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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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31 dic. 2010

2011: ¿Y AHORA QUÉ?

por Diana Ferraro

El contraste entre mala conducción económica y aparente éxito financiero, entre inflación y dólar quieto, entre falta de energía y alto consumo no inquieta ya a casi nadie. Como con esas películas que hemos visto muchas veces y de las cuales conocemos el final, observamos con escaso interés la situación política y económica, interesados sólo en saber qué día y a qué hora se va a producir el inevitable sinceramiento y reajuste, después de una década de malas decisiones gubernamentales protegidas por una coyuntura internacional económica favorable a la producción local de cereales.

Discutir si el kirchnerismo seguirá en el poder no tiene el menor sentido a menos que deliberadamente quiera ignorarse al aún no instalado líder de la oposición. Que no esté instalado no quiere decir que no exista y, mucho menos, que no exista ya en el conjunto de la población una demanda clara de cambio. Esa demanda es la que terminará reafirmando el nuevo liderazgo y, por lo tanto, clausurando para siempre el lamentable y retardatario ciclo del kirchnerismo.

No habrá desaparición oportuna de la escena política ni vestidito negro que puedan torcer un destino escrito ya hace tiempo: la Argentina precisa libertad operativa, libertad en los mercados, libertad económica, financiera y política. Lo que se comenzó en la década de los 90, no se pudo continuar con propiedad, y finalmente se abortó con los gobiernos de Duhalde y ambos Kirchner, es la tarea pendiente que, a sabiendas o no, reclama una población sedienta de estabilidad y garantías de crecimiento, progreso y prosperidad duradera.

La profunda conciencia popular de lo efímero de la actual abundancia, expresada en un desenfrenado consumo para cubrirse de la inflación galopante, es la que dará validez al nuevo liderazgo preocupado por promover políticas realistas y eficientes a largo plazo. No es que haya un líder genial en puerta, sino que la demanda desesperada de verdad y realismo político terminará por transferir el mando a quien luzca más verdadero, sincero y dispuesto a hacer lo que hay que hacer para permitir que el país respire y se reorganice en la máxima de las libertades.

A los kirchneristas conviene recordarles que la hora de los mentirosos pasó, por más que ahora, en su esfuerzo por continuar y prevalecer, traten de seducir con una nueva mentira: que son capaces de cambiar.

25 dic. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Año caliente, verano desbordado
por Jorge Raventos


En vísperas de la Nochebuena, decenas de miles de trabajadores de las barriadas del sur del Gran Buenos Aires debieron soportar durante horas el impiadoso sol del verano porteño puertas afuera de la estación Constitución, que había sido clausurada; no habría servicio de trenes hasta la madrugada siguiente, porque desde temprano estaban cortadas las vías a la altura de Avellaneda por una protesta y el gobierno nacional había decidido no despejar el bloqueo para no provocar incidentes. Lo que quiso evitar en Avellaneda sucedió, así, en Constitución: centenares de pasajeros frustrados, sublevados por la arbitrariedad, la demora y el calor se lanzaron contra las rejas encadenadas de la estación ferroviaria y chocaron con la mínima dotación de la Policía Federal que las custodiaba. Los disturbios se prolongaron por más de dos horas; cuando los refuerzos policiales consiguieron contenerlos ya se habían producido incendios, saqueos de comercios, batallas a pedradas desplegadas en medio del tránsito (que no había sido cortado y desviado durante los incidentes) y se contabilizaba una treintena de heridos (algunos de ellos, efectivos de la Federal), varios de gravedad.

Nilda Garré, la flamante secretaria de Seguridad se consideró satisfecha con la performance de sus fuerzas. Para ella el objetivo principal reside, al parecer, en evitar que la Policía –que quiere desarmada- pueda ser culpada de una muerte o una lesión grave. La seguridad es otra cosa, claro. Por lo menos eso deben pensar los que vieron destruidos o saqueados sus comercios o propiedades o los que no pudieron viajar, que quizás hubieran preferido un poco de acción de las fuerzas para liberar el bloqueo a las vías, donde estaba el núcleo del problema (lo que impedía el paso de los trenes).

Mientras esto ocurría en Constitución, seguían avanzaban en otros sitios –descampados, depósitos privados, inmuebles en litigio, terrenos estatales y hasta veredas- la ocupaciones ilegales. Las fuerzas de seguridad en muchos de esos casos ni siquiera se hacen presentes,; en otros, rodean con cierto despliegue los espacios usurpados, en una maniobra que tiene por principal objetivo defender a los okupas de los intentos de desalojo protagonizados por el vecindario. El caso de un club barrial de Villa Lugano es un ejemplo: el juez actuante ordenó la desocupación hace más de diez días y no se ha registrado acción en ese sentido. La secretaria Garré pretende que la Ciudad de Buenos Aires entregue un subsidio a los ocupantes para que estos abandonen el predio, pero el gobierno nacional había acordado con el de la ciudad autónoma que no se premiaría a los usurpadores con ningún beneficio. Más que un cambio de criterio, la propuesta de la secretaria revela impotencia: el gobierno no se siente en fuerza para hacer cumplir la ley ni para cumplir con las instrucciones de los jueces.

A la luz de esa debilidad, avanza en la sociedad la acción directa: así como se ocupan predios ilegalmente, pequeños grupos o manifestaciones más concurridas cortan con distintos motivos esquinas transitadísimas, autopistas, vías férreas y rutas o bloquean la salida de vuelos. Todo el mundo tiene causas (plausibles o caprichosas) para intentar hacer lo que el Estado no hace o para reclamarle que lo haga. Para pedir, por ejemplo, que funcionen los trenes subsidiados o que no falte la energía en los hogares y en las calles durante días enteros. O que no falten billetes de banco.

Después de haber anunciado lo contrario, el gobierno decidió de buenas a primeras que el 24 y el 31 de diciembre se convirtieran en feriados bancarios porque temió no poder garantizar que hubiera papel moneda en las instituciones (de hecho, eso ocurrió durante largas y tórridas horas en algunas sucursales del Banco Nación el jueves 23, para padecimiento de decenas de jubilados que debían cobrar sus haberes). Hay que reconocer la coherencia del método: si hay corte de vías, se cierra Constitución y se suspende el servicio de trenes; si no se pueden garantizar los billetes, se cierra los bancos.

Así, el gobierno llega al fin de 2010 en medio de una situación de desorden y de obvias torpezas en la gestión. Las decisiones se demoran, los problemas no encuentran soluciones adecuadas y oportunas. La chapucería llega a los propios nombramientos que hace el gobierno: el flamante secretario de Justicia, Alejandro Julián Alvarez (un militante de La Cámpora, la corriente que conduce Máximo Kirchner) no podrá formar parte del Consejo de la Magistratura, como preveía un decreto de 2006 suscripto por Néstor Kirchner. Con 29 años, Alvarez no alcanza la edad que se requiere para formar parte de ese cuerpo. El gobierno tuvo que modificar aquel decreto del ex presidente.

Juan Perón solía decir que sus gobiernos serían apreciados “no porque nosotros seamos buenos, sino porque los que vinieron después fueron peores”. Aquella frase pícara del General quizás podría aplicarse hoy a Néstor Kirchner. Son muchos los que lo extrañan y observan que el gobierno está sintiendo su ausencia. Es que el sistema de poder del oficialismo giraba alrededor del ex presidente: él mandaba, él disciplinaba, él administraba los recursos, el hacía el seguimiento de los temas. Esos roles no han sido heredados.

La hipercentralización que ejercía Néstor Kirchner procuraba, de todos modos, asentarse sobre bases más amplias que un entorno de allegados, conocidos o preferidos por simpatías ideológicas o por “cuestiones de piel”. En función de la consolidación de su mando y de sus intereses, Kirchner actuaba con un enorme pragmatismo, como detectó la Embajada de Estados Unidos, según las filtraciones de Wikileaks.

En los últimos tiempos, después de la muerte y el paréntesis del duelo, se van sucediendo hechos que exhiben improvisación y estrechamiento en la selección del personal de gobierno. A los alejamientos inducidos de personas que parecían allegadas al jefe de gabinete, Aníbal Fernández (desde altos funcionarios de las áreas de Seguridad y de Justicia hasta la plana mayor de la Policía Federal), se ha sumado el del Procurador Joaquín Da Rocha, un peronista de cuyo estudio privado participa el ex canciller, Rafael Bielsa. Da Rocha venía siendo atacado en los últimos meses por Horacio Verbitsky, el columnista de Página 12 y presidente del CELS al que se asigna influencia ideológica en muchas decisiones presidenciales.

Para Verbitsky, Da Rocha era culpable de tres pecados: su amistad política con Daniel Scioli, ser funcional al Grupo Clarín y haber permitido que su estudio asesorara al gobierno chileno en el reclamo de extradición del ex terrorista Galvarino Apablaza. Para reemplazar a Da Rocha, la Presidente convocó a una conocida: Angelina Abbona, que fue Titular del Tribunal de Cuentas de Santa Cruz y que, además, cuenta con la tutela de Carlos Zannini, el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, que acompaña a los Kirchner desde su provincia.

Si en la etapa ascendente de su gobierno Néstor Kirchner se rodeó de figuras de perfil propio, heredadas, en casos, de la presidencia de Eduardo Duhalde (como Roberto Lavagna), hoy parece haber una preocupación por consolidar un eje sólidamente “cristinista”, algo que se observa tanto en los reclutamientos más cercanos como en las preferencias de trato de la Presidente a sus diferentes ministros. Algunos suben, otros descienden. Se espera, inclusive, que esta tendencia se consolide con una reestructuración más amplia del gabinete. Entretanto, esa atmósfera suscita intrigas y conflictos soterrados.

Fue notable el esfuerzo que hizo el oficialismo la última semana para asegurar ya mismo el ascenso del general César Milani, un militar al que se le vaticina un destino de Jefe de Estado Mayor. Se atribuye a Milani una relación política estrecha con la ex ministra de Defensa, Nilda Garré, pero este no parece ser el motivo principal de la notable movilización con que el oficialismo consiguió quórum para poder aprobar ese pliego. La razón sería, más bien, el vínculo político que Milani ha probado con el kirchnerismo. A él se adjudica la política (que algunos definen como “limpieza genética del Ejército”) que eliminó de las listas de ascensos a varias decenas de oficiales de brillantes calificaciones, objetados por sus lazos familiares con militares de anteriores camadas y por ello sospechados de tener diferencias políticas con el oficialismo.

Una matriz hipercentralista como la que el kirchnerismo traía desde sus orígenes, parecía destinada a manifestarse de un modo más extremo tras la muerte de quien fuera su forjador. Así, empiezan a expresarse sectores del núcleo oficialista que buscan instalar ya, pese a las dificultades que evidencia su gestión, la candidatura presidencial de Cristina Kirchner por el oficialismo.

Ya lo han hecho el canciller Héctor Timmerman (el primero de la clase: lo dijo antes del sepelio de Néstor) y esta semana, el ministro de Planificación, Julio De Vido.
Alberto Fernández, que fue jefe de Gabinete tanto de la actual Presidente como de su esposo, acaba de declarar que ella “no es la candidata natural” del peronismo. Es una opinión interesante, pero, claro, Alberto Fernández no puede ya ser considerado un hombre del oficialismo. Resulta más significativo, en todo caso, el silencio o las reservas (salvo contadas excepciones) de los jefes territoriales del conurbano y los argumentos con que algunos gobernadores gambetean el tema, alegando que no quieren “forzar decisiones” de la Presidente. Ella, por su lado, cuando se reunió con los dirigentes del Partido Justicialista, la semana última, les pidió “amplitud”, para aceptar a otros.

Seguramente la señora sabe que hay otros que muestran las reticencias que ella observa en el peronismo; en efecto, esa actitud no es en absoluto acompañada por la izquierda que trata de crecer a la sombra del poder kirchnerista: Martín Sabatella, diputado y líder del partido Nuevo Encuentro, expone sin recelo alguno su voluntad de respaldar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner. Pero combate al gobernador bonaerense Daniel Scioli. Y a otros gobernadores peronistas. Y lo hace sin “amplitud” alguna.

El 2010 concluye así entre el hervidero de la acción directa y el desborde (“el desmadre”, dicen algunos) y los conflictos íntimos que la política deberá procesar para hacerse cargo del año electoral. Faltan 10 meses aún para que se abran las urnas. Como cada día tiene su afán, antes habrá tiempo para hacerse cargo de la provisión de billetes, de la provisión de seguridad, de la provisión de energía, del cumplimiento de los fallos de la Justicia, de hacer cumplir las leyes y de combatir adecuadamente las usurpaciones, de frenar la inflación, de generar condiciones que estimulen la inversión. En fin, de gobernar. Toda una convocatoria.

19 dic. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Víctimas del marxismo
(de Groucho)

por Jorge Raventos

Puesto a prueba por una módica crisis que la chapucería se encargó de extender, el gobierno de Cristina Kirchner reveló un desconcierto y un extravío que hicieron cundir la alarma entre propios y extraños.

Una enumeración de las sucesivas decisiones y cambios de dirección adoptados desde la Casa Rosada a partir de la ocupación del Parque Indoamericano de la Ciudad de Buenos Aires es suficientemente ilustrativa.

Primero el gobierno nacional envió a la Policía Federal; se desató así lo que un aliado dilecto del oficialismo, Luis D’Elía, describió como “episodio represivo violento, encabezado claramente por la Policía Federal”.

Poco después de que las imágenes del operativo ordenado por Balcarce 50 alcanzaron las pantallas de tevé, desde el mismo domicilio se ordenó el repliegue. El jefe de Gabinete se negó a partir de allí a satisfacer el pedido de las autoridades porteñas y las instrucciones judiciales que reclamaban la presencia de las fuerzas de seguridad para impedir choques entre usurpadores del Parque y vecinos de los alrededores (Fernández consideró esas instrucciones “de cumplimiento imposible”).

Los enfrentamientos se produjeron, se llegó a contabilizar tres muertos y un número considerable de heridos, los desbordes abundaron y hasta se asaltaba las ambulancias que intentaban recoger víctimas en ese campo de batalla. El gobierno nacional envió entonces fuerzas de Gendarmería y de la Prefectura para evitar nuevos enfrentamientos (tarea que, por lo visto podía cumplirse perfectamente). Fue un retroceso tardío, pero de todos modos saludable.

El jefe de Gabinete, con el acompañamiento de la propia presidente, insistía en que la ocupación formaba parte de una conspiración “destituyente”, que atribuían a Mauricio Macri y Eduardo Duhalde. Algo contradictoriamente, Fernández le reclamaba al gobierno porteño que ofreciera un plan de viviendas a los ocupantes. El gobierno de la Ciudad Autónoma se mantuvo firme en dos temas: el predio debía ser desocupado y no habría premio alguno para quienes participaron de la intrusión.

“La ocupación no es delito” proclamó el jefe de gabinete el martes 14 por la mañana. Bandera de largada: pocas horas después las tomas de predios se multiplicaban, tanto en la Capital como en conurbano bonaerense y hasta en provincias alejadas del epicentro, como San Juan. Los teléfonos más receptivos del oficialismo empezaron a sonar: gobernadores e intendentes pedían que se pusiera fin de una buena vez a un proceso que empezaba a incendiar el orden. Nuevo viraje: se llega entonces a la decisión de desalojar de intrusos el Parque Indoamericano, acordar con el gobierno de la Ciudad Autónoma y prometer ante cualquier nuevo intento de usurpación el castigo administrativo de la pérdida de derechos a planes sociales y planes de vivienda.

En síntesis, la Casa Rosada se tomó más de una semana para llegar a conclusiones de libro después de haberlas repudiado puntualmente, mientras producía con sus zigzagueos un agravamiento de la crisis.

Hay quienes atribuyen simpatías por el marxismo a sectores del gobierno nacional. La disparatada dialéctica de los cambios de dirección ante las usurpaciones parece confirmar que sus principales responsables se guiaron por un lema de Marx (Groucho): “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.

La erosión sufrida por la autoridad se observó de inmediato en el hecho de que, pese a la última palabra pronunciada (la promesa de penas a los que intrusen propiedades públicas o privadas), las ocupaciones continuaron y en algunos casos volvieron a manifestarse con violencia.

En paralelo, comenzaron a manifestarse mayores señales de centrifugación del dispositivo de poder que, en rigor, había sufrido su mayor perdida el 27 de octubre, cuando dejó la escena el hombre que - mal o bien y aún sufriendo un proceso de declinación política- manejaba la compleja trama de sectores, intereses y fuerzas sobre la que se asienta el oficialismo.
La señora de Kirchner ha debilitado enormemente con sus últimos recortes de influencia, designaciones y desplazamientos ministeriales a Aníbal Fernández, uno de los pocos hombres de su gabinete que le puede servir de nexo con el peronismo.

Julio De Vido, que ya cumplía en parte esa función, queda ahora, ante el ataque de anemia de Fernández, como el principal canal abierto hacia la realidad. De Vido escucha a sindicalistas, a empresarios, a gobernadores, a intendentes. Fue él quien impulsó la designación de Arturo Puriccelli como ministro de Defensa, frenando la candidatura para ese puesto de Marita Perceval, adscripta al mismo sector ideológico al que pertenece la flamante titular de Seguridad, Nilda Garré.

En los gremios y en el peronismo que se referenció en Néstor Kirchner (o fue disciplinado por él) se observa con inquietud la creciente influencia de sectores del sedicente progresismo. En la última semana, Luis D’Elía un vocero informal de esa tendencia, embistió conjuntamente contra Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo, Aníbal Fernández, Florencio Randazzo y Daniel Scioli. D’Elía no sólo maneja un fuerte aparato de organizaciones sociales merced al respaldo del gobierno: también ha colocado al número dos de la agencia informativa oficial, Telam.

La figura que más preocupación provoca en el peronismo que se articula con el gobierno es la del periodista Horacio Verbitsky, al que se atribuye la capacidad de incidir sobre el “relato” progresista de la Presidente, mantener capacidad de presión sobre sectores de la Justicia, ser escuchado en ámbitos externos sostenido por el discurso de los derechos humanos y extender inclusive su influencia a algunas personalidades de los partidos que figuran en la oposición.

En virtud de la tutela que Verbitsky ejerció sobre las políticas que Nilda Garré desplegó en el ministerio de Defensa, muchos curiosean ahora en qué puede traducirse esa influencia en materia de políticas de seguridad. Las notas que Verbitsky escribe los domingos en Página 12 registran, por caso, una insistente campaña contra el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal. Aunque Verbistky está, en principio en la vereda opuesta de Daniel Scioli (tanto, que hasta ha denunciado con tono acusatorio al Procurador del Tesoro, Joaquín Da Rocha, por apoyar al gobernador), los durísimos golpes contra Casal no son meras derivaciones de aquella divergencia, sino que tienen motivaciones específicas.

Parece obvio que, si este antecedente tuviera repercusión en la gestión de la flamante ministra Garré, la colaboración entre los departamentos de Seguridad de Nación y Provincia de Buenos Aires sería de diagnóstico problemático.

Ya en la pendiente final del año y al inicio de un verano que se presenta caliente y movido, un balance provisional de los hechos que se dispararon a partir de la ocupación del Parque Indoamericano indicaría que se confirman las amenazas a la gobernabilidad abiertas con la muerte de Néstor Kirchner, habida cuenta de que su manejo de las tendencias e intereses que sostenían el poder no ha sido heredado.

Sobre el despliegue de una extendida crisis social –pobreza, baja productividad del trabajo, empleo en negro, déficit de vivienda, decadencia educativa, concentración demográfica, deficiente ocupación del territorio- se extiende una creciente erosión de la autoridad, acompañada por el desprestigio de la política, las investigaciones de corrupción y la esclerosis de los partidos.

Así, el país hoy tropieza con escollos para aprovechar la formidable oportunidad que se le abre en un mundo que está dispuesto a pagar a muy buen precio sus producciones competitivas; un mundo que vuelca enormes inversiones en las naciones emergentes cuando éstas ofrecen una perspectiva de confianza, previsibilidad y desarrollo. Para ingresar en el círculo vicioso hay que superar los escollos, deshacerse de lo que obstaculiza.

Conviene recordar a Fierro: No hay tiempo que no se acabe. Ni tiento que no se corte.

13 dic. 2010

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI

ORDEN, DEMOGRAFÍA Y VIVIENDA SON LOS TEMAS SUBYACENTES EN LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Víctor E. Lapegna


La batalla de Villa Soldati y sus dramáticas consecuencias de muertos y heridos, además de intensificar el debate social y político acerca del orden y de la seguridad, instaló en la agenda pública dos temas que no figuraban en ella: la cuestión demográfica y la política habitacional.

El Orden y la Vida

En el cuerpo humano, sin orden no hay vida. Si las células, los órganos y los sistemas que integran nuestro cuerpo no hicieran lo que les es debido conforme al orden propio de su funcionamiento normal, no sería posible la vida y vendría la muerte.

También en el cuerpo social, sin orden no hay vida y es posible que se instale la muerte. Cuando una o muchas personas vulneran el orden dado por normas – desde la Constitución hasta las ordenanzas municipales – que expresan la voluntad mayoritaria del pueblo soberano, el deber ineludible del Estado para defender la vida, la libertad y la justicia es restablecer el orden alterado, si es preciso usando la fuerza que, en una república democrática, es monopolio estatal.

Si se asume que el orden es condición necesaria de la vida en el plano social como lo es en el plano biológico, no sólo no hay contradicción entre orden y justicia o entre orden y libertad, sino que no puede haber justicia y libertad sin orden, ya que no puede haber justicia y libertad sin vida.

Por eso la sabiduría de Juan Domingo Perón le llevaba a afirmar que ser esclavo de la ley es el modo de ser libre en una comunidad organizada y a fijar los límites a los que debe ceñirse el comportamiento social y político afirmando: “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.

De lo antedicho se desprende que mantener el orden democrático establecido en las normas dictadas por los representantes del pueblo soberano, no es un comportamiento de derecha ni de izquierda, sino que es defender el básico derecho humano a la vida, que no se puede ejercer en plenitud sino en el marco de ese orden democrático.
De lo antedicho se desprende que el Estado no puede consentir la ocupación ilegal de espacios públicos – en este caso el llamado Parque Indoaméricano de Villa Soldati – por justificados que sean los reclamos de quienes realizan ese acto de alteración del orden democrático y debe proceder a desocupar el predio y restaurar el orden, recurriendo para ello a los medios a su alcance, según lo que establecen las normas y lo que aconseje la prudencia.

Cuando quienes tienen la responsabilidad de dirigir al Estado no son capaces de mantener el orden democrático, que es lo que sucedió en Villa Soldati, sea esa incapacidad debida a que carecen de los medios materiales para hacerlo – como fue el caso del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – o a que carecen de la voluntad política de hacerlo – como fue el caso del gobierno nacional – se pone en tela de juicio la legitimidad de ejercicio de esos gobernantes, ya que muestran incapacidad para cumplir con lo que es su misión más básica y esencial.

La Cabeza de Goliath

La Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 200 km2, equivalente al 0,007% del territorio continental argentino y en ese espacio habitamos unos 2,9 millones de personas, que representamos casi el 7% del la población total de nuestro país.
Los cordones del suburbano bonaerense ocupan unos 3.600 km2, alrededor de un 0,13% de la superficie de la Argentina (sin contar nuestro territorio antártico) y ahí viven unas 9,3 millones de personas, que representan el 22% del total de habitantes del país.

Dado que ambos espacios configuran una trama urbana única y continua, resulta que aproximadamente el 30% de la población argentina está hacinada en apenas el 0,137 % del total de nuestro territorio en condiciones de habitabilidad normal.
Esta anómala realidad – denunciada ya en la década de 1940 por Ezequiel Martinez Estrada al designar tal monstruosidad demográfica como “la cabeza de Goliath” – se agrava por el cuadro similar que se verifica en el Gran Rosario, el Gran Córdoba y el Gran Mendoza.

Acentúa esa deformación demográfica el hecho que el crecimiento “chino” de nuestro Producto Bruto Interno en los últimos años, en gran medida, es resultado de la producción agrícola que procede de ese vasto interior de nuestro territorio, escasamente poblado.

Parece evidente que existe una relación entre el aumento de los niveles de pobreza e indigencia que se vienen registrando en la Argentina en las últimas décadas, que hoy alcanzan a alrededor del 30% de nuestra población total, con la distorsión de la que dan cuenta los datos reseñados.

Es obvio que la demanda de bienes y servicios por parte de una población así concentrada que no genera una oferta de valor equivalente, es generadora de pobreza y que la pugna por la apropiación y uso de un suelo urbano escaso en relación a quienes pretenden ocuparlo, es fuente de tensiones y conflictos que llevan a episodios como los de Villa Soldati.

Aunque, como se mencionó antes, esa deformación en la relación entre población y territorio viene de lejos, la cuestión no ingresó en la agenda pública de debates y son escasas, esporádicas, aisladas y carentes de difusión las propuestas tendientes a elaborar un diagnóstico y tratamiento del problema.

La ausencia de iniciativas que aborden este crítico problema estructural de la Argentina – cuyo territorio es el octavo del mundo - en las instituciones del poder político, en el espacio mediático o en los círculos académicos. es expresivo de una miopía que, tal vez, la batalla de Villa Soldati pueda contribuir a que se atenúe.
En otros países del mundo el debate acerca de la cuestión demográfica está directamente vinculado al hecho que la globalización derribó o al menos debilitó las restricciones a la circulación de las personas que establecían los límites y fronteras.

De ahí que en esos países la cuestión que es motivo de discusiones que están en el centro de los asuntos públicas se relacione a las corrientes migratorias. En Estados Unidos el núcleo del debate gira en torno de los inmigrantes procedentes de México y de los países centroamericanos. En Europa de los que proceden del norte de África, el Este europeo y Medio Oriente.

En nuestro caso, aunque pueda ser plausible proceder a un análisis de la legislación y las políticas a seguir respecto del ingreso a nuestro territorio de inmigrantes procedentes de Bolivia, Paraguay, Perú, Uruguay y otros países latinoamericanos; no creemos que sea ese el núcleo del problema demográfico que describimos dado que, como se señaló, era ya grave y perceptible hace más de 60 años y por entonces no había corrientes migratorias hacia aquí desde otras naciones de la región.

La respuesta estructural al problema reside en formular y poner en marcha un programa concreto que permita el desarrollo de todas las provincias y regiones del país que permanecen en el atraso, sin aprovechar las potencialidades y ventajas comparativas disponibles en su territorio para retener a sus pobladores, en general escasos y atraer a quienes se hacinan hoy, sin posibilidades ni esperanza, en los grandes centros urbanos.

Se trata de elaborar y poner en marcha en todo el territorio nacional una nueva matriz industrial, capaz de armonizar el crecimiento económico con la calidad ambiental y la integración y justicia social, generando pleno empleo con trabajos estables, creadores de valor y por ello bien pagos, a los que puedan acceder los desempleados y marginados que se hacinan hoy en las villas miseria de las megalópolis y lograr así que “cada argentino produzca el doble de lo que consume”.


La prueba concreta de que esto es posible la brinda la provincia de San Luis que, merced a años de buen gobierno, retiene a sus habitantes e incluso atrae a los de otras provincias, dando un ejemplo que demuestra que es posible alcanzar un equilibrio entre territorio y población que hoy no existe, aunque es una condición necesaria para consolidar un desarrollo sustentable e integral de todas las personas y de toda la persona.

Un modo de lograr ese objetivo es concretar acciones que unan las consignas de Juan Bautista Alberdi (“gobernar es poblar”) y Juan Domingo Perón (“gobernar es crear trabajo”).

“…debe el gaucho tener casa…” [1]

El Parque Indoamericano de Villa Soldati fue ocupado por cientos de familias pobres que pretendieron justificar esa medida ilegal e indebida con el legítimo reclamo de acceder a una vivienda en un pedazo de suelo urbano donde tener una vida digna.

Sin mengua de la crítica que el acto en sí merece, del uso inescrupuloso que algunos hayan podido hacer de la desesperación de pobres y marginados para buscar réditos politiqueros o conquistar espacios de poder en beneficio del narcotráfico y el delito organizado e incluso de la posibilidad real de dar respuesta a la demanda; el reclamo es legal ya que la Constitución Nacional, en el último párrafo del artículo 14 bis, dispone que “la ley establecerá (…) el acceso a una vivienda digna”.

Es cierto que, pese ha que han transcurrido más de 50 años desde la inclusión de esta norma constitucional, no existe aún una ley que establezca de que modo todos los ciudadanos pueden tener acceso a una vivienda digna. Pero esa mora en poner en acto esta como otras disposiciones constitucionales, no invalida su vigencia o la legitimidad de la exigencia ciudadana para que se cumpla con ella.

Por lo demás, los cientos de familias que ocuparon el Parque Indoamericano de forma ilegal e indebida – vale repetirlo – son apenas una minúscula parte de unos 3 millones de hogares que componen el déficit habitacional argentino, magnitud que se mantiene inalterada desde hace 20 años, lo que prueba el fracaso de las políticas de vivienda de los gobiernos que se sucedieron, al menos, en las últimas dos décadas.
Vale tener en cuenta que la vivienda representa mucho más que las cuatro paredes y el techo que guardan de la intemperie y que la posibilidad efectiva de ser propietario y habitar una buena casa es una de las condiciones necesarias para llegar a ser persona, conforme a la dignidad de vida propia de la condición humana.

Si se acepta lo antedicho, hace 20 años que quienes integran un tercio de los hogares argentinos carecen de una vivienda que les permita llegar a ser personas plenas y a tener una vida digna.

Por lo demás, no es casual que el porcentaje de quienes habitan viviendas deficitarias sea equivalente al de los hogares argentinos en situación de pobreza ya que una de las causas del persistente déficit habitacional es, precisamente, el aumento de la pobreza. Así surge del hecho que, cuando en la década de 1970 se creó el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), la población pobre era un 6 por ciento del total y hoy creció al 30 por ciento.Para una mejor precisión en el diagnóstico del problema y la búsqueda de soluciones conviene tener en cuenta que la condición deficitaria de esas 3 millones de viviendas no es uniforme ya que incluye:
unas 500.000 viviendas irrecuperables,
unas 900.000 viviendas en situaciones deficitarias superables mediante diversas soluciones habitacionales (regularización del dominio, infraestructura básica, ampliaciones para resolver hacinamientos, refacciones, créditos blandos para cambiar de vivienda, vivienda progresiva para parejas jóvenes, etc.) y
1.600.000 viviendas deficitarias recuperables, cuyos habitantes no tienen capacidad financiera para concretar su mejoramiento.

Esa diversidad estructural del déficit habitacional no es contemplada por las políticas públicas de vivienda que aplican la mayor parte de los recursos a construir viviendas nuevas, que demandan una inversión inicial por unidad de unos 30.000 dólares (sin incluir los costos de terreno e infraestructura), a lo que se agrega que el nivel de recupero de la inversión es insuficiente y que se tienden a registrar mayores costos por la desvalorización del dinero invertido, los sobreprecios y la inflación.

Eso se desprende de auditorias del año 2008 según las cuales, del total de 5.725 millones de pesos que el sector público (sumando el FONAVI y Programas Federales) aplicó a la vivienda, un 52 por ciento fue para construir nuevas viviendas; un 18 por ciento para las llamadas soluciones habitacionales; un 17,6 por ciento a gastos operativos, amortización de créditos, etc. y un 11,4 por ciento a obras de infraestructura y equipamiento.

Asignar más del 50% de la inversión a construir viviendas nuevas para atender al 17% de la demanda (viviendas deficitarias irrecuperables) y menos del 20% a soluciones habitacionales y financiamiento para más del 80% por ciento de la demanda (viviendas con déficit superable o recuperables), es algo peor que un manejo torpe de los recursos presupuestarios.

Es privilegiar a la oferta (las empresas constructoras de nuevas viviendas y la cadena que componen), que paga retornos a los funcionarios públicos con capacidad de decisión y no a la demanda, que son las familias y personas que expresan el déficit habitacional argentino.

Esto tampoco es una novedad ya que el FONAVI, en toda su historia, produjo un promedio anual de menos de 40.000 nuevas viviendas, cifra muy inferior a las 72.000 viviendas que suma el aumento anual de la demanda de hogares nuevos que no pueden acceder por sí a la casa propia, lo que también explica la persistencia del déficit habitacional.

La necesidad insatisfecha del acceso a una vivienda propia y digna abarca a muchos y diferentes sectores sociales en todo el territorio nacional en un amplio espectro que incluye, por ejemplo, a parejas jóvenes de clase media que pagan un alto alquiler por un departamento, pero no consiguen acceder a un crédito hipotecario que les permita comprarlo. Otro ejemplo son familias numerosas y muy humildes, que reciben un subsidio del Estado por no tener empleo y deben pagar 600 pesos o más por una casilla en una villa miseria.

De ahí que las respuestas para ir reduciendo el persistente déficit habitacional argentino deben abordar esa diversidad de situaciones e integrar las miradas sobre ese fenómeno de los actores de la política, la sociedad civil, la empresa y los representantes de todas las Provincias, que formulen política nacionales estratégicas que se apliquen de forma continuada, al menos, durante una o dos décadas.

En cuanto a las villas miserias que representan la expresión más grave de la crisis de vivienda en la Ciudad de Buenos Aires, creemos que un objetivo central debe ser lograr la integración de los espacios y las personas que forman hoy las villas con la trama general de la Ciudad, quebrando la desintegración cultural mediante un cambio en la mirada, en general cargada de prejuicios, con la que los de “afuera” solemos ver a los de “adentro” de la villa. Dada la dimensión, complejidad e importancia de la problemática habitacional argentina, avanzar hacia su solución requiere también ampliar el volumen, accesibilidad, plazos y costos del crédito hipotecario, que en nuestro sistema financiero aún es escaso.

Por caso, establecer una línea de subsidios efectivos y sustentables de las tasas de interés que cobren las entidades financieras por el otorgamiento de créditos hipotecarios a largo plazo, que deben ser subsidios parciales, aplicados cuando y donde sean útiles y necesarios para promover y multiplicar recursos financieros, de mano de obra u otros y que deben ser explícitos, transparentes y destinados a financiar a la demanda y no la oferta.Por último pero no por eso menos importante, deben diseñarse y poner en marcha líneas y procedimientos de microcréditos, destinados a financiar soluciones habitacionales y otros procedimientos de mejora de las viviendas par los sectores menos pudientes.En suma y en síntesis, se trata de realizar ese programa que el genio poético de José Hernández resumió en estos versos de su Martín Fierro:

“Es el pobre en su orfandá
De la fortuna el desecho
Porque naides toma a pecho
El defender a su raza:
Debe el gaucho tener casa,
Escuela, iglesia y derechos”.

Buenos Aires, 12 de diciembre de 2001
Día de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América

[1] Sobre el tema de este subtítulo ver exposición del Lic. Zenón Biagosch, Director de la Escuela de Negocios de la UCA, en el Congreso de Vivienda y Desarrollo Humano de la Universidad Católica Argentina (octubre 2010)

11 dic. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Vacío de Estado
por Jorge Raventos

Entre el fin de la noche del viernes 10 y la madrugada del sábado 11, el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires iniciaron finalmente un diálogo, después de una semana de choques verbales por los medios mientras, el poder era un desaparecido en el sur porteño.

El encuentro tuvo sus rasgos propios. Aníbal Fernández recibió a Mauricio Macri en la Casa Rosada, menos en su función de representante del gobierno que como perito de parte de los sectores que tenían intrusado desde hacía una semana un predio público de 130 hectáreas: “"Los ocupantes del parque Indoamericano nos pidieron que intercediéramos y fuéramos garantes de una reunión con el jefe de la ciudad", relató Fernández vía Twitter. Prosiguió, en tiempo real: “: "Ya arribó a casa de gobierno Mauricio Macri y estamos esperándolo junto a los representantes de los ocupantes”.
Esa performance era el primer gesto para romper la inacción que ya llevaba cobrados tres muertos.

El sábado 4 de octubre, los vecinos de los edificios de Villa Soldati lindantes con el Parque Indoamericano, en la frontera Sur de la ciudad de Buenos Aires, observaron los movimientos incipientes de una ocupación del lugar por parte de personas que parecían decididas a establecer allí viviendas precarias. “Serían veinte o treinta –explicó uno de los vecinos-; enseguida dimos el alerta a la policía. Si se hubiera reaccionado rápido no habría ocurrido lo que tuvimos que lamentar después”.

Dos días más tardes los ocupantes se contaban por cientos. Fue (recién) entonces cuando la jueza porteña María Cristina Nazar firmó una orden de desalojo, que cumplieron la Polícía Metropolitana –un cuerpo que apenas transita un estado embrionario- y la Federal.

Algunas escenas captadas por las cámaras de tevé mostraron a hombres de la Federal en acción, cumpliendo la instrucción judicial con un derroche de energía que, al parecer, asustó a la Presidente, sobre todo porque coincidió con el hecho de que los incidentes terminaran con dos víctimas fatales. Aunque no había ninguna evidencia de que los muertos hubieran caído por balas policiales (más bien se piensa que las armas usadas fueron “tumberas”, unas escopetas caseras que emplea la delincuencia más rústica), a partir de ese instante el gobierno nacional decidió castigar a los agentes ("esos señores de uniforme golpeando se van a ir expulsados de la fuerza directamente", resumió el jefe de gabinete Aníbal Fernández.) y replegarse: abandonó así su intervención en un amplio espacio en situación de riesgo, en un distrito al que legalmente debe garantizarle seguridad y que, por otra parte, es la sede de las autoridades federales. El predio volvió a ser ocupado el mismo martes por la noche.

El Parque Indoamericano está flanqueado en parte de su perímetro por edificios de departamentos que ocupan trabajadores y miembros una clase media modesta, que accedieron laboriosamente a la propiedad. Esos vecinos ya conviven en las proximidades de una cadena de villas de emergencia (la 20, la 1-11-14, la 3) que son, como todo el mundo sabe, fragmentos del territorio argentino de los cuales el Estado se ha ido alejando paulatinamente y donde el control es ejercido cotidianamente por poderes fácticos, principalmente ligados al mundo delictivo y al tráfico de sustancias. La perspectiva de que, en lugar de que las villas actuales sean urbanizadas y erradicadas en tanto tales, el inmenso Parque Indoamericano se convierta en el asiento de otra aterró a los vecinos de Soldati y Lugano, que vieron ante sí un fenómeno que uno de ellos definió de inmediato: “Esto es la favelización. Lo que Lula está combatiendo en Rio de Janeiro se va a desarrollar en el sur de la ciudad de Buenos Aires”.

En verdad, en los últimos años –coincidiendo con un período de formidables precios internacionales para las exportaciones argentinas. de incremento del producto bruto y de la recaudación fiscal y de proclamada (por el gobierno) caída de la pobreza, la población de villas de emergencia se ha incrementado en un 50 por ciento. Muchos de sus habitantes son inmigrantes de países limítrofes; los argentinos son la minoría más numerosa. La discriminación verbal contra los no argentinos es un factor que desvía el análisis: la inquietud de los vecinos establecidos está motivada por la peligrosidad que asignan a la condición de "villero", más que a la nacionalidad. Observan a la villa como el espacio donde el Estado ha sido reemplazado por el poder del delito y la violencia.

El gobierno de la Ciudad Autónoma y tres jueces reclamaron con insistencia al gobierno nacional, entre el miércoles y el viernes, que enviara la Policía Federal para prevenir enfrentamientos y para recuperar el espacio público usurpado, pero a esa altura el gobierno nacional ya había remachado su decisión de no intervenir: “Esto no se resuelve con la fuerza”, argumentaba Aníbal Fernández que, sin embargo, sólo desempolvó ese precepto después de que las fuerzas (que hasta entonces dependían del ministro Julio Alak y, de hecho, de él mismo), fueron puestas bajo sospecha por la señora de Kirchner y por las más conspicuas organizaciones de derechos humanos.

El jueves los enfrentamientos escalaron: hubo tiros entre ocupantes y vecinos. Se sumó otro muerto. Algunas fotos panorámicas que publicarían los diarios al día siguiente parecían escenas de la guerra de Paraguay pintadas por Cándido López.
Con el Estado ausente, la guerra del Parque Indoamericano, siguió elevando la temperatura y si no llegó más lejos fue porque, pese a la presencia de agitadores organizados, provocadores y termocéfalos, un número extendido de gente sensata de ambos bandos (usurpadores y vecinos establecidos) tomó distancia de los enfrentamientos.

De todos modos, los choques arreciaban el viernes por la tarde, mientras la Presidente festejaba en la Casa Rosada el tercer aniversario de su acceso al cargo, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Aunque a esa hora ya había recibido una carta de Mauricio Macri solicitándole una audiencia para insistir en la necesidad de que el gobierno nacional “no abandonara al Sur de la Ciudad de Buenos Aires”, la señora de Kirchner en su aparición por la cadena nacional de radio y televisión sólo aludió al jefe de gobierno indirectamente, tomando distancia de la xenofobia que ella le imputa. Tampoco se refirió a los hechos que ocurrían en ese instante en el Parque (llegó a temerse otra víctima fatal, las ambulancias no podían recoger a los numerosos heridos porque eran atacadas, las escasas fuerzas de la Policía Metropolitana se veían forzadas a abandonar el lugar por el mismo motivo); cuestionó a “la mano dura”, aunque en rigor lo que pasaba en Villa Soldati parecía más relacionado con “la mano ausente”.

Pese a lo que lucía como un esfuerzo por ignorar la magnitud de los hechos, la Presidente dio una señal de cómo estaban golpeando al gobierno al anunciar la designación de Nilda Garré como ministra de Seguridad. Hasta ahora (en rigor, hasta el miércoles cuando ella asuma) el ministerio de Justicia y Seguridad reunía las dos carteras bajo el mando de Julio Alak (si bien el área de seguridad siempre contó con el control directo de Aníbal Fernández). La flamante designación contradice una enseñanza de Perón (no cambiar de caballo en medio del río), seguramente provocará el alejamiento de Julio Alak y deja herido en el ala a Aníbal Fernández, que mantiene una vieja tensión con Nilda Garré y con un protector principal de ella, el periodista Horacio Verbitsky, que la orientó en su gestión en la cartera de Defensa y que ha sido muy escuchada tanto por Néstor como por Cristina Kirchner. La penúltima divergencia entre Verbistky y el jefe de gabinete se dio hace poco, a raíz de los choques entre la policía de Formosa y una demostración de aborígenes locales.

El CELS de Verbitsky embistió contra el gobernador Gildo Insfran en momentos en que varias organizaciones de derechos humanos solicitaban la intervención de la provincia. Fernández, por su parte, le advirtió al presidente del INADI, el ente oficial anti-discriminación, que cancelara cualquier ataque contra el mandatario. En esa ocasión Fernández pareció adivinar la necesidad de la señora de Kirchner de no chocar contra la red de gobernadores y jefes territoriales justicialistas; de hecho: contemporáneamente ella misma apareció junto a Insfran ante las cámaras.

¿Cómo interpretar movimientos de la Presidente que parecen contradictorios entre sí: la convocatoria al FMI, la distancia en relación al eje chavista en la Cumbre Iberoamericana, el cuestionamiento tácito de las estadísticas del INDEC, el reforzamiento del vínculo con los organismos de derechos humanos, la protección de Insfran, la entrega de la cartera de Seguridad a Garré y Verbitsky? ¿Cómo interpretar la parálisis del Estado nacional, replegado y ausente durante varios días mientras una amplia zona de la ciudad que es sede del gobierno atraviesa picos de violencia, anarquía y muerte?

Es difícil encontrar en aquellos movimientos y en ese vacío una lógica intrínseca. Son, más bien, la consecuencia de un hecho que ocurrió hace menos de 50 días: la salida de escena de Néstor Kirchner. Aquel 27 de octubre señalábamos en esta columna que con la muerte de Kirchner “se disuelve abruptamente el eje ordenador y conductor del sistema de poder vigente. Ese sistema de poder estuvo siempre concentrado, centralizado y articulado por Néstor Kirchner, tanto mientras ejerció personalmente la presidencia como durante el tiempo en el que ese cargo ha estado ocupado por su esposa. Su desaparición corta de un tajo los hilos de todas las redes –políticas, partidarias, sindicales, empresariales- que llegaban a esa terminal única que Kirchner representaba. Un cortocircuito de semejante magnitud no puede sino someter a grave riesgo la gobernabilidad”.

Hay quienes confunden el incremento de opiniones favorables que la señora de Kirchner recibe en las encuestas, con fortaleza. Error. Néstor contaba con porcentajes más bajos, pero tenía poder. Ella tiene mejores encuestas, pero no ha heredado ese poder. Y lo sabe. Por eso trata de evitar tantas confrontaciones como las que Kirchner se permitía y promovía, por eso busca hacer clinch con gobernadores y jefes territoriales más allá de lo que íntimamente pueda pensar de ellos; por eso es prudente con Moyano y “terceriza” la tarea de limitarle los movimientos, por eso trata de acercarse a los empresarios importantes (con una excepción), por eso no quiere perder la certificación de calidad que otorgan las organizaciones de derechos humanos y les entrega a ellos el manejo de las fuerzas de seguridad, previendo que tenga que emplearlas en los meses próximos por un incremento de la conflictividad.

Su rumbo está regido menos por sus deseos que por sus necesidades.

Los hechos del Parque Indoamericano muestran con qué velocidad se produce el efecto de vacío. Verdad y consecuencia.

4 dic. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

La única verdad es la virtualidad
por Jorge Raventos


¿Habrá que corregir aquella famosa frase de Juan Perón (sugerida por Rogelio Frigerio) que afirmaba que “la realidad es la única verdad” y postular, ahora, que “la única verdad es la virtualidad”?

Por si no alcanzaban los innumerables correos electrónicos de Manuel Vásquez -el asesor ad honorem del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime- como ejemplo de libro de que en estos tiempos la política navega (y a veces naufraga) en los océanos de la información y la informática, el mundo proporcionó una hiperbólica exposición de esa verdad con la inundación de cables secretos del Departamento de Estado de Estados Unidos provocada por la misteriosa entidad conocida como WikiLeaks.

Por cierto, los casi 30.000 correos registrados en los discos rígidos de Vásquez parecen poca cosa comparados con los -por lo menos- 250.000 que WikiLeaks sustrajo a Washington. Pero desde el punto de vista de la política doméstica argentina los mails del testaferro de Jaime tienen la virtud de la segmentación temática: de ellos surge el relato pormenorizado de una matriz de recaudación empleada durante todos los años de gestión de las administraciones kirchneristas. Los mails de Vásquez están mayormente virados a los asuntos de transporte (parece verificarse que su consultora actuaba como excusa de papel para facturar sistemáticamente, so pretexto de estudios o análisis, gestiones o decisiones que favorecían a empresas privadas locales o extranjeras y que se concretaban en erogaciones, compras, subsidios o autorizaciones del Estado argentino); sin embargo, las gestiones de Vásquez no se limitaban a aquella rama, alcanzaban inclusive las campañas de fund-racing del oficialismo en vísperas de elecciones.

Por instrucción “del número 1” –dicho en álgebra: Néstor Kirchner-, Vásquez y un socio español recolectaban fondos de campaña solicitándolos a empresas extranjeras que hacen negocios (como proveedoras, concesionarias o, simplemente, beneficiarias) con el Estado argentino y dependen en esa actividad de los buenos o malos humores de la autoridad que sube o baja el dedo. Favor con favor se paga. Las sumas que Vásquez (por sugerencia del número 1) solicitaba a esos contribuyentes oscilaban entre el medio millón y los 2,5 millones de dólares.

Con alguna variante, la matriz que emerge de los correos electrónicos de la mano derecha de Ricardo Jaime, se aplicó en operatorias análogas. Héctor Capaccioli, el recaudador oficial de fondos para la campaña presidencial de Cristina Kirchner en 2007 era superintendente de Salud de la Nación y recaudaba principalmente en el área que debía supervisar (consiguió recaudar y blanquear mucho para la contabilidad de la campaña con la ayuda de laboratorios farmacéuticos, algunos de los cuales están ahora sometidos al escrutinio y la indagatoria judicial por falsificación de medicamentos o de documentación). Claudio Uberti actuaba en relación con Venezuela con el mismo estilo con el que Vásquez se movía en la península Ibérica y en otras localizaciones por asuntos vinculados con el transporte.

La densidad de la información encerrada en los mails del hombre de confianza de Ricardo Jaime es incomparable para la Justicia argentina. Pero, aunque muchas veces describan trivialidades, ¡qué colorido tienen los cables que distribuyó WikiLeaks, auditados por cinco prestigiosas publicaciones (cuatro diarios, un semanario) de Occidente: The New York Times, The Guardian, El País, Le Monde y Der Spiegel. Los redactores de esos correos –muchas veces firmados por los propios embajadores- abundan en datos surgidos de conversaciones con fuentes de alto nivel de los destinos que les toca ocupar: ministros, secretarios de Estado, altos funcionarios, periodistas, analistas, hombres de negocios.

La vivacidad de sus descripciones es, quizás, una señal de escepticismo sobre los destinatarios de la información: funcionarios diplomáticos que filtran en sus despachos lo que, en mínima proporción, dejarán llegar a los ojos del Secretario de Estado. Es preciso conmover a esos lectores fríos con detalles sabrosos y eventualmente dramáticos: la enfermedad de un mandatario siempre viene bien para esos fines, los riesgos para la estabilidad de un gobierno, una crisis, un default, huellas de corrupción, lazos con el crimen organizado o el narcotráfico: eso siempre permite una trama interesante.

Con intereses en todo el mundo (y con un papel planetario que el mundo, de buen o mal grado, le atribuye o reclama) la cancillería estadounidense es, en una de sus facetas, una gigantesca agencia informativa, que produce y digiere información de todas partes. Sus diplomáticos no hacen nada demasiado distinto de lo que deben hacer sus colegas de Argentina, Brasil, China o Kenya; las diferencias son de cantidad, de grado. Y, por sus consecuencias, de calidad.

Para cualquier diplomática resulta una catástrofe que se exponga en público aquello que fue concebido para informar discretamente a sus superiores. Es a estos a quienes tiene que procurar decirles (exagerando, inclusive, para llamar su atención) toda la verdad y nada más que la verdad. A sus interlocutores locales, cotidianos, autoridades del país anfitrión tienen que mostrarles su rostro más simpático y cooperativo pero no están en absoluto obligados a decirles ni “toda” la verdad, ni “nada más que” la verdad. En ese sentido, la franqueza de las “conversaciones francas” diplomáticas nunca dejan de tener esos límites, propios de la actividad.

Los profesionales saben cómo son las cosas: saben que la actividad requiere de esas cortesías, de esas verdades parciales, pero saben también que las partes están obligadas –también por ley de juego- a reaccionar públicamente si se hace público lo que debía ser privado. Por eso el juicio objetivo no cuestiona a Estados Unidos por las cosas que dicen los cables de sus diplomáticos, sino porque cayeron en la chapucería de permitir la filtración.

Es que lo más complicado para los autores de esos mensajes no reside en que las autoridades locales descubran la opinión o el juicio del embajador sobre ellos, sino que trasciendan detalles de algún acuerdo que involucra a terceros. Por ejemplo, en el caso argentino, el dato de que Cristina Kirchner acordó colaborar con Washington para “contener” a Evo Morales (discretamente, “para evitar la sospecha” de Morales). O que quede descolocado un interlocutor confiado, que puede ser una fuente permanente de información para la embajada. En varios de los mensajes que trascendieron emitidos por la embajada en Buenos Aires ocurre este traspié: se transcriben comentarios muy notables de, por caso, Sergio Massa, que fue jefe de gabinete de Cristina Kirchner, en los que afirma que Néstor Kirchner (que aún vivía) era un “monstruo” y un “perverso”. Mazza –como era inevitable- negó haber hecho esas juicios.

Igual que Mazza otros interlocutores quedaron en falsa escuadra. Como se ha dicho, lo que daña (al menos por un tiempo, al menos en ciertos círculos) no es tanto la palabra pronunciada como la publicidad inesperada de esas frases. Hace unas semanas, el presidente de Uruguay, José Mujica, comentó un hecho parecido: aquellas duras palabras sobre Argentina y los argentinos del ex mandatario oriental Jorge Batlle, que eran parte de una conversación personal y fueron registradas y difundidas por un micrófono que permanecía abierto. “La desgracia –diagnosticó Mujica- fue esa: que lo que dijo tomara estado público”.

En el caudaloso río de las filtraciones provocadas por WikiLeaks los mails sobre Argentina apenas son una gotita que representa menos del 1 por ciento. Sin embargo, parte de la información que allí se incluye está por encima de la trivialidad.

Es cierto que así como se habla de las bellas enfermeras búlgaras que prefiere Muammar Kadafi o de las “fiestas salvajes” de Silvio Berlusconi, en el caso argentino los cables se detienen en el carácter brusco de Mauricio Macri o en una rumoreada vulnerabilidad psíquica de la presidente, pero más allá de esos aspectos, los informes reservados desde Buenos Aires (los que hasta ahora se conocen, puede haber más novedades) ofrecen datos de la máxima relevancia sobre la reticencia del gobierno a cumplir con los compromisos internacionales en torno a la investigación de operaciones de lavado de dinero.

En esos cables, citando como fuente al jefe operativo del Grupo de Acción Financiera que viajó a Buenos Aires a supervisar las acciones sobre el lavado de dinero, se consigna que la mayor parte de esos fondos “son producto de la corrupción política”, que el jefe de gabinete Aníbal Fernández “frustró sistemáticamente” los avances hacia una investigación en profundidad y que “los Kirchner y su círculo simplemente tienen mucho para ganar con un débil cumplimiento de las normas”.

Se menciona en los cables una negativa a colaborar con pedidos de Suiza, Lichtenstein y Luxemburgo (paraísos fiscales) que querían investigar sospechosos movimientos de fondos del “círculo íntimo” en aquellas plazas. Y se consigna que tres años atrás el actual jefe de gabinete manejó un equipo dedicado al espionaje de las comunicaciones de políticos opositores (u oficialistas sospechados de desvíos), jueces, empresarios y periodistas.

Es decir: en paralelo a la información superficial y a las rutinas, la embajada reportaba al Departamento de Estado sobre algunas acciones que, al menos en Argentina, entrañan la posible comisión de delitos. Al tomar estentóreo estado público, estas afirmaciones adquieren una indiscutible relevancia política y, en su medida y armoniosamente, formarán parte del juicio de la ciudadanía. Ahora bien, ¿es irrazonable que también puedan alcanzar significación judicial?

Mientras asistimos a la pujante ofensiva de la esfera que llamamos virtual, la política y su mundo de seres reales empieza a desperezarse, preparándose para el decisivo 2011. La presidente, milímetro a milímetro va girando el timón que antes empuñaba Néstor Kirchner. La semana pasada se comentaba la convocatoria al Fondo Monetario Internacional para que ayude a rehacer el desacreditado Instituto de Estadísticas (dos blancos con un solo tiro), o la visita a la Conferencia Industrial en busca de un clinch con un sector del empresariado; esta semana observamos el perfil moderado que adoptó la representación del país en la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, resistiendo junto a Colombia, Perú, Brasil y Chile las posturas hirsutas del Eje chavista (Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia), empeñados en una fraseología anti estadounidense.

Para las posturas más ansiosas, esos corrimientos oficiales son mínimos y ni siquiera llegan a ser cosméticos. Tienen, sin embargo, un potencial simbólico, ya que embrionariamente indican una tendencia –llamémosla autocrítica- a rectificar las prácticas que orientaba Néstor Kirchner en vida. “Estos pasos o pasitos no se hubieran producido si estuviera él”, diagnosticó un hombre del riñón K. Y al decirlo, su tono no era de nostalgia, sino de alivio. Habrá que ver si los retoques milimétricos alcanzan para consolidar un nuevo dispositivo de decisión y disciplina en el oficialismo, capaz de darle consistencia en el año electoral.

Ahora, ya en el codo del 2011, la promesa de competencia en las urnas empieza a expresarse de manera orgánica. Los partidos hacen sus aprontes y empiezan a presentarse los precandidatos. En pocos días lanzará oficialmente su postulación Eduardo Duhalde desde el Peronismo Federal; el viernes lo hizo, primereando a todos, Ricardo Alfonsín desde el seno de la UCR.

El acto radical realizado con el Congreso a las espaldas y con la vista puesta en la Plaza de Mayo mostró un público entusiasmado, una amplia presencia juvenil y un Alfonsín que dio examen de orador elocuente, expresivo y razonable, reflexionando llanamente ante sus “muchachos” , descartando frases facilistas y respondiendo a las críticas más habituales que se han registrado sobre su candidatura. La primera oferta de aspiración presidencial mostró, desde la UCR, capacidad competitiva. Las que se irán sucediendo agregarán nuevos elementos. En conjunto, la sociedad va a encontrar un arco variado de instrumentos para abrir nuevas posibilidades.

Hasta el oficialismo empieza a rebuscar los caminos y a evaluar los nombres que le permitan convertirse en esa alternativa al kirchnerismo que murió con Néstor Kirchner.

30 nov. 2010

LA MALA VIDA

por Claudio Chaves

El 27 de noviembre de 2003 publiqué en INFOBAE un artículo que hoy, frente a los hechos ocurridos en Río de Janeiro, Brasil, cobra vigencia y actualidad, y que en aquellos años no se avizoraba como un gran peligro como sí ocurre en el presente dado la brutalidad que han adquirido, en Argentina, Brasil y México.
Reenvío aquel artículo a propósito de otro aparecido hoy (30/10/10) en La Nación on line escrito por Rolando Hanglin en el mismo sentido que el mío. Pongo al lector, entonces, en contacto con lo escrito hace siete años.



El delito y el narcotráfico más rápido que tarde serán los problemas centrales por resolver. Quienes no aborden el asunto con la severidad que se merecen, serán superados por los acontecimientos que lamentablemente sufriremos todos, responsables e irresponsables.

En la historia de nuestra golpeada patria el combate al delito no es novedoso. El país padeció en el siglo XIX el largo drama del indio. Las intermitentes entradas de la marginalidad pampeana sobre las poblaciones indefensas ocasionaron males imborrables y odios inextinguibles. Ciudades como Tapalqué, Azul, Tandil, 25 de Mayo, Junín, Pergamino, como así mismo Río Cuarto, Villa Mercedes, San Rafael y tantas otras, vivieron años de horror y desesperanza. Las entradas indígenas ocasionaban todo tipo de males. Robaban cuanto podían incluyendo el secuestro de hombres, mujeres y niños que usaban en sus tolderías para las labores más viles, lograban venderlos por algunas monedas en Chile, o pedían rescate a sus familiares directos.

Extorsionaron sistemáticamente a los distintos gobiernos para lograr de ellos una paga que comprara su irrecuperable conducta.

Plagados están nuestros archivos históricos de estos acuerdos pampas. Sueldos para los caciques, sueldos para los caciquejos, sueldos para los capitanejos y sueldos para todos. Un regalo inexplicable para mantener una paz que jamás se cumplía. Se les regalaba, también, azúcar, yerba, tabaco, alcohol y ganado.
Fortunas inmensas se gastaban para comprar su extorsión.
Los florecientes pueblos y villorrios que recostados sobre las fronteras de la civilización sufrían el permanente acoso de los malones pedían a gritos una solución definitiva.

Ya en épocas pasadas,1833, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Don Juan Manuel de Rosas había intentado una Campaña, exitosa en parte, sobre los indios del sur de Mendoza, sur de San Luis, sur de Córdoba y sobre los de su provincia. Había encomendado la conducción de dicha guerra a su amigo y caudillo el riojano Facundo Quiroga a quién le informaba sobre la necesidad de "acabar con todos los indios". Facundo rechazó el ofrecimiento aduciendo desconocer sobre este tipo de guerra. Sin embargo el riojano no se desentendió totalmente del problema. Le llamaba la atención que la columna del centro comandada por el General Ruiz Huidobro y los hermanos Reinafé, Jefes de su Estado Mayor y políticos de la Provincia de Córdoba -uno de ellos Gobernador- cuando planificaban caer sobre los toldos del cacique Yanquetruz, misteriosamente, los indígenas se, hacían humo. Esto llevó a Facundo a acusar a los Reinafé de cómplices y buchones del cacique, y las razones muy simples, participaban del negocio del robo de ganado ejecutado por los ranqueles y reducido por estos.
La frontera era una delgada línea donde todo se confundía y todo se arreglaba.

Así estaban las cosas en aquel país y para colmo, empeoraron. En la década del 70' el asunto indígena era la principal preocupación de la vida pública.

La Argentina se encaminaba a su objetivo de nación agro exportadora y el clima de inseguridad no podía continuar. Quien resolviera el drama se colocaba en el centro de la escena nacional.

El vicepresidente Alsina elaboró, entonces, un plan que consistió en un avance lento y permanente sobre el desierto "el plan del Poder Ejecutivo es ir ganando zonas por medio de líneas sucesivas". En una palabra, un lento evolucionar que provocaría la resignación y la natural incorporación del indígena a la vida social, al verse atropellado por la civilización. Completaba esta alucinación la loca idea de construir una zanja de 650 kilómetros de extensión de dos metros de profundidad y tres metros de ancho con la que pensaba persuadir al indio sobre sus robos impidiéndoles su retorno con el ganado arrebatado. El disparate estaba fundado en la idea de que esta campaña era contra el desierto y no contra el indio. El garantismo del siglo XIX se dio de bruces con la realidad.

El Coronel Roca, a la sazón, Comandante de la frontera de Río Cuarto polemizó con su superior en periódicos de la época y objetó su idea en los siguientes términos:
"Los indios mirarán este plan como un ataque a sus derechos, pues consideran suyos estos campos, y aún los que actualmente ocupamos. Nos acusarán de ser nosotros los primeros en faltar a la fe de los tratados y se prepararán a oponernos la más tenaz resistencia."

De manera que a juicio de Roca el proyecto Alsina contra el Desierto y no contra el indio era tan solo una ilusión.

La respuesta indígena al vicepresidente Alsina, no se hizo esperar. En 1876 se produjo lo que se conoce como la "invasión grande". Masivo y mortal ataque indígena sobre Azul, Tapalqué y Tandil provocando más de 400 muertos, quinientos secuestrados cautivos, y 300.000 cabezas de ganado en manos de la marginalidad.

Fue muy perniciosa la acción de Alsina y si se quiere ingenua al pensar que el indio vería avanzar la civilización sin defenderse.

No quedaba más que el plan de Roca:
"Vamos pues a disputarles sus propias guaridas, lo que no conseguiremos sino por medio de la fuerza. A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios es el de la guerra ofensiva. Hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles”.

Roca tenía en claro que solo el Ejército estaba en condiciones de una guerra ofensiva para concluir con el problema del delito indígena, las viejas Guardias Nacionales –especie de Policías de Provincias- estaban, invariablemente, complicadas con el robo o absolutamente superadas por la capacidad militar del indio.
Roca aseguraba, asimismo, que era inadmisible la existencia de “fronteras interiores” es decir territorios donde el Estado Nacional no ejercía ningún control.
Nos hallamos en, consecuencia, a más de cien años de aquellos acontecimientos a fojas cero. En Brasil la delincuencia ha golpeado en una de las ciudades más pujantes y populosas de América del Sur. Es sólo un aviso.

¿Continuaremos esperando y que el tiempo empeore lo que los hombres no se animan a solucionar? La Argentina no está inmune de acontecimientos similares.
Los santuarios del delito son impenetrables por las fuerzas de seguridad y el Estado. Ciertas favelas y algunas villas son las actuales “fronteras interiores” alguien debe penetrar en ellas y concluir con la delincuencia agazapada. ¿Lo hará la Policía?

Debemos pasar a la ofensiva “hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles”.Es un enorme disparate alejar a las Fuerzas Armadas del conflicto con el narcotráfico y la narcodelincuencia.
Pagaremos muy caro este error gigantesco.

27 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Leyendas, verdades
y discos rígidos
por Jorge Raventos


Apenas se ha cumplido un mes de la desaparición de Néstor Kirchner y ya se observan divergencias asombrosas en torno a la interpretación de su trayectoria y su herencia. Desde el oficialismo se dibuja una dudosa historia heroica, que convierte al muerto en un abnegado combatiente de los años setenta, un luchador constante por los derechos humanos que, al parecer, atravesó inmaculadamente varias décadas de peripecias políticas para convertirse al fin en un redentor; un personaje providencial resumido en una frase que con ojo clínico descubrió y citó el filósofo Tomás Abraham: “un flaco y desgarbado muchachito de Santa Cruz (que) vino a catalizar fuerzas visibles y subterráneas de una realidad en estado de intemperie”.

El gobierno bendice, claro, tal construcción mítica, y ha cedido la tarea de erigir ese altar patriótico a una legión de intelectuales, comentaristas y polígrafos vocacionales y profesionales, provenientes en general de las filas del sedicente progresismo.

En un artículo reciente, Beatriz Sarlo aludió a los motivos que alegan esos intelectuales para su opción por la hagiografía : “una síntesis de estas razones –dice Sarlo- puede leerse en los documentos de Carta Abierta y sus principales cabezas, que son textos sencillos en los que se desarrollan tres temas: el regreso de la política después de la crisis; el carácter popular de la gestión social de la pobreza; el restablecimiento de una noción de soberanía nacional. Esos tres puntos obviamente no incluyen ni la corrupción institucional, ni las presiones sobre la Justicia, ni los delitos económicos, ni el gerenciamiento clientelístico de la miseria, ni el acuerdo con los representantes más típicos del caudillismo provincial o municipal y el sindicalismo mafioso (los apellidos pueden variar).”

Cuando al disciplinado coro de los propagandistas se les insinúan estos asuntos, suele ocurrir, como escribió Abraham, que “en seguida salte la recriminación condenatoria en nombre de la muerte, del martirio, de los desaparecidos, de los torturados”. Ese sector considera que enarbolar los derechos humanos funciona como un talismán mágico o un detergente, que todo lo permite o todo lo limpia.

De los discos rígidos que la Justicia incautó en las computadoras de un asesor de Ricardo Jaime -el ex secretario de Transporte que tenía línea directa con Kirchner- comienzan a emerger detalles de una historia diferente, más equívoca que mítica, decididamente lejana de la leyenda oficial.

Por el momento lo que surge son fragmentos de un diseño incompleto, pero en el que ya se perfilan situaciones, relaciones y personajes reconocibles. Lo que empezó como una investigación sobre enriquecimiento ilícito del ex secretario, amante de los yates y los jets privados, parece concretarse ahora como una matriz de recaudación en la que surge, a veces tácita, a veces invocada, la figura del “número 1”. Esa matriz de recaudación luce calcada de la que ya se entreveía en el caso de Venezuela: en uno y otro caso hay una “embajada paralela” destinada a pilotear negocios importantes con el Estado Argentino. Claudio Uberti (cuyo cargo formal era la titularidad del órgano de concesiones viales) era el eje discreto de los negocios paralelos con el régimen de Hugo Chávez que pivoteaban alrededor del petróleo y del fideicomiso que abría parcialmente puertas para vender productos argentinos a Venezuela. La consultora encabezada por Manuel Vásquez, el asesor ad honorem de Ricardo Jaime, se ocupaba en España, en Portugal y en Chile (quizás los discos rígidos iluminen otros puntos) de trámites relacionados con el transporte (desde compra de material ferroviario hasta negociaciones por Aerolíneas Argentinas o gestiones de habilitación de otras líneas aéreas) y hasta de “apurar” a empresas que tenían negocios en Argentina para que hicieran caudalosos “aportes de campaña” al oficialismo, en los que “el número 1” sugería la cifra a aportar.

Que el ministro Julio De Vido fuera superior jerárquico tanto de Uberti como de Jaime puede ser significativo, pero conviene no detenerse en el escalón equivocado. Tanto Uberti como Jaime (y muy especialmente éste) tenían conexión directa con Kirchner. Ricardo Cirielli, que fue varios años segundo de Jaime en la secretaría de Transporte, declaró que “cada noche Jaime le llevaba una valija a Kirchner ”. No lo dijo metafórica sino descriptivamente: “Nos quedábamos hasta tarde y él cruzaba y le llevaba una valija. Era como un portafolio grande, especial”.

Convendría, quizás, demorar el monumento a Kirchner hasta que verificar que el terreno está firme, darle tiempo al tiempo, dejar que la historia pueda madurar un juicio que contenga todos los elementos. Tanto los que aún están ocultos – quedan varios gigabytes de los discos de Vásquez y vaya uno a saber cuántos otros discos aperecerán con el paso de las semanas y los meses- como los que están tan iluminados por la propaganda que encandilan a quien quiere examinarlos detenidamente.

De hecho, el propio gobierno, paradójicamente y cual Penélope, al tiempo que promueve la escultura recordatoria de Kirchner, se dedica a revisar aspectos nada secundarios de su política. El acuerdo alcanzado en Washington con el Fondo Monetario Internacional para que la entidad contribuya (“con su prestigio”, dijo el ministro de Economía Amado Boudu) a la reconstrucción del INDEC supone una doble autocrítica de hecho. Apenas una semana después de anunciar con bombos y platillos un acuerdo con el Club de París (en verdad, tal acuerdo no existe aún, más allá del “vengan y hablemos”) que se producía “sin la participación del FMI”, el gobierno acude al Fondo a pedir ayuda. Y, segundo aspecto, al hacerlo deja claro que las fábulas del Instituto de Estadística piloteado por Guillermo Moreno y sus acólitos ya no resisten más y deben ser abandonadas.

La convergencia de las correcciones es relevante: el gobierno podría haber encarado la reconversión del INDEC atendiendo al informe (que él mismo solicitó) producido por la Universidad, que está elaborado desde hace meses y que el ministro de Economía se resistía (hasta la última semana) a recibir. Hacerlo vía el Fondo Monetario Internacional implica un viraje nada desdeñable en relación a los rumbos que había orientado Néstor Kirchner.

Habrá que ver si llega a concretarse la pretensión de construir un Consejo Económico Social en el que convivan, junto al Estado, empresarios y gremios: en esta materia siempre hubo más palabras que hechos. Pero así sea en el grado de intención, esa iniciativa implica también una admisión: la inflación no es un tema que “está fuera de nuestra preocupaciones”, como hasta hace semanas predicaba el ministro de Economía. El acuerdo se busca para intentar ponerle freno a una previsible aceleración de la puja distributiva (y es probable que ese freno se pretenda, principalmente, del lado sindical). Además de representar una suerte de sinceramiento in rectore del peligro inflacionario, la búsqueda del Consejo tripartito es otra vía para enmendar la plana de Kirchner. Uno de sus preferidos traductores mediáticos, Horacio Verbitski, recordó en su columna de Página 12 que el ex presidente había expuesto sus dudas sobre la conformación del Consejo “que no llegaron a analizarse por su internación y su muerte en octubre”.

Algunos kirchneristas emblemáticos –obvio: nunca más emblemáticos que su viuda- empiezan a ponerse nerviosos, si no con las revelaciones de los discos rígidos, sí con la proyección de los últimos movimientos de la Casa Rosada, y con algunos de sus silencios. Hebe de Bonafini y Luis D’Elía le reclamaron a la señora de Kirchner que promoviera la intervención de Formosa después de los enfrentamientos de la policía provincial con aborígenes tobas que terminaron con la muerte de uno de ellos y de un agente del orden. La presidente, entretanto, se reunió con el gobernador Insfran y su ministro de Interior descartó la idea de la intervención.

Si en materia de inflación se observan criterios menos negadores de la realidad que los que han venido imperando, ¿podrá esperarse que haya giros en el terreno de la seguridad, que es junto con el tema precios, la mayor inquietud de la ciudadanía? La proximidad de Brasil sin duda influye sobre la óptica de la sociedad argentina. Lo que se observa allá es un gobierno -el de Lula- que ha decidido tomar el toro por las astas y está empleando con decisión los recursos legítimos del Estado para ganar lo que un funcionario del país vecino definió como “una guerra no convencional”, que implica “restablecer el poder del Estado sobre fragmentos del territorio que había perdido”.

En muchos rincones de la Argentina –particularmente en las barriadas más humildes- podrían escucharse palabras como las que Clarín recogió de una vecina de una favela de Río de Janeiro que aplaudía la acción de la Policía y las Fuerzas Armadas: “Hace 15 años que estamos presos de los traficantes, de los delincuentes. Fue mucho tiempo de miedo”.

20 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Los sopapos de la vida
por Jorge Raventos


Se discute aún en diversos medios si el soplamocos que la diputada Graciela Camaño le obsequió el miércoles 17 de noviembre (“día del militante”) a su corpulento colega Carlos Kunkel debe ser caracterizado como sopapo o como puñetazo. “Fue una bofetada divina, digna de Hollywood”, dictaminó Elisa Carrió, que fue testigo del hecho. Ella la consideró una respuesta “por la violencia verbal que Kunkel ha ejercido sobre ella y sobre otros diputados”.

La senadora Hilda de Duhalde converge con Carrió en señalar a Kunkel como el verdadero agresor: “Este hombre es un provocador nato, no deja hablar y tiene una forma violenta desde el discurso”. Agrega: “La actitud de Graciela fue defender a su familia, porque él calumniaba su esposo. Por otra parte, Kunkel jamás dijo esas cosas sobre Luis Barrionuevo con Barrionuevo presente, las dispara ante su mujer para hostigarla; lo hace permanentemente. Ella se cansó”. Pese a esa coincidencia sobre los motivos del tortazo, para Chiche Duhalde no se trató de un bife: “Fue una piña bien dada”, juzgó.

Observando detenidamente las imágenes que ofrece la red YouTube se comprende la legitimidad del debate: la mano diestra de la diputada Camaño inicia su viaje hacia el hocico de Kunkel en posición abierta, como para el cachetazo. Pero un instante antes de llegar certeramente a destino se cierra y se transforma, en esa etapa final, en un puño, lo que transforma al resultado en un a trompada hecha y derecha. “Se podría decir que se trató de un cross, remate de un uno-dos heterodoxo”, precisa un especialista en boxeo, aludiendo a que Camaño, antes de lanzar su vertiginosa derecha acomodó a Kunkel con la izquierda tan pronto terminó de escuchar la enésima agresión de éste contra su esposo.

Si bien se mira, quizás resulta más entretenido comentar el mamporro que ligó Kunkel que analizar los golpes que viene sufriendo el Congreso. En los pasados tiempos en que el oficialismo contaba con mayoría automática, el Legislativo era -se ha dicho- una escribanía: se votaban las normas que el Ejecutivo pedía. En el caso del Presupuesto se trataba de un a ley ficticia: los datos y previsiones que registraba no se ajustaban a la realidad, en parte para guardar coherencia con las fábulas del INDEC, en parte para subestimar recursos de modo de emplearlos en su momento a gusto y placer. En cualquier caso, las atribuciones especiales concedidas al Ejecutivo siempre le permitían a éste modificar el destino que el Congreso había fijado a los recursos y desviarlo a cualquier otro.

Ahora, cuando el oficialismo ya no cuenta con votos suficientes en Diputados, el Congreso saca pocas leyes, a las más importantes (82 por ciento móvil para los jubilados) el Poder Ejecutivo les aplica el veto, y la legislación se desliza desde el Palacio de las Leyes a la Casa de los decretos de necesidad y urgencia. El Ejecutivo, sin fuerza para imponer ha querido sin embargo que su Presupuesto –basado en datos deliberadamente erróneos- fuera aprobado tal como lo envió, sin cambiarle una sola línea. Cuando se desató la discusión sobre las presiones y ofrecimientos lanzados desde distintos rincones del gobierno a diputados de los bloques ajenos, la Presidente argumentó que esas ofertas eran parte de la negociación que identifica a la política. Es obvio que la política implica negociar y buscar acuerdos (aunque la buena política elude los pactos debajo de la mesa), pero mal puede invocar ese principio quien rechaza toda negociación sobre la ley que ha enviado a la Cámara y quiere un escenario “a matar o morir”.En esas condiciones el Ejecutivo no puede encubrirse en la victimización y tras el argumento de que la oposición “no quiere darnos un presupuesto”.

Más bien lo contrario, todo parece indicar que, antes que un presupuesto genuino negociado en el Congreso, el gobierno prefiere moverse en 2011 con los márgenes de arbitrariedad del presupuesto del año 2010 (la ley se lo permite ante la situación que el mismo gobierno induce al rechazar la negociación y negarse a discutir la ley en extraordinarias). Fruto de una doble impotencia (la del oficialismo y la del arco opositor), el gobierno sólo puede actuar concentrando atribuciones en un marco de anemia institucional y de la centrifugación del poder determinada por la desaparición de Néstor Kirchner.

La concentración era la lógica del poder de Néstor Kirchner, ¿puede funcionar sin él y en un paisaje de disgregación?

La mayoría de los actores trata de ocupar espacios que se ven vacíos, pero esa búsqueda inevitablemente produce tensiones. Por el momento uno que quiso avanzar pero aparece retrocediendo es Hugo Moyano. Su intención de consagrarse como número uno del justicialismo bonaerense es resistida por los jefes territoriales y el líder de los camioneros tuvo que posponer una reunión del Consejo partidario programada en Mar del Plata porque corría el riesgo de un nuevo vaciamiento como el que sufrió a fines de octubre en La Plata. Ahora esperará para reunir al Consejo con el paraguas convocante de la Presidente y el gobernador Daniel Scioli.

Mientras observa con aprensión avances de la justicia sobre la obra social de camioneros, Moyano debe también posponer su proyecto de ley (motorizado por el diputado Héctor Larralde) de distribución de las ganancias empresarias, que implica una suerte de intervención sindical en la contabilidad de las compañías. La Presidente, que elude la negociación con los partidos políticos opositores, trata de construirse una base de sustentación apoyada en un acuerdo tripartito donde el Estado converja con empresas y gremios: un “pacto social”, talismán siempre invocado pero pocas veces alcanzado.

En la búsqueda de ese pacto el ejecutivo necesita atraer a las entidades empresarias (que en los últimos meses adquirieron cierta autonomía y se animaron a pisar terreno opositor), y eso implica disciplinar a Moyano. Ahora y cuando, en breve, se reabran las paritarias que deberán hacerse cargo de la pujante inflación (la real, no la del INDEC). Por si acaso, él avisó: “hemos tenido moderación de sobra en los últimos tiempos”. Advierte que le resultará muy difícil ponerle límites a las demandas de los sindicatos. Por lo menos tiene que mostrar con el pataleo que no lo han engualichado: Moyano no construyó el poder que tiene retrocediendo y sabe que sus pares observan sus movimientos con atención, que si deja espacios vacíos no faltarán quienes peleen por ocuparlo.

Surfeando sobre la espuma de la opinión pública, que en estos días la consuela con altas marcas de imagen positiva, la señora de Kirchner se esfuerza por conseguir flotadores duraderos para el tiempo en que la espuma baje. Siempre baja.
Buena parte de los secretos dispositivos que Néstor Kirchner empleaba para ordenar, disciplinar, conseguir lealtades o, al menos, obediencia, obtener favores y despachar contraprestaciones él se los llevó a la tumba. Otros, están desordenados, atomizados y bajo custodia de aquellos que él juzgaba leales.Ricardo Jaime era uno de esos leales, en los que Kirchner confió y que confiaban en Kirchner.

La presidente navega por ahora con la evocación espiritual del que se fue (“él”, a secas, lo llama ella en sus discursos), con buenos vientos de opinión pública y merced a la inercia de la administración, que mal o bien sigue con sus rutinas.
Lo que sigue sin resolver es la construcción de un poder capaz de actuar eficazmente sobre los conflictos que tensan a la sociedad, la dividen y centrifugan; capaz de proyectar plenamente las fortalezas de la Argentina en un sistema político sólido y en instituciones confiables. El año próximo, a esta altura, las elecciones ya habrán ocurrido y estos desafíos seguirán presentes.

13 nov. 2010

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL

Cada quién atiende su juego
por Jorge Raventos

Basta verla con el rostro devastado y la mirada ausente, junto a Barack Obama y rodeada por una legión de sonrientes mandatarios en la “foto de familia” del G20, en Seúl, para comprender que Cristina de Kirchner, pese a todos los esfuerzos, recorre aún una etapa de perplejidad y dolor. En otros tiempos la amplitud de su sonrisa hubiera competido exitosamente con las de los restantes jefes de gobierno y, por cierto, no hubiera desatendido a las cámaras que eternizaban el instante (mucho más si, como en este caso, el protocolo la ubicaba al lado del presidente de los estados Unidos), jamás la habrían sorprendido desabotonándose el saco de su severo trajecito negro.

La presidente va sobrellevando con empeño y flema la proverbial soledad del poder, que en este caso debe leerse también por separado - la soledad y el poder- porque hasta el 27 de octubre ella no había experimentado en plenitud ninguna de ambas cosas, ya que contaba a su lado con la desbordante presencia de Néstor Kirchner y que, en rigor, era él quien timoneaba la nave compartida.

No se habían cumplido aún quince días desde la muerte de Kirchner y debió cruzar los cielos hasta las antípodas, dejando detrás los hilos sueltos de su gobierno. Por fortuna para ella, el Bombardier Global 9H-XRS de 13 plazas alquilado para su viaje a la empresa suiza Comlux, despegó desde la base aérea de Palomar y no desde Ezeiza. Eludió así el desordenado espectáculo del aeropuerto, las airadas protestas de pasajeros a los que les retrasaban o anulaban vuelos de Aerolíneas Argentinas, la compañía (todavía privada) a la que el Estado destina más de un millón de dólares por día. En fin: se ahorró así una depresiva postal de la gestión calamitosa que tiene que ordenar.

En ausencia de la Presidente, la Cámara de Diputados debía tratar el presupuesto del año 2011. Ella dejó una consigna que parecía acuñada por el propio Néstor Kirchner: hay que hacer aprobar la propuesta del gobierno; sin modificaciones. Como la desaparición del jefe ha puesto a ministros y funcionarios políticos en situación de revalidar títulos ante la nueva autoridad en operación, mostrar logros y medir sus fuerzas, se desató una verdadera carrera sin orden ni método para cumplir el úkase (y hacerlo en condiciones improbables, pues el oficialismo no cuenta ya con mayoría numérica en la Cámara Baja). Así las cosas, se lanzaron al ruedo muchos espontáneos y quisieron conseguir resultados a los panzazos, ofreciendo distintos tipos de favores a diputados de los bloques opositores. La frase favorita parece haber sido: “Pedí lo que quieras”.

Con ese estilo los plomeros oficialistas no consiguieron hacer aprobar la propuesta oficial de presupuesto; aunque lograron persuadir a una docena de diputados de las bancadas ajenas de que se ausentaran del recinto, ese número fue insuficiente. También lograron desatar un nuevo escándalo político que autorizó a Elisa Carrió aseverar que “ahora la Banelco es de Cristina”, en alusión al (todavía procesalmente en curso) caso de presunta compra de voluntades de senadores durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Es razonable que al analizar estos sucesos desde el melancólico aislamiento de su suite en Seúl el desasosiego presidencial se haya incrementado.

Para colmo de males, el ministro de Economía Amado Boudou, uno de los escoltas de la Presidente en Corea, sumaba su propio desconcierto al clima general. Boudou no terminaba de entender por qué en Buenos Aires el jefe de Gabinete Aníbal Fernández había salido a enmendarle la plana al hablar de la inflación. “No coincido” (con la opinión de Boudou de que la inflación afecta sólo a la clase media alta), había dicho Fernández, para agregar que el fenómeno afectaba “más a los que menos tienen”. ¿Había recibido instrucciones Fernández para erosionarlo? ¿Serían ciertas las versiones de que Cristina podía pedirle la renuncia? En el clima de incertidumbre generado por la muerte de El Jefe, todo es sobreinterpretado, todo se lee con una óptica conspirativa (que ya existía y el propio NK alentaba), agravada por la incerteza sobre el funcionamiento actual de las líneas de mando.

Por cierto, las declaraciones del Jefe de Gabinete no entrañaban ninguna crítica demoledora a Boudou; seguramente tampoco estaban inducidas desde arriba ya que el propio Fernández tuvo que salir (tardíamente) a recortar el alcance de sus palabras, señal de que fue reconvenido por la Presidente. Si con sus dichos sobre el ministro de Economía había tratado de exhibir (o medir) su autonomía y sus grados de libertad en el gobierno, puede concluirse que encontró rápidamente un límite. A la señora le molestó el efecto de las opiniones de Fernández: la imagen de sus ministros serruchándose recíprocamente el piso, de un gabinete en el que cada cuál atiende su juego.

Si bien se mira, la desaparición de Néstor Kirchner ha impulsado a casi todos los actores de la política y el poder a emular a Antón Pirulero. El ordenamiento que Kirchner otorgaba a la tensión política ha desaparecido con él: los roles que tenían validez hasta el 27 de octubre se vaciaron de contenido. Los actores se empeñan ahora en saber el carácter y el argumento de la nueva obra en escena. Y. en primera instancia, se repliegan sobre lo que más conocen y lo que les otorga más seguridad.

En las fuerzas no kirchneristas el caso está claro. Carlos Reutemann, al dejar su sitio en la mesa coordinadora del Peronismo Federal (no en el interbloque del Senado, donde promete permanecer), denota al menos dos cosas: primero, que considera que, efectivamente, el paisaje político se modificó sustancialmente al no estar Kirchner y que el eje de reagrupamiento antikirchnerista perdió significación; segundo, que en esta instancia debe priorizar su propio territorio, Santa Fé, donde para competir con el socialismo de Hermes Binner el peronismo necesita presentarse unido, más allá de diferencias de opinión en el terreno nacional. Se seguirá especulando con la posibilidad de una candidatura presidencial de Reutemann; él sabe que no puede ni empezar a rodar si no se garantiza a Santa Fé como retaguardia segura. Ese es su juego.

José Manuel De la Sota es aquel que en un congreso del PJ, en Parque Norte, en 2003 reivindicó a José Rucci y provocó la ira de Néstor y (sobre todo) de Cristina Kirchner. Fue tras aquella tenida, en la que, entre otros, la actual presidente se trenzó con Olga Riutort y con Hilda Chiche Duhalde, cuando Aníbal Fernández acuñó aquella definición sobre los “debates de alta peluquería”. La evocación tiende a recordar que De la Sota nunca estuvo anotado en las listas del kirchnerismo. Sin embargo, antes de que la presidente volara a Seúl, él voló con ella a Córdoba y asistió con ella a un acto público (y soportó inclusive los abucheos de las barras kirchneristas). El juego al que atiende De la Sota es análogo al de Reutemann: el justicialismo cordobés (que De la Sota preside y que aspira a representar como candidato a gobernador) no puede ser competitivo si no se une y, sobre todo, si no cuenta en el año electoral con respaldo del poder central. Para que ese apoyo no sea una mochila insostenible, quien represente al justicialismo no puede encarnar una política enfrentada con el campo. Conclusión: para atender su juego provincial en sociedad con la Casa Rosada, De la Sota debe conseguir cambios significativos en la política central dirigida al campo. Todo un desafío que no carece de relevancia.

Desde otro lugar, Daniel Scioli tiene inquietudes análogas. El navegó los tiempos del conflicto con el campo y los posteriores haciendo esfuerzos para que la relación con ese sector clave de la provincia no le perdiera la confianza. Las encuestas indican que lo logró en gran medida, aunque en los meses centrales del conflicto, en 2008, sufrió un retroceso. Por estos tiempos Scioli también ha decidido atender en exclusividad el juego provincial. Al fin de cuentas, la provincia de Buenos Aires es casi la mitad de la Nación en población y en producción.

Scioli está poniendo en marcha un proyecto ambicioso, cuyas consecuencias pueden resultar de enorme significación para la gobernabilidad de la provincia y (precisamente por el peso de Buenos Aires) sobre el país todo. Ese proyecto es de la regionalización: la creación de nueve zonas –subgobernaciones- de alrededor de 2 millones de habitantes cada una, que autogestionarán temas de tanta importancia como la educación, la seguridad y la infraestructura. La idea de descentralizar y de llevar la autoridad encargada de la gestión directa lo más cerca posible de los ciudadanos es una contribución a la participación y el control ciudadano, a una administración más dinámica y eficaz y también al despliegue de las identidades regionales. El peso abrumador del conurbano sobre el conglomerado provincial termina influyendo perversamente sobre un Estado centralizado, relativizando y minimizando tanto las potencialidades como las necesidades y los rasgos característicos de otras zonas de la provincia.

El desarrollo de su proyecto provincial tiene para Scioli –si se lo quiere pensar así- doble propósito: un programa de descentralización exitoso en el distrito más importante del país tiene dimensiones que fácilmente pueden exceder los límites bonaerenses.

Mauricio Macri, otro referente nacional de importancia, también está convocado por lo local. Aunque las encuestas lo muestran como un candidato nacional con posibilidades, su problema es la retaguardia: si él decide jugar una candidatura presidencial el año próximo, no está garantizado que el Pro pueda seguir en el gobierno porteño, ya que los candidatos partidarios a sucederlo no presentan los mismos atractivos que él.

La fluidísima política argentina impide hoy saber cuál será el paisaje en las vísperas electorales: ¿Llegará Cristina Kirchner a encarnar a un justicialismo más o menos unificado? ¿Habrá un peronismo unido con otro candidato? ¿El centro izquierda se presentará en la ciudad de Buenos Aires con un postulante de la atracción que hoy las encuestas le asignan a Fernando Solanas o Solanas se decidirá por una postulación testimonial a presidente? ¿Qué pasará con Elisa Carrió y su Coalición Cívica? ¿Los radicales y socialistas ofrecerán una alternativa competitiva? La respuesta a algunas de estas preguntas les facilitaría a Macri y a sus seguidores del Pro la decisión que deberán tomar tarde o temprano: si en 2011 deben jugar la candidatura presidencial de Macri, o si es preferible repetir en la ciudad y completar una gestión de ocho años antes de ir por el premio mayor.

Cada cuál atiende su juego: Hugo Moyano, de regreso de Europa, tiene que definir si suspende la ofensiva por el proyecto de distribución de ganancias de su asesor Héctor Recalde, si se sienta con los empresarios con ánimo de frenar la pujas distributiva (que la UIA ve como motor de la inflación), y si admite la tutela de Cristina de Kirchner, Daniel Scioli y los intendentes en el peronismo bonaerense o pelea por conducirlo desde el lugar que dejó vacante Alberto Balestrini.

En fin, la propia Presidente debe definir el juego al que atenderá mientras supera su penoso duelo: ¿conductora de un peronismo que conoce mal y por el que hasta ahora ha mostrado baja empatía, candidata a presidente, presidente dispuesta a terminar bien un período que para ella se presentó mal, o mera albacea de la herencia de Néstor?

El Antón Pirulero parece sencillo, pero tiene sus misterios.

8 nov. 2010

LA RESTAURACIÓN LIBERAL

por Diana Ferraro

En estos días proclives a confundir lo superficial con lo esencial, conviene recordar que la Argentina continúa aún sumergida en la irresolución de su historia.

En términos políticos, a la revolución peronista liberal de los años 90 le sucedió una contrarrevolución, protagonizada por peronistas ortodoxos primero y de izquierda después. Al peronismo de los años 40-50 también le sucedió una contrarrevolución, protagonizada en aquella instancia, por conservadores liberales. Ambas contrarrevoluciones usaron el mismo modo de acallar el peronismo: suspender su actividad partidaria, por medio de la proscripción, en el primer caso, y por medio del bloqueo y usurpación del Partido Justicialista en el segundo. Del carácter antidemocrático de las dos revoluciones, impidiendo la libre expresión del pueblo peronista en su partido de filiación y pertenencia, surge el profundo carácter democrático del peronismo vivo y real, ese que hoy como ayer, permanece al margen de su institución natural, ese que hoy, como ayer, sabrá encontrar el camino para prevalecer.

En los años 40 y 50, contra viento y marea, y con métodos más bien totalitarios y prepotentes destinados a consolidar la democratización profunda del país (que llevaba casi un siglo de atraso en relación a los Estados Unidos, por ejemplo), el peronismo aseguró el acceso a su fracción de poder a los trabajadores y promovió los derechos civiles de acceso a la educación, vivienda y salud para toda la población. En los años 90, caracterizados por la revolución global en la economía y las comunicaciones, el peronismo aseguró la pertenencia de la Argentina al nuevo mundo emergente y el acceso de todos a la economía global y a la prosperidad. De esta nueva revolución, que modernizó a la Argentina y la colocó, mucho antes que Chile o Brasil, a la vanguardia de Latinoamérica (lo cual le valió su posición en el G20 por ejemplo), la contrarrevolución ortodoxo-izquierdista sólo ha querido retener sus fallas parciales y no sus logros.

Sus fallas parciales fueron: no instalar un seguro de desempleo y un programa de reconversión para trabajadores industriales; no federalizar por completo el país en el área fiscal de modo de evitar que deudas irresponsables arrastraran a la Nación; no respetar la Constitución, en nombre de ambiciones personales, y haber insistido en una reelección en vez de nombrar un delfín capaz de ganar la interna y continuar la tarea. Estas fallas de ejecución y de liderazgo no han sido suficientemente asimiladas por la población como las causas reales del fracaso parcial de los 90, entendido como fracaso en tanto no pudo perdurar como programa organizativo de la Argentina, aún con la yapa de la Rua- Cavallo, que no tuvo el suficiente poder como para completar el proceso. Este fracaso parcial, una parte que el peronismo ortodoxo y la izquierda peronista persisten en querer convertir en un todo --es decir, un fracaso total-- es lo que confunde a la mayoría de los argentinos, que tienen una gran dificultad para discriminar entre el bien y el mal en materia de organización económica, debido al sufrimiento colectivo que ese fracaso parcial trajo al conjunto de la población.

Por lo tanto, en estos días en que la izquierda peronista y el kirchnerismo están discutiendo tanto la sucesión de la conducción como la continuidad en la usurpación y control del Partido Justicialista, conviene no perder de vista que seguimos en el mismo punto: en el de la contrarrevolución peronista desde el poder y en la necesidad de una restauración de la revolución peronista de los 90. Como bien percibe el kirchnerismo, se trata de ellos o del liberalismo. Lo que no pueden comprender es hasta qué punto el peronismo real es hoy, liberal. Más aún, hasta dónde precisa serlo para reencauzar el país en un camino democrático y de progreso y prosperidad perdurables.

Quién conducirá la restauración liberal, desalojando al kirchnerismo del poder y de la usurpación del PJ, es el verdadero tema de discusión que anida en los infinitos editoriales políticos que no nos han dado respiro en estos días. La desaparición de una persona del centro de la escena política y su rápida sustitución por su equivalente, no alteran los términos de la discusión. La Argentina continuará en el error en la interpretación de su propia historia o, humildemente, dará la razón a quienes la tenían y retomará su camino.

Finalmente, la Argentina no tiene más enemigos que sus propias ficciones y autoengaños. Sólo habrá solución en la verdad y en el carácter que dirigentes y pueblo puedan tener para aceptarla y elegir su destino en base a ella.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
(click en la etiqueta para panoramas anteriores)

ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


CONTACTO

Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
Diana Ferraro
diana.ferraro@gmail.com

Colaboraciones:
Enviarlas a:
peronismolibre@gmail.com

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