se ha enclaustrado el matrimonio presidencial este fin de semana se evalúe ninguna rendición. Los Kirchner saben que la “convivencia” a la que aspiran muchos de sus subordinados en definitiva no los incluye en las condiciones a que ellos aspiran. ¿Acaso la oposición, en su deseo de diálogo y en los ensayos que dibuja con Pampuro y otros, está dispuesta a rever el rechazo a Mercedes Marcó presidente del Banco Central? ¿Acaso el reclamo de las provincias de coparticipar el impuesto al cheque va a ser abandonado? Si hubiera opositores dispuestos a hacer esas concesiones, habría voces fuertes de ese costado, denunciando, como ya lo hace Elisa Carrió, que no hay que confundir prudencia con miedo.

En el “relato” de los Kirchner ingresó hace varios meses el modelo Honduras, como uno de los escenarios probables a los que podrían enderezarse. Y quizás el preferible en ciertas circunstancias.

Manuel Zelaya, el ex presidente hondureño, se vio forzado a dejar el cargo en medio de un conflicto de poderes con el Poder Judicial y con el Congreso de su país, cuando él pretendió desafiar normas constitucionales (y disposiciones de la Justicia) contrarias a la reelección y a la realización de un plebiscito con ese sentido. Perdió esa chance pero mantiene alguna fuerza política en Honduras, trata de sostener una imagen de demócrata irredento expulsado por golpistas y reaccionarios y ahora se ha convertido en un funcionario explícito del proyecto de Hugo Chávez, conchabado en Caracas como directivo de Petrocaribe.

Por estos días otra imagen, paralela y ominosa, se despliega en el escenario: la del gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, sometido a juicio político y detenido en una cárcel policial, mientras se investigan casos de corrupción. En Calafate no ignoran que los casos por irregularidades ya abiertos en los tribunales argentinos adquieren creciente velocidad al compás de la evidente anemia del gobierno.

Las denuncias preventivas contra una justicia que no se le somete, la agresividad contra la prensa cuando se despliegan investigaciones sobre corrupción, la falta de disposición para convivir con las fuerzas que expresan electoralmente el divorcio de la opinión pública con el oficialismo son otras tantas señales de que la reducida cúpula del kirchnerismo difícilmente habilite esa “oportunidad” que quieren abrir algunos de sus cuadros y que le reclama la oposición. El espejo de Zelaya es mucho más atractivo.

Son los Kirchner, voluntariamente, los que buscan meterse en honduras.

3 mar. 2010

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

por Claudio Chaves

Es lo que procura el Ministro Alberto Sileoni después de treinta años de fracasos del establishment educativo y de FLACSO. Alberto Sileoni en tres documentos publicados en el 2009 ha planteado una reforma del sistema secundario que reúne algunos aspectos novedosos y extraños al progresismo educativo. Los mismos fueron aprobados en el Consejo Federal de Educación lo que significa que han sido aceptados por todas las provincias.

¿En que consiste esta reforma?

En principio se unifica la acreditación de saberes mediante un título único de validez nacional: Bachiller.

Este bachillerato durará cinco o seis años según la jurisdicción. De manera que sumando los años de la primaria y secundaria se alcancen los doce años de estudios. Esto es, en aquellas jurisdicciones en que la primaria dure seis años la secundaria durará lo mismo, y en aquellas jurisdicciones en que la primaria dure siete años la secundaria será de cinco.

Este bachillerato tendrá dos ciclos. Uno básico y otro de especialización. Nada muy distinto de los antiguos bachilleratos de siempre. Las especializaciones son muchas:

Ciencias sociales y humanidades
Ciencias naturales.
Economía y administración.
Lenguas.
Arte.
Agro y ambiente.
Comunicación.
Informática
Turismo.
Educación física.
El Ministro asevera que la nueva Escuela secundaria se caracterizará por la calidad y la inclusión dos líneas de acciones inseparables e insustituibles. En esto el Ministro ha sido muy cuidadoso atento que la escuela argentina de los últimos años, en la cual él ha tenido mucho que ver y naturalmente FLACSO, no se ha caracterizado precisamente por la calidad.

Ideologizados, como están, contra las reformas del 90’ (a pesar de haber sido funcionarios de ese periodo) su discurso pedagógico se centró fundamentalmente en la contención. Contener a los hijos de los desocupados ocasionados por las reformas del estado, el modelo económico, la convertibilidad, la desregulación, el consenso de Washington, y todos los males del capitalismo salvaje de los 90’según era su opinión.

Participaron como funcionarios de un modelo que negaban y repudiaban. Como esto los atormentaba buscaron justificarse ante ellos y la sociedad como el sector que con gran conciencia social cauterizaban, desde adentro, las heridas provocadas por los neoliberales. Estaban allí como salvadores de la patria social. ¡Y se lo creyeron!

No hay que desdeñar emolumentos, salarios y canonjías que cobraron puntualmente todos esos años. Pero para intelectuales comprometidos con la idea y el pobrerío esto último no guardaba ninguna importancia. ¿O sí?

Desdeñaron la calidad (a pesar de lo que declaraba la Ley Federal de Educación) y acentuaron en la inclusión. Con la crisis del 2001 la realidad se juntó con el discurso y fue el único momento en que estuvieron vinculados a las certezas. La desocupación y la miseria obligaban a que las escuelas abordaran la problemática social.

Después con el gobierno de ellos, me refiero el progresismo kirchnerista, y creciendo a tasas chinas el abordaje educativo debía procurar otro discurso. Vino la nueva ley Educativa de Filmus que fue un calco de la Ley Federal de los 90’ pero con la obligatoriedad del secundario. Se acentuó en la calidad. Sin embargo la Escuela no cambió. La inercia del discurso progre acerca de los derechos más que los deberes y la igualación para abajo porque hacerlo para arriba es discriminatorio, resultado de un modelo político salvaje e inhumano hizo que la escuela descendiera a un pozo más profundo aún.

A la luz de los resultados educativos de los últimos siete años la corporación educativa, la burocracia pedagógica y FLACSO han fracasado. Basta leer los guarismos de abandono, desgranamiento y repitencia de los últimos años y se entenderá lo que vengo diciendo.

En síntesis desdeñaron la calidad en aras de la inclusión y ahora nos encontramos sin calidad y con escuelas abandonadas. Un secundario desprestigiado y desvalorizado.

Ahora el Ministro impulsa un cambio asociando inclusión y calidad. ¡Está bien! Sin embargo hay que remover treinta años de una atmósfera escolar donde el facilismo, la indisciplina, el pedagogismo y la falta de contenidos ha prevalecido en las aulas y envilecido a los estudiantes.

El Ministro sabe que las palabras son discursos y que no devienen en acciones. Tantos años de fracaso lo han hecho reflexionar ¡al fin y al cabo! Por eso ha pegado una vuelta de campana y por primera vez el progresismo habla de competencia. Introduce este concepto en la escuela. Palabra maldita si las hay para este mundo de la intelectualidad argentina. Competencia es mercado, insolidaridad, individualismo, fractura, egoísmo cálculo material, especulación, ganancia, corrupción, triunfo de los poderosos sobre los débiles, injusticia, las siete plagas de Egipto y el rudo capitalismo. No obstante estos males Sileoni se animó. Y el Ministro ha resuelto premiar a las Escuelas que muestren resultados. Otra novedad: resultados.

“Para sobrevivir las escuelas públicas se tienen que reinventar. La disciplina del mercado da la clave. Para devolverles la salud es inútil regularlas. La lección es clara: para tener éxito las escuelas públicas tienen que ser des reguladas. Deben tener libertad para alcanzar sus objetivos. Las escuelas deben pasar la prueba de todas las organizaciones de alto desempeño: los resultados. Y los resultados no se logran por regulación burocrática. Se alcanzan satisfaciendo los requerimientos del cliente, con recompensas por el éxito y castigos por el fracaso. La disciplina del mercado es la clave, la forma definitiva de la responsabilidad”1

Calidad, competencia y resultados todas ideas provistas por la “derecha”. Ahora sí el Ministro deberá pagar la defección de las filas del progresismo sin ganar el respeto de los que creemos en serio en la competencia y los resultados. De todos modos es un paso adelante.

Centrar en la Escuela la responsabilidad de los resultados y premiarlas va por el buen camino. Son principios iniciáticos de las escuelas charter o autogestionadas.

¿Porque el Ministro ha llegado tan lejos? Sencillo, por el fracaso de una escuela que se hunde y porque el Ministro está avivado e intuye el final del progresismo. Busca espacios en los tiempos que se avecinan Y también ¿porqué no? un sano intento de probar por otros métodos.

Sin embargo no tan a fondo. El diario La Nación en una entrevista del 27 de febrero le pregunta:

-¿Estaría de acuerdo en dar incentivos monetarios para las escuelas que mejoren o los docentes con mejor desempeño?

Ministro: “No en los salarios docentes. Pero si estamos pensando seriamente en que como Estado tenemos la obligación de llegar a las escuelas con algún reconocimiento simbólico e institucional que podría también ser económico para las escuelas que tienen mejores resultados. Hay una fuerte negativa de los sindicatos pero tenemos que evaluar positivamente y premiar a las buenas escuelas, las que hacen las cosas bien. Estamos muy preocupados por el ausentismo docente que en algunas provincias alcanza el 20%.”

El Ministro da en la tecla y no se anima. Es decir acierta que el ausentismo se supera dándole poder a la escuela y premiando los resultados sin embargo el reconocimiento sería simbólico puesto que los sindicatos están en contra. De todos modos es un intento de recuperar el tiempo perdido.

1 Gerstner, Luis V. y otros: Reinventando la educación. Nuevas formas de gestión de las instituciones educativas. Ed. Paidos. Bs. As. 1994. Pág. 27 y 28.

2 mar. 2010

LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL

por Diana Ferraro

A estos boqueteros, según la certera definición del humorista NIK, que se están yendo dentro del mayor de los escándalos, poco hay ya que decirles. Son pseudo peronistas que trataron de tener su propia fiesta a costillas de los demás y el resto, fracaso político y parálisis del país, ya se sabe. Siguen, si embargo, ocupando el lugar del peronismo, ante propios y ajenos, y de quien importa ahora hablar es de aquellos que vienen a ocupar el lugar de los que se van, o sea del Peronismo Federal, hasta hace unos meses, peronismo disidente a los modos y proyectos de quienes van a reemplazar. No importa si como gobierno u oposición -- ese lugar lo decidirá el pueblo con su voto--, lo cierto es que Peronismo Federal merece un poco de análisis y reflexión para la corrección de sus fallas. La reaparición de un quejoso ex presidente Menem vino, además de atraer la atención sobre su propia frustración y demanda, a hacer un llamado a una superior definición de esta importante formación política, que por heterogeneidad, debilidad y oportunismo, aún no ha osado definirse como lo que debería ser, la continuidad superadora de los 90.

Si el ex Presidente Menem no hubiera aspirado a su tercera reelección en 1999 y hubiera, más modesta y constitucionalmente, designado un delfín, es muy difícil que el socialdemócrata Duhalde hubiera conseguido la nominación y el consiguiente poder partidario que ostentó hasta llegar por fin a la presidencia en la peor de las circunstancias a comienzos de 2002. Si lo que vale son los proyectos de país, hoy existe una nítida deficiencia en la reformulación pública del proyecto de los 90. Durante aquel memorable año bisagra, 1999, el proyecto de una Argentina moderna, con instituciones estables y una economía capitalista, tuvo que ser asumido, por deserción del peronismo, por un radicalismo asociado con una progresía peronista-radical, más cerca de la modernidad de lo que jamás estuvo después. En los años posteriores a 2001, el peronismo, salvo los núcleos duros del menemismo y del cavallismo, viró hacia una posición entre indefinida y vergonzante cuando no hacia posiciones socialdemócratas que lo uniformizaban con el resto de la oferta política, hasta que llegaron los Kirchner a diferenciarlo con banderas de un aparente socialismo.

La negación frontal cuando no el vacío que muchos dirigentes peronistas han hecho no sólo a Menem sino a Cavallo, y la debilidad para defender el país que se intentó construir en los 90, cuando no la más oportunista de las condenas, no tienen que ver sólo con necesidades de supervivencia política, corriendo hacia el mismo lado que una opinión pública frustrada y sin liderazgo, sino con la pobre comprensión de las reales opciones argentinas y con la dificultad en defender políticas claras y efectivas, aún cuando de partida no tengan buena prensa. El ninguneo a Menem, lamentablemente, se extiende al ninguneo de un proyecto de país. Cuando este proyecto es el único que serviría no sólo para sacar el país adelante ---eso lo puede hacer también la socialdemocracia honesta de Carrió y el radicalismo-- sino para hacerlo crecer al máximo de su potencialidad mediante un incentivo al capitalismo más libre, resulta extraordinariamente grave la debilidad ideológica del Peronismo Federal y de sus aliados. El PRO, por caso, es singularmente laxo en su expresión de modelo, con una oscilación entre elementos socialdemócratas y poco terminantes apelaciones a la libertad económica, además de una tendencia hacia políticas administrativas centralizadas, quizá el más notable paradigma de la vieja política.

Peronismo Federal tiene hoy muchos hombres aspirantes a la presidencia, incluso algunos muy queridos y populares, pero no se ve que dibujen ante la ciudadanía un modelo claro de aquello que van a ejecutar si son elegidos. La ciudadanía, sin embargo, comprende con mucha claridad cuando se le dice “Queremos retomar los 90, hacerlos tal cual y mejor, eliminando los defectos de aquel modelo primerizo.” También entienden esta propuesta aquellos que se le oponen, porque prefieren o un país social demócrata o un país directamente socialista. Para completar la oferta política, es necesario entonces que Peronismo Federal asuma plenamente las posiciones de un peronismo liberal y su propia historia, que es también la de muchos de sus hombres. De no hacerlo, además de perder las próximas elecciones por falta de personalidad, limitarán a la Argentina a sólo dos opciones, la socialdemócrata o el socialismo.

Como la Argentina merece algo más, esperemos dentro de Peronismo Federal el milagro del renacimiento formal de un proyecto que no se avergüence de los años 90, sino que los rescate con valentía, proponiendo su continuidad y discutiendo públicamente su perfeccionamiento. Todo lo que faltó hacer; un país federal, por ejemplo. A la izquierda no le va a gustar, la socialdemocracia va a afilar sus uñas frente a un rival digno de combatir, y el resto de los argentinos, quizá esa elusiva mayoría, suspirará aliviado, porque al fin alguien representa esas ideas que tal vez eran las buenas, a juzgar por lo que siguió cuando a los que vinieron, incluyendo la progresía de la Alianza, se les ocurrió que lo bueno era lo opuesto.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
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ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


CONTACTO

Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
Diana Ferraro
diana.ferraro@gmail.com

Colaboraciones:
Enviarlas a:
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