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LA REVISTA DEL PERONISMO LIBERAL Colección Noviembre 2009- Febrero 2011

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21 mar. 2010

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO

(a propósito de la pelea por las reservas)
por Daniel V. González


El populismo tiene una marca de fábrica que todavía no puede superar: tiene política económica para los tiempos de prosperidad y, llegado el momento en que las condiciones tornan adversas, parece carecer de respuestas adecuadas.

En las postrimerías de la Segunda Guerra mundial, al momento mismo de su nacimiento, el contexto económico era sumamente favorable para la instrumentación de una política económica de corte industrialista, como la que pergeñaron Perón y el grupo de militares que lo acompañó tras la revolución del 4 de junio de 1943. Argentina tenía saldos a favor con su principal comprador, Gran Bretaña y, además, los grandes países industriales aún se lamían sus heridas de la guerra, se reconstruían y, en consecuencia, temporalmente desatendían sus mercados de ultramar.

En esos años y con esas precisas circunstancias, Perón impulsó la industrialización de una manera clásica: protección del mercado interno, estímulo de la demanda doméstica mediante aumentos de salarios, apoyo crediticio a la industria, beneficios cambiarios para el sector a través de tipos de cambio diferenciales, etcétera.

Con el paso de los años, las condiciones económicas fueron cambiando: los saldos a favor se agotaron, los países industrializados volvieron a ocuparse de sus mercados desatendidos y, para colmo, el país sufrió una prolongada sequía que afectó notablemente sus cuentas externas. Ante el cambio de circunstancias, Perón intentó cambiar su política, como resulta lógico. Ya el país no podía continuar con los mecanismos expansivos anteriores. Era necesario hacer algunos ajustes, palabra que con los años haría temblar a los argentinos.

Así, el crédito barato menguó su oferta, los salarios dejaron de crecer, se convocó a un Congreso de la Productividad en el que se intentó modificar el discurso de los primeros años, que había quedado desactualizado por el cambio del contexto internacional y local. A partir de 1950 ya no se pudo continuar con el esquema de distribución del ingreso, protección industrial y financiamiento estatal a la industria local. Había que cambiarlo. Perón pensó incluso en el aporte del capital extranjero: negoció con Kaiser y Fíat para la fabricación de autos y con la Standard Oil de California para la extracción de petróleo.

La impronta nacionalista

A su regreso al gobierno en 1973, Perón ya no hablaba el mismo lenguaje de 1945. Su discurso se había aggiornado, acompañando los cambios en la situación económica mundial y nacional.

Fue Carlos Menem quien, a partir de 1991, comenzó a modificar y actualizar conceptos, criterios y estructuras que, útiles en los comienzos de la industrialización a mediados de los años 40, ahora se habían transformado en un contrapeso que impedían la modernización del país y su crecimiento:


°Las empresas públicas se habían transformado en obsoletas estructuras insoportables para el erario público y que, además, prestaban pésimos servicios a los usuarios. Cargadas de empleados y operarios, en los hechos obraban como un seguro de desempleo.
°La permanente protección arancelaria del mercado interno había generado industriales carentes de espíritu “schumpeteriano”: estaban lejos de invertir, innovar, arriesgar, conquistar mercados, renovar tecnología, etcétera.
°La inflación alcanzaba niveles que carcomían el ingreso de los más débiles y era un freno a la inversión productiva.


Menem impulsó la transformación económica en la única dirección posible. Y obtuvo resultados categóricos: en diez años la economía creció el 50%, se invirtió en energía, se descomprimió a los estados provinciales y nacional de la sobrecarga de empleo, se modernizó la estructura productiva en muchos aspectos. Y se detuvo la inflación, lo que significó un renacimiento del crédito a largo plazo, incluso el hipotecario.

Pero la impronta nacionalista, la marca de aquellos primeros años de “peronismo clásico” quedó marcada a fuego en la conciencia de algunos peronistas. Ese, el del ’45 era el “peronismo verdadero”. El de Menem, para este punto de vista, equivalía a una traición a aquellos sagrados e inmutables principios.


El debate ideológico

En toda la década de los noventa, el debate económico se libró entre los liberales y los intervencionistas, por llamar de algún modo a los grupos antagónicos.

Unos se jactaban de que finalmente el peronismo implementaba políticas “liberales”. Para ello obviaban el tipo de cambio fijo (intervencionismo extremo) o bien la creación del MERCOSUR (que significaba una infracción a la libertad de comercio exterior).

Los otros, presuntamente keynesianos, se quejaban de la desaparición del estado y del acatamiento a las normas del consenso de Washington. Sin embargo, el estado menemista fue infinitamente más fuerte y poderoso que el del gobierno de Raúl Alfonsín, que resultó incapaz de manejar la economía y terminó en un descalabro hiperinflacionario.

Los éxitos de la política económica llamaron a un prudente silencio a los que censuraban a Menem y Cavallo. Apenas atinaban a objetar aspectos laterales de la política en marcha (desnacionalizaciones, tipo de cambio retrasado, etc.) porque los logros en materia de crecimiento e inversiones eran notables e incontrastables.

Las privatizaciones, la apertura económica, las desregulaciones, sumadas a la detención de la inflación habían logrado un boom de consumo que no sólo registraban todas las estadísticas disponibles sino que permitieron a Carlos Menem lograr la modificación de la Constitución nacional y la reelección, con más votos que los que obtuvo en su primera candidatura.

Los economistas críticos vivían en medio una gran perplejidad: las políticas que ellos habían censurado toda la vida se revelaron como aptas para hacer crecer la economía pero esta importante circunstancia no les hizo mover un pelo, no hizo que revisaran, por ejemplo, si algunos de sus puntos de vista y razonamientos ya resultaban obsoletos.

El estallido de la convertibilidad durante el gobierno de la UCR y el Frepaso, les devolvió el alma al cuerpo: sus prevenciones contra la política de los noventa resultaron válidas, la convertibilidad había estallado. Y ellos estaban dispuestos, en nombre de la glorificación de su trinchera keynesiana (por así llamarla) a tirar el agua de la bañera con chico y todo. El “liberalismo” de los noventa finalmente y gracias a Dios, había mostrado su verdadera idiosincrasia, su inconsistencia y su imposibilidad de sostener los equilibrios macroeconómicos a largo plazo. Así, aunque Menem ya hacía dos años que había dejado el poder, los políticos condenaron a De la Rúa por el estallido pero también al “gobierno de los noventa”, al que estigmatizaron como la suma de todos los vicios del capitalismo.


El regreso populista

Durante el gobierno de Eduardo Duhalde sucedieron algunos cambios importantes, que marcaron los años posteriores. Uno, la devaluación. El dólar triplicó su valor en pocos días y ello significó, como cualquier devaluación, una formidable transferencia de recursos en contra de los asalariados y los sectores menos favorecidos de la economía. También benefició a los exportadores industriales y agropecuarios y permitió al gobierno ordenar las cuentas públicas, entre otras cosas por el cobro de retenciones a las exportaciones agrarias.

El otro cambio importante ocurrido durante el gobierno de Duhalde fue de orden internacional. El mercado mundial, la denostada globalización concurrió en nuestro auxilio: los precios de los alimentos comenzaron a escalar, inducidos por la demanda de China e India. El mundo global había decidido darnos una mano.

Es en ese marco sumamente favorable y probablemente irrepetible, que asume la presidencia Néstor Kirchner. Argentina lograba los superávit mellizos. El balance comercial y el presupuesto eran superavitarios en razón de las circunstancias descriptas.

El gobierno pretendió que esta situación obedecía al programa económico, al que calificaban de “modelo productivista”. En realidad, la expansión estaba sostenida principalmente por la demanda mundial de alimentos que permitía cerrar la brecha fiscal y aumentar las exportaciones y el saldo comercial a niveles sin antecedentes en la historia argentina reciente. Las reservas crecieron al ritmo de las exportaciones de soja, el yuyo maldito.

La abundancia de recursos permitía, además, realizar políticas expansivas (obra pública, subsidios al consumo de electricidad, gas, agua, naftas, transporte, planes sociales, etc.). La expansión del gasto público fue la característica saliente de estos años dorados. Pero la continuidad de semejante programa expansivo se torna insostenible a lo largo del tiempo. Y esto se hizo evidente en la crisis de hace dos años, cuando el gobierno intenta captar para las arcas fiscales los presuntos aumentos del precio internacional de cereales y oleaginosas a través de la Resolución 125.

Mantener la estructura de gastos (especialmente los subsidios) supone niveles de erogación que requieren crecientes ingresos públicos, ordinarios o extraordinarios. De ahí el regreso al estado del fondo de jubilaciones y pensiones.

En la misma dirección debe anotarse el actual intento de tomar una parte de las reservas.


El ajuste que vendrá

Podríamos decir que la economía tiene dos formas de equilibrar sus cuentas. Una, de un modo administrado y racional; por decisión del gobierno, que mide cada paso que da y está dispuesto a anunciar malas noticias. Porque, convengamos, hacer ajustes no le gusta a ningún gobierno. Se dice que ajustar tiene “costos políticos” y entonces se prefiere postergar cualquier modificación en la política económica para que, en todo caso, el problema tenga que ser resuelto por el gobierno que sigue.

La otra del ajuste es mediante un estallido de precios y el tipo de cambio. La postergación de tensiones macroeconómicas y la postergación de las correcciones, más tarde o más temprano, desembocan en un sismo económico. La ventaja de este modo traumático es que siempre uno puede echarle la culpa a fuerzas oscuras, a poderes económicos, a conspiraciones.

Ajustar el gasto público es una tarea ingrata. Consiste en comenzar a decir “NO” a gobernadores, a dirigentes sociales, a empresas subsidiadas, a proveedores, a empleados públicos. Supone reducir obra pública y abandonar programas. Es algo que los gobernantes se niegan a hacer y tratan de postergar su implementación todo el tiempo posible para que los costos políticos del ajuste recaigan sobre el gobierno que los suceda.

Nuevamente el populismo, entendido como un concepto de la política y la economía que intenta ofrecer satisfacción inmediata a los votantes, al margen de algunas leyes elementales de la economía (inversión, producción, equilibrio fiscal, etc) llega a un punto en el cual o bien cambia su discurso facilista o bien intenta continuar con el impulso expansivo anterior y marcha rumbo a un estallido equilibrante.

El nivel del gasto público no encontrará un alivio definitivo con las reservas que ahora el gobierno obtendrá. El problema continuará y se requerirán nuevos fondos para sostener lo que ya resulta imposible.

La duda es si será este gobierno o el que viene el que realizará el ajuste. Los Kirchner apuestan todo a llegar, como sea, al 2011 y dejar este presente griego al gobierno que lo suceda.

La oposición, consciente de ello, sólo atina a rechazar todo lo que viene del gobierno, sin sincerar el debate ni proponer nada consistente a cambio. Y hace eso porque, varias de las fuerzas que la integran, en muchos aspectos, habitan el mismo espacio ideológico y conceptual que el kirchnerismo.

En ese punto exacto estamos en este momento.

CONTENIDO

PANORAMA POLÍTICO SEMANAL
por Jorge Raventos
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ANESTESIA SIN CIRUGÍA
por Diana Ferraro

PRODUCCIÓN Y CONSUMO: UN DILEMA ARGENTINO
por Víctor E. Lapegna

2011: ¿Y AHORA QUÉ?
por Diana Ferraro

UNA LECTURA DE LA BATALLA DE VILLA SOLDATI
por Victor E.Lapegna

LA MALA VIDA
por Claudio Chaves

LA RESTAURACIÓN LIBERAL
por Diana Ferraro

A GRANDES MENTIRAS, GRANDES VERDADES
por Diana Ferraro

LA MUERTE DE KIRCHNER PRIVA AL GOBIERNO DE SU VIGA MAESTRA
por Jorge Raventos

LA UNIFICACIÓN DEL PERONISMO
por Diana Ferraro

RETENCIONES: NO A LA SEGMENTACIÓN
por Gabriel Vénica

EL TIEMPO DE LOS POROTOS
por Diana Ferraro

KIRCHNER: CAPITALISMO DE AMIGOS Y PARTIDO DEL ESTADO
por Pascual Albanese

EL PERONISMO LIBERAL Y MAURICIO MACRI
por Diana Ferraro


ARGENTINA EN LA ECONOMIA GLOBAL - I y II
por Domingo Cavallo


EL PERONISMO LIBERAL Y EL DERECHO DE FAMILIA
por Diana Ferraro

EL DESFILADERO
por Diana Ferraro

HUMOR
por Enrique Breccia


ANOTACIONES SOBRE LOS CAMBIOS EN EL AGRO ARGENTINO (DE ANCHORENA A GROBOCOPATEL)
por Daniel V. González

EL DISCURSO SIN CANDIDATO
por Diana Ferraro

LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL RETROPROGRESISMO
por Claudio Chaves

DESCENTRALIZACIÓN: LA LLAVE DE LA NUEVA ECONOMÍA
por Diana Ferraro

LA V DE LA VENGANZA
por Claudio Chaves

ALGUNOS PROBLEMAS DEL POPULISMO
por Daniel V. González

PERONISMO PORTEÑO: PROPUESTA
por Victor Eduardo Lapegna

LA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE
por Diana Ferraro

FEDERALISMO O POPULISMO
por Claudio Chaves

ELOGIO DE LA VERDAD
por Diana Ferraro

CONDUCCIÓN, CONDUCCIÓN
por Diana Ferraro

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO
por Claudio Chaves


LOS BOQUETEROS Y EL PERONISMO FEDERAL
por Diana Ferraro

QUÉ QUEDÓ DE LA VIEJA IZQUIERDA
por Claudio Chaves


EL CAPITAL POLÍTICO
por Diana Ferraro

LOS MOTORES DEL CAMBIO
CIPPEC

DINERO Y CRÉDITO
por Domingo Cavallo

RETENCIONES CERO
por Gabriel Vénica

LOS MOTORES DEL CAMBIO
Los Productores Autoconvocados

LA AGONÍA ARGENTINA
por Diana Ferraro

10 RAZONES FEDERALES PARA DECIRLE NO AL AUMENTO DE LOS IMPUESTOS
por Gabriel Vénica


EL CAPITAL DEL PUEBLO
por Diana Ferraro

EL PODER EJECUTIVO DESAFÍA LA LEGALIDAD
por el Senador Carlos Saul Menem

LA HOJA DE RUTA DEL PERONISMO LIBERAL
por Diana Ferraro

EL PERONISMO Y UN NUEVO BLOQUE HISTÓRICO
por Jorge Raventos


DOCUMENTO CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES PERONISTAS PORTEÑAS

LA FUSIÓN PERONISTA-LIBERAL
por Diana Ferraro

EL LIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PODER
por Jorge Raventos


CONSENSO PARA EL PROGRESO
por Domingo Cavallo

UNA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
por Víctor Eduardo Lapegna

LA PRUEBA HISTÓRICA DE UN FRAUDE INTELECTUAL
por Domingo Cavallo


A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO Y DEL BIENESTAR
por Armando Caro Figueroa


LA POBREZA EN LA ARGENTINA Y COMO COMBATIRLA
por Víctor E. Lapegna


ES MEJOR SUBSIDIAR LA NUTRICIÓN
por Juan J. Llach y Sergio Britos

PRESENTACIÓN DE PERONISMO LIBRE
por Diana Ferraro


CONTACTO

Propuesta y Coordinación de Peronismo Libre:
Diana Ferraro
diana.ferraro@gmail.com

Colaboraciones:
Enviarlas a:
peronismolibre@gmail.com

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