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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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30 nov. 2010

LA MALA VIDA

por Claudio Chaves

El 27 de noviembre de 2003 publiqué en INFOBAE un artículo que hoy, frente a los hechos ocurridos en Río de Janeiro, Brasil, cobra vigencia y actualidad, y que en aquellos años no se avizoraba como un gran peligro como sí ocurre en el presente dado la brutalidad que han adquirido, en Argentina, Brasil y México.
Reenvío aquel artículo a propósito de otro aparecido hoy (30/10/10) en La Nación on line escrito por Rolando Hanglin en el mismo sentido que el mío. Pongo al lector, entonces, en contacto con lo escrito hace siete años.



El delito y el narcotráfico más rápido que tarde serán los problemas centrales por resolver. Quienes no aborden el asunto con la severidad que se merecen, serán superados por los acontecimientos que lamentablemente sufriremos todos, responsables e irresponsables.

En la historia de nuestra golpeada patria el combate al delito no es novedoso. El país padeció en el siglo XIX el largo drama del indio. Las intermitentes entradas de la marginalidad pampeana sobre las poblaciones indefensas ocasionaron males imborrables y odios inextinguibles. Ciudades como Tapalqué, Azul, Tandil, 25 de Mayo, Junín, Pergamino, como así mismo Río Cuarto, Villa Mercedes, San Rafael y tantas otras, vivieron años de horror y desesperanza. Las entradas indígenas ocasionaban todo tipo de males. Robaban cuanto podían incluyendo el secuestro de hombres, mujeres y niños que usaban en sus tolderías para las labores más viles, lograban venderlos por algunas monedas en Chile, o pedían rescate a sus familiares directos.

Extorsionaron sistemáticamente a los distintos gobiernos para lograr de ellos una paga que comprara su irrecuperable conducta.

Plagados están nuestros archivos históricos de estos acuerdos pampas. Sueldos para los caciques, sueldos para los caciquejos, sueldos para los capitanejos y sueldos para todos. Un regalo inexplicable para mantener una paz que jamás se cumplía. Se les regalaba, también, azúcar, yerba, tabaco, alcohol y ganado.
Fortunas inmensas se gastaban para comprar su extorsión.
Los florecientes pueblos y villorrios que recostados sobre las fronteras de la civilización sufrían el permanente acoso de los malones pedían a gritos una solución definitiva.

Ya en épocas pasadas,1833, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Don Juan Manuel de Rosas había intentado una Campaña, exitosa en parte, sobre los indios del sur de Mendoza, sur de San Luis, sur de Córdoba y sobre los de su provincia. Había encomendado la conducción de dicha guerra a su amigo y caudillo el riojano Facundo Quiroga a quién le informaba sobre la necesidad de "acabar con todos los indios". Facundo rechazó el ofrecimiento aduciendo desconocer sobre este tipo de guerra. Sin embargo el riojano no se desentendió totalmente del problema. Le llamaba la atención que la columna del centro comandada por el General Ruiz Huidobro y los hermanos Reinafé, Jefes de su Estado Mayor y políticos de la Provincia de Córdoba -uno de ellos Gobernador- cuando planificaban caer sobre los toldos del cacique Yanquetruz, misteriosamente, los indígenas se, hacían humo. Esto llevó a Facundo a acusar a los Reinafé de cómplices y buchones del cacique, y las razones muy simples, participaban del negocio del robo de ganado ejecutado por los ranqueles y reducido por estos.
La frontera era una delgada línea donde todo se confundía y todo se arreglaba.

Así estaban las cosas en aquel país y para colmo, empeoraron. En la década del 70' el asunto indígena era la principal preocupación de la vida pública.

La Argentina se encaminaba a su objetivo de nación agro exportadora y el clima de inseguridad no podía continuar. Quien resolviera el drama se colocaba en el centro de la escena nacional.

El vicepresidente Alsina elaboró, entonces, un plan que consistió en un avance lento y permanente sobre el desierto "el plan del Poder Ejecutivo es ir ganando zonas por medio de líneas sucesivas". En una palabra, un lento evolucionar que provocaría la resignación y la natural incorporación del indígena a la vida social, al verse atropellado por la civilización. Completaba esta alucinación la loca idea de construir una zanja de 650 kilómetros de extensión de dos metros de profundidad y tres metros de ancho con la que pensaba persuadir al indio sobre sus robos impidiéndoles su retorno con el ganado arrebatado. El disparate estaba fundado en la idea de que esta campaña era contra el desierto y no contra el indio. El garantismo del siglo XIX se dio de bruces con la realidad.

El Coronel Roca, a la sazón, Comandante de la frontera de Río Cuarto polemizó con su superior en periódicos de la época y objetó su idea en los siguientes términos:
"Los indios mirarán este plan como un ataque a sus derechos, pues consideran suyos estos campos, y aún los que actualmente ocupamos. Nos acusarán de ser nosotros los primeros en faltar a la fe de los tratados y se prepararán a oponernos la más tenaz resistencia."

De manera que a juicio de Roca el proyecto Alsina contra el Desierto y no contra el indio era tan solo una ilusión.

La respuesta indígena al vicepresidente Alsina, no se hizo esperar. En 1876 se produjo lo que se conoce como la "invasión grande". Masivo y mortal ataque indígena sobre Azul, Tapalqué y Tandil provocando más de 400 muertos, quinientos secuestrados cautivos, y 300.000 cabezas de ganado en manos de la marginalidad.

Fue muy perniciosa la acción de Alsina y si se quiere ingenua al pensar que el indio vería avanzar la civilización sin defenderse.

No quedaba más que el plan de Roca:
"Vamos pues a disputarles sus propias guaridas, lo que no conseguiremos sino por medio de la fuerza. A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios es el de la guerra ofensiva. Hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles”.

Roca tenía en claro que solo el Ejército estaba en condiciones de una guerra ofensiva para concluir con el problema del delito indígena, las viejas Guardias Nacionales –especie de Policías de Provincias- estaban, invariablemente, complicadas con el robo o absolutamente superadas por la capacidad militar del indio.
Roca aseguraba, asimismo, que era inadmisible la existencia de “fronteras interiores” es decir territorios donde el Estado Nacional no ejercía ningún control.
Nos hallamos en, consecuencia, a más de cien años de aquellos acontecimientos a fojas cero. En Brasil la delincuencia ha golpeado en una de las ciudades más pujantes y populosas de América del Sur. Es sólo un aviso.

¿Continuaremos esperando y que el tiempo empeore lo que los hombres no se animan a solucionar? La Argentina no está inmune de acontecimientos similares.
Los santuarios del delito son impenetrables por las fuerzas de seguridad y el Estado. Ciertas favelas y algunas villas son las actuales “fronteras interiores” alguien debe penetrar en ellas y concluir con la delincuencia agazapada. ¿Lo hará la Policía?

Debemos pasar a la ofensiva “hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles”.Es un enorme disparate alejar a las Fuerzas Armadas del conflicto con el narcotráfico y la narcodelincuencia.
Pagaremos muy caro este error gigantesco.

27 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Leyendas, verdades
y discos rígidos
por Jorge Raventos


Apenas se ha cumplido un mes de la desaparición de Néstor Kirchner y ya se observan divergencias asombrosas en torno a la interpretación de su trayectoria y su herencia. Desde el oficialismo se dibuja una dudosa historia heroica, que convierte al muerto en un abnegado combatiente de los años setenta, un luchador constante por los derechos humanos que, al parecer, atravesó inmaculadamente varias décadas de peripecias políticas para convertirse al fin en un redentor; un personaje providencial resumido en una frase que con ojo clínico descubrió y citó el filósofo Tomás Abraham: “un flaco y desgarbado muchachito de Santa Cruz (que) vino a catalizar fuerzas visibles y subterráneas de una realidad en estado de intemperie”.

El gobierno bendice, claro, tal construcción mítica, y ha cedido la tarea de erigir ese altar patriótico a una legión de intelectuales, comentaristas y polígrafos vocacionales y profesionales, provenientes en general de las filas del sedicente progresismo.

En un artículo reciente, Beatriz Sarlo aludió a los motivos que alegan esos intelectuales para su opción por la hagiografía : “una síntesis de estas razones –dice Sarlo- puede leerse en los documentos de Carta Abierta y sus principales cabezas, que son textos sencillos en los que se desarrollan tres temas: el regreso de la política después de la crisis; el carácter popular de la gestión social de la pobreza; el restablecimiento de una noción de soberanía nacional. Esos tres puntos obviamente no incluyen ni la corrupción institucional, ni las presiones sobre la Justicia, ni los delitos económicos, ni el gerenciamiento clientelístico de la miseria, ni el acuerdo con los representantes más típicos del caudillismo provincial o municipal y el sindicalismo mafioso (los apellidos pueden variar).”

Cuando al disciplinado coro de los propagandistas se les insinúan estos asuntos, suele ocurrir, como escribió Abraham, que “en seguida salte la recriminación condenatoria en nombre de la muerte, del martirio, de los desaparecidos, de los torturados”. Ese sector considera que enarbolar los derechos humanos funciona como un talismán mágico o un detergente, que todo lo permite o todo lo limpia.

De los discos rígidos que la Justicia incautó en las computadoras de un asesor de Ricardo Jaime -el ex secretario de Transporte que tenía línea directa con Kirchner- comienzan a emerger detalles de una historia diferente, más equívoca que mítica, decididamente lejana de la leyenda oficial.

Por el momento lo que surge son fragmentos de un diseño incompleto, pero en el que ya se perfilan situaciones, relaciones y personajes reconocibles. Lo que empezó como una investigación sobre enriquecimiento ilícito del ex secretario, amante de los yates y los jets privados, parece concretarse ahora como una matriz de recaudación en la que surge, a veces tácita, a veces invocada, la figura del “número 1”. Esa matriz de recaudación luce calcada de la que ya se entreveía en el caso de Venezuela: en uno y otro caso hay una “embajada paralela” destinada a pilotear negocios importantes con el Estado Argentino. Claudio Uberti (cuyo cargo formal era la titularidad del órgano de concesiones viales) era el eje discreto de los negocios paralelos con el régimen de Hugo Chávez que pivoteaban alrededor del petróleo y del fideicomiso que abría parcialmente puertas para vender productos argentinos a Venezuela. La consultora encabezada por Manuel Vásquez, el asesor ad honorem de Ricardo Jaime, se ocupaba en España, en Portugal y en Chile (quizás los discos rígidos iluminen otros puntos) de trámites relacionados con el transporte (desde compra de material ferroviario hasta negociaciones por Aerolíneas Argentinas o gestiones de habilitación de otras líneas aéreas) y hasta de “apurar” a empresas que tenían negocios en Argentina para que hicieran caudalosos “aportes de campaña” al oficialismo, en los que “el número 1” sugería la cifra a aportar.

Que el ministro Julio De Vido fuera superior jerárquico tanto de Uberti como de Jaime puede ser significativo, pero conviene no detenerse en el escalón equivocado. Tanto Uberti como Jaime (y muy especialmente éste) tenían conexión directa con Kirchner. Ricardo Cirielli, que fue varios años segundo de Jaime en la secretaría de Transporte, declaró que “cada noche Jaime le llevaba una valija a Kirchner ”. No lo dijo metafórica sino descriptivamente: “Nos quedábamos hasta tarde y él cruzaba y le llevaba una valija. Era como un portafolio grande, especial”.

Convendría, quizás, demorar el monumento a Kirchner hasta que verificar que el terreno está firme, darle tiempo al tiempo, dejar que la historia pueda madurar un juicio que contenga todos los elementos. Tanto los que aún están ocultos – quedan varios gigabytes de los discos de Vásquez y vaya uno a saber cuántos otros discos aperecerán con el paso de las semanas y los meses- como los que están tan iluminados por la propaganda que encandilan a quien quiere examinarlos detenidamente.

De hecho, el propio gobierno, paradójicamente y cual Penélope, al tiempo que promueve la escultura recordatoria de Kirchner, se dedica a revisar aspectos nada secundarios de su política. El acuerdo alcanzado en Washington con el Fondo Monetario Internacional para que la entidad contribuya (“con su prestigio”, dijo el ministro de Economía Amado Boudu) a la reconstrucción del INDEC supone una doble autocrítica de hecho. Apenas una semana después de anunciar con bombos y platillos un acuerdo con el Club de París (en verdad, tal acuerdo no existe aún, más allá del “vengan y hablemos”) que se producía “sin la participación del FMI”, el gobierno acude al Fondo a pedir ayuda. Y, segundo aspecto, al hacerlo deja claro que las fábulas del Instituto de Estadística piloteado por Guillermo Moreno y sus acólitos ya no resisten más y deben ser abandonadas.

La convergencia de las correcciones es relevante: el gobierno podría haber encarado la reconversión del INDEC atendiendo al informe (que él mismo solicitó) producido por la Universidad, que está elaborado desde hace meses y que el ministro de Economía se resistía (hasta la última semana) a recibir. Hacerlo vía el Fondo Monetario Internacional implica un viraje nada desdeñable en relación a los rumbos que había orientado Néstor Kirchner.

Habrá que ver si llega a concretarse la pretensión de construir un Consejo Económico Social en el que convivan, junto al Estado, empresarios y gremios: en esta materia siempre hubo más palabras que hechos. Pero así sea en el grado de intención, esa iniciativa implica también una admisión: la inflación no es un tema que “está fuera de nuestra preocupaciones”, como hasta hace semanas predicaba el ministro de Economía. El acuerdo se busca para intentar ponerle freno a una previsible aceleración de la puja distributiva (y es probable que ese freno se pretenda, principalmente, del lado sindical). Además de representar una suerte de sinceramiento in rectore del peligro inflacionario, la búsqueda del Consejo tripartito es otra vía para enmendar la plana de Kirchner. Uno de sus preferidos traductores mediáticos, Horacio Verbitski, recordó en su columna de Página 12 que el ex presidente había expuesto sus dudas sobre la conformación del Consejo “que no llegaron a analizarse por su internación y su muerte en octubre”.

Algunos kirchneristas emblemáticos –obvio: nunca más emblemáticos que su viuda- empiezan a ponerse nerviosos, si no con las revelaciones de los discos rígidos, sí con la proyección de los últimos movimientos de la Casa Rosada, y con algunos de sus silencios. Hebe de Bonafini y Luis D’Elía le reclamaron a la señora de Kirchner que promoviera la intervención de Formosa después de los enfrentamientos de la policía provincial con aborígenes tobas que terminaron con la muerte de uno de ellos y de un agente del orden. La presidente, entretanto, se reunió con el gobernador Insfran y su ministro de Interior descartó la idea de la intervención.

Si en materia de inflación se observan criterios menos negadores de la realidad que los que han venido imperando, ¿podrá esperarse que haya giros en el terreno de la seguridad, que es junto con el tema precios, la mayor inquietud de la ciudadanía? La proximidad de Brasil sin duda influye sobre la óptica de la sociedad argentina. Lo que se observa allá es un gobierno -el de Lula- que ha decidido tomar el toro por las astas y está empleando con decisión los recursos legítimos del Estado para ganar lo que un funcionario del país vecino definió como “una guerra no convencional”, que implica “restablecer el poder del Estado sobre fragmentos del territorio que había perdido”.

En muchos rincones de la Argentina –particularmente en las barriadas más humildes- podrían escucharse palabras como las que Clarín recogió de una vecina de una favela de Río de Janeiro que aplaudía la acción de la Policía y las Fuerzas Armadas: “Hace 15 años que estamos presos de los traficantes, de los delincuentes. Fue mucho tiempo de miedo”.

20 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Los sopapos de la vida
por Jorge Raventos


Se discute aún en diversos medios si el soplamocos que la diputada Graciela Camaño le obsequió el miércoles 17 de noviembre (“día del militante”) a su corpulento colega Carlos Kunkel debe ser caracterizado como sopapo o como puñetazo. “Fue una bofetada divina, digna de Hollywood”, dictaminó Elisa Carrió, que fue testigo del hecho. Ella la consideró una respuesta “por la violencia verbal que Kunkel ha ejercido sobre ella y sobre otros diputados”.

La senadora Hilda de Duhalde converge con Carrió en señalar a Kunkel como el verdadero agresor: “Este hombre es un provocador nato, no deja hablar y tiene una forma violenta desde el discurso”. Agrega: “La actitud de Graciela fue defender a su familia, porque él calumniaba su esposo. Por otra parte, Kunkel jamás dijo esas cosas sobre Luis Barrionuevo con Barrionuevo presente, las dispara ante su mujer para hostigarla; lo hace permanentemente. Ella se cansó”. Pese a esa coincidencia sobre los motivos del tortazo, para Chiche Duhalde no se trató de un bife: “Fue una piña bien dada”, juzgó.

Observando detenidamente las imágenes que ofrece la red YouTube se comprende la legitimidad del debate: la mano diestra de la diputada Camaño inicia su viaje hacia el hocico de Kunkel en posición abierta, como para el cachetazo. Pero un instante antes de llegar certeramente a destino se cierra y se transforma, en esa etapa final, en un puño, lo que transforma al resultado en un a trompada hecha y derecha. “Se podría decir que se trató de un cross, remate de un uno-dos heterodoxo”, precisa un especialista en boxeo, aludiendo a que Camaño, antes de lanzar su vertiginosa derecha acomodó a Kunkel con la izquierda tan pronto terminó de escuchar la enésima agresión de éste contra su esposo.

Si bien se mira, quizás resulta más entretenido comentar el mamporro que ligó Kunkel que analizar los golpes que viene sufriendo el Congreso. En los pasados tiempos en que el oficialismo contaba con mayoría automática, el Legislativo era -se ha dicho- una escribanía: se votaban las normas que el Ejecutivo pedía. En el caso del Presupuesto se trataba de un a ley ficticia: los datos y previsiones que registraba no se ajustaban a la realidad, en parte para guardar coherencia con las fábulas del INDEC, en parte para subestimar recursos de modo de emplearlos en su momento a gusto y placer. En cualquier caso, las atribuciones especiales concedidas al Ejecutivo siempre le permitían a éste modificar el destino que el Congreso había fijado a los recursos y desviarlo a cualquier otro.

Ahora, cuando el oficialismo ya no cuenta con votos suficientes en Diputados, el Congreso saca pocas leyes, a las más importantes (82 por ciento móvil para los jubilados) el Poder Ejecutivo les aplica el veto, y la legislación se desliza desde el Palacio de las Leyes a la Casa de los decretos de necesidad y urgencia. El Ejecutivo, sin fuerza para imponer ha querido sin embargo que su Presupuesto –basado en datos deliberadamente erróneos- fuera aprobado tal como lo envió, sin cambiarle una sola línea. Cuando se desató la discusión sobre las presiones y ofrecimientos lanzados desde distintos rincones del gobierno a diputados de los bloques ajenos, la Presidente argumentó que esas ofertas eran parte de la negociación que identifica a la política. Es obvio que la política implica negociar y buscar acuerdos (aunque la buena política elude los pactos debajo de la mesa), pero mal puede invocar ese principio quien rechaza toda negociación sobre la ley que ha enviado a la Cámara y quiere un escenario “a matar o morir”.En esas condiciones el Ejecutivo no puede encubrirse en la victimización y tras el argumento de que la oposición “no quiere darnos un presupuesto”.

Más bien lo contrario, todo parece indicar que, antes que un presupuesto genuino negociado en el Congreso, el gobierno prefiere moverse en 2011 con los márgenes de arbitrariedad del presupuesto del año 2010 (la ley se lo permite ante la situación que el mismo gobierno induce al rechazar la negociación y negarse a discutir la ley en extraordinarias). Fruto de una doble impotencia (la del oficialismo y la del arco opositor), el gobierno sólo puede actuar concentrando atribuciones en un marco de anemia institucional y de la centrifugación del poder determinada por la desaparición de Néstor Kirchner.

La concentración era la lógica del poder de Néstor Kirchner, ¿puede funcionar sin él y en un paisaje de disgregación?

La mayoría de los actores trata de ocupar espacios que se ven vacíos, pero esa búsqueda inevitablemente produce tensiones. Por el momento uno que quiso avanzar pero aparece retrocediendo es Hugo Moyano. Su intención de consagrarse como número uno del justicialismo bonaerense es resistida por los jefes territoriales y el líder de los camioneros tuvo que posponer una reunión del Consejo partidario programada en Mar del Plata porque corría el riesgo de un nuevo vaciamiento como el que sufrió a fines de octubre en La Plata. Ahora esperará para reunir al Consejo con el paraguas convocante de la Presidente y el gobernador Daniel Scioli.

Mientras observa con aprensión avances de la justicia sobre la obra social de camioneros, Moyano debe también posponer su proyecto de ley (motorizado por el diputado Héctor Larralde) de distribución de las ganancias empresarias, que implica una suerte de intervención sindical en la contabilidad de las compañías. La Presidente, que elude la negociación con los partidos políticos opositores, trata de construirse una base de sustentación apoyada en un acuerdo tripartito donde el Estado converja con empresas y gremios: un “pacto social”, talismán siempre invocado pero pocas veces alcanzado.

En la búsqueda de ese pacto el ejecutivo necesita atraer a las entidades empresarias (que en los últimos meses adquirieron cierta autonomía y se animaron a pisar terreno opositor), y eso implica disciplinar a Moyano. Ahora y cuando, en breve, se reabran las paritarias que deberán hacerse cargo de la pujante inflación (la real, no la del INDEC). Por si acaso, él avisó: “hemos tenido moderación de sobra en los últimos tiempos”. Advierte que le resultará muy difícil ponerle límites a las demandas de los sindicatos. Por lo menos tiene que mostrar con el pataleo que no lo han engualichado: Moyano no construyó el poder que tiene retrocediendo y sabe que sus pares observan sus movimientos con atención, que si deja espacios vacíos no faltarán quienes peleen por ocuparlo.

Surfeando sobre la espuma de la opinión pública, que en estos días la consuela con altas marcas de imagen positiva, la señora de Kirchner se esfuerza por conseguir flotadores duraderos para el tiempo en que la espuma baje. Siempre baja.
Buena parte de los secretos dispositivos que Néstor Kirchner empleaba para ordenar, disciplinar, conseguir lealtades o, al menos, obediencia, obtener favores y despachar contraprestaciones él se los llevó a la tumba. Otros, están desordenados, atomizados y bajo custodia de aquellos que él juzgaba leales.Ricardo Jaime era uno de esos leales, en los que Kirchner confió y que confiaban en Kirchner.

La presidente navega por ahora con la evocación espiritual del que se fue (“él”, a secas, lo llama ella en sus discursos), con buenos vientos de opinión pública y merced a la inercia de la administración, que mal o bien sigue con sus rutinas.
Lo que sigue sin resolver es la construcción de un poder capaz de actuar eficazmente sobre los conflictos que tensan a la sociedad, la dividen y centrifugan; capaz de proyectar plenamente las fortalezas de la Argentina en un sistema político sólido y en instituciones confiables. El año próximo, a esta altura, las elecciones ya habrán ocurrido y estos desafíos seguirán presentes.

13 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Cada quién atiende su juego
por Jorge Raventos

Basta verla con el rostro devastado y la mirada ausente, junto a Barack Obama y rodeada por una legión de sonrientes mandatarios en la “foto de familia” del G20, en Seúl, para comprender que Cristina de Kirchner, pese a todos los esfuerzos, recorre aún una etapa de perplejidad y dolor. En otros tiempos la amplitud de su sonrisa hubiera competido exitosamente con las de los restantes jefes de gobierno y, por cierto, no hubiera desatendido a las cámaras que eternizaban el instante (mucho más si, como en este caso, el protocolo la ubicaba al lado del presidente de los estados Unidos), jamás la habrían sorprendido desabotonándose el saco de su severo trajecito negro.

La presidente va sobrellevando con empeño y flema la proverbial soledad del poder, que en este caso debe leerse también por separado - la soledad y el poder- porque hasta el 27 de octubre ella no había experimentado en plenitud ninguna de ambas cosas, ya que contaba a su lado con la desbordante presencia de Néstor Kirchner y que, en rigor, era él quien timoneaba la nave compartida.

No se habían cumplido aún quince días desde la muerte de Kirchner y debió cruzar los cielos hasta las antípodas, dejando detrás los hilos sueltos de su gobierno. Por fortuna para ella, el Bombardier Global 9H-XRS de 13 plazas alquilado para su viaje a la empresa suiza Comlux, despegó desde la base aérea de Palomar y no desde Ezeiza. Eludió así el desordenado espectáculo del aeropuerto, las airadas protestas de pasajeros a los que les retrasaban o anulaban vuelos de Aerolíneas Argentinas, la compañía (todavía privada) a la que el Estado destina más de un millón de dólares por día. En fin: se ahorró así una depresiva postal de la gestión calamitosa que tiene que ordenar.

En ausencia de la Presidente, la Cámara de Diputados debía tratar el presupuesto del año 2011. Ella dejó una consigna que parecía acuñada por el propio Néstor Kirchner: hay que hacer aprobar la propuesta del gobierno; sin modificaciones. Como la desaparición del jefe ha puesto a ministros y funcionarios políticos en situación de revalidar títulos ante la nueva autoridad en operación, mostrar logros y medir sus fuerzas, se desató una verdadera carrera sin orden ni método para cumplir el úkase (y hacerlo en condiciones improbables, pues el oficialismo no cuenta ya con mayoría numérica en la Cámara Baja). Así las cosas, se lanzaron al ruedo muchos espontáneos y quisieron conseguir resultados a los panzazos, ofreciendo distintos tipos de favores a diputados de los bloques opositores. La frase favorita parece haber sido: “Pedí lo que quieras”.

Con ese estilo los plomeros oficialistas no consiguieron hacer aprobar la propuesta oficial de presupuesto; aunque lograron persuadir a una docena de diputados de las bancadas ajenas de que se ausentaran del recinto, ese número fue insuficiente. También lograron desatar un nuevo escándalo político que autorizó a Elisa Carrió aseverar que “ahora la Banelco es de Cristina”, en alusión al (todavía procesalmente en curso) caso de presunta compra de voluntades de senadores durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Es razonable que al analizar estos sucesos desde el melancólico aislamiento de su suite en Seúl el desasosiego presidencial se haya incrementado.

Para colmo de males, el ministro de Economía Amado Boudou, uno de los escoltas de la Presidente en Corea, sumaba su propio desconcierto al clima general. Boudou no terminaba de entender por qué en Buenos Aires el jefe de Gabinete Aníbal Fernández había salido a enmendarle la plana al hablar de la inflación. “No coincido” (con la opinión de Boudou de que la inflación afecta sólo a la clase media alta), había dicho Fernández, para agregar que el fenómeno afectaba “más a los que menos tienen”. ¿Había recibido instrucciones Fernández para erosionarlo? ¿Serían ciertas las versiones de que Cristina podía pedirle la renuncia? En el clima de incertidumbre generado por la muerte de El Jefe, todo es sobreinterpretado, todo se lee con una óptica conspirativa (que ya existía y el propio NK alentaba), agravada por la incerteza sobre el funcionamiento actual de las líneas de mando.

Por cierto, las declaraciones del Jefe de Gabinete no entrañaban ninguna crítica demoledora a Boudou; seguramente tampoco estaban inducidas desde arriba ya que el propio Fernández tuvo que salir (tardíamente) a recortar el alcance de sus palabras, señal de que fue reconvenido por la Presidente. Si con sus dichos sobre el ministro de Economía había tratado de exhibir (o medir) su autonomía y sus grados de libertad en el gobierno, puede concluirse que encontró rápidamente un límite. A la señora le molestó el efecto de las opiniones de Fernández: la imagen de sus ministros serruchándose recíprocamente el piso, de un gabinete en el que cada cuál atiende su juego.

Si bien se mira, la desaparición de Néstor Kirchner ha impulsado a casi todos los actores de la política y el poder a emular a Antón Pirulero. El ordenamiento que Kirchner otorgaba a la tensión política ha desaparecido con él: los roles que tenían validez hasta el 27 de octubre se vaciaron de contenido. Los actores se empeñan ahora en saber el carácter y el argumento de la nueva obra en escena. Y. en primera instancia, se repliegan sobre lo que más conocen y lo que les otorga más seguridad.

En las fuerzas no kirchneristas el caso está claro. Carlos Reutemann, al dejar su sitio en la mesa coordinadora del Peronismo Federal (no en el interbloque del Senado, donde promete permanecer), denota al menos dos cosas: primero, que considera que, efectivamente, el paisaje político se modificó sustancialmente al no estar Kirchner y que el eje de reagrupamiento antikirchnerista perdió significación; segundo, que en esta instancia debe priorizar su propio territorio, Santa Fé, donde para competir con el socialismo de Hermes Binner el peronismo necesita presentarse unido, más allá de diferencias de opinión en el terreno nacional. Se seguirá especulando con la posibilidad de una candidatura presidencial de Reutemann; él sabe que no puede ni empezar a rodar si no se garantiza a Santa Fé como retaguardia segura. Ese es su juego.

José Manuel De la Sota es aquel que en un congreso del PJ, en Parque Norte, en 2003 reivindicó a José Rucci y provocó la ira de Néstor y (sobre todo) de Cristina Kirchner. Fue tras aquella tenida, en la que, entre otros, la actual presidente se trenzó con Olga Riutort y con Hilda Chiche Duhalde, cuando Aníbal Fernández acuñó aquella definición sobre los “debates de alta peluquería”. La evocación tiende a recordar que De la Sota nunca estuvo anotado en las listas del kirchnerismo. Sin embargo, antes de que la presidente volara a Seúl, él voló con ella a Córdoba y asistió con ella a un acto público (y soportó inclusive los abucheos de las barras kirchneristas). El juego al que atiende De la Sota es análogo al de Reutemann: el justicialismo cordobés (que De la Sota preside y que aspira a representar como candidato a gobernador) no puede ser competitivo si no se une y, sobre todo, si no cuenta en el año electoral con respaldo del poder central. Para que ese apoyo no sea una mochila insostenible, quien represente al justicialismo no puede encarnar una política enfrentada con el campo. Conclusión: para atender su juego provincial en sociedad con la Casa Rosada, De la Sota debe conseguir cambios significativos en la política central dirigida al campo. Todo un desafío que no carece de relevancia.

Desde otro lugar, Daniel Scioli tiene inquietudes análogas. El navegó los tiempos del conflicto con el campo y los posteriores haciendo esfuerzos para que la relación con ese sector clave de la provincia no le perdiera la confianza. Las encuestas indican que lo logró en gran medida, aunque en los meses centrales del conflicto, en 2008, sufrió un retroceso. Por estos tiempos Scioli también ha decidido atender en exclusividad el juego provincial. Al fin de cuentas, la provincia de Buenos Aires es casi la mitad de la Nación en población y en producción.

Scioli está poniendo en marcha un proyecto ambicioso, cuyas consecuencias pueden resultar de enorme significación para la gobernabilidad de la provincia y (precisamente por el peso de Buenos Aires) sobre el país todo. Ese proyecto es de la regionalización: la creación de nueve zonas –subgobernaciones- de alrededor de 2 millones de habitantes cada una, que autogestionarán temas de tanta importancia como la educación, la seguridad y la infraestructura. La idea de descentralizar y de llevar la autoridad encargada de la gestión directa lo más cerca posible de los ciudadanos es una contribución a la participación y el control ciudadano, a una administración más dinámica y eficaz y también al despliegue de las identidades regionales. El peso abrumador del conurbano sobre el conglomerado provincial termina influyendo perversamente sobre un Estado centralizado, relativizando y minimizando tanto las potencialidades como las necesidades y los rasgos característicos de otras zonas de la provincia.

El desarrollo de su proyecto provincial tiene para Scioli –si se lo quiere pensar así- doble propósito: un programa de descentralización exitoso en el distrito más importante del país tiene dimensiones que fácilmente pueden exceder los límites bonaerenses.

Mauricio Macri, otro referente nacional de importancia, también está convocado por lo local. Aunque las encuestas lo muestran como un candidato nacional con posibilidades, su problema es la retaguardia: si él decide jugar una candidatura presidencial el año próximo, no está garantizado que el Pro pueda seguir en el gobierno porteño, ya que los candidatos partidarios a sucederlo no presentan los mismos atractivos que él.

La fluidísima política argentina impide hoy saber cuál será el paisaje en las vísperas electorales: ¿Llegará Cristina Kirchner a encarnar a un justicialismo más o menos unificado? ¿Habrá un peronismo unido con otro candidato? ¿El centro izquierda se presentará en la ciudad de Buenos Aires con un postulante de la atracción que hoy las encuestas le asignan a Fernando Solanas o Solanas se decidirá por una postulación testimonial a presidente? ¿Qué pasará con Elisa Carrió y su Coalición Cívica? ¿Los radicales y socialistas ofrecerán una alternativa competitiva? La respuesta a algunas de estas preguntas les facilitaría a Macri y a sus seguidores del Pro la decisión que deberán tomar tarde o temprano: si en 2011 deben jugar la candidatura presidencial de Macri, o si es preferible repetir en la ciudad y completar una gestión de ocho años antes de ir por el premio mayor.

Cada cuál atiende su juego: Hugo Moyano, de regreso de Europa, tiene que definir si suspende la ofensiva por el proyecto de distribución de ganancias de su asesor Héctor Recalde, si se sienta con los empresarios con ánimo de frenar la pujas distributiva (que la UIA ve como motor de la inflación), y si admite la tutela de Cristina de Kirchner, Daniel Scioli y los intendentes en el peronismo bonaerense o pelea por conducirlo desde el lugar que dejó vacante Alberto Balestrini.

En fin, la propia Presidente debe definir el juego al que atenderá mientras supera su penoso duelo: ¿conductora de un peronismo que conoce mal y por el que hasta ahora ha mostrado baja empatía, candidata a presidente, presidente dispuesta a terminar bien un período que para ella se presentó mal, o mera albacea de la herencia de Néstor?

El Antón Pirulero parece sencillo, pero tiene sus misterios.

8 nov. 2010

LA RESTAURACIÓN LIBERAL

por Diana Ferraro

En estos días proclives a confundir lo superficial con lo esencial, conviene recordar que la Argentina continúa aún sumergida en la irresolución de su historia.

En términos políticos, a la revolución peronista liberal de los años 90 le sucedió una contrarrevolución, protagonizada por peronistas ortodoxos primero y de izquierda después. Al peronismo de los años 40-50 también le sucedió una contrarrevolución, protagonizada en aquella instancia, por conservadores liberales. Ambas contrarrevoluciones usaron el mismo modo de acallar el peronismo: suspender su actividad partidaria, por medio de la proscripción, en el primer caso, y por medio del bloqueo y usurpación del Partido Justicialista en el segundo. Del carácter antidemocrático de las dos revoluciones, impidiendo la libre expresión del pueblo peronista en su partido de filiación y pertenencia, surge el profundo carácter democrático del peronismo vivo y real, ese que hoy como ayer, permanece al margen de su institución natural, ese que hoy, como ayer, sabrá encontrar el camino para prevalecer.

En los años 40 y 50, contra viento y marea, y con métodos más bien totalitarios y prepotentes destinados a consolidar la democratización profunda del país (que llevaba casi un siglo de atraso en relación a los Estados Unidos, por ejemplo), el peronismo aseguró el acceso a su fracción de poder a los trabajadores y promovió los derechos civiles de acceso a la educación, vivienda y salud para toda la población. En los años 90, caracterizados por la revolución global en la economía y las comunicaciones, el peronismo aseguró la pertenencia de la Argentina al nuevo mundo emergente y el acceso de todos a la economía global y a la prosperidad. De esta nueva revolución, que modernizó a la Argentina y la colocó, mucho antes que Chile o Brasil, a la vanguardia de Latinoamérica (lo cual le valió su posición en el G20 por ejemplo), la contrarrevolución ortodoxo-izquierdista sólo ha querido retener sus fallas parciales y no sus logros.

Sus fallas parciales fueron: no instalar un seguro de desempleo y un programa de reconversión para trabajadores industriales; no federalizar por completo el país en el área fiscal de modo de evitar que deudas irresponsables arrastraran a la Nación; no respetar la Constitución, en nombre de ambiciones personales, y haber insistido en una reelección en vez de nombrar un delfín capaz de ganar la interna y continuar la tarea. Estas fallas de ejecución y de liderazgo no han sido suficientemente asimiladas por la población como las causas reales del fracaso parcial de los 90, entendido como fracaso en tanto no pudo perdurar como programa organizativo de la Argentina, aún con la yapa de la Rua- Cavallo, que no tuvo el suficiente poder como para completar el proceso. Este fracaso parcial, una parte que el peronismo ortodoxo y la izquierda peronista persisten en querer convertir en un todo --es decir, un fracaso total-- es lo que confunde a la mayoría de los argentinos, que tienen una gran dificultad para discriminar entre el bien y el mal en materia de organización económica, debido al sufrimiento colectivo que ese fracaso parcial trajo al conjunto de la población.

Por lo tanto, en estos días en que la izquierda peronista y el kirchnerismo están discutiendo tanto la sucesión de la conducción como la continuidad en la usurpación y control del Partido Justicialista, conviene no perder de vista que seguimos en el mismo punto: en el de la contrarrevolución peronista desde el poder y en la necesidad de una restauración de la revolución peronista de los 90. Como bien percibe el kirchnerismo, se trata de ellos o del liberalismo. Lo que no pueden comprender es hasta qué punto el peronismo real es hoy, liberal. Más aún, hasta dónde precisa serlo para reencauzar el país en un camino democrático y de progreso y prosperidad perdurables.

Quién conducirá la restauración liberal, desalojando al kirchnerismo del poder y de la usurpación del PJ, es el verdadero tema de discusión que anida en los infinitos editoriales políticos que no nos han dado respiro en estos días. La desaparición de una persona del centro de la escena política y su rápida sustitución por su equivalente, no alteran los términos de la discusión. La Argentina continuará en el error en la interpretación de su propia historia o, humildemente, dará la razón a quienes la tenían y retomará su camino.

Finalmente, la Argentina no tiene más enemigos que sus propias ficciones y autoengaños. Sólo habrá solución en la verdad y en el carácter que dirigentes y pueblo puedan tener para aceptarla y elegir su destino en base a ella.

6 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

El miedo al desbande y el poder vacante
por Jorge Raventos

En el mismo instante en que una red de intelectuales y polígrafos de Estado convierten la figura de Néstor Kirchner en centro de una densa hagiografía y se esfuerzan en dibujar la leyenda del kirchnerismo e imaginarle un porvenir, un hombre asociado a esa corriente desde los primeros balbuceos –fue uno de los forjadores del fenómeno y acompañó a los dos presidentes del ciclo familiar como jefe de gabinete- describe la situación actual del kirchnerismo como “un desbande”.

Es cierto que Alberto Fernández cayó en desgracia en la corte de Olivos después de que decidió renunciar al gobierno, y que su nombre pasó a estar en índex cuando se desmarcó con claridad en la guerra K contra los medios, pero es evidente que sus juicios no están alimentados por el despecho: aún desde las márgenes y desde el destierro simbólico (dejó de ser recibido por el matrimonio particularmente desde que se publicó un libro periodístico cuya inspiración informativa le fue atribuida) ha procurado trabajar para devolverle al oficialismo las virtudes que él asigna a sus orígenes. Fernández describe el desbande como el “estupor” y la “desazón” producidos por la desaparición de quien ejercía la jefatura política del sistema de poder oficialista.

Esa función es de reemplazo improbable porque no tiene que ver con “la gestión” administrativa ni con “la incansable disposición al trabajo”, sino con las relaciones de mando y obediencia, con la capacidad concentrada (y reconocida o admitida por propios y ajenos) para contener, premiar, castigar y disciplinar.

Todas las organizaciones quedan resentidas cuando pierden abruptamente un jefe, pero en aquellos casos en que el reemplazo no responde a protocolos ni a formalidades preestablecidas, ni a abdicaciones plausibles, sino a otras pautas
-más bien fácticas- , los procesos de sucesión van acompañados de desbande y conflicto, de alianzas súbitas y rupturas vertiginosas, hasta que se impone una nueva jefatura…cuando (y si) se impone.

Juan Perón había previsto esas circunstancias y por ello, antes de su propia muerte advertía a sus seguidores que “sólo la organización vence al tiempo” y los exhortaba a pasar “de la etapa gregaria a la etapa institucional”. Es verdad: esto es más fácil de proponer que de realizar.

Como conjuro contra la dispersión descripta por Alberto Fernández (que, en rigor, estaba en marcha antes del 27 de octubre, y desafiaba al propio Néstor Kirchner) el oficialismo sólo apela hasta el momento a sus reflejos de agresividad o a rituales defensivos. La presidente se balancea entre presentar como corazas su dolor y su pérdida, ostentar una potencia carismática a esta altura quizás más voluntarista que concreta (“siento que de mí depende la suerte de todos los argentinos”, dijo en uno de sus discursos recientes) y calificar a opositores y críticos como “necios” o “traidores” o a rebajarlos en la escala zoológica, tratándolos de monos o loros. Aquellos que en los años ’70 leían (o al menos citaban) a Franz Fanon solían adjudicar una genealogía política a la deshumanización conceptual del adversario. No era una genealogía democrática, precisamente.

El culto a Kirchner y las invocaciones a la unidad en torno a la autoridad partidaria (y eventualmente la candidatura presidencial) de su viuda son mecanismos naturales y previsibles de defensa frente al desbande. Cuando alguien se echa atrás frente a un precipicio, no lo hace por miedo a caerse, sino por el temor de arrojarse. El oficialismo se encuentra sometido a pulsiones contradictorias: requiere la unidad, pero sin la presencia del que la ordenaba, ingresa a la lógica de la competencia por posiciones, la susceptibilidad extrema, la sospecha y la lucha preventiva.

La frase con la cual el jefe de gabinete Aníbal Fernández pareció tender un puente a Hugo Moyano (“la CGT es la columna vertebral del gobierno”) en este contexto de suspicacias merece interpretaciones contradictorias.

Vale la pena puntualizar en principio que si bien la expresión del jefe de gabinete, puede tener un aroma a ortodoxia peronista, esa es apenas una ilusión óptica: Perón dijo que “el movimiento obrero” (no la CGT) era la columna vertebral “del movimiento peronista” (no del gobierno). Fernández produjo un deslizamiento con sentido de la oportunidad y las necesidades del gobierno.

“Aníbal trató de soldar la unidad del gobierno con la CGT porque estaba quebrada”, sugieren algunos. Citan esa comunicación telefónica de la noche del 26 de octubre entre Moyano y Néstor Kirchner en la que –según versiones que nacen en la Casa Rosada- hubo palabras fuertes y gritos destemplados. Agregan las imágenes de Moyano en el velatorio, recibido con frialdad y distancia por la viuda. Así, para esa mirada, Aníbal Fernández aparece emparchando un mal trato y corrigiendo una actitud de la presidente.

Una lectura diferente: en un contexto en el que Moyano se encaramó a la presidencia del justicialismo bonaerense contrariando las preferencias de los jefes territoriales de la provincia (y quizás las de Néstor Kirchner) y cuando sus partidarios pegaban en los alrededores de Plaza de Mayo, antes aun de que concluyeran las exequias oficiales, carteles que reclamaban “Moyano Conducción”, la frase de Aníbal Fernández sería una invitación a la paz pero también un límite estricto : “columna vertebral, pero nunca cabeza”.

La tensión está presente. En las cercanías del jefe camionero hay cautela táctica: malician que alrededor del vértice político se mueven fuerzas que están buscando revancha por los reveses que sufrieron en la década del 70 y en vida de Perón y que ahora están dispuestos a aprovechar la vulnerable imagen del jefe cegetista. Observan las investigaciones judiciales emprendidas sobre el gremio y organizaciones aliadas del moyanismo como parte de una ofensiva destinada a neutralizar al camionero. En la última semana hubo al menos dos iniciativas judiciales que caben en esa clasificación. Moyano busca aliados para defenderse de esa ofensiva: los primeros contactos para anudar un armisticio con las organizaciones empresariales fueron una muestra. La agenda de contactos del moyanismo no se agota en los números telefónicos de la UIA.

Realineamientos, rupturas y búsqueda de nuevas amistades estarán al orden del día en los tiempos que se abren tras la desaparición de Néstor Kirchner.

Los mercados reaccionaron frente al hecho con una visión optimista: estimaron que se abría para el país una oportunidad de cambio positivo; el valor de activos argentinos se incrementó. en algunos casos por encima del 20 y del 30 por ciento, en otros casi hasta un 50 por ciento. Algunos analistas, como Javier Kulesz, de la Unión de Bancos Suizos, concluyeron que “no hay razón que justifique que la Argentina tenga un riesgo país de 500 puntos, salvo el riesgo político”. Desde esa perspectiva, la oportunidad del país reside en orientarse hacia un cambio que le permita encontrarse con la corriente central, la misma por la que navegan los países vecinos, desde Chile hasta Perú, desde Brasil hasta Colombia.

Los reflejos defensivos del gobierno parecen inhibirlo para aprovechar la oportunidad, lo encierran en la repetición del discurso, lo transforman en esclavo de un guión, de un personaje, de un mandato. El miedo al “desbande” no detiene ese proceso, que avanza en aguas profundas más allá de lo que las encuestas midan en la superficie.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
(click en la etiqueta para panoramas anteriores)

ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


CONTACTO

Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
Diana Ferraro
diana.ferraro@gmail.com

Colaboraciones:
Enviarlas a:
peronismolibre@gmail.com

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