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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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24 abr. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

(El próximo Panorama político semanal se publicará el
sábado 8 de Mayo)

La historia oficial
por Jorge Raventos


Juzgar a los actores políticos por lo que ellos predican sobre sí mismos o sobre sus acciones es una segura fuente de errores. Principalmente cuando esos actores se sienten oficiales de una guerra. Ya se sabe que en las guerras la primera víctima es la verdad.

Por ejemplo: tan pronto se conoció el dictamen de la Corte Internacional de La Haya sobre el conflicto entre Argentina y Uruguay en torno al emplazamiento de una planta papelera en la margen oriental del río Uruguay, la señora Cristina de Kirchner dictaminó: “El fallo demuestra que teníamos razón”.

Quien quisiera guiarse por ese resumen presidencial podría inferir que el Tribunal, admitió (como planteaba el gobierno argentino) que el emprendimiento contaminaba notablemente el río y que, en consecuencia, le habría ordenado a Uruguay y a la empresa de marras cambiar de ubicación la fábrica de pasta celulósica. Pues no: la planta no fue conminada a mudarse, seguramente porque la Corte tampoco dio por probado que exista polución.

Pero, ¿no afirmó la Presidente que “teníamos razón”? En todo caso, para justificar la frase ella sólo podría tomarse de un detalle, una suerte de premio consuelo: los jueces de La Haya reconocieron la imputación argentina al estado uruguayo de haber autorizado el emplazamiento de la pastera sin cumplir con los requisitos previstos en el Tratado binacional sobre el Río Uruguay. En cualquier caso, esa concesión no tiene ningún efecto apreciable sobre la situación. A la señora de Kirchner le resultará estimulante sentirse ganadora, pero esa victoria, en todo caso, no es la que el gobierno alentó a esperar cuando, después de convertir el conflicto en “causa nacional” y montarse sobre las expectativas de la población de Gualeguaychú, impulsó, sin prudencia y con objetivos estrechamente domésticos, una variante intransigente de nacionalismo ambientalista, para después tomar por la diagonal judicializadora de La Haya como vía de escape o entretenimiento. Ahora, con el expediente cerrado, se observa que el presunto triunfo reside en que las cosas no cambiaron mucho en cinco años: Botnia sigue en su lugar ( ahora en funcionamiento) y los vecinos de Gualeguaychú siguen decepcionados (y también desgastados).

El gobierno jamás confesará que ha sufrido un nuevo revés. Tiene una incapacidad notoria para admitir equivocaciones y derrotas; insiste tercamente, por ejemplo, en la farsa del INDEC, que no ha hecho más que extender el descrédito sobre todas sus afirmaciones: la veracidad oficial se mide con el metro de sus estadísticas. Se resiste a conceder que el 28 de junio de 2009 perdió las elecciones y a aceptar que ha cambiado la relación de fuerzas en el Congreso y también en otros planos de la realidad: en cambio, combina esa actitud negadora con una estrategia que fantasea con contraofensivas victoriosas.

El resultado es que los Kirchner se vuelven más débiles y más agresivos, y esa agresividad no se expresa sólo en contra de aquellos a los que definen como enemigos, sino sobre aquellos de su propia tropa de cuya lealtad o disciplina sospechan o en los que imaginan (a veces acertadamente) una resistencia creciente a su conducción. Las presiones sobre la Justicia crecen en audacia, la hostilidad contra medios de prensa y periodistas se extiende sin contención. Espoleados por el clima de intolerancia, cunde la acción de escrachadores y violentos de distinto pelaje, espontáneos o profesionales. Ataques contra el vicepresidente Julio Cobos, intrigas rocambalescas para castigar al diputado Claudio Lozano, provocaciones contra una célebre disidente cubana en la Feria del Libro y piquetes contra el ex presidente Eduardo Duhalde en Rosario. La atmósfera se va cargando peligrosamente.

Sin embargo, la presión sólo parece tener efecto sobre algunos análisis que encuentran en el oficialismo un vigor que en la realidad ha perdido, porque lo cierto es que, pese a esas acometidas, el gobierno va perdiendo pie. Le cuesta proteger a sus apóstoles: esta semana fue procesado un ícono del oficialismo como Ricardo Jaime, colaborador íntimo de Néstor Kirchner desde los días de Santa Cruz.

También esta semana, un fiscal –Gerardo Pollicita- interrogó al embajador Eduardo Sadous, un distinguido diplomático de carrera, sobre sus días como embajador en Venezuela. Ante las preguntas del fiscal, Sadous evocó quejas de empresarios argentinos a los que se les habría reclamado dinero para poder hacer negocios con la patria de Chávez. Obvio: saltaron los nombres de Claudio Uberti y Julio De Vido, a quienes se les ha adjudicado el manejo paralelo y opaco de las relaciones con Caracas. Obvio: Elisa Carrió subrayó que en los negocios raros de los que se habla, “el dinero de las coimas que pagaban las empresas para vender a Venezuela iba directamente a Néstor Kirchner”. Vale recordar que el fiscal Pollicita ya imputó en diciembre de 2008 al ex presidente Néstor Kirchner, el ministro de Planificación Julio De Vido, el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, el ex titular de OCCOVI Caudio Uberti, el secretario Legal y Técnico de la Presidencia Carlos Alberto Zannini, y los empresarios Cristóbal Manuel López, Lázaro Antonio Báez y Rudy Fernando Ulloa Igor en virtud de una denuncia de Carrió.

Otro caso: en la última semana, en la Cámara de Diputados se trató un proyecto para limitar el alcance y los requisitos de vigencia de los decretos de necesidad y urgencia; el oficialismo fue derrotado con gran amplitud (142 a 98). Votaron por ese proyecto, junto al abigarrado arco opositor, contra el oficialismo, muchos de sus aliados habituales de centroizquierda, y varios legisladores del propio Frente para la Victoria desertaron con distintas excusas o justificaciones.

El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, fue conminado desde Olivos a que no recibiera del Senado el proyecto de coparticipación del impuesto al cheque, al que la Cámara Alta ya le dio media sanción una semana antes. Los Kirchner, usando el teléfono y también el altavoz parlamentario del jefe del bloque oficialista, Agustín Rossi, pretendían que Fellner le cerrara a ese proyecto las puertas de Diputados.

El jujeño sabe que en algunas cosas depende mucho del matrimonio presidencial (por ejemplo: en su ambición de ser candidato a gobernador de su provincia en 2011 y en que esa candidatura no sea bombardeada desde Buenos Aires con la ayuda en Jujuy de la jefa piquetera Milagros Sala), pero sabe también que su cargo como jefe de la Cámara Baja no depende del oficialismo, que ha pasado a ser minoría, sino del arco opositor.

Es justamente la oposición la que indirectamente lo ayuda a tener algún grado de independencia en relación con los Kirchner. Por ese motivo, Fellner pagó algún costo personal para cumplir protocolarmente con Olivos y hacer el gesto de devolverle a Julio Cobos el proyecto sobre ley del cheque (por considerar que su sanción era "inválida") pero adelantó que en definitiva "esta Presidencia remitirá el tema al pleno de esta Honorable Cámara, a efectos que se resuelva al trámite definitivo que se otorgará a la cuestión". Fellner no ignora, obviamente, que “el pleno de esta Honorable Cámara” tiene mayoría del arco opositor y que es precisamente esa remisión la que el matrimonio presidencial lo apremiaba a evitar.

Los balanceos de Fellner ilustran con elocuencia los movimientos que hoy se verifican en el seno de las fuerzas más representativas del oficialismo de raíz justicialista: allí contemplan con preocupación que la porfiada negación de la realidad del matrimonio los arrastra a la derrota electoral en sus territorios y probablemente a un dilatado período de aislamiento político.

Por eso la desobediencia se extiende como una epidemia sigilosa en el hinterland kirchnerista. Algunos observadores destacaron el hecho de que un grupo de gobernadores peronistas publicaran esta semana una solicitada criticando al Senado por haber dado media sanción a la coparticipación del impuesto al cheque. Es ciertamente irónico que esos jefes territoriales repudien un derecho que les asiste. Pero es más destacable como noticia el hecho de que si esos gobernadores han optado por la solicitada, es porque la mayoría de ellos no ejercen la conducción de los representantes legislativos de sus provincias. Y sólo les queda la queja.

Más significativo aún es que el gobierno sólo haya conseguido catorce gobernadores para que firmaran ese solícito mensaje. ¡Cómo bajó su convocatoria! Es revelador que otros diez gobernadores hayan gambeteado el apriete y optaran por no firmar. Entre los que decidieron no sumarse a los 14 están los gobernadores peronistas de Córdoba, Chubut, San Luis y La Pampa, hay tres gobernadores a los que el gobierno suele tratar como aliados (los de Neuquén, Corrientes y Tierra del Fuego), y se cuentan además el socialista Hermes Binner de Santa Fé, Mauricio Macri de Capital y el radical Eduardo Brizuela del Moral, de Catamarca.

Breve listado de verdades oficiales: triunfamos en La Haya; en la Argentina no hay inflación; hay menos pobres; el gobierno ganó el 28 de junio; repudiamos los affiches contra la prensa; el fútbol oficial no le costará un peso al Estado; la inseguridad es una sensación; el gobierno está más fuerte que nunca.

19 abr. 2010

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE

por Diana Ferraro

En estos días del Bicentenario, la palabra revolución va a estar en la boca de todos. Se hablará de Mayo sin que nadie escuche mucho y algunos intentarán revivir los viejos antagonismos del siglo XIX. Volveremos a reflexionar sobre la oposición entre el alicaído Imperio Español y el triunfante Imperio Británico, sobre la Argentina liberal y la Argentina gaucha, sobre Rosas y Sarmiento. Le diremos fascista a Rosas como si Mussolini lo hubiera inspirado antes de nacer, y diremos también que la Argentina cambió con Perón, el primer totalitario en una Argentina imaginada pulcra demócrata antes de él, negando de paso a Rosas, como si las cosas fueran ya demasiado complicadas como para entrar en detalles.

De ahí saltaremos a Kirchner, luego de sobrevolar a Menem y sus quiroguianas patillas, sin olvidar a Cavallo que lo ayudó, hasta encontrarnos hoy con la paradoja que muchos de los federales de ayer, rosistas, peronistas totalitarios del 45, o guerrilla montonera, hoy son acérrimos centralistas que ya los quisiera el General Roca para su staff o el mismo benemérito Mitre, quien no menos que Rosas—por otra parte-- tuvo en sus manos el absoluto poder central. En cambio, los liberales centralistas de antaño, recuperando sus valores alberdianos, y los peronistas en su etapa institucional, hoy se han aliado y transformado en los paladines del federalismo. Algo ha cambiado profundamente en la Argentina.

No se trata sólo del tema del federalismo. También está el tema conexo del republicanismo, donde un contacto popular con la Constitución y las instituciones, ha cambiado en los últimos dos años las tendencias de una población peronista que parece haber entrado, junto al resto de la ciudadanía, en otra etapa. Es interesante entonces reflexionar sobre qué se ha puesto en movimiento, y pensar no en el mayo de 1810 sino en éste de 2010. Viene muy al caso, ya que estamos hablando en Peronismo Libre sobre la unión de Peronismo y Liberalismo. Muchos peronistas todavía protestan porque yo les endilgue la palabra liberal: “libre” es suficiente, me recuerdan. A la vez, otros tantos amigos liberales me miran torcido, como si por algún lugar yo tratara de estafarlos o de ensuciarles los ideales con el contacto del siempre sospechoso peronismo. Muchos amigos y no amigos que escriben, aún con pensamientos que no sabrían definir como peronistas o liberales o ambos a la vez, prefieren negar las etiquetas y definirse como independientes, como si eso los excusase de comprender la historia de la cual forman parte, por acción u omisión.

La Argentina vive en un estado revolucionario violento desde que comenzó y va a costar acostumbrarse a que, en realidad, estamos asistiendo al fin de la guerra. Nos hemos literalmente matado por encontrar un modo político de ser que nos mantuviera a todos juntos y unidos dentro de los límites de la Nación y de la comunidad. Juntos y unidos en la Nación requirió grandes dosis de centralismo –Rosas salvó la Nación física y por eso San Martín le regaló su sable-- y la injustificada falta de federalismo fiscal de las últimas décadas tiene su raíz en la vieja paranoia del desmembramiento original, mantenido a raya por un exacerbado centralismo. La paranoia persiste hoy bajo la forma ridícula de un matrimonio que no quiere perder el poder y precisa a los gobernadores centralizados bajo su billetera. Don Juan Manuel y Encarnación resucitados como bandoleros codiciosos en una farsa donde se enarbola bandera federal para cumplir los ideales unitarios. Una bonita pieza de circo criollo, pero en sus últimas funciones.

Juntos y unidos en la comunidad requirió de otra mano férrea, la del General Perón, que integró de prepo a los que habían quedado afuera y logró el primer país de Latinoamérica con una vastísima clase media en espiral de imparable ascenso. Como no ser peronista, entonces, al final del tiempo histórico y reconocer que sin el peronismo originario, sí seríamos como Chile, Uruguay, Brasil, pero llegando recién en estas últimas dos décadas a comenzar a concretar una clase media ampliada con el ingreso de los más humildes.

La revolución peronista y sus cuatro etapas se completaron. Primero, fue la etapa doctrinaria, en la cual Perón sentó las bases de la inclusión social y la participación en el poder político y económico de los trabajadores y las mujeres; luego, la segunda, la de la toma del poder, que fue totalitaria y dura, con episodios sangrientos como los bombardeos de la contrarrevolución; la tercera etapa, la dogmática, fue la de la resistencia peronista con el peronismo ya derrocado y que terminó --inevitablemente, porque era él quien tenía razón ( a pesar de sus modales totalitarios, corporativos o anti-ingleses)-- con el regreso de Perón a una Argentina que siempre es lerda para comprender la propia historia, hija traumatizada como es de los argentinos divorciados que la tironean de un lado y otro. El mismo Perón dio inicio a la cuarta etapa, la institucional, en un memorable discurso a la juventud en 1974, y, después de la dictadura que se resistió a toda institucionalidad con el pretexto de combatir a la guerrilla, fue Menem el que, aún a los tropezones con la Constitución reformada y su rereelección, continuó y terminó esa etapa, después de haber llegado a su candidatura en una legítima interna peronista primero, a la presidencia en dos impecables elecciones luego, y habiendo entregado finalmente el poder en educada y cordial ceremonia al Presidente de la Rua,del opuesto Partido Radical o Alianza a la sazón.

La etapa institucional sigue tan terminada hoy como en el año 1999. Desobedeciendo a Perón, un peronista que tal vez no tenga malas intenciones pero que realmente no ha hecho nunca sus deberes de estadista, el inefable Duhalde que hoy aparece como el próximo rescatista en el mismo desorden institucional que él supo crear, pregona la vuelta a la institucionalidad, la misma institucionalidad por otra parte que los Kirchner dicen defender, y que unos y otros confunden con un regreso a la etapa dogmática. Como si trataran ambos siempre de mantener al peronismo en la misma caja que Perón cerró. Este proceder intentando revivir un peronismo caduco, allí donde ellos se quedaron detenidos mentalmente, produce un resultado notable: el permanente estancamiento en el momento previo a la institucionalidad, de modo que esta no llegue nunca. Esa es cámara lenta en la cual vivimos estos años, en los cuales no hubo ni un Partido Justicialista abierto, democrático y con internas ni un Congreso que funcionase ni una Justicia que fuera imparcial y, como su nombre lo indica -- pero en la Argentina hay que repetirlo, usar pleonasmos, y repetir tres sinónimos-- justa.

Sí, la revolución peronista ha terminado, y si dirigentes adormilados o demasiado vivos para sacar tajada, no saben o fingen no darse cuenta, el pueblo peronista, en cambio, los ha dejado de lado y ha seguido su camino rumbo a otra parte. Instalados ya mentalmente en esa etapa institucional en la cual Perón dejó a TODOS los argentinos (sí, a los liberales también, y por eso Menem abrazó a Rojas y a los Alsogaray, y su Canciller y Ministro de Economía fue Cavallo, el más peronista de los liberales, por otra parte, por su sentido popular y de docencia), los argentinos hicieron público su profundo sentir el 28 de junio de 2009. Una vasta mayoría de argentinos-- salvo aquellos que desde una cierta izquierda, peronista o no, viven aún en el convencimiento y observancia de dogmas ya superados-- se ve a si misma como republicana, institucionalista y democrática. En cierto modo, repiten para si el reiterado fin de la etapa institucional peronista. Ya lo habíamos tenido, pero aquí siempre hay alguno que se equivoca y encuentra quién, en la confusión y la desesperación, le crea.

El peronismo terminó, pero sólo porque vino para quedarse para siempre: ni racismo, ni sexismo, ni excluidos; justicia social, independencia ecónomica, soberanía política. Obvio para cualquier argentino, el dogma no se discute (sólo los detalles: qué es economía independiente en la era global; en esa misma era, los nuevos atributos de la soberanía política; en el siglo XXI, qué hace feliz al pueblo). También el Rosismo terminó, aunque mucho después de Caseros, con el advenimiento de las grandes oleadas de inmigrantes, un radicalismo que les dio participación política y la certeza de que la Nación ya no se desmembraría. ¿Y lo que en la Argentina se conoce como liberalismo? ¿Qué queda de él? El recuerdo de la Argentina más consistente, esa especie de gran provincia inglesa en el sur del continente, la elegante y culta, la única que nos pone orgullosos a la hora de mostrar las fotos de la nena, junto a la Argentina de Perón, negrita, despeinada y simpática, estrenando delantal para su primer día de clase, vacunada y durmiendo en una casa limpita y con comida abundante. El liberalismo tiene mala prensa en la Argentina porque se lo confunde a menudo con colonialismo. Que la Argentina haya tenido un régimen liberal coexistiendo con Gran Bretaña como su principal cliente y dominatrix política, ha creado un coágulo fatal en el cerebro de los Argentinos, y al sólo escuchar la palabra muchos honestos hombres y mujeres ponen cara de asco y no aceptan recordar que gracias a ese liberalismo la Argentina fue capaz de producir suma riqueza, pero no sólo como la granja británica, sino como productora de infinitos bienes con los que ella misma ---¿imperialisticamente?---inundó a América Latina: películas, libros, revistas, música, moda, y tanta otra sofisticación de la producción cultural. O sea que lo que el liberalismo dio al país, fue enorme en materia de creación de riqueza. También, y aunque centralizada, en la organización del Estado y de los servicios públicos. El regreso final del liberalismo se produjo de la mano del Peronismo. No ya el peronismo de Perón, ni de su viuda, que apenas tuvieron tiempo para recordar que se trataba de vivir la etapa institucional, atacada en aquel momento por guerrilleros y militares golpistas que tampoco querían darse por enterados, sino el peronismo de Menem dando vía libre a Cavallo, aunque después se lo pensase mejor, dado el competidor que le había salido, y nombrase a liberales igualmente orientados pero con menos ambiciones y criterios personales.

En este sentido 1999 también es una fecha clave para el liberalismo, porque no pudo ganar la presidencia separado del Peronismo y porque su ingreso en el Radicalismo no pudo sostenerse, por estar este partido mucho más embebido de conceptos social-demócratas que el peronismo, que puede tener a un Duhalde social-demócrata poco representativo y nunca elegido, y en cambio a un Menem liberal capaz de expresar las nuevas mayorías y que sí fue elegido no una, sino dos veces. En este sentido, el matrimonio peronista-liberal es posible por la sencilla razón de que un verdadero peronista, no la versión farsesca de los Kirchner ni la versión atrasada de Duhalde, siempre se va a preocupar del reparto y ya aprendió – con Menem y Cavallo—que si no se crea riqueza no se la puede repartir y tampoco gastar desde el Gobierno ---en aquel tiempo no lo entendieron Duhalde y otros gobernadores gastadores. Hoy se entiende un poco más qué significa responsabilidad fiscal, aunque falta resolver el problema en profundidad con un federalismo que deje a los obsoletos que aspiren al gobierno nacional, provincial o municipal, fuera de camino. En esta solución federal, convergen los intereses del pueblo peronista y del instrumental liberal. Faltan aún dirigentes de ambos orígenes que entiendan el total de este instrumental y que se capaciten para usarlo en conjunto.

Como lamentablemente son los dirigentes políticos los que marcan la agenda política y muy pocos de ellos los que comprenden en profundidad cómo ha sido la trayectoria política de nuestro pueblo, las explicaciones satisfactorias que los argentinos quisieran recibir no abundan. El radicalismo parece estar al alcance de todos, en su buscada y lograda medianía social-demócrata y republicana, siempre encantadora y seductora a la hora del caos. Son el peronismo y el liberalismo, como las dos posiciones agónicas de la política argentina, las corrientes que más se discuten y atacan, cuando no entre sí, y como casi siempre se generaliza, parece que continúa tratándose de dos bloques compactos y congelados en el tiempo, enemigos acérrimos condenados a exterminarse hasta que gane el “má mejor”, aquel que vuelva a darle al radicalismo su razón de lucha, ya que, si bien uno se fija, éste está siempre listo para pegarle a uno por totalitario y al otro, por culpable de infinita riqueza.

En estos días tristones de la Argentina, conviene entonces salir un poco al campo y buscar los brotes nuevos, que aún no se ven pero que harán historia en alguna próxima primavera. Mientras Duhalde, apoyado por un montón de industriales y hasta por algunos de la Mesa de Enlace, busca su espacio bajo el sol peronista proclamando a los cuatro vientos junto a su Ministro Lavagna que los Kirchner ahora son neoliberales, confirmando que no quiere disputar su título de dogmático con los Kirchner, ni poner en riesgo que alguien estudie su propia historia investigando su republicanismo institucional, los verdaderos peronistas liberales, los que siguieron a Menem y a Cavallo, recuerdan en público y en privado a los liberales, que hace ya más de dos décadas que comparten el espacio político, y que aún no tienen un partido que los una con todas las letras. Si hubiera justicia— justicia, justicia, justicia—alguien se ocuparía de abrir el PJ a todos, incluyendo al peronismo liberal, que quizá ganase las internas abiertas si el Congreso lograse una ley adecuada y no una hecha a medida de los Kirchner. Si no, puede hacerse un esfuerzo organizativo y económico descomunal – ¿por qué no? – y juntar todas las piezas sueltas del rompecabezas peronista liberal, sin nombre, ya que en realidad expresa a la totalidad de la Argentina menos el radicalismo y las pequeñas fracciones del Kirchnerismo y el Duhaldismo que sólo lucen grandes porque tienen el cerrojo del PJ y la caja cada día más chica del Estado. Se trata sólo de que alguien crea que esto es posible, porque ya fue posible y sólo se trata de volver a lo que sirvió, mejorándolo, perfeccionando la fusión y el instrumental.

Por lo tanto, mientras la revolución sin nombre late en el corazón de las gentes, y algunos recordamos la vieja doctrina y la vieja receta que hicieron una, a la Argentina socialmente justa, y la otra, rica (sí, hubiera sido lindo que Perón fuera liberal en su economía, pero en aquel momento los liberales eran, por odiosos motivos, enemigos de aquellos que Perón vino a levantar, y en una revolución, lo primero es lo primero), bueno sería que ahora las dos doctrinas se unieran en lo pragmático de lograr una Nación políticamente soberana, es decir, con sus instituciones políticas en correcto y autonómico funcionamiento para poder competir en el mundo.

Y qué decir de las cosas que unen a peronistas y liberales: el amor por las zapatillas y la cultura; la belleza en los techos de las casitas Eva Perón igualitas a las del country; el orgullo por lo que cada uno supo conseguir; la Patria con letra mayúscula, padre, madre, o la hija que veía con razón Marechal; el Ejército, a todos nos gustan los militares y queremos devolverles la buena prensa, al vigilante de la esquina también; en fin, esa Argentina medio campechana, inocente y pasándose de viva a veces; nosotros, peronistas y liberales, dados al odio y a los amores extremos, lo más espantoso de la Argentina y también lo mejor. Y después de tanto tiempo, y al fin de la telenovela, obligados al matrimonio político.

En los intervalos, vendrán los radicales de la mesura, del no positivo, el si negativo, ¿o era el si positivo y el no negativo? Eso. Muy necesarios para dejar respirar a la platea, después de un espectacular próximo capítulo en el cual los argentinos van a salir a decir, con todas las palabras, que lo que en realidad querían, era la unión de los dos mayúsculos protagonistas que enriquecieron la Nación y transformaron a la sociedad argentina en una colorida comunidad democrática capaz de hacer a una Nación grande, más grande aún.

Esa revolución que envuelve a las demás revoluciones y las ordena, llevó dos siglos, pero todavía no tiene un nombre que la identifique. El dirigente que la descubra, que la bautice. El pueblo ya puso lo suyo, y sigue poniendo su paciencia, esperando que alguien le cante la justa.

17 abr. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Euforia, zozobra, conflicto
por Jorge Raventos


El gobierno atravesó la tercera semana de abril con sentimientos cambiantes, basculando entre la euforia y el disgusto. La inflación, ese virus de inestabilidad, está cada día más a la vista. Tanto que hasta Guillermo Moreno tiene que admitirla ante públicos íntimos, como antes lo hicieron Daniel Scioli y Hugo Moyano.
Y la corrosión interna del oficialismo también es una piedra en el zapato, cada día más molesta: líderes territoriales que toman distancia, legisladores que se indisciplinan…

La asistencia a la Cumbre Nuclear de Washington fue, en ese sentido, un recreo de entusiasmo. Los Kirchner han descubierto de grandes –y desde el poder nacional- el placer de viajar. No es que antes carecieran de medios para hacerlo (han ido juntando un capitalito desde mediados de los años 70 y gente de la capacidad de ingresos que ellos ostentaban antes aún de transformarse en matrimonio presidencial paseó mucho en tiempos de “la tablita” de Alfredo Martínez de Hoz y durante la década de la convertabilidad). Más que de fondos escasos parecería haberse tratado de curiosidad corta.

Desde el gobierno las cosas se ven de otro modo, en estos viajes hay un roce constante con personalidades de poder e influencia y la sensación –a veces ilusoria, a menudo cruelmente fugaz- de formar parte de un club extremadamente selecto, no como aquel del que se reía Groucho Marx (“No formaría parte de un club que me aceptara a mí como socio”).

La señora de Kirchner no quería ser menos que Michelle Bachelet, Lula Da Silva, Tabaré Vasquez, el colombiano Uribe: quería incorporarse al club de los que conversan a solas con Barack Obama. Un deseo intenso e insatisfecho durante el año largo que el demócrata lleva ocupando la presidencia de los Estados Unidos.

Y esta vez, finalmente, la cita se dio. La señora de Kirchner consiguió sus quince minutos de conversación a solas con Obama. La charla, mediada por los intérpretes, fue breve y “a agenda abierta”, esto es, sin temas específicos. En rigor, Argentina se ha ensimismado tanto en los últimos años, se ha aislado de tal modo, que tiene poca agenda con todo el mundo, no sólo con Washington.

El tema nuclear -como el de la producción de alimentos- es uno que le ofrece al país relevancia planetaria. El esfuerzo desplegado por la Argentina en las últimas décadas del siglo XX para tener una industria atómica robusta y los pasos políticos dados en los noventa para encuadrar el desarrollo nuclear y misilístico en el marco de la legalidad internacional así como para establecer medidas de cooperación y vigilancia recíproca con Brasil, el gran vecino, son títulos que valen en la escena mundial. El presidente de Estados Unidos los reconoció a través de sus gestos hacia la señora de Kirchner y procuró, al subrayar así el papel argentino, marcar de paso una diferencia con su principal socio en América del Sur –Brasil, obvio-, en momentos en que el gobierno de Lula De Silva muestra reticencias a su política de presiones sobre el gobierno iraní y su autonomía nuclear, que inquieta tanto a Washington como a europeos, chinos y rusos.

Durante su paso por Washington, la presidente argentina tuvo oportunidad de pedir disculpas al presidente de China por el plantón a que lo sometió un mes atrás, cuando suspendió su programada visita a Beijing. Los chinos son gente formal y educada: Hu aceptó las explicaciones y se fotografió con la señora de Kirchner. Pero lo cortés no quita lo valiente: el líder chino ni siquiera amagó hacer una escala en Buenos Aires aprovechando que al terminar la cumbre nuclear visitaría tanto Brasil como Chile. En cuanto al parate que sufren las exportaciones de aceite de soja argentino a China, su solución se derivó a la necesidad de que Argentina cumpla con las normas chinas de calidad y disminuya la proporción de residuos de hexano que Beijing dice haber descubierto ahora –justo cuando el gobierno K impone trabas proteccionistas a la importación de varios productos chinos – en el aceite argentino que ha comprado durante años.

Mientras la titular del Ejecutivo argentino se regocijaba con aquellas fotos, Brasilia suscribía un acuerdo de defensa con Estados Unidos y Lula oficiaba de anfitrión del BRIC, el grupo bautizado con las iniciales de las grandes naciones en desarrollo que lo integran: el propio Brasil, Rusia, India, China. Las diferencias no son atribuibles exclusiva ni principalmente al tamaño de los países.

Se acabó el recreo

No fue esa comparación la que determinó la mala sangre de los K, sino algunos hechos del plano doméstico, que es el que a ellos los hipnotiza. En primer lugar, la constatación de que, contra sus designios y pese al esfuerzo de los bloques legislativos que les rinden obediencia, el Congreso empieza a sesionar y el arco opositor puede imponer resoluciones.

En Diputados ese contratiempo se daba por descontado, pero el oficialismo suponía que sobre la Cámara Alta podía ejercer mayores controles.

Ese cálculo comenzó a frustrarse cuando, mientras la mayoría de los senadores del Frente por la Victoria seguían la instrucción de su jefe y negaban el quórum a la Cámara, la senadora formoseña Adriana Bortolozzi de Bogado, desobedecía a Miguel Pichetto, ocupaba su banca y habilitaba la sesión.
La senadora Bortolozzi es un cuadro experimentado del peronismo, formada en la corriente ortodoxa Guardia de Hierro que llegó a tener una influencia decisiva en su provincia. Esta casada con el vicegobernador formoseño, Floro Bogado, y es madre de un aspirante a la gobernación. “Estoy sola y tengo miedo”, confesó la senadora que sin embargo aguantó a pie firme la presión de las autoridades de su bloque. Su actitud revela la fragilidad de la construcción K, de rasgos unitarios y ultracentralistas, que deja fuera de la toma de decisiones tanto a los órganos de conducción del Estado como a los de su partido y mantiene subordinados a los distritos. La rebeldía sorpresiva termina convirtiéndose en la modalidad más efectiva de hacerse oir y de poner en valor la propia fuerza.

La senadora Bortolozzi dejó en claro que lo que ya no aceptaba era la obediencia ciega y que, por ello, votaría según su leal entender en cada punto. Queda ahora en claro que, así como no se puede hablar de una oposición unificada, sino de un arco opositor, las diferencias que se manifiestan en el oficialismo en el Senado obligan también a hablar de un “arco oficialista”. Es probable que la desagregación kirchnerista se intensifique en las semanas próximas.

En principio, después de su acto de rebeldía, la primera manifestación de la senadora Bortolozzi fue un voto favorable a los deseos del Ejecutivo: apoyó la aprobación del pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidente del Banco Central, un punto en el que el oficialismo, con ayuda de la abstención de Carlos Menem, pudo contabilizar 35 votos a favor (versus 34 en contra). En el tema siguiente –la coparticipación del impuesto al cheque- la senadora Bortolozzi votó junto al arco opositor y provocó la derrota del gobierno por 35 votos contra 33.

Para el kirchnerismo ese número es insuficiente para darle la media sanción a la norma que devuelve el impuesto al cheque al fondo de gravámenes coparticipables y considera nula esa decisión. Promete llevar el tema a la Justicia y aplicar el veto presidencial en caso de que llegara a ser preciso. Más aún: pretende tomar esa sanción como excusa para continuar su tarea de desgaste de la figura del vicepresidente Julio Cobos, a quien acusan de no actuar de acuerdo a su rol institucional al dar por aprobado un proyecto que, según el oficialismo, necesitaba de la mayoría absoluta de la Cámara (37 votos) para ser válida.

En rigor, la Constitución pide mayoría absoluta (art.75.3) para “establecer y modificar asignaciones especificas de recursos coparticipables”, no para anularlas, que es lo que el Senado hizo el miércoles último.

La movida de la senadora Bortolozzi, que seguramente será acompañada o imitada por otros senadores del oficialismo, convierte al Congreso en un territorio cada vez más elusivo para el oficialismo. De ahí que la tendencia natural de la jefatura kirchnerista resida en paralizarlo de alguna manera.

Conjutamente con esa dificultad en el Poder Legislativo, el oficialismo empieza a tratar al Poder Judicial como un poder hostil. Lo hace a través de la publicidad oficial (la que se sufraga con dineros públicos) y convocando a manifestaciones contra los Tribunales. Lo hace a través de sus voceros habituales ("Las Madres estamos hartas de estos jueces de la Corte Suprema”, dijo, por ejemplo, Hebe de Bonafini, el miércoles 14); lo hace a través de sus ministros y a través de sus representantes en el Consejo de la Magistratura.

El paisaje otoñal muestra a un gobierno que ya no sólo luce enfrentado con la opinión pública, sino cada vez más dispuesto a chocar con los otros poderes del Estado, al comprender que se diluye su capacidad de presionarlos, controlarlos, manipularlos o subordinarlos.

10 abr. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Aislamiento y grandes ilusiones
por Jorge Raventos

Durante los años en que ha sido comandada por la familia Kirchner, la Argentina se ha aislado del mundo.

Dos noticias de esta semana - la presencia en Washington del matrimonio presidencial en pleno y la posibilidad de que Néstor Kirchner asuma en mayo la presidencia de Unasur, el bloque de naciones sudamericanas- podrían ser consideradas una refutación práctica de aquella idea. Se trataría, sin embargo, de una interpretación chueca, de una confusión.

El gobierno K utiliza en Estados Unidos parte de la capacidad instalada de una Argentina que existió antes de ellos; la participación actual del país en los foros del G20 está determinada por la ley de la inercia, la misma que hace que Argentina aún siga siendo, por ejemplo, aliada extra-OTAN de los Estados Unidos.

La relevancia específica de la Argentina K está mejor reflejada por otros hechos. Uno:a quince meses de la asunción de Barack Obama, la señora de Kirchner no ha conseguido aún que el presidente de Estados Unidos le conceda una entrevista a solas (y ello pese a los desvelos monotemáticos del embajador en Washington, el ex director del diario La Tarde, Héctor Timmerman). En la Cámara de Comercio americana, en Washington, donde hizo una representación de diálogo, la señora sólo una pregunta de las que respondió era genuina, pues las demás las habían redactado sus adláteres ( “ya estaban redactadas –describe un diario-. Cuando se empezaba a leerlas, las mesas con los emporesarios todavía estaban entregando sus consultas por escrito que, claro, nunca llegaron a destino”). El número uno de una ONG amiga de la Argentina (Peter Hakim, de Inter American Dialogue) puntualizó: “Nada contestó sobre cómo va a resolver la deuda y no fue suficiente lo que dijo del canje. Tampoco hubo ninguna referencia a la relación con el FMI, el club de París o la credibilidad de las estadísticas”.

La semana próxima el presidente de la segunda potencia mundial (y principal cliente del país), Hu Jintao, de la República Popular China, se convertirá en otro de los mandatarios del mundo que visita el espacio aéreo argentino pero no se detiene en tierra. Jintao –como hiciera , entre otros, Vladimir Putin- viajará de Brasil a Chile sin escala en Buenos Aires. En enero, la señora de Kirchner lo dejó plantado en Beijing, desbaratando una visita oficial largamente trabajada por las cancillerías de ambos países. ¿Se acuerdan del motivo? La señora no quiso volar a China para no transmitirle por unos días el mando a Julio Cobos, el vicepresidente. Como para adornar con más detalles aquel plantón, el gobierno K bloqueó importaciones de China aplicando medidas de viejo corte proteccionista. Ahora el gobierno chino ha frenado sus propias importaciones de aceite de soja argentino (que suman anualmente unos 2.000 millones de dólares) invocando causas que hasta ahora habían pasado por alto.

Se ve, pues, que más allá del ilusionismo de los viajes o los cargos, la realidad es que la Argentina K tiene expedientes abiertos nada menos que en las dos capitales mayores del actual sistema mundial. Y no sólo con ellas, claro, pero basta mencionar ese detalle, para sustentar suficientemente la idea del aislamiento.

En verdad, lo que otros pueden llamar aislamiento, representa más bien desde la mirada del matrimonio presidencial una manifestación de desinterés. El gobierno siempre ha observado las relaciones de Argentina con el mundo desde el ángulo más estrecho de su interés doméstico, de la eventual capitalización a corto plazo de sus gestos en el terreno de la opinión pública local o, eventualmente, si hay urnas cercanas, de los votos que según sus cálculos pueden cosechar.

Antes del fin de abril –probablemente el 20- se conocerá el fallo del Tribunal de La Haya sobre el diferendo con Uruguay por la instalación de la papelera Botnia frente a Gualeguaychú. El caso es un ejemplo paradigmático de la preponderancia de lo doméstico sobre la visión estratégica en el gobierno. El respaldo demagógico que desde la Casa Rosada se otorgó en primera instancia a la asamblea de Gualeguaychú poco tuvo que ver con un análisis a fondo del problema y de sus consecuencias. La superficialidad con que se trató el asunto facilitó primero que el gobierno de Montevideo actuara sin cumplir acabadamente los requisitos que fijan los acuerdos binacionales. Después, cedió el manejo de las relaciones exteriores a un grupo de vecinos entrerrianos, envenenó la relación con Uruguay y permitió el bloqueo de un puente internacional por años. Agréguese que quedó desplazado de la agenda otro tema: la Argentina se automarginaba de la revolución forestal que está en marcha en el mundo. En definitiva, para intentar eludir la trampa que se había autoingligido, el gobierno decidió ir a La Haya para que fueran sus jueces los que dieran la mala noticia. Porque está claro –y lo estuvo para el gobierno desde el primer instante- que después de esa sentencia la planta de Botnia seguirá erigida en el mismo lugar en que se encuentra.

Las grandes ilusiones no pasan de ser eso: pases de magia que pueden entretener por un momento, pero que sólo los ingenuos toman por la vera realidad.

De todos modos, a juzgar inclusive por varias confesiones de la última semana, el país parece soportar una cierta inflación de ingenuidad.

Un ejemplo: algunos kirchneristas y más de un opositor (sin descartar a varios analistas críticos) imaginan que el gobierno está atravesando un “veranito” cuando el almanaque dictaminaba otoño.

Habrá que admitir una pizca de ironía en el hecho de que, justo en el mismo instante, un número significativo de líderes avezados y nada candorosos del propio oficialismo se inquietan exactamente por el fenómeno inverso: analizan cuánto puede perjudicar a las listas peronistas que ellos se disponen a encabezar o armar la terca estrategia de los Kirchner y la posibilidad (que ellos avizoran como un destino ineludible) de que Néstor quiera ser el candidato presidencial. Estos líderes territoriales (así como algunos líderes parlamentarios que aspiran a ser candidatos importantes en sus provincias) estudian por estos días de que modo pueden operar con prudencia y eficacia para evadirse del cepo en que los quiere mantener atrapados el matrimonio presidencial.

En Olivos (y hasta desde la fría Washington) Kirchner monitorea esos movimientos de los que, como es obvio, está bien enterado (porque tiene recursos y mecanismos para enterarse). El observó con escozor que dos personalidades de peso en el oficialismo –nada menos que Daniel Scioli y Hugo Moyano- hayan formulado comentarios sobre la inflación: “La gente está preocupada por los precios”, admitió el gobernador bonaerense. El camionero, por su parte, advirtió que los gremios discutirán salarios tomando en cuenta “el INDEC del mostrador”. Son obvios mensajes a Kirchner para que el gobierno haga algo con una inflación que ya crece, para analistas muy especializados, con una proyección de más de 30 puntos para el año. ¿Se trata de mensajes acordados? Si lo fueran, en Olivos sospecharían conspiración. Que no lo sean es probablemente más aciago: sería una señal de que coinciden porque ven la misma peligrosa realidad. No vaticinan “veranitos”. Le temen al General Invierno.

3 abr. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

La apuesta de Kirchner
por Jorge Raventos

Quizás impulsado por la oportunidad introspectiva que ofrece la Pascua, el mundo político bajó un poco el volumen en los últimos días. En ese casi silencio, se destacaron algunas voces del gobierno reiterando los mantras oficiales: “la inflación no existe, es un invento de los medios”; “el aumento de precios, si se comprueba, es obra de algunos empresarios pícaros”. Puede que la repetición terca y monótona encierre alguna virtud, pero lo que seguramente no consigue es transformar la realidad. En cualquier caso, parece claro que el gobierno está decidido a no admitir que la inflación es un hecho y que quienes más la padecen son los sectores socialmente más vulnerables: desempleados, trabajadores informales, jubilados, asalariados.

El gobierno insiste en su versión contra toda evidencia pues supone que, si confiesa la cruel verdad, el fenómeno se desbordará "porque la inflación tiene que ver con las expectativas” (argumento del ministro de Economía, Amado Boudou).

La sociedad verifica la inflación cotidianamente, cada vez que compra el diario, paga el café, recibe la cuenta de la luz o compra los útiles de la escuela de los chicos. El oficialismo parece resignado a pagar el alto costo de falsear la verdad ostensiblemente, quizás porque comprende que cambiar el relato de los hechos a esta altura no le hará ya recuperar la credibilidad ante todos los que le han perdido la confianza y, seguramente, desconcertaría a los seguidores persuadidos.

Esa misma lógica impera en todas las decisiones fundamentales del oficialismo: relegar a un distante segundo plano el interés por ganar a la opinión pública o a sectores independientes y concentrar, en cambio, la acción política en lo que se considera la propia tropa, dedicando a ella recursos y discursos. Aunque algunas encuestas indican que, merced a los tartamudeos del arco opositor, el matrimonio presidencial recuperó algo del terreno perdido, los tres o cuatro puntos de los que se habla están siempre cerca del subsuelo: un poquito más abajo o algo más arriba del 20 por ciento de imagen positiva.Con esos datos, la estrategia de Kirchner consiste básicamente en tansformar la necesidad en virtud y procurar sacar el mayor rédito posible de ese capitalito. Al fin de cuentas: él y su mujer están donde están a partir del 22 por ciento que obtuvo en las presidenciales de 2003.

Si siete años atrás se pudo llegar a la Casa Rosada con ese magro caudal no todo está perdido, opinan en Olivos; quizás se pueda manejar una opción distinta a la de un final prematuro de la experiencia. Ahora, además de la imagen que registran (y los votos que prometen) las encuestas, los Kirchner cuentan en sus manos con ciertas palancas que no tenían entonces: manejan los recursos del Estado, tienen el control de los sellos del PJ y se acreditan la adhesión de un número (encogido, es cierto) de jefes territoriales y legisladores que les declaran lealtad y todavía (al menos en público) se cuadran ante su autoridad. Se trata, pues, de facilitar un escenario parecido al de 2003, con el grado de dispersión de ofertas electorales necesario para que quien cuente con una quinta parte de los sufragios pueda llegar a la segunda vuelta.

Por supuesto, cuando se ubica en esa hipótesis, Kirchner llega a alucinar el premio mayor: doble triunfo en las urnas y segundo período presidencial. Pero cuando baja de las ensoñaciones más ambiciosas y condesciende a fantasías más realistas, admite que sería un gran triunfo simplemente llegar al ballotage y quedar segundo, si esa derrota la sufre ante un rival que no sea peronista. En ese escenario, habría en su relato un presidente “antiperonista” y él se presentaría como el portaestandarte de un PJ adornado con barniz progre, en una especie de camporismo tardío (sin la presencia rectificadora del General Perón). Desde esa posición sin duda estaría en condiciones de negociar muchas cosas y de inhibir las investigaciones que hoy le prometen los opositores al –según el senador Gerardo Morales- “gobierno más corrupto de la historia argentina”.

A juzgar por algunos signos que hoy emergen de la política, Kirchner podría toparse con una realización de sus ilusiones. Los medios registran ya una docena de precandidaturas presidenciales declaradas o sugeridas (o en estado de maceración a la espera del momento más adecuado para lanzarlas). Suenan Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Francisco De Narváez, Mauricio Macri, Felipe Solá, Mario Das Neves, Carlos Menem, Julio Cobos, Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz, Hermes Binner, Elisa Carrió, Fernando Solanas y hasta el ex jefe de gabinete de Kirchner, Alberto Fernández.

Por cierto, el paisaje de las candidaturas irá limpiándose con el paso de los meses y se depurará si se cumple con la ley electoral que incluye el requisito de las primarias abiertas y simultáneas. En cualquier caso, tal como están las cosas, por encima de los nombres hoy se observan media docena de espacios: el radicalismo (o “panradicalismo”, si en ese espacio termina participando Elisa Carrió, lo que por ahora luce improbable); un frente socialista (con el Partido Socialista y el Proyecto Sur como posibles socios); una fuerza liberal de centro izquierda orientada por Carrió, si ella decide avanzar en soledad; una de centroderecha, encabezada por Mauricio Macri; un espacio peronista antikirchnerista y, por cierto, el oficialismo.

Esos espacios tienen a su vez distintas lecturas de lo que sería “la contradicción fundamental” o, si se quiere, el factor decisivo que determina las separaciones y las opciones de alianza. Radicales, seguidores de Carrió y socialistas de Binner enfrentan al gobierno desde una interpretación en la que los Kirchner son “una expresión más del peronismo que gobernó 18 de los 25 años de democracia”. Esa mirada oculta apenas su recelo frente a muchos de los exponentes del peronismo disidente y explica su resistencia a pelear en conjunto por la presidencia de las Cámaras en el Congreso.

El peronismo antikirchnerista muestra sus matices. El ala bonaerense, con Duhalde a la cabeza, pone el acento en la oposición al gobierno y complementa ese posicionamiento con la propuesta de un acuerdo de gobernabilidad con las restantes fuerzas políticas, en primer lugar con el radicalismo. Duhalde trabaja en ese sentido en colaboración con el radical Rodolfo Terragno y en buena sintonía con Julio Cobos y Ricardo Alfonsín. El peronismo federal, que aguarda con paciencia el lanzamiento de la candidatura de Carlos Reutemann, siempre esconde alguna reserva frente al poder de la provincia de Buenos Aires y, en función de la diversidad de los paisajes provinciales, orienta sus afectos societarios en otras direcciones, no principalmente hacia la UCR.

En cualquier caso, el peronismo antikirchnerista tendrá que definir su juego en caso de que –contra las suspicacias de muchos- se cumpla con la ley y haya internas abiertas en agosto del año próximo. ¿Concurrirán sus principales exponentes en el seno del PJ que está controlado por Kirchner? ¿Se presentarán por separado, ofreciendo al oficialismo la posibilidad de aprovechar esa eventual dispersión para anular la presencia de sus rivales más indeseados en la elección general? Por el contrario, si no se presentan, ¿le entregarán a Kirchner el uso de la sigla del justicialismo, que equivale por sí sola, según los especialistas, a cinco puntos en la elección?

La ilusión oficialista de trabajar sobre los conflictos del arco opositor y hasta de sus fragmentos, cuenta a primera vista con viabilidad. Además de aquellos cruces, el gobierno puede apoyarse en las confusiones, prejuicios y debilidades que a menudo exhiben a exponentes de ese arco opositor compartiendo el mismo anacrónico consenso ideológico que el oficialismo administra como bastonero de lo políticamente correcto.

La ambiciosa hipótesis que Kirchner pretende demostrar es que con 20 por ciento de imagen positiva, negando realidades como la inflación, divorciado de la opinión pública, alentando el conflicto de poderes y aislado de las tendencias centrales del mundo se puede conservar el poder. Toda una apuesta.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
(click en la etiqueta para panoramas anteriores)

ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


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Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
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